May 5, 2024

Katanazo al amor romántico. Una conversación con Raquel Riba-Rossy

Para Raquel Riba-Rossy, este libro es como su doctorado. Para muchas mujeres, es un gran amiga date cuenta que llega en el momento preciso. Hablamos con la creadora de Lola Vendetta sobre su proceso como creadora, como feminista, sobre Lola y su más reciente aventura.

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Lola Vendetta
Foto por Lina Botero

Que las feministas odiamos a los hombres, que queremos venganza, que somos misándricas y violentas y todos esos juicios y señalamientos que escuchamos desde que nos amarramos el pañuelo en la muñeca, no son más que son ideaciones simplistas para desestimar las razones y emociones legítimas que movilizan las luchas feministas, entre ellas, la muy digna rabia, claro está. Porque la rabia y toda emoción que se aleje del ideal de corrección, docilidad y bondad de la mujer que sí merece ser escuchada, que sí merece un lugar en la sociedad (el que está preaprobado, claro) ha sido también una posibilidad negada para nosotras, incluso desde la ficción. 

Conversé con Raquel Riba-Rossy, la dibujante e ilustradora catalana creadora del cómic Lola Vendetta, una anti heroína que, katana en mano, denuncia la desigualdad de género, cuestiona los estereotipos sociales y tabúes asociados al binarismo de género y busca justiciera. Una justiciera de género que explica, viñeta a viñeta, cuestiones que muchas veces cuesta mucho explicar, entender, cuando no vienes de la academia o militancia feminista. Y de viñeta en viñeta Riba-Rossy ya ha presentado 6 libros de Lola, siendo el más reciente, “Katanazo al amor romántico”, el que ella considera “su doctorado”.

Háblame de esta relación tuya con el personaje de Lola, que tiene mucho de ti pero que no es necesariamente Raquel ¿hasta dónde llega Lola y comienza Raquel? 

Raquel: Creo que los primeros años estábamos bastante fusionadas, incluso a mí me costaba. Me llamaban Lola y no me sorprendía nada. Supongo que con la madurez y con los años e ir haciendo libros, de decidir de qué hablo y hacia dónde me dirijo, es más interesante para mí como autora dividirnos un poco. Porque llegó un momento en que pasaban cosas rarísimas, como que la gente confundía que la de la katana era yo. No sé cómo decirte, que yo era igual de violenta, que esto que digo. ¡Ay que pereza! A ninguno de los autores de cómic que han hecho personajes masculinos que son súper violentos les han cuestionado su salud mental, -que eso a mí me lo han hecho bastante- o su o su personalidad o su su propia violencia. Entendemos perfectamente que ellos tienen imaginación y son capaces de crear personajes, que viven conflictos y los atraviesan y luchan y tiran a gente por el otro. Miraba justamente con un amigo un cómic de Batman que tiraba gente por el balcón y digo tío, estoy harta de que a mí me digan ¿sabes?, que confundan eso.  

¿Cómo has lidiado con este juicio y con la idea de que las feministas somos violentas, misándricas, que odiamos a los hombres y buscamos venganza?

Claro, a todas las feministas nos lo han dicho desde el principio, que todas buscamos venganza hacia todos, indiscriminadamente. Al principio me afectaba más. Bueno, también era más joven y me molestaba un poco, me hacía sentir insegura, me cuestionaba a mí misma todo el rato, y quizás sí, quizás odio a los hombres, y digo no, no, a mí lo que me indigna es la gente que no respeta los derechos humanos. Y en cuestión de género hay una desigualdad brutal en este tema, es eso lo que molesta. Mi amigo, el que es maravilloso, y mi ex pareja con la que tuve buen rollo y la ruptura estuvo bien, a pesar de lo dura que es una tusa y todas estas cosas, pero pues yo con ellos todo bien… El problema es con la gente que no respeta a las mujeres como si fueran un igual y que las entiende como algo algún ser que está al servicio de otro.

Pero poder hacer uso de elementos como la katana ,que pueden chocar mucho, en ese ejercicio de trabajar de ficcionar, debe ser altísimamente liberador, ¿no?

Es como ir a boxear, como pegarle a un saco. Es fantástico. Es que los mundos de ficción están para eso. No te digo solo para desahogarse, están también para crear fantasías naíf y otras cosas. Para es que está para eso el mundo de la ficción, es que hay mucha gente que es muy literal. Lo que pasa es que, aunque a algunas nos siga sorprendiendo, hay una parte muy grande del mundo que le sigue sorprendiendo que las mujeres tengamos imaginación y que la podamos llevar a cualquier lugar, a cualquier emoción y a cualquier escenario. Yo estoy convencida de que si yo me hubiera inventado un personaje de cómic que lo que hacía era salvar niños pequeños, bueno, nadie me hubiera dicho nada, esa violencia la encajaban perfecto. Pero si es una mujer que se defiende a sí misma y a sus iguales, o sea Lola Vendetta, ahí a todo el mundo le toco los huevos. Eso es así, o sea, si yo creo un personaje que es heroína en tanto que cuidadora, porque es lo que se espera de las mujeres, todo bien, pero si me defiendo a mí misma, claro que no. 

Es muy interesante ver cómo desde la ficción no solo las autoras se permiten sino que también invitan a las lectoras a confrontar miedos, dolores y situaciones difíciles, y tú lo haces con un tema tan duro como la violencia de género y comunicas algo que seguramente a muchas mujeres les va a resonar o les va a permitir quizás darse cuenta, de una manera tan clara y sencilla. ¿Cómo llegas ahí?

Es que para mí es como mi gran obsesión, que lo que yo hago con los dibujos haga digeribles conceptos que son muy complejos. Creo que parte de todo esto viene de que yo tengo un hermano con discapacidad. Somos cinco en casa, entonces en mi casa hay gente con altas capacidades, como gente que le da muchísimo al coco y también está Guille, mi hermano, de hecho hay un personaje que se llama El Campeón, que está inspirado en él. Entonces si nosotros nos poníamos muy complejos, muy académicos, contando las cosas, había una persona de la familia que se quedaba afuera siempre. Yo creo que este modus operandi de agarrar conceptos complejos y traducirlos a que todo el mundo pueda estar integrado en la conversación en la mesa, en mi casa, se ha traducido a mis dibujos también, y eso para mí es muy importante. Y me he dado cuenta también, con el tiempo, leyendo más sobre feminismo, entendiendo más la situación de las mujeres de todo el mundo, como teniendo una visión más global, que, a ver, por supuesto tienen que haber un montón de ensayos feministas, pero estamos hablando de que la mayoría de mujeres del mundo están ejerciendo labores de cuidado gratuitamente y no tienen tiempo, por la noche están reventadas de sueño, llegan a casa y no tienen tiempo de leerse el Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, o sea, dicen cállate, yo me voy a dormir, que mañana tengo que cuidar a mi mamá que está enferma, a mi hijo, los horarios del colegio, la ropa, encargarme de la comida, porque toda la carga mental la llevo yo, ¿no? Entonces pensé doble razón para seguir apretando con el tema del cómic y utilizar la ilustración para poder acortar ese tiempo de aprendizaje. Es como una obsesión mía de siempre decir pues voy a hacerlo sencillo y acortar el tiempo de aprendizaje.

Eso que varias han llamado feminismo para el 99%, porque sí que hay barreras de acceso para que muchas puedan llegar a ser parte de estas conversaciones, empezando por el tiempo, como has dicho. ¿Cuál fue esa puerta de entrada tuya al feminismo? ¿Cómo llegaste?

Sí, claro, y si queremos que el feminismo sea algo que comprendan todas las mujeres, es que no tiene nada que ver con la intelectualidad de las mismas, o sea, tiene que ver  con la situación en la que se encuentran. Hay que ponerlo más a huevo para que todas puedan acceder a esa información, no solo las intelectuales. Mi puerta de entrada, fíjate, yo me acuerdo encontrar un libro bastante grueso que se llama Feminismo para principiantes de Nuria Varela, vi el título y me lancé. Lo compré, pero lo dejé a las 40 páginas porque me dio una ansiedad. De repente empecé a ver, a tomar conciencia, entendí lo que nos había pasado a las mujeres y me dio una sensación de vértigo, de decir no puedo asumir esta información, creo que prefiero pasar un tiempo más aislada de esto, pero ya cuando una vez peta la burbuja, ya no se puede más. Y luego estuve mucho tiempo evitando ese mismo libro que me acuerdo que le miraba el lomo en mi estantería y me daba ansiedad. Imagínate el nivel de intensidad. Bueno, y me metí a trabajar de azafata, que en España no es de vuelos, sino de eventos y había señores y señoras y señores en todos lados y yo muerta de dolor de los pies, mientras estos señores con zapatos planos y mis compañeros de trabajo, hombres con zapatos planos, circulaban tranquilamente, y recuerdo ese dolor físico y empecé a enfadarme y apuntar cosas en una libreta. Y ahí hice las viñetas de Lola Vendetta, las primeras, no tenía una conciencia de que eso iba a ser muy feminista. Yo me estaba quejando de lo que me molestaba, de lo que observaba que le pasaba a compañeras y amigas, que me ardía la sangre. Y luego, cuando yo empecé a hablar de esto, se empiezan a crear conversaciones en mi vida en las que me dicen mira que hay un libro que habla más de esto y me empiezan a proponer libros, pero fue una cosa como de llegó el personaje y mi gran puerta de entrada fue bocetear este personaje. Realmente hubo varios momentos, seguramente si rasco más me salen momentos en que me propusieron una lectura de la otra, pero no estaba tampoco muy focus en el tema, pero que generó este espacio de diálogo con mujeres anónimas y a mí me cambió la vida esto, pero radicalmente. 

¿Cómo te ves ahora, en perspectiva, de cara a esos primeros bocetos catárticos sin una conciencia plena de ser feminista pero cuestionando al mundo? ¿Qué ha cambiado?

Observo con mucha ternura, pienso en esa Raquel y digo wow, lo que lo que estaba por venir. Es que estos diez años han sido tan bestias en todos los sentidos, ha sido como arrancarse la piel a tiras y volver a renacer. No sé cómo decirte, ha sido tan brutal porque el personaje de Lola Vendetta a mí me enganchó como creativa. Me puse a bocetear, pero es que generó conversaciones dentro de mi familia, entre mis amigas. De repente las mujeres, por lo que sea, confiaban en mí, me contaban cosas y se empezó a abrir la caja de Pandora. Y eso transformó totalmente mi manera de ver, hasta el punto de qu,. sin romantizarlo, tuve momentos como de somatizar un montón las historias de otras mujeres, decir tengo muchísima ansiedad y muchísimo miedo.  

Claro, es que también hay una afectación en la salud mental de quien recibe todo esto, cuando pones tu persona, tu carne, eso te afecta y nosotras bien que no sabíamos poner límites al principio, no?

Pero claro, es que encima fuimos educadas para complacer a todo el mundo y tú te pones a ser feminista y de repente te das cuenta de que con una teoría política puedes ayudar a muchísimas mujeres, pero nunca aprendiste a poner límites, con lo cual te te puedes ir al traste. Cuanto más trabajo feminista te entra una cosa que no puedes parar, que como no te frenes te conviertes en una workaholic, pero como la copa de un pino. 

Porque además tenemos al comienzo esta obsesión de heroínas, y ahí creo que encaja muy bien el vuelco de vulnerabilidad que da Lola en este libro.

Exacto. Hacia el “no puedo”. O sea, yo ahora no puedo sostener a nadie. Y esto nos pasa también porque fuimos educadas para sostener, pero realmente hay un montón de veces que no se puede y nos sentimos culpables por por poner límites y tener este espacio de autocuidado. Por eso es tan importante el autocuidado, porque somos pesadísimas las feministas con eso, pero es que es indispensable absolutamente.  

Y después de estos diez años con toda la trayectoria y el devenir de Lola y Raquel, y toda la evolución y la conciencia, que a veces pasa por desacelerar también, cómo te sientes.

Pero 100% yo sin el desacelere. Para mí ha sido bueno, es muy bonito. Yo ahora me me observo con muchísimo respeto, ¿sabes? Es algo que a mí no me pasaba antes. Yo me miraba a mí misma y siempre tenía la sensación de que era una intrusa en un mundo de de personas teóricas, inteligentes y profesionales del cómic, y que yo había tenido como un golpe de suerte que eventualmente se acabaría y no era mi lugar.  

¿Síndrome de la impostora? 

Pero bueno, total, esto nos pasa mucho, no? Y ahora ya tengo una sensación que la estoy disfrutando mucho, me hace sentir súper bien, que es de bueno, tranqui, yo no seré la feminista perfecta, pero yo valgo mucho, he hecho trabajo que está bien y merezco que se me trate con respeto y que se me quiera de la misma manera que yo quiero y que se cuide mi trabajo. Y otra cosa que se tiene que seguir hablando muchísimo defeminismo, que se me pague bien por mi trabajo, porque el tema mujeres, dinero, negociación, sensación de que merecemos cobrar por el tiempo que dedicamos a cosas que nos gustan es un melón. 

Me encanta que digas eso porque pasa bastante que muchas terminan haciendo de sus hobbies y pasiones, sus trabajos, porque se dan cuenta que son buenas y que por supuesto pueden cobrar. Pero también llega un punto en el que hasta eso que nos apasiona o hacemos por puro goce, termina cooptado por el capitalismo. Entonces nos hacemos de un resguardo o algo que decimos, no, esto no me lo vas a quitar. ¿Qué es eso en tu caso?

Si yo tuve como que reinventarme en ese sentido, porque claro, yo de pequeña estaba todo el día dibujando para mí. Crear historias era lo que hacía. Cuando mis papás estaban haciendo la siesta, yo ya había inventado un cuento. Entonces eso que forma parte de mí, de repente se convierte en mi profesión. Me convierto en estos diez años en una profesional de este tema, voy como mejorando procesos y yo feliz de trabajar de mi pasión, también te lo digo. Pero de repente, me encuentro con que con mis ratos libres yo no sé qué hacer y como no sé qué hacer, me pongo a trabajar, no? Y hace como cuatro años adopté a mi perro, que eso ya fue como vale, es mi perro, lo saco a pasear solo yo y vamos a generar aquí una relación con este animalito. Que no, que de repente son espacios y caminadas y bueno, aire libre y así. Pero luego, fui vivir sola, que yo antes compartía piso con unas amigas. Y entonces me regalaron una planta, una caja llena de de plantas, y me di cuenta de que todas estas cosas que son como labores con las manos que no implican ninguna pantalla ni nadie que te está diciendo nada, me bajan a la tierra. Entonces hago esto, hago plantas, hago esculturas de barro, todo lo que es como mancharse un poco, sabes, y tener las manos sucias que hacen que yo no pueda agarrar el móvil. Eso me ayuda mucho. Y estoy en una etapa muy bonita la verdad, porque me estoy como redescubriendo en este sentido. De repente me doy cuenta que me gusta leer mucho sobre cerebros y sobre neurociencia y cuerpo humano y órganos y cosas así, que era algo que siempre me había parecido curioso, que para mí es cero trivial, o sea, es de lo más importante el autocuidado. Y recuerdo cuando era más jovencita y tenía parejas, cuando ellos tenían hobbies yo no sabía qué hacer con ese espacio que tenía yo, y me sentía extrañísima viéndolos dedicar ese día en el que van a jugar a no sé qué con sus colegas, con sus amigos y los tipos lo tienen clarísimo. Eso es como “el jueves por la noche me voy a no sé qué con mis amigos”. Entonces, mi propósito hace unos años fue decir voy a hacer como un señor, como la dinámica esta que los señores la tienen tan entendida. Voy a bloquear mis hobbies. O sea, se van. Son imprescindibles. 

Y hablando un poco de reivindicar el ocio como ocio, nada más que ocio, para muchas mujeres la lectura termina siendo ese espacio de disfrute que nadie te puede quitar ni el capitalismo te puedo cooptar. ¿Cómo ha sido era recepción del libro, de tus lectoras? 

Ha sido una respuesta muy amorosa, tengo que decir. He recibido muchos, muchos, muchos mensajes de mujeres que lo están viviendo en presente o se ven reflejadas en el libro y en su yo de hace diez años. Mensajes muy lindos, por ejemplo una chica que recuerdo porque me conmovió mucho. Me mandó una foto una de ella dándole el pecho a su bebé y leyendo mi libro y diciendo “me siento reflejada, lo viví todo exactamente igual, pero hace diez años y ahora estoy en el sofá dándole la teta a mi hijo y mi marido está al lado y es un tipo sano y tenemos una relación súper bonita”. Y pensé qué guay esto, porque cuando uno sale de una relación de maltrato, la perspectiva de que en algún momento de tu vida vas a volver a sentir la confianza, la tranquilidad, la espontaneidad, las ganas de construir algo con alguien desde desde el desde la entereza, desde la propia soberanía. No sé cómo decirte, de igual a igual, parece imposible. Comunicando sin miedo a que el otro te ataque o te haga daño o te amenace con que te va a hacer daño. Desde ahí no se puede construir y te vuelves vulnerable a personas, a lo que le llamo yo los buitres del maltrato, esos personajes que te ven y dicen uy que bien está bien trabajada de casa, o sea, esta ya viene jodida, me va a tomar -10 someterla o abusar de ella en a múltiples niveles. Y están en el ámbito laboral, en el ámbito pareja, en el ámbito de amistades, pero cuando estás mal a nivel postraumático se cuelan, pero por todas las rendijas, porque lo llevas aquí como un letrero, es como que te detectan. Y sí, entonces la respuesta ha sido muy bonita, muy fuerte también. Claro, son historias muy bestias. Muchas mujeres que vienen diciendo “me he escapado de mi casa para venir a la presentación del libro, pero no puedo salir, llevo 35 años”, una señora de de Pereira que me que me dijo “he denunciado dos veces y no me hacen caso”. Es fuerte eso. 

Qué fuerte pero qué importante llegar a ellas, y lograr calar ese mensaje intergeneracionalmente, porque es que esto lo podemos nombrar nosotras ahora pero lo vivieron nuestras mamás, tías, abuelas y el lenguaje del cómic puede ser más efectivo muchas veces para algunas mujeres que, como decías al comienzo, no tienen el tiempo ni la intención de leerse las biblias del feminismo. 

Creo que es como un lenguaje más primitivo que la el del mismo texto. O sea, aprendimos a leer caritas y a leer expresiones en dibujos mucho antes que leer un texto. Y siempre digo que es una especie de caballo de Troya, que se te mete dentro el cerebro y ya se metió. Es como ya está, y ya ha estallado dentro de tu cabeza y ya te ha puesto a pensar. Es muy rápido, no tienes tiempo como de no dejar entrar esa información en la cabeza. Y más cuando cuando es un personaje que le estás tomando cariño y que hace años vas viendo. Eso creo que ha funcionado muy bien también, porque entonces las lectoras sienten como una especie de confianza en los labios de tu amiga. Como que va a venir caminando por aquí en cualquier momento esta vez y eso ayuda. Es como que es un mundo de ficción, pero se cuela. 

A las mujeres y a las feministas nos cuesta y nos juzgan por el reconocimiento y por darnos el lugar. ¿Cómo te sientes tú con ese reconocimiento enorme y merecido? ¿Te das cuenta? Porque muchas mujeres increíbles como que en esa negación no se dan cuenta de lo inmensas que son.

Yo le decía ayer a una amiga, para mí la Feria de Libro de Bogotá y venir a Colombia siempre es como algo muy simbólico, muy importante, porque cuando empezó Lola Vendetta, Colombia fue como el primer país que boom, le abrió los brazos al personaje y fue increíble. Después de pandemia y un montón de cosas, volver y desde mi casa pensaba “espero no llegar, poner los pies y sentirme insegura”, como me había sentido años atrás. Y estoy muy contenta porque no me está pasando. Me he sentido muy insegura a lo largo de la vida y yo no soy indestructible, o sea, me puedo llegar a sentir mal, pero tengo una sensación como de que realmente me estoy cimentando y como que estos últimos años he hecho un trabajo para creerme que sí, que efectivamente trabajo por el proceso, por el que han pasado buitres del maltrato, los que quieras, y a punta de casi no poder levantar la cabeza del barro decir bueno, basta, y resignificar muchos espacios y resignificar muchas personas y resignificar canciones y hacerlas mías. Es parte de mi disfrute y creo que ese ha sido como el gran punto. Como decir no, esto no va a significar de tristeza para mí, nunca más, afronto esto y me pongo a bailar en el sitio o me tomo un whisky con mis amigas en el sitio, o como vuelvo a esos espacios donde no fui feliz, me sentí insegura, sentí que me que no me escuchaban, sentí que me hacían sombra o me intentaban hacer pequeña o no me dejaba algún Bruno que otro, reírme con el volumen de mi risa, cosas así. Es que esto lo bueno, a mí me lo hicieron un montón de veces llegar y pum, pegar una risa de estas, que todo el mundo se gire, que me dé igual, sabes? Y hacer este tipo de resignificaciones.  

Que es también al final resignificar el amor romántico. 

Totalmente el resignificar el amor en pareja y construir en igualdad, que es una cosa que en realidad es preciosa. Cuando uno no tiene las herramientas y ha vivido muchas cosas en la vida y luego miras a parejas que sí, que son iguales y ves esa cosa, no acabas de entender cómo lo hacen? Dices esta gente qué tiene, cómo funciona su cabeza, cómo funciona su vida, cómo ha funcionado su manera de comprender el amor, el respeto, la comunicación, que es todo lo que hay ahí para que esto se pueda dar. Y ahora mismo tengo una sensación muy bonita Este libro es como mi doctorado y hay segunda parte. Lola Vendetta aquí acaba como recibiendo ayuda… o sea que esto sigue todavía, hay siguiente parte.

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Autor

  • Feminista colombiana, cofundadora de la colectiva feminista Las Viejas Verdes y autora de los libros "La suma de todos los afectos" (Planeta, 2025) y “Que el privilegio no te nuble la empatía” (Planeta, 2020). Es economista de la Universidad Icesi de Cali y tiene más de una década de experiencia en análisis de tendencias sociales y culturales, cambio narrativo, creación de comunidades y comunicación digital. Desde 2018 se dedica de lleno al trabajo por los derechos humanos y es, actualmente, la editora general de Volcánicas.

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