
El pasado 3 de febrero, en la audiencia de versión voluntaria del brigadier general (r) José Leonardo Gallego Castrillón, uno de los presuntos autores intelectuales de los crímenes contra Jineth Bedoya cometidos en el año 2000, realizada por la Jurisdicción Especial para la Paz, la periodista se pronunció. Sus palabras también fueron publicadas en su columna “A mi victimario, general Gallego”, en El Tiempo y El Espectador.
A más de dos décadas de haber sido víctima de secuestro, tortura y violencia sexual mientras ejercía su labor de periodista, la periodista colombiana Jineth Bedoya Lima vuelve a poner el foco en la voz, la dignidad y la agencia de las sobrevivientes. Habló del camino posterior, del desgaste frente a un sistema que le falló en múltiples ocasiones, por más de 25 años, y de la decisión consciente de no permitir que esa falla definiera su vida y elegir abrazarse al periodismo, el que quisieron silenciar hace 25 años, 8 meses y 9 días. “Nos obligaron a ejercer el periodismo bajo el miedo. Quisieron someternos, pero nunca claudicamos”. Compartimos algunos fragmentos de su mensaje:
“Mi justicia es mi verdad y mi testimonio. Mi trabajo decidido y comprometido con la memoria de Colombia. Con el honor de las otras víctimas que no tuvieron mi suerte de sobrevivir. Ya no tengo nada más que perder. Me lo quitaron absolutamente todo, menos la dignidad”.
“Volqué toda mi fuerza en reivindicarme a mí misma, cuando yo era la que menos tenía que demostrar algo, porque de lo que estoy segura es de que así como me quitaron todo, también lo he dado todo para que este país entienda que la violencia sexual es real, y que ha sido un crimen que los hombres armados naturalizaron para exculpar su inhumano machismo.”
“RENUNCIO de manera expresa e irrevocable a mi acreditación y reconocimiento como víctima dentro de los Macrocasos 8 y 11. Que la historia lo juzgue. Yo seguiré trabajando por los derechos de las mujeres y las niñas de este país”.
“Por eso, señor Leonardo Gallego, aunque suene paradójico e incongruente, le quiero agradecer algo porque, sin la monstruosa atrocidad que me cubrió, hubiera sido imposible abrir la puerta para que la sociedad tuviera la dimensión destructora de una violación; para que miles de mujeres se atrevieran a levantar la voz con valentía; para que mi dolor se convirtiera en algo tan trascendental que lograra resucitarme. Por eso, general Gallego, decido no perdonarlo ni a usted ni a los otros hombres que me hicieron daño. Decido perdonarme a mí, por haberme permitido entregarles mi paz a unos criminales durante 25 años, 8 meses y 9 días”.
Una justicia que llega a gotas y muy tarde
El caso de Bedoya fue llevado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que, el 18 de octubre de 2021, falló a su favor y declaró responsable al Estado colombiano por la falta de investigación y protección. Aun así, la justicia interna no ha respondido con un enfoque que comprenda la violencia sexual como un crimen de género y de poder.
Este 9 de febrero, con ponencia del magistrado Diego Eugenio Corredor, la Corte Suprema de Justicia condenó a la fiscal Bibiana Rosa Orozco Bonilla por el delito de prevaricato, al dejar sin efecto y sin respaldo probatorio la medida de aseguramiento y dispuso la libertad y el cierre del proceso contra Alejandro Cárdenas, alias “JJ”, paramilitar que confesó el secuestro y la tortura de la periodista en mayo de 2000. Además de la pena de prisión, que no podrá cumplir de manera domiciliaria, la fiscal fue inhabilitada por siete años para ejercer funciones públicas. Una decisión que no repara el daño causado pero sienta un nuevo precedente y recuerda que la justicia no puede utilizarse para favorecer la impunidad.
Desde Volcánicas, como periodistas y mujeres, agradecemos la fortaleza, valentía y coraje de Jineth Bedoya, una mujer y periodista invaluable para Colombia, América Latina y el mundo que, como ella misma ha dicho, ha transformado el dolor y la rabia en lucha organizada y ha abierto e iluminado caminos para muchas, que seguimos abrazando el periodismo, el periodismo feminista en nuestro caso, como otra vía de justicia, cuando la justicia tradicional, todavía patriarcal, nos falla y revictimiza. Gracias siempre Jineth.