junio 23, 2022

Pride y celebración: La fiesta también es resistencia

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Ilustración por Carolina Urueta

Se ha vuelto común escuchar que el Orgullo debe ser una protesta y no una fiesta. Y ciertamente el Pride nació de la protesta, el enojo y la rabia contra un sistema que rechazaba nuestra existencia, pero la protesta y la fiesta nunca han sido conceptos absolutamente opuestos; por lo menos no para las disidencias sexogénericas. 

La fiesta es el espacio de encuentro en el que  los cuerpos se manifiestan libremente. Un lugar de recreación, pero también de catarsis, que ha acompañado al movimiento LGBT desde siempre. Hace apenas unas décadas, cuando no era permitido mostrar afectos en la calle, los bares, antros, sonideros y balls, se volvieron lugares para existir sin miedo a vestir, hablar o bailar libremente. Ahí es donde se desarrolla la sociabilización, el acompañamiento y distintos encuentros sexuales que nos recuerdan que nuestras identidades y corporalidades también son merecedoras de amor y deseo. Porque en este mundo que nos quiere deprimides y en silencio, el goce y la felicidad son actos de resistencia. 

Por eso los disturbios de Stonewall en 1969 en Nueva York fueron tan importantes. La noche en la que la policía allanó el Stonewall Inn, un bar ubicado en Greenwich Village, fue un ataque directo a uno de los pocos espacios de goce para las disidencias, lo que dio lugar un año después, y gracias a mujeres como Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera y Stormé DeLarverie, la que se consideraría la primera marcha del Pride

Con el pasar de los años las disidencias sexogenéricas nos hemos hecho más visibles y me gustaría decir que al punto en que mostrar nuestros afectos en público ya no pone en riesgo nuestras vidas, pero no es así, al menos no para ciertas identidades y corporalidades. Para algunes, la vida nocturna y festiva siguen siendo los únicos espacios aptos para encontrar la libertad y abrazar nuestros placeres sin sentirnos oprimides por el señalamiento social.  

Con el pasar de los años nos vamos dando cuenta, en especial quienes militamos en los activismos, que existen muchos espacios para el dolor y la rabia, pero pocos para la alegría y el placer. Así lo describe Nina Nina, artista y educadore de Mérida, Yucatán, que se dedica a crear espacios de placer y goce.

Tanto el placer, el goce, el baile y la alegría merecen un espacio, sobre todo en estos mundos que nos quieren deprimir, que nos quieren asesinar, que nos quieren matar todo el tiempo. Poco se habla de la afectación que tiene el sistema en nuestros cuerpos, pero también en nuestra mente. ¿Qué pasa con nuestras esperanzas? Se van diluyendo con las malas noticias.

De esta idea nace Manifiestaciones, un proyecto de Nina que busca redistribuir el poder de la fiesta y crear espacios de placer fuera de los círculos de la clandestinidad a la que la una sociedad homofóbica y conservadora como la de Yucatán, ha orillado a las fiestas y eventos sexodisidentes. 

Lo que busco es que sea un espacio físicamente seguro, porque creo que los espacios seguros los creamos las personas, por eso me interesa que haya mujeres y personas trans en los line up porque son a quienes normalmente no se les da espacio, ni se les paga bien. Mi intención es, no sólo hacer justicia erótica, sino también justicia económica.

Manifestaciones – Foto: @alecenfoto

En su libro Pleasure Activism: The Politics of Feeling Good, la teórica feminista Adrienne Maree Brown escribe: “No hay forma de reprimir el placer y esperar liberación, satisfacción o alegría.”  En este sentido, el placer y el goce, vistos como herramienta para la resistencia y los activismos, son una forma en la que las personas LGBT recuperamos autoridad sobre nuestra sexualidad y nuestros cuerpos. 

La experiencia queer muchas veces ha sido la de buscar amor y alegría en un sistema que solo nos da motivos para el dolor, la ira y el miedo. Aunque los espacios para la vida nocturna han abrazado a las identidades queer, durante los últimos años hemos visto la capitalización y apropiación de las luchas por parte de empresas, marcas e incluso partidos políticos. Y el movimiento LGBT no es la excepción. 

Junio y el Pride son una fiesta, ciertamente, y quizá la preocupación de que se banalice viene de que cada vez más marcas y empresas capitalizan y lucran con esta lucha histórica, de ahí la importancia de no despolitizar también los espacios festivos. 

El problema con la apropiación de los movimientos sociales es tal que existen términos específicos para identificarla en diferentes colectivos. Hablamos de pink washing o rainbow washing, para referirnos a la apropiación de símbolos propios de la comunidad LGBT en campañas de marketing, discursos políticos e incluso lugares. 

¿Qué pasa cuando en los mismos espacios de festividad que dicen ser para las personas LGBT se reproducen actitudes violentas, heteronormadas y discriminatorias? ¿Qué es lo que nos queda? Crear nuestros propios espacios de goce. 

(RE)CREANDO NUESTROS ESPACIOS 

Los actos subversivos y espacios festivos además de goce, pueden ser una oportunidad para cuestionar nuestros procesos políticos, sociales e históricos. Como la Comuna Lencha Trans, un espacio ubicado en el centro-norte de la Ciudad de México. En su manifiesto, titulado Vivir en comunidad, mencionan “la posibilidad de vivir de otra manera, de construir una comunidad en medio de esta ciudad monstruo que nos permita sobrevivir juntas juntxs y que, además, se convierta en un espacio abierto para articularnos y organizarnos con otras y otrxs.”

La Comuna Lencha Trans nació en diciembre de 2019 como un espacio autogestivo que tiene como objetivo poder vivir juntas en esta ciudad donde es tan cara la vivienda y la vida. Con la intención de generar otro sostén para mantener el espacio surgieron los Lesbotaneros, eventos que se realizan en la comuna cada viernes, en los que se ofrece un menú vegano, chelas y, dependiendo la ocasión, proyecciones audiovisuales, karaoke, futbolito y hasta competencias de fuercitas. Además de que los Lesbotaneros casi siempre terminan con un perreo en donde todas y todes se sienten libres de bailar y disfrutar, una de las cosas más importantes que ocurre ahí es la colaboración, ya que entre les asistentes abundan las propuestas de actividades, talleres o eventos. Así que, además de ser un espacio de fiesta, los Lesbotaneros son un lugar de encuentro para aprender y compartir saberes y sentipensares. Así lo perciben las integrantes de la Comuna Lencha Trans:

Luego las mejores ideas salen en la borrachera, en las conversaciones vas conociendo a las compañeras y te das cuenta de lo que hacen. Muchos de los eventos que se han hecho acá han salido de las propias fiestas, en las conversaciones que tenemos, porque son espacios de goce, de encuentro, y el encuentro es eso, nos permite plantar un suelo para poder construir algo sin tantas barreras.

Comuna Lencha Trans – Foto: Arlen Molina

Para la Comuna Lencha Trans es importante resaltar que el objetivo del Lesbotanero no es hacer negocio ni reproducir la relación dinero = poder. Hemos pensado poner para el próximo Lesbotanero, un letrero que diga ‘este no es un negocio, es un espacio autogestivo’, como ir politizando el espacio también de la fiesta que ahora se vuelve necesario, no solamente para nosotras, sino para todes, mencionan.

La potencia política de la fiesta es importante, sobre todo si se piensa en los espacios LGBT+ como lugares mayormente dirigidos al mundo gay cis masculino y que funcionan dentro del circuito del capital económico. La Comuna Lencha Trans se posiciona como un espacio lésbico y trans que permite encontrarnos, enamorarnos, gozar y mover el cuerpo. 

Cuando eres una disidencia visible al mundo recibes violencias, entonces es enfrentarte a eso, responder o simplemente quedarte callade, menciona una de las integrantes de la Comula Lencha Trans, al final nosotras no nos estamos posicionando como un espacio seguro, sino más bien como un espacio peligroso, y es un espacio peligroso para la gente heteronormada y trans excluyente.

Manifestaciones -Foto: @alecenfoto

En la fiesta, los géneros que bailamos vienen de comunidades disidentes. Paradójicamente son pocas las personas de las disidencias a quienes se les reconoce ese legado. Espacios como Manifiestaciones de Nina Nina o los Lesbotaneros de la Comuna Lencha Trans son oportunidades para reconocer ese trabajo. Una propuesta igual de importante presenta Chingona Sounds, un proyecto conformado por mujeres en el oficio de la música y producción de eventos y sonorización que vio la necesidad de formar un espacio para reivindicar el trabajo de las mujeres y disidencias en la música. Bety Santiago, mejor conocida como Panchita Peligro, DJ e integrante de la colectiva, lo describe así: 

La pequeña comunidad de Chingonas Sounds, lleva ya dos años trabajando y ha sido un largo proceso. Casi todas llevan más de diez años trabajando en la música. No somos jóvenes, estamos bien metidas cada una en sus diferentes géneros de música. Después de tantas experiencias creo que todas hemos sufrido un chingo de sexismo en la música, y no solo sexismo, también racismo. Las compañeras son bien diversas, la mayoría somos no heterosexuales y han sido dos años de un trabajo intenso.

No solo son pocos los espacios en donde las mujeres y disidencias podemos gozar, también hacen falta lugares en donde puedan trabajar en ello y vivir de ello. Durante sus dos años de existencia en Chingona Sound han notado que trabajando en colectivo consiguen cosas mucho más rápido, en comparación de si trabajaran solas, lo que las ha llevado a reflexionar la importancia de la formación profesional de más mujeres en la escena musical, por ello también han habilitado talleres de música para mujeres y disidencias sexuales.  

Panchita Peligro menciona que durante la pandemia hicieron talleres durante seis meses y tuvieron a muchas mujeres inscritas: 

Creo que eso nos hizo dar cuenta que hay un gran interés y una gran necesidad de que las mujeres tengamos conocimiento de cosas técnicas. Tal vez hay espacios en donde nos reciben muy bien, como diseñadoras o como fotógrafas, pero en la parte técnica de la música o de cualquier ciencia, hay una segregación bien dura y fue donde nos dimos cuenta que todas quieren aprender, no quieren ver, quieren tener más conocimiento sobre cómo funcionan los aparatos de la música y no tener que depender de los hombres cuando te invitan a tocar a sus eventos.

Foto – Panchita Peligro

Otra de las actividades que lleva a cabo en la fiesta es la gestión de eventos, en especial dedicados a mujeres y disidencias. Una de las cosas que han notado es la diferencia entre los eventos gestionados por hombres cis heterosexuales y los eventos gestionados por mujeres y disidencias, donde se presta mayor atención a asuntos como la seguridad, el lugar y el pago justo a les artistas. 

Cuidarse entre todes en la fiesta es muy importante, menciona la DJ, igual los costos, porque la vida está bien difícil económicamente, entonces procuramos que no todo sea caro; la entrada, las bebidas. Yo creo que nuestro público entiende que también es muy importante para nosotras dar un pago decente a les artistas. Esa es una meta de Chingona Sound: empezar a generar una economía más estable entre las mujeres en la música. Pero también no hay que mancharse en la puerta, porque tener un costo súper alto divide al público: los que tienen dinero pueden entrar y los que no, no.

Aunque la fiesta es un espacio que dura solo un par de horas, nos permite la posibilidad de imaginar otras realidades, otras formas de organizarnos y vivir. Es un lugar en el que la imaginación fluye y podemos reconocer que los procesos creativos son también importantes para los procesos políticos, ya que podemos pensar que si esto existe en una micro comunidad ¿por qué no podría existir en algo más grande?

BAILAR LIBERA: LA FANTASÍA DEL BALLROOM 

Y si de imaginar nuevas realidades hablamos, una de las mayores fantasías llevada a la realidad es el Ballroom, cultura originada en Nueva York en los años 70s e impulsada principalmente por mujeres trans y personas queer negras y latinas que se organizaron para responder a una sociedad que intentaba borrar su existencia. Realizaban eventos llamados balls donde existían diversas “categorías” en las que les asistentes concursaban. A través de sus participaciones y actuaciones bien elaboradas existía un diálogo sobre el racismo, las clases sociales y el género, siempre haciendo una crítica a que el Sueño Americano solo estaba reservado para ciertas corporalidades. 

Conforme el ballroom fue tomando una forma y organización surgieron categorías como  butch queen realness, femme queen realness, school boy realness, executive realness, y demás. En estas categorías regidas bajo el realismo o realness, la idea general es que necesitaba parecer lo más «real» o «creíble» posible para obtener sus dieces, el puntaje más alto. Las categorías de realismo trataban de generar confianza en las personas que caminan en esta categoría e imaginar que elles también podían ser merecedores del Sueño Americano. 

Más tarde el ballroom llegó a México y otras partes de latinoamérica, y si bien sus fundamentos no cambiaron, sí se tropicalizó y adecuó a la escena latina, volviéndose un espacio de goce y celebración de las disidencias sexogenéricas, pero también de resistencia. 

Malicia y Adeno Karnalxs – Foto: @rrabmx

En la cultura ballroom existe algo llamado Casas, familias alternativas compuestas principalmente por personas LGBT+, destinadas a brindar refugio, compañía y seguridad a aquelles que a menudo son excluides de sus círculos por su identidad o sexualidad. Normalmente están dirigidas por madres, padres o xadres que suelen ser miembres reconocides en la escena del ballroom. Les hijes de una casa son hermanes y compiten juntes en las balls, en diferentes categorías, contra casas “rivales”. 

En México existen muchas casas, una de ellas es Karnalxs, originaria de la Ciudad de México. A diferencia de muchas otras, House of Karnalxs no tiene la misma estructura; si bien todes son hermanes, no existe una “madre” que la dirija. Xela, conocida en la pista como Karnala Malicia, habla de lo que para ella y Karnalxs significa el ballroom:

Más allá de las balls, más allá de las competencias, de las categorías, de quién gana o no. El ballroom para mí es encontrar a tu manada, a tus círculos. Para mí es el encontrarte entre otras personas trans de otra bandita disidente. Contemplar el vínculo que se formó entre nosotres y lo que eso nos puede llevar a hacer.

Karnalxs – Foto: @navianthoni

La categoría de realismo en México -por ejemplo, de una chica de universidad- se trata sobre todo de reflejar una realidad en donde existe una falta de acceso a la educación, es como simplemente decir ‘esta es mi idea de escuela y me voy a ver bonita y voy a salir’. Era una manera de personificar esas vivencias, al fin de cuentas, aspiracionales, menciona Malicia. 

Existe también una categoría llamada runway o caminata en pasarela, una emulación a las pasarelas de moda o los concursos de belleza, un culto a la alta moda y a las icónicas modelos. En el ballroom, runway da la posibilidad a todes de poder ser esas personas que posan en las pasarelas y a quienes les toman fotos. 

A fin de cuentas es llevar las cuerpas morenas, las cuerpas disidentes, las cuerpas que casi nunca son representadas, a un espacio que es una pasarela, dice Malicia, y en ese momento todas somos modelos. En ningún otro momento de la vida se nos permite eso. 

Otra de las categorías, impulsada principalmente por mujeres trans, es el vogue femme, una de las más populares en México y Latinoamérica, y con mucha razón, pues es la que implica mayor movimiento corporal y celebración de la feminidad:

Es como una explosión de euforia con tu cuerpo, es un baile que todo el tiempo está resaltando si traes uñas, si traes la pela, que tu maquillaje, que mover la cadera, el culo, el pecho, es como realmente estar en euforia total contigo misma y celebrarse. Sí hay técnica y lo que quieras, pero al fin de cuentas, para mí, vogue femme es la oportunidad de decir: ‘claro, soy la más rica y me siento increíble’ y bailarlo y  disfrutarlo. 

Adeno y Perversa Karnalxs – Foto: @rrabmx

Quizá lo más importante de ballroom es la apertura a las disidencias sexogenéricas de resaltar su goce y placer, de sentirnos merecedoras de aplausos, admiración y atención. Con categorías como sex siren se explora también la sensualidad y el erotismo de las personas LGBT+, sentimientos y afectos, muchas veces silenciados, en especial en personas trans,. 

A pesar de que estos eventos, la mayoría de las veces, se llevan a cabo en lugares privados, cada vez se explora más la posibilidad de llevarlos a espacios públicos, Malicia menciona que es otra forma de hacer stand político: 

El decir ‘claro, las calles están aquí y si nadie está ocupando este espacio en este instante, yo lo puedo hacer’. Y podemos llevar la pasarela, el vogue femme, el sex siren a la calle, porque también son espacios que nos merecemos y sobretodo merecemos reclamarlos. 

“MERECEMOS MÁS QUE UNA ISLA PEQUEÑA, MERECEMOS TODO EL MUNDO”

La activista del placer Adrienne Maree Brown escribe: “nuestra imaginación -particularmente las partes de nuestra imaginación que contienen lo que más deseamos, lo que nos brinda placer, lo que nos hace gritar que sí- es donde debemos sembrar el futuro”. El placer y el goce, como herramientas para la resistencia, nos ayudan a visualizar el futuro que queremos crear y en el que queremos vivir. La alegría y el goce, al igual que la garantía de nuestros derechos, son fines en nuestra lucha y merecemos vivirlos plenamente.

Me duele pensar que nuestra existencia se limita a pequeños espacios. Yo quiero pensar que vamos a ocupar el mundo entero, dice Nina Nina. Yo no me voy a conformar con que me den una pequeña isla, merecemos todo el mundo, merecemos que no existan esas fronteras que nos limiten a existir en otros espacios.

La escritora y activista Audre Lorde decía que “no son nuestras diferencias lo que nos divide, sino la incapacidad de aceptar esas diferencias”. Si bien son muchas luchas en las que podemos converger, es cierto que no todes las vivimos igual y es importante que exista una diversidad de espacios en el que cada persona pueda decidir desde dónde quiere luchar y desde dónde quiere vivir el luto o el duelo.

Lo que creo que no me gustaría que pase es que se viva desde el silencio. Es una realidad que en Latinoamérica todo el tiempo estamos atravesando dolores, pérdidas, lutos y duelos, y más que negarlos, silenciar o decir ‘se feliz y olvidarte del dolor’, es hablar de todas las experiencias y todas las emociones que involucra vivir en esos territorios tan controversiales, menciona Nina. 

Junio es mes de protesta y resistencia, pero esa resistencia también se puede encontrar en la fiesta, un lugar que nos permite imaginar una salida, pensar juntes y establecer alianzas que cuestionen las estructuras que nos violentan, y de alguna manera sentirnos menos soles. Al final, la fiesta, al igual que la protesta, la vivimos en colectivo.

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Autor

  • Arlen Molina

    Egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación con profundización de conocimientos en comunicación audiovisual y periodismo. Me he desempeñado en la creación de contenidos para medios digitales. También me interesa la investigación periodística y el periodismo en nuevos formatos.

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