julio 2, 2022

Todas las veces que fuimos EVELYN o JOY

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Banner Oficial de la película «Todo en todas partes al mismo tiempo«

Esta no pretende ser una crítica cinematográfica, ni más faltaba, ni un análisis profundo de la película, es más bien un corto desahogo del revolcón emocional que fue ver “Todo en todas partes al mismo tiempo”.

La película de acción interdimensional “Todo en todas partes al mismo tiempo” (“Everything Everywhere All at Once”), escrita y dirigida por Dan Kwan y Daniel Scheinert (los únicos DANIELS que tolero) reúne las actuaciones maravillosas de Michelle Yeoh, Ke Huy Quan, Stephanie Hsu y Jamie Lee Curtis en un metaverso de sátira filosofal existencialista, absurdismo pos-moderno y varios puentes de empatía que permiten relacionarnos e identificarnos fácilmente con situaciones y personajes, en mi caso y me atrevo a pensar que el de muchas, con Evelyn y Joy. 

Si no la has visto aún, te sugerimos PARAR AQUÍ y verla primero porque ¡HAY SPOILERS!

La trama de la película gira en torno a Evelyn Wang (Michele Yeoh), una inmigrante china en los Estados Unidos propietaria de una lavandería, y su relación con su hija Joy (Stephanie Hsu) y su esposo Waymond (Ke Huy Quan), mientras está siendo auditada por el IRS (Servicio de Rentas Internas de Estados Unidos); el cúmulo de la adultez atravesado por la migración, el abandono del hogar y la difícil y quizás nunca completa adaptación a una cultura ajena. 

Al parecer, los Daniels habían considerado e incluso escribieron el rol protagónico para Jackie Chan pero replantearon y decidieron que debería ser una mujer. Grandísimo acierto de la serie de aciertos que siguió con el casting y la producción de la película más absurda y espectacular que haya visto en la pospandemia.

Mientras presenta sus impuestos a la inspectora insoportable a cargo de su caso, interpretada por Jamie Lee Curtis, Evelyn recibe la visita de su esposo de otro universo y con ella la misión de salvar el metaverso. Desde ese momento, todo es absurdo en montaña rusa y un torbellino de saturación y contraste que se antoja surreal y ficcionado pero no cae muy lejos del vértigo de infoxicación real con que experimentamos otros universos a través de pantallas. 

Esa posibilidad de existir en universos paralelos, todas sus intersecciones y rupturas, la responsabilidad de salvar el mundo o varios mundos que penden de un hilo sobre nuestros hombros (y al mismo tiempo mantener nuestras relaciones interpersonales a flote), tener que ser expertas en todo (el odioso multitasking), la añoranza del pasado y  la duda permanente que nos mantiene aferradas a realidades que nunca fueron, el hubiera y la trampa de la nostalgia, me hablaron en todos los niveles, en todas partes y al mismo tiempo

Y es que el llamado a encontrar un balance entre las presiones sociales, la búsqueda del sentido de nuestras vidas, la desesperanza y la incertidumbre del mundo que nos tocó habitar, la sobrecarga de información de nuestros tiempos, el burnout y el optimismo, las ganas de cambiar todo eso, el idealismo, el instinto de supervivencia y la necesidad humana de mantener un poco de esperanza para no colapsar, que es el final de la vida misma, pesa más cuando se es mujer y feminista y las expectativas son casi la perfección. 

¿Cómo no íbamos a resonar con un personaje que, lejos de ser la perfecta heroína, es llamada la peor versión de sí misma? Somos millennials, claro que nos hablan a nosotras. Es una película escrita para una generación rota pero que aún lucha.

¿Y dónde quedan nuestras relaciones cuando nos ocupamos de salvar el mundo? ¿Las damos por sentadas? ¿Las dejamos ir? ¿Nos aferramos a ellas como el último rescoldo de realidad y polo a tierra para volver a ser nosotras mismas y no perdernos en otros universos? Mi respuesta ha sido sí, varias veces. Fui Joy y fui Evelyn, soltando, alejando, aferrándome. Y esa dualidad Joy-Evelyn, madre hija, la tracción que aglutina todo el conflicto, sorpresa, también nos está hablando constantemente y duro.

La dinámica madre-hija, las tensiones inevitables, el llamado a antagonizar y a aceptarnos diferentes, imperfectas, con nuestros miedos y universos paralelos, fragmentadas, SUFICIENTES, hizo inevitable pensar en mi mamá, ella tan Evelyn, y en mí y todas las veces que fui su Joy y, sobre todo, su Jobu Tupaki, porque el salto de querer complacer y llenar expectativas a sentir que no se tiene el control de la vida propia no es algo de otro mundo, y es más fácil pretender controlar el caos que fingir tenerlo todo resuelto. 

Al final es claro que coexistimos, que somos el resultado de todos los mundos vividos y los universos que nos rodean, de nuestras propias iteraciones, que somos multidimensionales y constantemente no sabemos lo que hacemos, surfeamos la crisis, nos confrontamos y hacemos las paces con las decisiones tomadas, lidiamos con los sistemas, lavamos la ropa y pagamos nuestros impuestos (al menos la clase trabajadora) y luego volvemos a empezar. Es la vida, la adultez es ridícula, absurda, es la belleza del caos y es ahí donde el optimismo y la bondad son salvavidas.

«Cuando elijo ver el lado bueno de las cosas, no estoy siendo ingenuo… Es estratégico y necesario, es como he aprendido a sobrevivir a través de todo. Así es como lucho» – Waymond

A lo largo de la película fui Evelyn, fui Joy, fui Jobu Tupaki, y puedo ver cómo en esas ocasiones en que “las perras no amables como nosotras hacemos que el mundo gire”, también fui Deirdre, un sirirí insoportable pero capaz de ternura y empatía y tal vez no soy tanto Waymond como quisiera. Y a veces, tal vez muchas, tal vez ahora, quisiera ser por un momento o un periodo extenso, una piedra y no preocuparme por nada, reconocerme pequeña y estúpida y dejar de sentirlo todo en todas partes al mismo tiempo.

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Autor

  • Ita María Díez

    Feminista colombiana, autora del libro “Que el privilegio no te nuble la empatía” (Planeta, 2020) y cofundadora de la colectiva Las Viejas Verdes. Ita María es Economista de la Universidad Icesi (Cali, Colombia) y tiene un MBA de Esdén Business School. Desde 2007 ha ocupado cargos directivos en importantes compañías de la industria de moda y tendencias como experta en marketing y estrategia (INVISTA, 2007-2012), análisis de tendencias y comportamiento de consumidor (WGSN, 2013-2017) y más recientemente incursiona en la industria de los medios independientes y alternativos (VICE, 2019-2020). Cuenta con más de una década de experiencia en generación de contenidos, nuevas narrativas, construcción de comunidades virtuales y comunicación digital y ha sido tallerista y conferencista de mercadeo, redes sociales y tendencias en América Latina. Actualmente se encuentra dedicada a apoyar y asesorar en estrategia de comunicaciones a organizaciones con enfoque feminista y de derechos humanos.

Comentarios

2 thoughts on “Todas las veces que fuimos EVELYN o JOY

  1. Ita, me encantó el articulo! he visto la película dos veces y la vería mil veces más y siento que igual lloraría cada vez. Quisiera ser más como Waymond todos los días…

  2. Empezó diciendo que no era “un análisis profundo de la película”, y terminó siendo un TREMENDO análisis profundo de la película.💜 ¡Muy bueno y lo comparto todo!

    Solo nos quedó una insatisfacción de la película, la representación del esposo como el hombre paciente, generoso, con la clarividencia que no tenía su esposa para resolver los conflictos de la mejor manera y mostrarle el camino. Siento que los personajes femeninos fueron muy bien representados como humanas imperfectas en permanente búsqueda, pero el personaje masculino no tiene esas matices.

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