
En Galápagos, lo recibió en bermudas color naranja. Su arrogancia casual contrastaba con el agradecimiento al que se vio obligado por asistir a Ecuador con la venta de energía eléctrica. En 2024, el gobierno de Daniel Noboa permitió la profundización de una crisis energética que dejó a zonas enteras del país en la oscuridad hasta por diecisiete horas al día. Gustavo Petro había autorizado la venta de electricidad en abril, sin lo cual Ecuador habría sufrido daños aún mayores.
El encuentro en las islas Galápagos, que ambos sostuvieron el 15 de diciembre, se daba tras once meses de declaración de “conflicto armado interno” en Ecuador, lo cual condujo a ejecuciones extrajudiciales, tortura desmedida en prisiones y desapariciones forzadas. El día 8, Steven Medina, Nehemías, Josué e Ismael habían sido detenidos por militares. Sus cuerpos calcinados fueron hallados días después en la zona de Taura. Noboa jamás se pronunció por estos crímenes. En Ecuador, 2024 cerró con 7.033 homicidios intencionales.
A pesar de que Petro autorizara la venta de energía y se pronunciara por la integración ante el cambio climático, Noboa no estuvo a la altura de la relación binacional entre Ecuador y Colombia. “Petro es un ‘snob izquierdista’, es inteligente, pero no está consiguiendo hacer nada”, le había dicho al periodista Jon Lee Anderson cuando este lo visitó a fin de publicar su perfil en The New Yorker. Aunque no quepa defender a Petro, no cabe gestionar un país como un bitcoin bro.
El 17 de julio de 2025, Ecuador ordenó de forma unilateral el traslado de cerca de mil personas privadas de libertad colombianas hacia la frontera en un operativo de expulsión ilegal/repatriación/deportación. Días antes, entre los comités de familiares había nerviosismo. Se hacía firmar formularios en las prisiones sin leerse; no se sabía si las personas estaban recibiendo su boleta de excarcelación, una orden de salida del país o ambas. Posteriormente, salieron en buses rumbo a la frontera norte en Ecuador, en el borde entre Carchi y Nariño. En videos, se veían largas filas de hombres en overoles naranja descender de los buses escoltados por militares y policías ecuatorianos y hacer una improvisada fila de control. Quienes no tenían responsabilidades en Colombia quedaban liberados. La Cancillería y el ministro de Justicia colombianos expresaron su protesta diplomática por incumplimiento del derecho internacional e irrespeto al convenio binacional sobre tránsito de personas suscrito en Esmeraldas en 1990.
Lejos de restablecer la armonía entre ambos países, el 21 de enero de 2026 Noboa anunció la imposición de un arancel del 30% sobre las importaciones de Colombia, llamándolo una “tasa de seguridad”. La medida constituía un chantaje: si Colombia no controla su lado de la frontera y tolera el tránsito de grupos criminales, narcotráfico y minería ilegal hacia Ecuador, según el régimen de Noboa, entonces ejercería presión.
Colombia respondió con arancel de 30% sobre productos ecuatorianos y, gravemente, cortó la interconexión eléctrica con Ecuador. En marzo, Ecuador subió los aranceles a 50% y, en abril, de forma inaudita y siguiendo políticas de Estados Unidos, a 100%, aduciendo ausencia de medidas de seguridad por parte de Colombia. La respuesta de Petro fue: “No hay aranceles 100%, no somos tan brutos. Todo lo que sea necesario para Colombia, 0%. Petro llegó a declarar que esto significaba “el fin del Pacto Andino para Colombia”, lo cual, en efecto, sigue siendo un riesgo.
En el paso fronterizo de Rumichaca, principal corredor entre los dos países, el comercio quedó casi paralizado. Desde siempre, los comerciantes, el transporte de carga, la mercancía de ida y vuelta a toda escala, desde familias que viajan a hacer su compra hasta multinacionales, han circulado y forjado una economía fronteriza que sostiene una vida transfronteriza que se extiende por toda la frontera colombo-ecuatoriana. Noboa golpeó esa vida de siglos al separar a ambos países por medio de una guerra arancelaria. Además, Ecuador desacató la orden de la Secretaría de la Comunidad Andina de retirar los aranceles y presentó recursos de nulidad que tomará hasta años resolver.
En paralelo a la guerra arancelaria, Noboa profundizó su estrategia securitista con respaldo directo de Washington. En marzo de 2026, Ecuador y Estados Unidos llevaron operaciones militares conjuntas para desmantelar supuestas infraestructuras de organizaciones narcotraficantes —cabe señalar que Daniel Noboa ha sido acusado internacionalmente de narcotráfico y los escándalos de corrupción de su gobierno son diarios—.
El 6 de marzo, Ecuador y EE. UU. bombardearon un campamento de los Comandos de la Frontera en territorio ecuatoriano, pero muy cerca de la frontera con Colombia. Noboa forma parte de una “coalición militar” contra los carteles del narcotráfico en Latinoamérica comandada por Trump. Petro denunció presuntos bombardeos desde Ecuador, pero Noboa lo desmintió. En todo caso, la violencia fronteriza promovida por Noboa y Trump está teniendo efectos graves en la vida de la población. Lo que Noboa llamó un golpe contra el narco en ese operativo resultó ser un ataque a una finca lechera, como se comprobó luego.
En abril, durante un Consejo de Ministros, la embajadora colombiana en Ecuador, María Antonia Velasco, afirmó que Álvaro Uribe había visitado a Noboa justo antes de las subidas de aranceles de 2026, y denunció un complot para interferir en las elecciones presidenciales colombianas. Se viralizaron entonces fotografías de Noboa y Uribe juntos. Sin embargo, verificadores de datos como Colombiacheck determinaron que la imagen que se viralizó en redes correspondía a un encuentro en Guayaquil de noviembre de 2024, el cual sí fue confirmado por Uribe. Aunque no se trataba de visitas en el periodo de la campaña presidencial en Colombia, estas fotos sí revelan la preocupante cercanía entre Uribe y Noboa.
El hecho de que no se haya tratado de un complot de campaña no desdice la colaboración con Uribe. Este episodio viral reveló también el nivel de desconfianza entre ambos gobiernos y la forma en que la crisis bilateral se cruza ahora con las elecciones. Sin embargo, va más allá. La misma viralización de las imágenes permite colegir que las conversaciones entre Noboa y Uribe sobre prioridades en sus agendas, como la seguridad, tienen que ver con su alineamiento irrestricto con Estados Unidos y las políticas de Trump.
El 29 de abril, Noboa lanzó su acusación más grave hasta ahora: en su cuenta de X, afirmó: “Varias fuentes nos han informado de una incursión por la frontera norte de guerrilleros colombianos, impulsada por el Gobierno de Petro”. Noboa ha justificado sus reclamos señalando que Ecuador gasta 400 millones de dólares anuales en vigilancia fronteriza y que la política de seguridad de Colombia no tiene “el mismo compromiso” para “combatir el narcotráfico”. A la vez, sus toques de queda, redadas y violencia militar contra la población, su ficticio Plan Fénix, que sin embargo tiene efectos de muerte, nada han hecho por mitigar la violencia de los grupos de delincuencia organizada.
¿Qué le esperaría a Ecuador de volver la derecha a Colombia? En este contexto, la alineación con Estados Unidos podría ampliarse hacia Colombia. Álvaro Uribe ha expresado su interés por una alianza de seguridad que podría ser como un Plan Colombia ampliado. Ya ha elogiado la “voluntad política” de su joven Noboa para enfrentar el crimen organizado, voluntad que ha traído efectos nefastos: decenas de jóvenes desaparecidos por el Estado, muerte y más violencia. La técnica de gobierno de Noboa ha sido el estado de excepción. Según el medio Primicias, hasta fines de abril, Ecuador acumulaba 835 días bajo estado de excepción desde el 23 de noviembre de 2023, el 95% del tiempo total de su gestión.
Noboa se reunió telefónicamente con Paloma Valencia el 4 de mayo, a la vez que anunció en un gesto magnánimo la reducción de los aranceles a Colombia de 100% a 75% a partir del 1 de junio como muestra de “buena voluntad” con el próximo gobierno. Noboa negocia aranceles con una candidata que no ha ganado y lo hace público como medida de apoyo hacia ella, quien lo celebra con un tuit el mismo día en que se anuncia la baja. El chantaje de Noboa a Petro se extiende así a las elecciones.
La “guerra arancelaria” de Noboa no surgió en el vacío. Ecuador impuso su “tasa de seguridad” argumentando falta de cooperación fronteriza, pero fue una decisión de chantaje de su gobierno, que no ha dudado en aplicar una extenuante doctrina de shock: estados de excepción, gobierno militar en las prisiones y las calles, apagones usados políticamente, subordinación a Washington, 3 millones de personas declaradas con insuficiencia alimentaria, despidos por miles en el sector público, hospitales que ya ni siquiera tienen paracetamol donde la gente muere todos los días por las estructuras de corrupción que ha montado.
La violencia que mantiene herido el norte de Ecuador, sobre todo en Esmeraldas y Sucumbíos, provincias fronterizas con Colombia, tiene raíces en un antiguo abandono estatal a donde miles de personas desplazadas colombianas han huido. Ellas también viven las consecuencias de la violencia promovida por el régimen cívico-militar de Noboa.
La derecha produce inseguridad estructural al ahondar la pobreza, acaparar tierra, provocar desplazamiento e integrar la narcoeconomía al sistema financiero. Los jóvenes empobrecidos son perfilados racialmente, perseguidos, desaparecidos, hallados en fosas. Las prisiones son ampliadas, convertidas en campos de concentración, como se ha denunciado hasta el cansancio desde Ecuador. Son constantes en los regímenes no democráticos. Ecuador, bajo el régimen de Noboa, sería un actor obediente de la profundización de la violencia militarista si Colombia propusiera un plan binacional militar, a lo cual se sumaría Estados Unidos.
Ecuador es un país pequeño al lado de Colombia, empobrecido aceleradamente bajo el régimen de Noboa. Pero que no dude Colombia de que, de ganar la derecha en su país, se formará un robusto eje militar que pondrá en grave peligro a la población de ambos países. La división entre ambos en términos de estados nacionales es joven; son muchos más siglos de vida transfronteriza y frontera abierta.