
El equipo logró clasificar por primera vez en su historia a cuartos de final, siendo la única selección de América Latina que continúa en este Mundial, y la segunda selección, después de Brasil, en llegar a esta instancia en toda la historia de los mundiales femeninos de fútbol.
Esta vez Colombia llegó al mundial con un balance excepcional: la experiencia mundialista de jugadoras como Lady Andrade, Catalina Usme, Daniela Montoya, Sandra Sepúlveda y Diana Ospina que han jugado en los 3 mundiales a los que ha logrado clasificar la selección (Alemania 2011, Canadá 2015 y Australia/Nueva Zelanda 2023); la experiencia internacional de la mitad de las convocadas, que han sido fichadas por clubes internacionales de grandes potencias de este deporte como España y Brasil; y la juventud y el ímpetu de las nuevas generaciones, pues de las 23 convocadas, 15 debutan en un mundial, entre ellas Linda Caicedo y Ana María Guzmán, ambas con 18 años, las más jóvenes de la selección, que vienen de disputar el mundial sub 17 y sub 20 y con ganas de devorarse las canchas mundialistas.
No hay que dejar de lado que ese combo que reúne experiencia, juventud, exposición, asombro, madurez, garra y pasión es posible gracias a las luchas de las pioneras y de las generaciones anteriores que, contra todo pronóstico y estereotipo de género, contra obstáculos aún más grandes de los que las jugadoras de hoy también tienen que sortear, lograron reimaginar el fútbol femenino en Colombia para que llegara a ser este de talla mundial que vemos hoy vemos.
Con 31 años, participación en 3 mundiales y experiencia en el fútbol internacional, Lady Andrade ha sido delantera no solo en la cancha, sino también en la lucha por un fútbol digno para las jugadoras. Por su parte, Ana María y Ángela Barón, dos de las debutantes de este mundial, juegan como defensas y llegan a defender lo que Lady y sus compañeras han conseguido a punta de esfuerzo y talento, demostrando partido a partido, copa a copa de lo que son capaces. Un diálogo intergeneracional casi poético. Las nuevas generaciones reciben un camino abonado y saben que, mientras recogen los frutos de la siembra colectiva que sus predecesoras han trabajado, ellas también están sembrando y abonando nuevas canchas para que las que vienen también recojan nuevos frutos. Más allá de ver la victoria de cada partido o de cada fase, vale la pena ver el acumulado de luchas, las conquistas y las posibilidades que se siguen abriendo como una gran victoria colectiva.
Empezar con goles en contra
Lady Andrade, bogotana y capricorniana de enero, a sus 31 años juega como delantera en el Real Brasilia y en la Selección Colombia. Empezó desde muy niña a jugar con el balón y a los 12 años practicó fútbol de salón, o microfútbol. “Desde pequeña se me hizo muy fácil jugar al fútbol, pero fue muy difícil porque había muchos estereotipos y en esa época juzgaban mucho a las mujeres futbolistas”, asegura. Y era tal el rechazo que llegaron a excluirla de varios equipos por ser la única mujer en querer participar. Resalta que llegó a donde está por los sacrificios que hizo su familia para que ella pudiera jugar, como comprarle tenis a pesar no tener solvencia económica suficiente, y dice también que no siempre fue la mejor jugando, por lo que después de entrenar en los equipos, practicaba otra hora más con su mamá en un parque cercano a su casa.
Con más de una década de diferencia, fue ligeramente distinto para Ana María Guzmán, aunque ella también se encontró con un deporte dominado por hombres. Siendo la menor de 6 hermanos, todos jugadores de fútbol, aprendió el deporte de ellos, desde los 5 años. Entró a la escuela Mistrató mis sueños dorados, de Mistrató, Risaralda, donde era la única niña, y su talento llamó la atención del profesor Carlos Ariel, quien la llamó a pruebas para un equipo de mujeres. Viajaba 3 o 4 veces a la semana alrededor de 4 horas de su municipio a Pereira, donde se realizaban los partidos. Además de tener que luchar con los estereotipos de género, Guzmán asegura que fue la única de sus amigas del colegio en ‘salvarse’ del conflicto y la violencia que azotaba al municipio donde nació. A los 13 años tuvo que irse a vivir a Pereira, donde una señora que no conocía, lejos de su familia y con reglas estrictas. Ese, para ella, ha sido el momento más difícil de su carrera. A los 14, en medio de un torneo de interligas, fue convocada para la Selección Colombia sub 17 y posteriormente, incluida en el Deportivo Pereira. Actualmente, con 18 años, esta geminiana de junio juega como defensa en el Deportivo Pereira y es la jugadora más joven de la Selección.
Los inicios de Ángela Barón, de 19 años, fueron un poco distintos. Barón nació en Estados Unidos, de padre estadounidense y madre colombiana y aunque en este país el fútbol femenino recibe más apoyo, reconoce que los estereotipos de género siempre han estado presentes en el fútbol femenino y en sus inicios, entrenaba solo con hombres, era la única mujer. Y es que desde que le preguntaban en el colegio qué quería ser cuando grande, ella respondía que jugadora profesional. En ese entonces le dijeron que tuviera metas más realistas y que de verdad pudiera cumplir, pero esto no la hizo desistir, creyó en ella y en su sueño “irrealista”. Al regresar a Colombia para vincularse a la liga se topó con creencias erradas sobre el fútbol femenino. “Me dijeron que las mujeres la tienen mucho más fácil que los hombres, llegar a jugar profesional es mil veces más fácil. Obviamente, no es así, es difícil y toma mucho trabajo para llegar a donde uno está hoy”. Hoy, a sus 19 años, esta virgo de septiembre ya juega como central en el Atlético Nacional y en la Selección Colombia.
Estas jugadoras, como muchas más, se enfrentaron a estereotipos de género que pretendían alejarlas del fútbol, pero todas se aferraron a lo que sentían que necesitaban y querían vivir para hacer y hacer para vivir: fútbol.
Créetela
A pesar de entrar en desventaja y con adversidades, todas ellas creyeron que el fútbol femenino era posible y era una posibilidad para ellas y creyeron en su proceso individual, conquistando poco a poco victorias que se suman al acumulado de la victoria colectiva que es una cada vez mayor presencia de mujeres en el fútbol profesional. ¿Cómo lo hicieron?
Según Andrade, en la cancha y fuera de ella, tiene dos personalidades: “Fuera de la cancha soy tímida, no me gusta hablar, no interactuó mucho y dentro es totalmente diferente, me transformo, soy atrevida, con un temperamento fuerte”. Sin embargo, fuera de la cancha, frente a los medios y directivas, ese temperamento fuerte y audaz se traduce en la serenidad y aplomo de haber pasado por las tres categorías de la selección nacional; participó en la Copa Mundial Femenina de Fútbol Sub-20 de 2010, donde anotó un gol en el primer partido de la serie de grupos, en el empate a un gol con Francia; también, fue parte del grupo de nominadas al Balón de Oro, terminando quinta en la votación final y ha jugado con la selección nacional en la Copa Mundial Femenina de 2011, 2015 y el Torneo Olímpico de Londres 2012. Hoy la voz de Lady Andrade es hoy una voz con autoridad y peso, que inspira y convoca.
Para Ana María Guzmán, la dificultad también es motivación. “Cuando yo entro a la cancha y me acuerdo de todo lo que pasa, pues me da un plus positivo para darla toda”. Ambas, Andrade y Guzmán coinciden en que, más allá de las victorias del fútbol, el apoyo de sus familias es el mayor logro de sus carreras y es que sin eso quizás no habrían podido vencer los obstáculos que enfrentaron, porque ninguna llega ahí sola, llegan también las madres y los padres que las apoyaron, los hermanos y hermanas que jugaron con ellas, las amigas y compañeras que las apoyaron. Lady Andrade enfatiza en la importancia de su red de apoyo y entorno, para hacerla consciente de su talento y Ana María, la existencia de referentes femeninos que las impulsan a cumplir metas más grandes, y Lady Andrade ya es uno de ellos. El fútbol femenino no es un acto individual, es un logro colectivo de las mujeres y sus redes de apoyo.
“Nosotras somos unas valientes y unas guerreras. Las mujeres colombianas así no tengamos nada, sabemos que vamos por todo. Hay motivación en demostrarle a la gente que nosotras también tenemos las capacidades mentales y físicas para lograr grandes cosas”, afirma Guzmán.
Retos
Ángela Barón reconoce que han sido importantes los avances que han logrado las futbolistas para la dignificación del deporte, pero que todavía quedan muchos retos. Y sí, ha sido arduo y extenso el recorrido de todas las generaciones de futbolistas en Colombia para que el fútbol femenino fuera una opción viable y profesional. Como lo ha dicho Lady en otras ocasiones, llegar allí es una victoria para ellas y un precedente para que las traten como las profesionales que son. “Merecemos tener una liga digna que sea sostenible, dure más tiempo y que las demás jugadoras puedan vivir de eso. No que tengan que tener un trabajo aparte para poder mantener sus casas”.
Al respecto, Ángela habla de la falta de apoyo económico para las ligas. “Es muy importante que empiecen a invertir más en los equipos de fútbol femenino acá en Colombia. Si nosotras tuviéramos las mismas herramientas que los hombres tienen, podríamos lograr, quizás, muchas cosas más”. Y es que con menos, realmente hacen incluso más que ellos, como clasificar a este mundial y avanzar a cuartos de final.
Ana María reconoce que se encontró en un camino de reivindicaciones de sus compañeras y para ella “es un orgullo hacer parte de ese proceso y de todo lo que han vivido las anteriores jugadoras”, a quienes describe como unas guerreras por haber logrado que el fútbol femenino crezca a pasos agigantados, y agradece a quienes dejaron el legado en alto por permitirles seguir guiando a las que apenas llegan. Hoy, las 3, además de futbolistas profesionales, son también deportistas de Nike fútbol y son la imagen de la campaña CRÉETELA, que nació precisamente de esas experiencias y vivencias.
Y es que las futbolistas en Colombia han vivido procesos marcados por comentarios negativos hacia ellas, falta de apoyo y de confianza en sus habilidades. Aún hoy escuchamos a los comentaristas deportivos referirse a ellas con una condescendencia que ellas no necesitan y reforzando estereotipos que ellas ya han logrado sortear. Han tenido que demostrarse y convencerse a sí mismas, a sus entornos y al país de que son capaces y están listas para seguir obteniendo todo tipo de victorias, las que entregan medallas, trofeos y las simbólicas, que van mucho más allá de ganar un partido, no solo es un triunfo de ellas, cuando ganan, ganamos todas, gana la sociedad. Ellas se la creyeron, ahora tú también, CRÉETELA, COLOMBIA, y apóyalas con la visibilidad, el respeto, la remuneración y el reconocimiento que merecen, nada de regalos de consolación cuando lo prometido y lo justo es DIGNIFICACIÓN LABORAL.
*Este artículo fue realizado en alianza con Nike.