enero 25, 2023

Extractivismo en la moda: ¡Detengan el saqueo cultural!

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Ilustración de Carolina Urueta

El 2022 terminó con importantes escándalos en la industria de la moda que evidenciaron el racismo que permea en la realización de producciones en las industrias creativas. No fueron denuncias menores, ni la moda ni lo que representa son temas secundarios; tener esto en cuenta es necesario para que sigamos luchando desde el antirracismo en todos los frentes. Nuestros imaginarios sociales vienen de diversas fuentes y ya es hora de que enfrentemos lo vital que resulta decolonizar la imaginación, tanto individual como colectivamente, para evitar caer en lugares comunes que no solo son trillados, aburridos e hiperexplorados, son lugares donde se mantienen muchísimos prejuicios, imaginarios y estereotipos exotizantes. Debemos entender, en primer lugar, lo problemático y dañino que resulta el extractivismo cultural y, en segundo lugar, hacia dónde van las reparaciones que piden los pueblos negros, originarios y étnicos cuando reclaman que se tomen acciones que reconstruyan el tejido social afectado por años de opresión y abuso.

Empecemos por definir a grandes rasgos lo que significa extractivismo cultural: es el modo en el cual se hace uso de patrimonios culturales e históricos tangibles o intangibles de comunidades étnicas, negras o de pueblos originarios con objetivos comerciales. También se refiere al uso de conocimientos culturales o ancestrales de dichas comunidades bajo una lógica mercantil. Este tipo de “robo cultural” ha sido difícil de agarrar, porque para que algo sea patrimonio (todo sobre lo que se tiene tutela) de una comunidad, de un grupo de gente o de una persona se debe hacer oficial dicha autoría/propiedad. Dado que muchas comunidades étnicas no hacen registro de esos “títulos” u “obras”, muchas personas en la industria de la moda caen en la zona gris de la inspiración, donde bajo esa supuesta licencia toman abusivamente técnicas, textiles, historias, procesos, etc. Uno de los peligros más grandes de extractivismo cultural está en la instrumentalización de las culturas de pueblos originarios, negros o étnicos. Esas prácticas borran la humanidad que hay detrás del patrimonio cultural e histórico de una comunidad, blanquean el pasado, blanquean el propósito del patrimonio en cuestión y su destino, canjeándolo por simple capital. En resumidas cuentas, hacen parte del racismo estructural. 

Algunos días atrás me contactó Ana María Jessie Serna, cineasta y antropóloga visual, una mujer raizal que se ha dedicado a retratar la historia de su comunidad a través de su filmografía, para contarme sobre un incidente que tuvo con una marca de ropa que pretendía –sin explicaciones cuidadosas ni compensación económica– reproducir su documental, Mujeres de sal, en sus redes para acompañar la campaña de su más reciente colección. Encontramos juntas la manera de expresar nuestra desazón a la marca por la forma tan poco profesional en que abordaron el asunto de reproducir el documental. Sin embargo, me siguió persiguiendo el ruido de que, vuelve y juega, otra colección de moda colombiana usa como “materia prima” el patrimonio cultural e histórico de los pueblos negros. Al ver la colección, que alude a los orígenes de la comunidad raizal, es difícil ignorar el hecho de que las personas que están detrás de su desarrollo no tienen ascendencia ni raizal ni sanandresana ni afro. Este permanente saqueo corresponde a unas disparidades sociales profundas que ahondan en el racismo en el que están construidas nuestras sociedades. No es casualidad que los pueblos más empobrecidos sean también los pueblos que más deben defenderse del extractivismo cultural. 

Si lo pensamos, la moda no usa de inspiración únicamente historias de valentía y resiliencia; también explota viejas heridas, se regodea en la tragedia, como vimos que ocurrió con la descripción en las imágenes promocionales que anunciaban el último trabajo de Johanna Ortiz que incluía la “categoría” resplandor colonial. Frente a este tipo de revictimizaciones y el hecho de que la industria de la moda parece estar atorada en el sistema de castas del siglo XIX, hablamos con Cristian Baena, analista negro, estilista de moda, curador y consultor creativo, sobre qué pasa con los temas más problemáticos en la cadena de lo que sería la conceptualización una colección: “las marcas hoy en día están tomando los temas más mediáticos para ser relevantes en el mercado, porque hay una saturación de producto. (…) Muchas veces las inspiraciones ni siquiera son traducidas en la ropa, solamente están usando el nombre y ya. Ahí hay una falencia creativa, hay una deshonestidad profunda, hay un gran desequilibrio creativo, porque si yo me inspiro en algo debo representarlo. Esa idea hay que plasmarla físicamente, corporalmente, en lo tangible, en lo físico.” Y si las marcas se dieran a la tarea de acuerparse de los conceptos que lanzan en vez de mantenerlos en un espacio etéreo, podrían también editarse de manera más rigurosa, como lo dice Baena: “sensibilizarse y preguntarse cómo es vivir en un cuerpo racializado.”

Encontramos, por ejemplo, en estudios de la Moda un deseo palpitante por habitar otros espacios, por evocar lo decolonial, por llamar al racismo por su nombre. Carlos Imbol Álvarez, diseñador de la universidad de Ibagué con énfasis en investigación–creación, escribe en su ensayo, El espectro de los cuerpos anómalos: a propósito del vestir, desvestir y no (des)vestir: “Es necesario estudiar la moda en sus diferentes dimensiones, desde la sociedad, los sujetos, los objetos y la incertidumbre para así encontrar los caminos como procesos de reflexión. Omitir estos análisis conlleva a una falla en las creaciones culturales, que denota una falta de conocimientos sobre sí mismos.” 

La omisión sobre conversaciones de raza, clase y género resulta en productos y campañas desastrosas. Resulta también en la réplica de estereotipos sobre lo étnico que, por demás, son patriarcales. Aún hoy, en esta modernidad atrasada en la que nos mantiene el Norte Global, se asocia a los lugares que no son el centro con una especie de mercadillo, es en la “periferia” de donde se sacan insumos creativos, económicos y comerciales para el centro, para lo “global”, lo civilizado y lo civilizatorio. Se mantienen así las mismas estructuras coloniales en las que se cimentaron las naciones y el elitismo de este continente. Continúa también la racialización de múltiples oficios, porque en la industria de la moda las personas que hacen artesanías son esenciales en la ejecución y en la exposición de un supuesto trabajo ético, pero siguen estando fuera de las decisiones ejecutivas que toman las marcas y por tanto, refuerzan fronteras económicas y epistémicas racistas. 

Existen esfuerzos desde el antirracismo por crear herramientas que le apunten a la reparación de este tipo de conductas. Urge que nos veamos con más ternura, sin dejar la crítica de lado, sin dejar tampoco de denunciar el racismo y el paternalismo que esconden ciertas propuestas comerciales de las industrias creativas. Por eso, aquí encontrarán un listado de acciones tempranas que pueden terminar en mejores prácticas. Un kit de emergencia de lo que se puede (o debe) hacer en caso de que se le señale su extractivismo cultural y su racismo: 

  1. Admita su racismo y su ignorancia

Para nadie es un secreto ni una sorpresa que fuimos socializados bajo nociones muy racistas que siguen siendo parte de nuestras identidades culturales, decir “oiga, sí, esto que hice fue racista” no es una condena. Es, al contrario, el primer paso hacia la dirección correcta. Es crecer, es confrontar, es incomodarse. No se ponga en el centro de una narrativa donde usted fue la persona que dañó, hágase a un lado y escuche a quienes afectó con sus decisiones. 

  1. No se acelere con una disculpa 

Correr a sacar un comunicado para lavarse las manos no es la mejor de las ideas. En cambio, una vez escuche bien a las personas afectadas, tome acción sobre cómo llevar sus reparaciones a acciones reales. Por ejemplo, en vez de disculparse con acciones caritativas, como donaciones, piense si puede incluir en su equipo de trabajo a personas negras o de pueblos originarios, personas que se han preparado (no solo desde lugares académicos, por supuesto) para que le hagan preguntas difíciles. Pague por un curso o un seminario sobre antirracismo, en este momento hay muchas personas capacitadas para estar al frente de un proyecto semejante y desde muchos ángulos. Use sus redes y Google para consultar quiénes son esas personas. 

  1. El racismo no es un paréntesis

Eso que pasó, eso que le incomodó no se debe a un paréntesis. Así como hay una continua actualización de conocimientos que se necesitan para el desarrollo y la realización de un buen trabajo en cualquier campo, también se necesita estar a la vanguardia sobre conversaciones que involucren temas de raza, género y clase. Permanecer en “el ojo del huracán”, por decirlo de alguna manera ayudará a que sigamos desmontando aquello que ya no sirve, cuestionando cualquier práctica que sea necesario desechar. 

  1. Regrese a sus orígenes, no a los de la gente racializada

Esto de la inspiración en lugares que no tienen que ver con su propia historia terminará siendo problemático de una u otra manera. Que si Caribbean sin ser del Caribe, que si Black urban sin ser negre ni ser barrial, que si tejidos artesanales indígenas sin ser de pueblos originarios. En serio, deje esos temas quietos, las personas de esos lugares de donde “saca” la inspiración, pueden bien crear sus propios productos y hablar de su cultura sin usted. Mejor remítase a su historia personal, ¿qué ropa usaba su abuela?, ¿cuál es la serie de tv a la que siempre vuelve?, ¿qué pensaba la persona que escribió su canción favorita cuando la hizo? No es tan difícil dejar las historias étnicas fuera de sus procesos creativos para tener éxito y renombre. 

  1. Contrate y/o colabore

Puede que no lo sepa, pero la gente negra y racializada está en todas las industrias creativas. Hay alguien allá afuera haciendo el mismo trabajo que usted, pero tiene una experiencia de vida racializada lo cual puede enriquecer las narrativas de sus propias creaciones, pero abarcar dichas experiencias desde un lugar que fortalezca y reconozca las habilidades de las demás personas en su campo pagándoles por su trayectoria y conocimiento. Aquí usted le puede pasar la antorcha a quien sabe, en vez de insistir en que usted como testigo de la racialización, puede decir cómo es esa experiencia. 

Dejemos de ver el extractivismo cultural como mera y llana inspiración, seamos más valientes a la hora de poner en la mesa conversaciones difíciles y sigamos en la ardua labor de desmantelar el racismo estructural desde todos los frentes posibles.

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Autor

  • Carolina Rodríguez Mayo

    Viajera, profesora y escritora. Literata con opción en Filosofía. Especialista en Comunicación Multimedia. Ha publicado su trabajo en revistas de colombianas como Literariedad, Sombralarga y Sinestesia. Columnista de la revista Iberoamericana Afrofeminas. Fue elegida como parte de una antología de jóvenes poetas, Afloramientos, los puentes de regreso al pasado están rotos publicado por Fallidos Editores. Su poesía ha estado en lugares como la Universidad de Brown y en el podcast Gente que lee cuentos. Produce el podcast Manifesto Cimarrón donde conversa sobre negritudes, diversidad y resistencia.

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