septiembre 1, 2022

Cuando el TERFismo es defendido desde la esfera intelectual

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En los últimos meses hemos podido ver con preocupación (aunque no con sorpresa) la forma en que distintas académicas, periodistas y grandes figuras del feminismo (como Amelia Valcárcel, Alda Facio, Sabina Berman o Lydia Cacho) se han posicionado en lo que consideran “una defensa” del sujeto político de su movimiento. Lo hacen sin importarles que, en dicha cruzada, están atentando en contra los derechos de las mujeres trans, a quienes ven no solo como personas ajenas, sino también “peligrosas” para los objetivos de su lucha. 

Pero el peligro real es para nosotras, en tanto estas personalidades vuelven a pronunciar premisas contra las que los feminismos han luchado a lo largo de su historia. Sostienen, por ejemplo, que las mujeres son seres biológicos, determinadas como tal en función de la materialidad de su sexo: “biología es destino”. De este modo, y haciendo a un lado la importancia de la interseccionalidad, construyen la posibilidad del “ser mujer” como una sola, dejando fuera a un sinfín de mujeres que no se ajustan a su visión biologicista.

Y subrayo que no se ha tratado de una sorpresa, ya que a lo largo de la historia de los feminismos, particularmente en el siglo pasado, hemos podido presenciar que en ciertos momentos históricos la lucha principal por la igualdad y la conquista de derechos para mujeres pasa a ser desplazada por una lucha que busca decidir quién sí y quién no es mujer. Muestra de ello es el maravilloso libro de bell hooks, titulado ¿Acaso no soy yo una mujer?, en el que la escritora y activista pone sobre la mesa la terrible y violenta indiferencia que el feminismo de la época mostraba con respecto a las mujeres racializadas, al poner en el centro única y exclusivamente las necesidades de las mujeres blancas con cierto capital económico y cultural.

A fines de los años 60 una situación similar volvió a presentarse, aunque de una forma más contundente. En 1969 Betty Friedan, entonces cofundadora y presidenta de la Organización Nacional de Mujeres (NOW por sus siglas en inglés),  acuñó el término “amenaza violeta” para excluir del feminismo a lesbianas por sus “comportamientos varoniles”. Una década más tarde, y esta vez ya en una línea claramente discriminatoria en contra de las mujeres trans, la lesbiana y feminista radical Janice G. Raymond publicó su libro El imperio transexual: la creación de la mujer-varón, cuya tesis principal es que “todos los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”. 

La premisa es sumamente violenta y artificiosa pues hoy sabemos que las mujeres trans no solo existimos, sino que también existen los hombres trans y las personas no binarias. Eso sin mencionar que no todas las mujeres trans encarnamos una misma expresión de género, ajustada a lo que convencionalmente se piensa como “femenino”. Sin embargo, y por más falaz que sea la aseveración de Raymond, se trata de una idea que prevalece desde 1979 hasta hoy, cuando a más de 40 años de distancia, renombradas feministas vuelven a pronunciarla, incluso en algunos de los espacios académicos más importantes en nombre de “la lucha en contra de la discriminación para garantizar una igualdad de derechos entre las personas”.  

Amélia Valcárcel y Alda Facio

El pasado 24 de marzo, apenas unos días antes de que tuviera lugar el Día de la Visibilidad Trans (31 de marzo), se llevó a cabo en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM un foro titulado Aclaraciones necesarias sobre las categorías Sexo y Género. En dicho espacio participaron las feministas y académicas Amélia Valcárcel, Alda Facio, Marcela Lagarde y Andrea Medina. 

A decir verdad, tan sólo el título del foro, y los nombres de quienes participarían, ya encendían las alarmas entre la comunidad trans, pues no se trataba de la primera ocasión en que Valcárcel aprovechaba un espacio pintado como feminista para esparcir sus discursos discriminatorios. Ya desde al menos 2019, la española venía insistiendo en que “la teoría ‘queer’ es un troyano que puede destruir la lucha por la igualdad”. Sin embargo, sí se trataba de la primera ocasión en que la UNAM, máxima casa de estudios de México, albergaba un foro de estas características.

Ahí, Valcárcel negó la existencia de las personas intersexuales: “No existe el intersexo”, dijo. “Hay un sexo que presenta determinada anomalía”. Con esta aseveración, la filósofa española no sólo negó a las personas intersex sino que además las catalogó como una “anomalía”, como personas fuera de la norma, algo contra lo que, dicho sea de paso, hemos luchado a lo largo de la historia las personas que formamos parte de la comunidad LGTBIQ+. Pero Valcárcel fue mucho más allá, al asegurar que nunca en la historia de la humanidad han existido categorías de género más allá del ser hombre o ser mujer: “Nunca se fabrican naturalezas neutras, en todas las culturas vamos a encontrar que existe lo masculino y lo femenino”.

A modo de solución para erradicar la “teoría queer”, Valcárcel hizo un llamado a sus simpatizantes feministas parra dejar de emplear el término “género” y sustituirlo siempre por “sexo”, con lo que dejó de manifiesto su objetivo de regresar décadas atrás en la lucha feminista para reducir nuevamente a las mujeres a sus genitales.  

En esa misma línea, Alda Facio coincidió con su compañera al asegurar que “utilizamos el término género para proteger a las mujeres y nunca imaginamos que iba a ser, más bien, un borrado de las mujeres”. El señalamiento de Facio, además de reforzar la teoría de conspiración del borrado de mujeres, vuelve a confrontar la lucha por los derechos de las mujeres cisgénero con la lucha por los derechos de las personas transgénero binarias y no binarias. 

Lo peligroso de su discurso, y de que éste sea albergado en un espacio como la UNAM, es que esta corriente del feminismo ha pasado de sólo hacer ruido en redes sociales a moverse en la alta academia bajo el cobijo de universidades e, incluso, de figuras políticas como la ex legisladora Angélica de la Peña, quien fungió como una de las moderadoras de la charla. Esto nos deja en claro que se trata de un ejercicio que busca y buscará también tener incidencia en términos legislativos.

Tampoco podemos pasar inadvertidos los mensajes antitrans que fueron colocados –apenas la semana pasada– a manera de pintas en paredes y baños de la Facultad de Filosofía y Letras por parte de feministas transexcluyentes. Luego de que fotografías de los mensajes circularan en redes sociales, las autoridades universitarias emitieron un comunicado en el que “condenaban cualquier discurso de odio y acto de discriminación”, no podemos eludir que foros como el sustentado por las acacémicas que aquí hemos mencionado inciden en que dicho pensamiento se propague y legitime entre ciertos sectores del estudiantado (y profesorado).

Sabina Berman

A finales de enero, la periodista y escritora mexicana Sabina Berman publicó una columna titulada «La experiencia trans», en la que si bien intentó abordar el tema del enfrentamiento político entre personas trans y grupos transfóbicos, hizo uso de un sinfín de términos estigmatizantes, por no mencionar sus aseveraciones falsas sobre los supuestos objetivos que buscamos las personas trans: «Las mujeres trans querían inicialmente iguales derechos que las mujeres biológicas (sic); algunas mujeres biológicas objetaron; las trans entonces se enardecieron y exigieron más un cambio de nomenclatura: que las mujeres biológicas fueran llamadas ‘personas menstruantes’ o ‘gestantes’ o ‘con vagina’, para que no acaparen la categoría de las mujeres». 

Toda la cita parece un chiste… pero se trata del pensamiento real de una de las intelectuales más reconocidas en el país. Con esta afirmación, Berman señala que las mujeres trans hemos luchado por la imposición de una nomenclatura, cuando lo que busca la comunidad trans (mujeres, hombres y personas no binarias) es la posibilidad de nombrarnos a todas, todos y todes: cuando hablamos de personas menstruantes, gestantes o con vagina, no lo hacemos para lo que la periodista denomina «mujeres biológicas», sino para incluir en derechos como interrupción del embarazo y menstruación digna a aquellas personas nacidas con vulva, pero que no se identifican como mujeres. Es decir: hombres trans y algunas personas no binarias. 

Esto sin mencionar que Berman reivindica la falsa idea de que las personas trans buscamos negar la dimensión biológica de nuestro cuerpo, cuando en realidad reconocemos que en función de las características de nuestros cuerpos nos atraviesan violencias diferenciadas. De ahí que sea tan importante, por ejemplo, no marginar a hombres trans y personas no binarias con vulva de aquellos derechos inicialmente ideados para mujeres.

Lo más grave de todo es que Sabina Berman fue confrontada en Twitter por decenas de voces de la comunidad trans quienes le hicimos ver que, más allá de sus buenas o malas intenciones, en texto dejaba ver lo mucho que desconoce la realidad de las personas trans, además del terrible uso de palabras y frases con las que se nos ha violentado a lo largo de la historia. Sin embargo, la respuesta de la periodista fue bloquear a cada persona que la criticaba e, incluso, hacer alarde de que una productora le había encargado escribir el guión para una serie sobre mujeres trans, proyecto que, anunció, desecharía luego de la ola de críticas que recibió. 

En marzo, luego de que se llevara a cabo el ya mencionado foro en la UNAM, Sabina Berman criticó al Consejo Para Prevenir la Discriminación en Ciudad de México (Copred) y a su titular, Geraldina Gonzalez de la Vega, pues éste órgano se pronunció en contra de los discursos discriminatorios que atentan contra los derechos de las personas trans, intersexuales y no binarias. Y es que para Berman todo lo pronunciado por Valcárcel y Facio no eran discursos discriminatorios sino “un pleno ejercicio de la libertad de expresión”.

Pese a todo lo anterior, apenas los días 4 y 11 de agosto, Berman presentó en su espacio televisivo Largo Aliento un programa en dos partes titulado La generación Z. Su nueva libertad sexual. En él, la periodista conversa con jóvenes y adolescentes que forman parte de la población LGTBIQ+. A diferencia de lo hecho con su texto escrito, en esta transmisión Berman tiene el tacto para no asumir cómo es la experiencia de las personas NB y opta, en una decisión acertada, por escuchar de viva voz de les protagonistas, darles la oportunidad de entender cómo son sus vidas y cuáles son sus necesidades más urgentes. 

Esperemos que este 2022 haya servido para que Sabina Berman se informe más sobre las identidades trans (y sobre los temas que desea abordar). Esperemos que en este 2022, la periodista deje atrás el discurso que discrimina y estigmatiza a las personas trans. 

Lydia Cacho

La reconocida periodista mexicana, quien se ha destacado por su férrea lucha contra la trata de personas en el país, una problemática que afecta sobre todo a mujeres, retomó en Twitter un mensaje publicado por la escritora española Lucía Etxebarria el pasado 27 de julio. En el mensaje original, el publicado por Etxebarria, se señalaba lo siguiente: “Haced correr esto. Que un hombre travestido (subvencionado por Irene Montero) apalee con un bate la efigie de Díaz Ayuso no es delito. Decir que las personas que aparecen en este vídeo son hombres y no mujeres te puede costar de 200 a 150 mil euros según la ley de Irene Montero”. Junto al mensaje, Etxebarria adjuntó un video en el que aparecen seis mujeres trans cuya expresión de género no se ajusta a lo convencionalmente establecido como femenino. 

Demás está decir que Lucía Etxebarria es un personaje que dedica la mayor parte de su lucha en combatir los derechos de las personas trans. Sólo hace falta ver sus redes sociales para encontrar que la mayor parte de sus publicaciones giran en torno a lo “peligrosas” que las personas trans podemos ser para los derechos de las mujeres cisgénero, aunque, claro, ella no les llama así, sino “mujeres biológicas”.

Sin embargo, la sorpresa vino cuando Lydia Cacho retomó el mensaje de Etxebarria para agregar lo siguiente: “Son hombres, pueden sentirse mujeres, creerse mujeres, desear ser mujeres (sin transitar a la apariencia de mujeres para que no les suceda lo que a las mujeres). Desear e imaginar no es lo mismo que ser. Subvencionar el circo que estos señoros hacen de la transexualidad es grave”. 

Un mensaje problemático, por decir lo menos, porque ¿qué es “apariencia de mujer”? ¿Es que acaso hay una sola forma de ser y verse como mujer? ¿No acaso los feminismos han luchado durante años precisamente en contra de ello, la idea de que sólo es mujer aquella que luce de determinada forma? Recordemos tan sólo la frase de Raymond, citada al inicio de este texto: “todos los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”.

La paradoja es clara: hay una corriente del feminismo que señala y juzga a las mujeres trans por lucir una expresión de género apegada a los estándares femeninos, mientras que hay otra corriente que únicamente considera válidas a aquellas mujeres trans que cumplan con dichos estereotipos. ¿El resultado? En la visión de estos feminismos no hay, entonces, una posibilidad clara y legítima para ser mujer trans.

Luego de las críticas recibidas, Lydia Cacho eliminó su tuit y días más tarde publicó un comunicado en el que ofreció disculpas. En su mensaje, que por cierto también también eliminó, la periodista argumentaba lo siguiente: 

“Fue un error de mi parte darle visibilidad y difusión a ese video manipulador que promueve el discurso de odio y quiero ofrecer mis disculpas por el daño que esto ha ocasionado a una comunidad históricamente marginada y violentada como es la comunidad trans”. De esta manera, la periodista reconoció la importancia y peso que sus palabras tienen, al mismo tiempo que aprovechó para enlistar aquellas actividades que, a su parecer, ha realizado en favor de los derechos de las personas trans. 

Sin embargo, hay un problema con las disculpas de Lydia Cacho: nunca reconoció el asunto medular de su equivocación, la petición de que se cumpla con un estándar de “apariencia de mujer”. Eso sin mencionar que, si bien para mí su postura representó una sorpresa, lo cierto es que ésta no es la primera vez que la periodista ha manifestado una posición que, al igual que sucede en el caso de Valcárcel, Facio y Berman, apunta al biologicismo. 

Y es que, recordemos, para Cacho sólo hay una forma posible de ser trans y ésta tiene que ver con que sea avalada por la ciencia y no por la persona que lo vive: “Hay aspectos importantísimos en torno a ella (La Ley Trans), dijo la periodista en entrevista con El Español. “Como poder entender, desde el conocimiento científico y no solo desde la emocionalidad, lo que supone transicionar desde todos los ámbitos”. 

Asimismo, la periodista deja de lado, una vez más, la interseccionalidad y las violencias que las mujeres podemos enfrentar al margen de nuestra genitalidad: “¿Por qué creo que la Ley Trans tiene problemas serios y los va a seguir teniendo, a pesar de las opiniones de los grupos en pro y en contra? La violencia de género contra las mujeres tiene su origen en una visión del machismo patriarcal, en la opresión de un sexo sobre el otro”.

Es cierto, las violencias derivadas de nuestra materialidad sexual son graves, importantes y necesarias de atender. Sin embargo, es una visión reduccionista asegurar que la genitalidad es el principal o único motivo por el que todas las mujeres en el mundo son discriminadas. A lo largo de la historia hemos escuchado testimonios de mujeres musulmanas, latinoamericanas, indígenas, migrantes, transgénero, trabajadotras sexuales y trabajadoras domésticas, cuyas principales preocupaciones y cuyos principales objetivos en la lucha por la liberación de las mujeres no empatan con aquellas impuestas por aquellos feminismos que se preocupan especialmente por definir quién sí, y quién no, es mujer. 

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Autor

  • Láurel Miranda

    Láurel Miranda es una mujer trans, periodista, licenciada en Ciencias de la comunicación y egresada en Historia del arte por la UNAM. Es SEO Manager en EL HERALDO Media Group y anteriormente en Grupo Milenio; además, se desempeña como profesora de periodismo multimedia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de Marketing Digital y Planeación de Medios Digitales en la Universidad de la Comunicación. Ama a su familia, sus gatos y el chocolate caliente.

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