mayo 19, 2023

El amor después del amor romántico: Fabiana y Fito

Breves reflexiones sobre la deconstrucción del amor romántico, la importancia de (no) maternar el amor, la autonomía y el autocuidado después de revivir la historia de amor de Fito Páez y Fabiana Cantilo en la serie "El amor después del amor".

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Devoré la serie de Fito como buena fan obsesionada y pisciana que soy suya, pero también de Fabi, y de la historia que son Fito y Fabi y de ese vínculo irrompible que sobrevivió la ruptura y el tiempo. Me obsesiona la relación de Fito con sus ex parejas y con sus amigos, la presencia de Fabiana, Ceci, Charly y Luis en sus canciones, en sus conciertos. Morbo, tal vez, no sé, pero grité, lloré y quedé sedienta de más data, así que seguí con los documentales y las entrevistas, como procede cuando una se obsesiona con algo. 

La peor parte siempre van a ser las redes y Twitter, el vertedero tóxico de todo lo que no se dice directamente a una persona de carne y hueso. Entonces nos lo decimos entre avatares como si importara y doliera menos. Y ahí estaba el reclamo: por qué Fabiana no se quedó cuidando a Fito en su peor momento. ¿Por qué no dejó todo ella para dedicarse a cuidarlo a él, por qué no puso su carrera y sus propios problemas en segundo plano por él? ¿Quizás porque tenía que hacerlo, no quería o no podía? Me ofendió el señalamiento. 

De tantas cosas por decir de la artista que es Fabiana Cantilo, ¿eso? Entonces pasó que las mujeres volvimos a ser personajes de reparto, ya ni siquiera en la serie, en la vida real. No apruebo. La historia del genio agobiado y la musa salvadora no tiene más cabida, no la compramos más. Basta de endilgarle a las mujeres más trabajo de cuidado no remunerado que quizás no quieren ni pueden hacer. ¿A veces no podemos ni hacernos cargo de nuestro propio cuidado, cómo pensar en cuidar de alguien más que necesita ayuda profesional? Eso sí me resulta egoísta e irresponsable. 

Hablar de cuidado en las relaciones también tiene que pasar por hablar de corresponsabilidad, podemos cuidar a otras personas solo si nos cuidamos nosotras primero, no al revés, no es sostenible, se revienta alguien, se revienta el vínculo y luego hay que recoger el reguero. Las mujeres no estamos para salvar varones en crisis, también podemos tener nuestras propias crisis y decidir salvarnos nosotras primero. ¿Por qué esa misma exigencia no se la hicieron a los amigos? ¿Hasta qué punto llega la responsabilidad de la pareja, hasta qué punto se asume que las mujeres por ser mujeres sabemos y debemos cuidar, a veces llegando al borde de maternar varones adultos, y dónde se traza el límite por autocuidado? ¿No es eso parte de la pésima educación romántica y de los roles de género que tanto hemos cuestionado y nos esforzamos por desaprender? No rechazamos la maternidad para terminar maternando a nuestras parejas. 

Nunca tuve claro si quería ser mamá o no. Nunca tuve esa certeza hasta que, con el tiempo, me fue ganando el no. Pero mientras dudaba siempre supe el nombre que le pondría, a mi hija –porque tenía que ser una niña– si algún día decidía maternar: Fabiana.  Sí, Fabiana, por esta Fabiana, porque asociaba su nombre con fuerza y libertad.

Lo cierto es que jamás me he sentido apta para cuidar a otra persona que dependa enteramente de mí y esa es mi razón principal para no querer maternar. Ese nivel de cuidado y la maternidad son trabajos que yo nunca estuve dispuesta a asumir, ni con bebés ni con amistades ni con parejas, y que creo, que si no los van a reconocer, al menos deberían preguntar si estoy dispuesta, si puedo cuidar a personas al punto de que sus vidas dependan de mí. No sé si será egoísta y si lo es estoy bastante cómoda en aceptar esa dosis de egoísmo por mi bienestar y tranquilidad. Creo más bien que en mi decisión de no maternar, y seguro en la de muchas otras mujeres, hay otra forma de amor, de cuidado, de consciencia, que no es ni la única ni mejor que la de quienes eligen maternar, que tiene que ver con lo que sé que puedo dar y lo que no. 

Y aunque no sabemos nada y estamos ficcionando sobre ficciones, quiero pensar que Fabiana y Fito resolvieron muy bien ese conflicto con distancia, tiempo y canciones. “Yo podría haberlo hecho mejor”, le escribió Fito en la canción definitiva que tomo arbitrariamente como respuesta a mis ficciones de sus ficciones y me devuelve a mi romantización tóxica de su historia de amor libre.

Sí, Cecilia fue el amor después de Fabiana, pero quizás ese vínculo que existe entre él y ambas sea justo el amor después del amor romántico, la certeza del amor que fue justo el que pudo ser y las certezas hay que honrarlas. Me quedo con esa idea, me resulta bella y justa. Y es que damos el amor y el cuidado que podemos dar a quien y cuando queremos, ni menos ni más.

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Autor

  • Ita María

    Feminista colombiana, autora del libro “Que el privilegio no te nuble la empatía” (Planeta, 2020) y cofundadora de la colectiva Las Viejas Verdes. Ita María es Economista de la Universidad Icesi (Cali, Colombia) y tiene un MBA de Esdén Business School. Desde 2007 ha ocupado cargos directivos en importantes compañías de la industria de moda y tendencias como experta en marketing y estrategia (INVISTA, 2007-2012), análisis de tendencias y comportamiento de consumidor (WGSN, 2013-2017) y más recientemente incursiona en la industria de los medios independientes y alternativos (VICE, 2019-2020). Cuenta con más de una década de experiencia en generación de contenidos, nuevas narrativas, construcción de comunidades virtuales y comunicación digital y ha sido tallerista y conferencista de mercadeo, redes sociales y tendencias en América Latina. Actualmente se encuentra dedicada a apoyar y asesorar en estrategia de comunicaciones a organizaciones con enfoque feminista y de derechos humanos.

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Comentarios

One thought on “El amor después del amor romántico: Fabiana y Fito

  1. Muy buena reflexión. Estoy deacuerdo contigo.
    Nos corresponde en primer primerísimo lugar el amor propio y el autocuidado, lo demás son imposiciones y/o autoimposiciones ,engaños y/o autoengaños ,exigencias y/o autoexigencias, trueques afectivos y finalmente traición a nuestro Ser
    Corrección
    Estoy de acuerdo con tu reflexión

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