octubre 24, 2023

Todo lo que sale mal al atender un feminicidio: el caso de Ana María Castro

Pese a que Nidia Romero, su madre, ha peleado en todos los estrados para que el caso de Ana María sea procesado como un feminicidio, durante la última instancia los jueces determinaron que debía ser condenado como un homicidio agravado. Esta es la última de los muchos obstáculos que han impedido que el asesinato de su hija reciba justicia. 

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“A parte de esa Nidia Romero que lucha alzando la voz por Ana María y por todas las víctimas de violencias basadas en género, también está la Nidia que es mamá y llora porque me mataron a mi hija”, dice Nidia, quien el 8 de marzo de marzo de 2020 tuvo que enterrar a su hija. “Increíblemente fue el mismo día internacional de la mujer en el que yo tuve que despedirme de ella. Desde ese día yo no he vuelto a tener paz y desde que me la mataron yo he tenido que ir recogiendo los pedazos míos que quedaron regados por todo lado”, asegura. 

El caso de Ana María ha estado rodeado por versiones contradictorias y detalles tergiversados. Al menos, eso es lo que considera Nidia, quien desde el día uno tuvo que organizarse para presionar a las distintas entidades y, así, conseguir que el caso avanzara: “Tuve que ir todos los días a la Fiscalía a preguntar por los avances en el caso de mi hija. Muy pocas veces me actualizaban sobre lo que estaba pasando y, en un punto, fui yo la que tuvo que salir a buscar las pruebas porque ellos no lo hacían con agilidad”, señala. 

Ana María salió de fiesta con sus amigos el 4 de marzo de 2020. La madrugada del 5 de marzo apareció golpeada y asesinada en una calle de Bogotá. En principio, las autoridades aseguraron que podría tratarse de un accidente de tránsito. Sin embargo, para Nidia era claro que a su hija la habían asesinado. Ella misma tuvo que empezar a correr detrás de las pruebas para probar lo que había ocurrido. 

Primero, en la Fiscalía, le dijeron que no lograban encontrar el croquis de la escena de delito. Tuvo que ir a buscarlo y conseguir un investigador para que lo desarrollara. Después, aseguraron que no conseguían las grabaciones de las cámaras, por eso Nidia fue a solicitar las grabaciones para que los investigadores pudieran ir por ellas. Finalmente, le aseguraron que no lograban encontrar al testigo del caso, pero ella lo consiguió con facilidad, pues se trataba de un amigo de su hija. 

Así, todas las instituciones que rodean el caso han conseguido enredar la posibilidad de procesar el asesinato de Ana María. Por eso, después de todo lo que ha hecho, para Nidia Romero, el último golpe es un insulto a la memoria de su hija: “Un juez consideró que, a pesar de todas las pruebas, los asesinos de mi hija no podían ser procesados por feminicidio, sino por un asesinato agravado. Sólo ese cambio ya va a reducir la pena 8 años y tienen posibilidad de que se reduzca más”, señala. 

Pero lo que más le causa angustia es que sabe que su caso está lejos de ser el único. Sabe que, para que una víctima de feminicidio reciba justicia, existe una enorme dificultad.

El caso de Ana María Castro 

Lo que pasó con Ana María quedó registrado en videos de distintas cámaras de seguridad. Allí se vio cómo salió acompañada por Julián Valente Ortegón y Paul Stanley Naranjo, además de su amigo Mateo Reyes, en un vehículo. De acuerdo con testigos que vieron aquel momento, Ana María se subió voluntariamente al carro. Sin embargo, justo antes de arrancar, luego de recibir las advertencias de una de sus amigas, intentó bajarse del carro y alguien se lo impidió desde adentro. 

Paul Naranjo había estado involucrado sentimentalmente con Ana María y, cuando ella prefirió estar aquella noche con Mateo Reyes, Naranjo se molestó. Ese fue parte del testimonio aportado por Reyes quien, además, aseguró que Naranjo y Ortegón lo habían obligado a bajarse del carro poco después de haber arrancado. Los dos acusados no le permitieron lo mismo a Ana María. 

Ya cuando iban sobre la Calle 80 con Carrera 59, el video de una cámara de seguridad muestra el momento en el que Ana María es arrojada del vehículo en movimiento. Nadie vio el momento, por eso Ana María sólo fue recogida varios momentos después y llevada de urgencia al Hospital Simón Bolívar. Después de llegar, pasaron tres horas hasta que los golpes, sobre todo una fractura en la base del cráneo, causaron su muerte. 

Los testimonios contradictorios de Naranjo y Ortegón retuvieron la investigación. Por momentos aseguraban que habían dejado sana y salva a Ana María, para luego asegurar que en ningún momento se había subido al carro. Sin embargo, los videos que Nidia consiguió que se incluyeran en la investigación mostraron el momento en que ellos la arrojaron y continuaron su camino. 

Además de esto, las pruebas aportadas por Medicina Legal demostraron que Ana María había sido golpeada fuertemente antes de ser arrojada del vehículo, pues varias de sus heridas no coincidían con los golpes causados sólo en un impacto: “A mí la señora de Medicina Legal me dijo que se notaba que a mi hija la habían forcejeado y golpeado justo antes de arrojarla. Todo eso, además del hecho de que Naranjo había tenido intereses sentimentales hacia mi hija, permitieron que presentáramos el caso como un feminicidio”. 

Sin embargo, como lo señala Nidia, nada de esto alcanzó para tener la justicia que ella habría esperado. Durante la segunda instancia, el Tribunal Superior de Bogotá determinó que el caso sería procesado como Homicidio Agravado, no como Feminicidio. Esto haría pasar la condena de 41 años a 33 años, con posibilidades de más rebajas. 

“Aun cuando está demostrado que Paul Naranjo y Ana María Castro sostuvieron una relación amorosa por espacio de cuatro meses, no se acreditó que durante ese lapso el primero haya ejercido actos de dominación y sometimiento sobre la segunda. Nada de ello, refirieron Nidia Margot Romero Bernal y Camila Estefanía Segura Vargas, quienes conocieron la existencia de ese nexo”, indicó el fallo que entregó el magistrado Mario Cortés.

Para Francisco Bernate, el actual abogado defensor de Nidia Romero, quien además asumió el caso luego de que la firma de Abelardo de la Espriella —el abogado que defendió el caso inicialmente— se retirara de la defensa, la decisión dada por el Tribunal Superior tiene una falla grave en su comprensión alrededor de las violencias basadas en género: “El problema es que en nuestras ramas judiciales aún hay graves vacíos en el conocimiento de los jueces y las autoridades alrededor de estos temas”.  

¿Por qué es común la impunidad? 

Para Bernate, ese vacío en el conocimiento es lo que permite que, de los pocos casos que son denunciados, la justicia sobre ellos sea mínima. De acuerdo con una investigación realizada por la Universidad Externado, el 98 por ciento de los casos de violencia sexual quedan en la impunidad. Además, la misma investigación señala que sólo uno de cada tres casos de feminicidio son atendidos. 

Estas mismas cifras son respaldadas por la Fundación Sisma Mujer, quienes en el Boletín 29 publicado en marzo de este año, aseguran que: “La Fiscalía General de la Nación (FGN) reportó la ocurrencia de 488 feminicidios durante el año 2021. Así como se ha presentado en el análisis del acceso a la justicia en casos de violencia intrafamiliar y de violencia sexual, aunque en menor proporción, se mantienen altos niveles de impunidad en casos de feminicidios, pues del total de casos, el 44,06% continúa en etapa de indagación, el 33,81% en juicio, el 13,73% en investigación y solo el 7,17% en ejecución de penas”.

Todo esto pese a que, de acuerdo con cifras de la Fiscalía, desde 2015 esta entidad ha recibido al menos una denuncia por día que relaciona el delito de feminicidio en algún lugar de Colombia. 

“Tenemos muchos funcionarios que no sólo no conocen a profundidad las leyes que relacionan y condenan las violencias basadas en género, sino que además tampoco tienen sensibilidad sobre el tema. Es una de las grandes deudas que aún tenemos y sobre las que debemos reforzarnos porque justamente esto es lo que permite que tengamos cifras de impunidad tan elevadas”, señala Bernate. 

Asegura que aún queda una última instancia a la que están apelando para conseguir modificar los delitos por los que serán procesados los acusados. Todavía esperan conseguir que los jueces consideren, una vez más, asignar el delito de feminicidio: “Dado que todas las pruebas nos permiten apuntar al feminicidio, esperamos que los jueces tengan mayor sensatez en la próxima instancia. Sin embargo, tendremos que tener paciencia para conseguir alcanzar ese veredicto”, dice Bernate. 

Nidia sabe que nada le hará sentir que la justicia realmente funcionó. Sin embargo, sabe que, como mínimo, ver una condena ejemplar podría dar ejemplo y aportar a la justicia general para las víctimas de feminicidio: “Por favor, díganme qué tipo de mensaje se está enviando cuando se le rebaja la condena a dos hombres que arrojaron a una joven de un carro en movimiento. Que antes de eso la habían golpeado. Y que, obviamente, la asesinaron. ¿Cómo se va a permitir algo así?”, asegura.

En este momento para Nidia lo único que queda es esperar y procurar hacer presión con distintas acciones. Por eso, el 24 de octubre hará una manifestación frente al Búnker de la Fiscalía: “Esto no es sólo por Ana María, es por todas las personas que han sido víctimas de feminicidio y por personas como yo, que sobrevivimos para buscar justicia por ellas”. 

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Autor

  • María Fitzgerald

    Periodista de la unidad investigativa de Cambio. Literata con Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2020. Finalista del premio Gabo en 2020 y en 2022. ICFJ Fellow 2021. Becaria Cohorte IDH 2021. Se especializa en cubrimiento de minorías, género, salud mental y Derechos Humanos. Fue beneficiaria de la beca Elipsis del British Council en 2017 y de la beca del Centro de Español UniAndes en 2018.

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