February 27, 2026

Trumpistas y sionistas supremacistas blancos salvan a mujeres iraníes de hombres iraníes 

Mikaelah cuestiona el encuadre que reduce las protestas en Irán a un asunto únicamente de género, construyendo a Occidente como “civilizado" y a Oriente como "bárbaro", para justificar una intervención de Estados Unidos e Israel.

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En Irán hay protestas y son legítimas. El derecho a la protesta social y a la libre manifestación y reunión, que siempre opera con el ejercicio de la libertad de expresión, es un derecho consagrado en el fracasado derecho internacional y, en concreto, en el derecho internacional de los derechos humanos, que es un derecho que, para las masas atravesadas por las violaciones de todo tipo, está muerto. Pero antes de ser reconocido en términos institucionales, recordemos que siempre reunirse, manifestarse y protestar tendrá legitimidad, no por quien lo reconoce y lo “hace cumplir”, sino por los pueblos guetificados, que, anterior a su inclusión en los marcos legales nacionales e internacionales, han usado la protesta, la desobediencia civil y su derecho negado a alzar la voz en cuanto a cuerpos producidos como menores, inferiorizados y marcados por las fronteras de la raza, la sexualidad y el capital. Por eso el uso de la protesta social ha sido un medio históricamente popular y no formal en términos positivistas, creado por los pueblos para denunciar todas las formas de opresión y jerarquías, desde mujeres no privilegiadas, marikas, travestis, poblaciones negras, indígenas y racializadas, todas ellas atravesadas por la violencia del capital y el despojo por deposición. 

Para denunciar la precarización de la vida, la privatización de los derechos, las relaciones de opresión y sistemas de dominación racial y basados en el cistema sexo-género, la criminalización de las sexualidades no normativas, el extractivismo y los genocidios por ocupación y por explotación de los sures globales, las políticas racistas de mestizaje y blanqueamiento, la negación de acceso a servicios, las políticas de segregación racial, la privación de la libertad y el uso de la prisión como mecanismo de silenciamiento, etc., se ha protestado como medio legítimo de disentir ante el poder, que sostiene una élite en detrimento de las mayorías y contra el bien de lo común y lo colectivo. La calle y la desobediencia colectiva del orden legal e institucional han sido el único camino que nos ha quedado para transformar y movilizar demandas comunes para fines comunes. 

El ejercicio de este derecho es incompatible con regímenes autoritarios, por eso, quienes hacen uso de él, no solo son grupos históricamente marginados en las dimensiones de la cultura, lo social y ontológico en cuanto no se reconoce el derecho a existir de palestinos, personas negras, trans-travestis, mujeres en menolres escalas de privilegio y hombres empobrecidos, personas viviendo con VIH y cuerpos considerados desechables, sino incluso quienes se oponen a la existencia de personas trans, por ejemplo, como las feministas esencialistas de género, que exigiendo el no reconocimiento de derechos de las personas trans, han hecho uso no democrático de este derecho, comprendido como algo propio de sociedades “democráticas”. Es decir, los fachas protestan contra quienes históricamente han defendido el derecho a la protección social. Hoy existe la protesta social como derecho, y no es por la venia de los Estados en su benevolencia democrática, sino como fruto de demandas comunes de pueblos que, ante el autoritarismo propio de todos los Estados, han hecho uso de la libre reunión y manifestación para demandar vidas visibles en clave de derechos, asumiendo el problema que implica hablar de derecho en Estados-nación cuyas bases son coloniales y modernas. 

El caso de Irán

Dicho esto, las protestas que iniciaron a finales de diciembre del 2025 en Irán son manifestaciones legítimas que surgen del descontento social, producto del encarecimiento de la vida, la inflación incontrolable, la depreciación de la moneda nacional, el rial iraní, efecto del colapso de instituciones financieras nacionales como el Ayandeh Bank por mala administración, corrupción y sanciones internacionales. Si bien es cierto que todo Estado es responsable del daño, no se puede explicar la grave situación económica que sufre el pueblo iraní sin hacer énfasis en el rol que juegan las sanciones internacionales. Irán ha recibido cientos de sanciones después de la revolución iraní en 1979, que depuso la monarquía de la dinastía Pahlavi (1925-1979), aliada de los gobiernos occidentales, en concreto de Inglaterra y los Estados Unidos. Derivado de su derrocamiento, Irán resultó castigada por parte del aparato financiero internacional, sostenido por medio de la hegemonía del dólar y el control históricamente occidental del comercio internacional. Estas sanciones van desde la congelación de activos en el exterior, oro, propiedades, embargo, prohibición de venta de petróleo y gas, muchas veces basadas en la construcción del relato falso y no comprobado de parte de israel, de que Irán acumula-enriquece uranio para construir un arma nuclear, relato falsamente sostenido en espacios multilaterales como la ONU. Por eso las sanciones no solo son de parte de EE. UU., sino que la Unión Europea, Corea del Sur, Canadá, Suiza, Japón, Noruega, Australia, etc. es decir, países aliados al modelo capitalista occidental y a los intereses de los Estados Unidos, por tanto, aliados a israel, también han usado su rol y hegemonía en el sistema financiero global para sancionar y asfixiar al pueblo iraní, independientemente del tipo de gobierno dentro de Irán.Podemos incluso llamarlo régimen, siempre y cuando seamos honestas y estemos dispuestas a llamarle igual a Estados Unidos o la UE, que colonial e imperial sancionan  y matan  de hambre a pueblos, como lo hacen con Cuba, solo por no alinearse a la geopolítica del norte global.  En este punto ya no nos comemos la mierda de que esta imposición autoritaria y colonial de sanciones son medidas para llevar democracia, respeto a los derechos humanos y libertad a los pueblos. Sabemos bien que son armas de presión y asfixia para alinear a la fuerza gobiernos o deponerlos para garantizar administraciones nacionales alineadas a los intereses de las potencias imperiales y neocoloniales. Son sanciones para presionar a través del asesinato de su gente, sanciones que provocan hambre y desasosiego, y eso también es una forma de matar, así como israel, con el apoyo de EE. UU., gestiona lo que entra y sale de Gaza, contando hasta sus calorías, usando el hambre como herramienta de aniquilación para fines de limpieza étnica. Son sanciones internacionales impuestas unilateralmente por potencias imperiales y capitalistas, cuyo centro es la política del despojo y el extractivismo de los pueblos y territorios de los sures globales. Y hacen uso de estas sanciones porque ellos son dueños del sistema económico global.

¿Se han preguntado quién le pone sanciones a EE. UU. hoy por usar el ICE como brazo represivo y patrullas de negros para linchar a ciudadanos estadounidenses y personas migrantes en su territorio? La respuesta es nadie, porque el sistema de sanciones es injusto y solo funciona para un lado: de los amos coloniales hacia abajo. Esas son algunas de las injusticias del capitalismo actual, un modelo económico que se produce, madura y nace con el colonialismo esclavista. Funcionan como las plantaciones; el castigo es una herramienta de opresión racializada, es del blanco al esclavizado. Las cárceles están hechas solo para que ciertos cuerpos las ocupen; así opera el mecanismo de sanciones, del norte al sur. Por lo tanto, los procesos de colonialismo no son solo por ocupación, como hace hoy israel buscando desplazar y sustituir al pueblo palestino, que, cometiendo un genocidio, nadie le sancione, sino también por medio de sus propias instituciones financieras, que son instrumentos de genocidio también.

Sabemos a esta altura del partido que EE. UU. nunca ha liberado a nadie, ni a su propia gente, que vive bajo una clase política corporativa a perpetuidad, camuflada bajo el discurso bipartidista “del balance democrático”. A pesar de saberlo, creemos que una agresión militar, o “intervención” de Trump en países no alineados a los intereses y políticas, siempre sionistas, extractivas y supremacistas de EE. UU., no puede leerse como un progreso para los pueblos cuando entendemos que en ningún caso ha sido así. EE. UU. solo interviene, incluso imponiendo regímenes y dictaduras, solo para garantizar los recursos que, bajo su destino manifiesto, considera que les pertenecen. Un ejemplo ha sido Venezuela; mientras puedan garantizar sus intereses políticos, económicos y culturales, en términos discursivos también, están dispuestos a sentarse en la mesa con quienes estén en el poder. No va de pueblos, sino de pactos de Estados, siempre que se reconozca la subordinación “natural” como parte de la relación. 

A pesar del peso de las sanciones y lo injusto del sistema internacional colonial, las manifestaciones del pueblo iraní son legítimas; eso implica reconocer que la presencia de formas de desestabilización interna provocadas por actores externos como Israel y EE. UU. que existan no le quita legitimidad a las demandas colectivas de exigir que la vida sea vivible y no una eterna crisis económica, provocada por los propios males del sistema capitalista racial. También son legítimas las demandas que no solo señalan los males económicos y el costo de la vida, sino aquellas de carácter ideológico, que señalan derechos negados y violaciones de libertades fundamentales de la gente. Claro que el Estado iraní, como todos los Estados, es patriarcal, misógino y homotransfóbico y, por lo tanto, existen prácticas a señalar con contundencia, como también lo son los Estados nacionales, incluyendo los occidentales. ¿Acaso Trump no persigue a personas trans-travestis y a gente racializada, y lincha en las calles a personas que no se le alinean ideológicamente, como pasó con Renee Good y Alex Pretti? Hoy podemos afirmar, ante las declaraciones trumpistas, que es un peligro ser trans-travesti, migrante y de izquierda en los Estados Unidos. En Occidente, en países como Brasil y México, es donde más matan a travestis. A pesar de las críticas que podríamos articular y todas las demandas sociales internas que exigen justicia, algo que sabemos los movimientos sociales en México es que nunca es alternativa una intervención gringa-sionista en nombre de los derechos humanos.

Una característica de los sistemas de opresión es que no son naturales ni propios a ciertos países; pensar que son intrínsecos a países musulmanes y a personas de ciertas regiones es racismo; en este caso, orientalismo e islamofobia. El carácter global de la colonialidad y, por tanto, de los sistemas de opresión que operan junto al capitalismo racial, hace que las violencias focalizadas en mujeres, marikas, travestis-trans, personas negras, migrantes, etc., no sean propias de un lugar/cultura por su naturaleza patriarcal o misógina. Se han configurado relaciones de poder y producido subjetividades en el mundo, donde los sujetos son comprendidos y “valorados” en claves raciales, de género, sexualidad, clase, etc. En Occidente también se violan derechos humanos; seguir creyendo que Occidente es superior por ser Occidente es un sesgo racista-colonial y se llama orientalismo. Es más, las mujeres musulmanas no están seguras bajo ningún Estado, sino que particularmente no lo están en Occidente. No se trata de que neguemos las violaciones de DD. HH. en Irán o en otros países, fuera y dentro del marco de estas protestas, sino de dos cosas: primero, no comprar el marco narrativo que lee Irán como un régimen retrógrado desde la superioridad moral y orientalista occidental, bajo la dicotomía de bueno y malo: musulmanes fundamentalistas terroristas vs. demócratas occidentales libertadores, representados por los gringos, los sionistas israelíes y europeos que, de hecho, realizan limpiezas étnicas y genocidios como hacen en Palestina. No permitir esta falsa dicotomía nos ayudará a identificar al Trump que dice que va a liberar a Irán mientras lincha a ciudadanos estadounidenses, bombardea y agrede militarmente otros países, criminaliza y persigue a personas migrantes y financia un genocidio, no como libertador, sino como un problema que debe ser abolido

Segundo, lo anterior nos ayudará a comprender que el apoyo al pueblo iraní no se puede traducir en la destrucción del pueblo palestino. Eso significa que las demandas internas no son las  exigencias de actores como Reza Pahlavi, autonombrado príncipe y miembro de la dinastía Pahlavi, quien recibe el apoyo de israel y quien le ha pedido a Trump intervención en Irán, lo que lo hace a él y a sus seguidores, sionistas-trumpistas, en palabras llamas supremacistas pro genocidios. Que tu aliado sea Israel o EE. UU. es un indicador para saber que estás del lado de las mayores atrocidades de la humanidad. 

A este punto, la pregunta es: ¿entonces apoyamos a Irán? La respuesta es sencilla: no apoyemos Estados, apoyemos a los pueblos. No se trata de apoyar posturas de personas concretas, sino todas aquellas luchas que resisten al colonialismo y los sistemas de opresión que, en cualquier parte del mundo, se traducen en no ser sionistas, racistas, orientalistas, islamófobos, transfóbicos, defensores de ultraricos ni supremacistas blancos. Apoyar a los pueblos siempre es apoyar el anticolonialismo y luchar contra el capitalismo racial, que implica luchar también contra los entreguistas internos aliados a los regímenes occidentales como Reza Pahlavi. Es posible acompañar las demandas del pueblo iraní e incluso de aquellos que defienden su gobierno, sin apoyar posturas colonialistas e intervenciones de los EE. UU. 

¿Se han preguntado, ¿por qué en tan solo días la Unión Europea impulsó un paquete de nuevas sanciones, como prohibiciones de viaje y congelación de activos por violaciones de derechos humanos, endureciendo las que ya tenía contra Irán, cuando en dos años no ha podido ponerle ni una sola sanción a israel por estar cometiendo un genocidio? La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, dijo: “Estoy dispuesta a impulsar nuevas sanciones contra Irán por una represión que ha cobrado cientos de vidas desde que comenzaron las protestas hace casi dos semanas, según organizaciones civiles”. Teniendo en cuenta todos los reportes, incluyendo los de la ONU, los informes de Francesca Albanese, Relatora especial de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, las demandas documentadas ante la CPI y la CIJ contra israel por cometer genocidio y haber demostrado clara intención de eliminación de un grupo étnico,  y de cientos de organizaciones civiles, que han documentado miles de agresiones de DD. HH. y el asesinato de más 60 mil personas, sin contar los miles desaparecidos, y que, después del alto al fuego “vigente” desde el 10 de octubre de 2025, según la ONU, se han asesinado a 477 personas más, yo me pregunto ¿por qué la UE le bastó dos semanas para sancionar a Irán y aún no impone sanciones a israel?

La alternativa no es ignorar las demandas de iraníes dentro del país, sino condenar desde el fondo de nuestros corazones la maldita hipocresía de las democracias liberales genocidas europeas y gringas. Mientras apoyamos al pueblo iraní y criticamos a su gobierno, hay que mandar al diablo a EEUU y a la UE, porque apoyar la narrativa derechohumanera y la preocupación selectiva por Irán es apoyar el genocidio en Palestina y comprar la mirada islamófoba, orientalista y racista que reproducen y gestionan como forma de deshumanizar al otro no blanco. A ellos no les importan ni el pueblo iraní ni sus derechos, solo sus intereses neocoloniales e imperialistas. 

El relato de preocupación de Occidente y de Trump, que ha amenazado con invadir Irán, y de la UE a través de sus sanciones, es un uso instrumental del discurso de los derechos humanos para someter a hambre y aniquilación a los pueblos que se arrodillan. Ya sabemos que las sanciones son las mismas que provocan las crisis económicas que asfixian a comunidades enteras. Está pasando hoy también con Cuba.  

En esto quiero que sepas que no podemos defender como si se tratara de víctimas al gobierno iraní; los gobiernos no son los pueblos, pero también, al denunciar las arbitrariedades del régimen iraní, es necesario posicionarse de manera radical contra las narrativas intervencionistas y sionistas de los regímenes de la UE y los EE. UU.

Cuando denuncies las agresiones y violaciones de DD. HH., no te metas con el islam; lo más seguro es que termines siendo una racista islamófoba. Concéntrate en las violaciones que comete el poder, presente en la figura del Estado, como sucede también en Occidente. No he visto a nadie criticar la teocracia del Vaticano, donde las mujeres y marikas son menos, y de las trans ni hablemos; de hecho, se televisa su cónclave y se celebra como valor occidental judeocristiano. No hablo del islam porque no soy experta ni la persona adecuada, pero sí puedo decir que los sistemas de opresión operan con el capitalismo racial y su matriz colonial, y no son propios ni exclusivos de una religión, sino que estas se intersecan con los sistemas de opresión. Cuando queremos “salvar” a las mujeres iraníes del islam o de la teocracia porque estas son “muy patriarcales”, lo que estamos ejerciendo es racismo, islamofobia y orientalismo. Lo que motiva nuestra voluntad de “salvacionismo” blanco no es el apoyo a las demandas del pueblo, que implican reconocer necesariamente la intromisión de Israel o EE. UU. y el doble estándar europeo; apoyamos los discursos que pasan por defender los derechos humanos, porque en Irán son muy “bárbaros, retrógrados y terroristas, y una amenaza para las mujeres”. Entonces apoyamos que israel pida incluso el regreso de la dinastía Pahlavi, aliada de sionistas y de quienes niegan el genocidio palestino. Pensar que las mujeres en Irán están siendo más oprimidas que en Occidente, mientras en Occidente se asesina a miles de mujeres palestinas, hombres e infancias en nombre de los derechos humanos, es un sesgo racista. No te importan los derechos de las musulmanas, solo eres un agente de la narrativa colonial y tu solidaridad es tan selectiva como la de Trump o la UE. Como diría Spivak, deja de desear que hombres blancos salven a mujeres morronas de hombres morrenes, porque en realidad esos hombres y mujeres blancas no quieren salvar a nadie, solo constituirse como el sujeto civilizado y humano centro del mundo con base en la bestialización y brutalización del otro. En un mundo donde el poder está conectado y nuestras identidades son producidas, nunca funciona un análisis aislado; apoyar al pueblo iraní pasa por desear la desaparición de israel, Europa y la supremacía blanca gringa. 

Cuando Occidente y sus medios de comunicación se centran en la opresión de la mujer iraní como único relato y motivador de las protestas, sin hacer mención del rol de las sanciones, los detonadores geopolíticos y responsables de la crisis económica interna, los bombardeos israelíes y estadounidenses, los intereses sionistas en la desaparición total del pueblo palestino a través de la desestabilización de Irán, ni mencionar que esas mujeres que luchan están junto a hombres e infancias que enuncian lo caro de la vida y resisten como pueblo ante la represión, se está reproduciendo la propaganda sionista occidental sostenida en el orientalismo. 

Para Edward Said, “el orientalismo expresa y representa, desde un punto de vista cultural e incluso ideológico, esa parte como un modo de discurso que se apoya en unas instituciones, un vocabulario, unas enseñanzas, unas imágenes, unas doctrinas e incluso unas burocracias y estilos coloniales… El orientalismo es mucho más valioso como signo del poder europeo atlántico sobre Oriente que como discurso verídico sobre Oriente (que es lo que en su forma académica o erudita pretende ser). El orientalismo, pues, no es una fantasía que creó Europa acerca de Oriente, sino un cuerpo de teoría y práctica en el que, durante muchas generaciones, se ha realizado una inversión considerable. Debido a esta continua inversión, el orientalismo ha llegado a ser un sistema para conocer Oriente…” (Said, 2008). En palabras llanas, hoy, a pesar de que sabemos que ni la UE ni Trump tienen credibilidad moral para condenar a alguien por violaciones de derechos humanos, les creemos, porque a quien condenan no es a cualquiera, es al musulmán que consideramos naturalmente patriarcal y bárbaro, derivado de las imágenes de opresión que hemos interiorizado por tanta propaganda occidental sobre el islam, el árabe, el moro, el terrorista. El genocidio en Palestina es una realidad sin freno y en total impunidad, porque hay un otro construido por el orientalismo como terrorista, no humano, involucrado. El genocidio palestino es posible porque ya hemos interiorizado imágenes del otro no humano. Aunque sabemos que Trump es un agresor sexual, misógino, pedófilo y supremacista blanco, podemos llegar a percibirlo moralmente superior a cualquier miembro del gobierno iraní, porque nuestra mirada racista y eurocéntrica nos dice que en Irán hay un régimen y en EE. UU., una democracia. Esta percepción ha sido producida por medio de las imágenes racistas, coloniales y orientalistas que moldean el capitalismo racial.

Así como el orientalismo es una imagen de opresión del otro interiorizado, Sara Farris habla del feminacionalismo como un discurso y programa-teórico político que usa el discurso de los derechos de las mujeres, basado en un profundo miedo al otro musulmán racializado, perpetuando imágenes racistas. Farris nos dice que, en el contexto europeo, el feminacionalismo es “el intento de los partidos de Europa occidental, neoliberales y de la derecha, de promover políticas racistas y xenófobas al pregonar la igualdad de género; y, por otro lado, captura la implicación de varias feministas y femócratas reputadas y muy visibles en la actual representación del islam como la religión y la cultura misógina por excelencia”. Al representar a los países musulmanes y a su gente que migra a Europa como naturalmente misógina, se les lee como inferiores, se les obliga a integrarse, renunciando a su cultura y reconociendo la superioridad occidental, y este discurso se presta a invasiones militares en Asia occidental en el nombre de los derechos de las mujeres, tal como ocurrió en invasiones militares de la OTAN, lideradas por EE. UU. en Afganistán e Irak, y con el apoyo continuo de feministas blancas como Hillary Clinton. Este cuento no se limita a las mujeres, sino también a las marikas. Jasbir Puar habla de homonacionalismo y cómo la identidad nacional se ensambla con discursos de género, raza y sexualidad, volviendo al hombre gay blanco occidental que pelea por su país en la guerra una herramienta discursiva para mostrar el excepcionalismo queer occidental ante la barbarie homófoba de otros, construyendo, desde una mirada orientalista, a occidente como lo moderno, avanzado en derechos y civilizado, contra lo retrógrado de las culturas y territorios árabes o musulmanes. Así como el feminacionalismo usa el discurso de los derechos de las mujeres para construir como misógino al otro, por tanto, sujeto a combatir, el homonacionalismo construye como poco queer al otro y, por tanto, un enemigo de la civilización occidental; básicamente, es lo que hace la UE cuando sanciona a Irán y no a israel, que hace pinkwashing y se construye como única democracia en Asia occidental, usando el discurso de respeto por la igualdad de género y de que es un país gay, mientras extermina a todas las mujeres palestinas, sus infancias, maridos y población no heteronormativa. Es decir, en nombre de la defensa de las mujeres y los gays, justificamos agresiones y genocidios. Y esto es lo que ya no podemos tolerar. 

Es cierto que Irán cortó el internet y desconectó a la población, seguro para que se documente menos lo que pasa dentro del país en el marco de las manifestaciones, pero también es sospechoso que Elon Musk sea el buen samaritano que prestó sus antenas para dar cobertura, cuando en Palestina hace lo contrario en un contexto donde no pueden entrar periodistas. Con este texto te invito a ver una tercera vía: renuncia a las imágenes racistas del otro no blanco-occidental que hemos aprendido por tanto tiempo de exposición a la propaganda colonial. Estar en contra del genocidio palestino es estar a favor del pueblo iraní y sus demandas, que pasan por una conciencia opositora al sionismo, al trumpismo y a la colonialidad de la UE. Cualquier postura a favor del pueblo iraní, cubano o venezolano pasa primero por ser activamente en contra del sionismo, el colonialismo y el imperialismo occidental. Cada vez que hables de las agresiones y de las protestas en Irán, no solo hables del velo, de sus mujeres y sus gays; habla del pueblo, no te metas con el Islam y condena desde lo más hondo de tu corazón a Israel, EE. UU. y a Europa, mientras señalas el gobierno iraní y te pones del lado de la gente. No es difícil. Siempre con los pueblos, nunca con Europa, con los gringos ni con el sionismo. Mientras haya oportunidad de estar en contra del imperialismo gringo y el neocolonialismo europeo, ese es el lugar correcto. 

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Autor

  • Mikaelah, bonita, mujer trans, mula no–humana, afrodescendiente y fronteriza, es una travestinegra habitante del tercer mundo. MarikaMigrante y fugada del Estado ocupacionista dominicano y de la plantación sexo-género, antirracista y contaminadora de categorías, hoy se nombra mexicana no por ciudadana, sino para transpasar fronteras negadas y espacios prohibidos por su no humanidad y su clasificación caribeña termundizada, derivado de que nació en el laboratorio colonial del caribe, lugar de cuerpos negados por nacimiento, contamina sus sentidos, cimarronea sus significados de género, nacionalidad, humanidad…insuficiente en la masculinidad hegemónica y como mujer, deviene cimarrona de género, es una carne indomesticable en la sexuación forzada heterocis. Como cuerpo no apto para moverse, hace uso de la estrategia del Calibán, no es sumisa ni pone la otra mejilla, sabe contestar, defenderse es una necesidad vital en mundo que odia a las travestisnegras/personasnegras. Es parte de las colectiva AFROntera Cimarrona, del Grupo Latinoamérica de Acción y Formación Feminista (Glefas), del proyecto de–formativo DécimaOla, artista, voguera y performance. Creadora del Podcast antirracista Café Marika y Pájaro Negro. Pensadora, educadora popular, comunicadora, antiacadémica y escritora. Estudió la Licenciatura en Relaciones Internacionales y escribe para diversas revistas y medios de comunicación. Ha participado en el Poemario “Aquelarre de Negras un poemario de Negritudes insumisas”, en la Antología ¡Pájaros, lesbianas y queers, a volar” de Dominican Writers y en el Fanzine “siete mil ríos nos comunican” por FRESTAS Trienal de Artes 2021. Es autora del libro el Feminismo ya fue, público por OnA Ediciones. Lleva 10 años trabajando en organizaciones sociales en México, en diseño y formulación de proyectos y en temas de libertad de expresión y acompañamiento a personas defensoras en riesgo.

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