May 21, 2026

“La justicia testimonial no nos ha alcanzado a las travestis ni a las putas”: entrevista con Natalia Lane

Condenaron a 20 años al agresor de Natalia Lane. La condena, aunque insuficiente, es histórica, pues es el primer caso de una trabajadora sexual sobreviviente de intento de transfeminicidio que logra una condena contra su agresor en América Latina. Conversamos con la activista hace unos días, después de la declaración de culpabilidad.

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El 13 de abril, un juez de la Ciudad de México declaró culpable a Alejandro López Sánchez por el delito de feminicidio en grado de tentativa contra la activista trans Natalia Lane. Es el primer caso de una trabajadora sexual sobreviviente de intento de transfeminicidio1 que logra una condena contra su agresor en América Latina.

Este miércoles 20 de mayo, el juez Agustín Moreno dictó una sentencia de 20 años 5 meses de prisión a Alejandro López y una reparación económica de 50.796 pesos mexicanos para la sobreviviente. A este tiempo se le restará el tiempo que lleva en prisión preventiva, que son alrededor de 4 años. 

Al salir del juzgado, Natalia Lane cuestionó que el juez no hubiera dictado la sentencia condenatoria máxima, que en México es de hasta 60 años, y que no hubiera tomado en cuenta lo que implican los agravantes de ser una mujer trans y una trabajadora sexual en un país que ocupa el segundo lugar del mundo en transfeminicidios. Señaló también que los poco más de 50 mil pesos de reparación económica significan lo que para el sistema de justicia mexicano vale la vida de una mujer trans: menos del salario de un funcionario público. 

Conversamos con la activista hace unos días, después de la declaración de culpabilidad, sobre el fallo y la administración de justicia en su caso. Desde entonces, advertía que sería una justicia a medias. 

Entrevista con Natalia Lane

Volcánicas: Independiente del tiempo que le den a tu agresor, es un hecho histórico que exista este fallo. ¿Qué pensaste cuando te enteraste del fallo de culpabilidad?

Natalia: Cuando yo hablo de que se trata de una sentencia, un fallo histórico, no solo me refiero en términos judiciales, sino también en lo que representa para las mujeres trans, para las travestis, transexuales y trabajadoras sexuales en América Latina, incluso. Como ustedes saben, México tiene un contexto profundamente violento hacia hacia las mujeres transexuales con ciertas experiencias de migración, de trabajo sexual, de clase. Y por eso me parece que de alguna manera mi caso un poco representa cómo mezcla todas estas intersecciones. Y es algo que no sucede de manera fortuita, sino justo por la insistencia de la lucha contra un sistema penal que no nos escucha. 

El juez Agustín Moreno determinó que había elementos para reconocer que se trataba de un feminicidio. Entonces eso es poderoso. Primero, porque reconoce en el Estado, en el sistema de justicia penal, que las mujeres transexuales somos mujeres y que nuestros eventos violentos o nuestras muertes, nuestros atentados, deben incorporarse con los elementos con los cuales se incorpora cualquier investigación de violencia hacia las mujeres. Segundo, porque me parece que muchas veces queda invisibilizado el trabajo sexual como un análisis de contexto de lo que ocurre cuando somos agredidas o se nos intenta privar de la vida. Aquí cabe mencionar que casi el 50% de los feminicidios a mujeres transexuales ocurren en contextos de trabajo sexual. Entonces eso también habla de una mirada muy particular de cómo ciertas experiencias de migración de trabajo sexual en calle nos colocan en una situación de particular peligro. 

En términos también históricos, me parece muy potente este juicio. Por primera vez, el sistema, el sistema de justicia, le cree a una puta. Y miren que hay casos emblemáticos: Paola Buenrostro, Alexa Flores hablando de aquí, de México, pero evidentemente en América Latina hay muchísimos casos de mujeres transexuales que ni siquiera llegaron a estas etapas judiciales. 

Volcánicas: ¿Sientes que finalmente se está haciendo algo de justicia? 

Natalia: No sé si podríamos hablar de justicia después de más de cuatro años de revictimización y de violencia institucional. Hay un feminismo institucional que está ahí instaurado y que no necesariamente está interesado en escuchar a las travestis, ni a las putas, ni a las transexuales. En estos cuatro años tuve que gritarle literal en la cara a una fiscal que no estaba haciendo su trabajo y que no podía atreverse a decir que la Ciudad de México era una ciudad que garantizara la vida de las travestis, transexuales, de las trabajadoras sexuales. Entonces, creo que desde ahí hubo también como una especie de desconfianza hacia mí, perdí de alguna manera como cierta credibilidad, porque creo que también eso es lo que ha pasado a lo largo de estos años, como que se ha sofisticado el activismo trans y parece que entre menos seamos contestatarias, disruptivas, entre menos cuestionemos, más nos estamos acercando a la idea que tienen de la buena ciudadanía de las travestis, que es esa ciudadanía donde las travestis quieren ser la primera policía, la primera militar, la primera es licenciada, abogada, arquitecta. Pero estamos dejando atrás a las callejeras, a las drogadictas, a las que consumen sustancias. Hay una ruptura dentro de los movimientos transexuales y también es importante hablarlo, porque no podemos pensar que la lucha de las travestis solo aspira al concepto de la buena ciudadanía, sino que también hay otros territorios que no están explorados. 

Siento que para mí fue una sensación agridulce para entender cómo es que después de más de cuatro años llegué a este punto en el que tuve que gritarle a una fiscal. Tuve que literalmente romper las puertas del Poder Judicial. Cuando una jueza de amparo le otorga el cambio de medida cautelar a mi agresor y deciden dejarlo en libertad o cambiarle la medida cautelar y cambiarle la medida de arraigo domiciliario, donde había retrasos, amparos, donde hubo una huelga del Poder Judicial en México. Como seguramente saben, el año pasado se hizo una reforma al Poder Judicial acá en México, donde Claudia Sheinbaum señalaba que por primera vez se iban a poner al centro las voces de las víctimas y las sobrevivientes. Y pues nos llevaron entre las patas a muchas de las familias y de las sobrevivientes y las víctimas. Entonces creo que justo me quedé con esta sensación agridulce de qué esperar después de tantos años y particularmente cómo pensar un proceso de reparación que hasta el día de hoy no ha llegado.

Volcánicas: Hablemos sobre esa reparación, ¿has pensado quizás en qué sería reparador tanto para ti como para todas las mujeres trans y trabajadoras sexuales que han sido invisibilizadas, violentadas, que no han recibido justicia? ¿Qué podría pedir, exigirse, ni siquiera pedirse a este gobierno como una medida de reparación?

Natalia: Yo creo que primero el Estado ha fallado porque se supone que el juicio oral tendría que ser parte del proceso de reparación, no del proceso de sanación. Y la verdad es que, desde que inició en enero de este año hasta el día de hoy, ha habido mucha violencia, retrasos, el tener que hacer la chamba un poco del Poder Judicial y exigir a las fiscalías y a los ministerios públicos que integren bien los elementos probatorios, o sea, todas las pruebas que hay, porque hay un chingo de pruebas. En mi caso, desafortunadamente, hay muchas pruebas que son incluso muy gráficas, ¿no? Yo recuerdo mucho que en alguna de las audiencias proyectaron las fotografías de la evidencia, del vestido que llevaba ese día, de los tacones, del bolso, la escena del crimen, la escena del feminicidio. Y era muy duro tener que ver eso. Entonces, ¿cómo pensar en términos de reparación cuando el mismo proceso está siendo ya victimizante por ahí?. Me gustó mucho esta noción de que los juicios orales terminan siendo un performance de revictimización, pero están legitimados por el Estado. Parece que el Estado sí tiene esa autoridad y esa legitimidad para revictimizar a las víctimas y para decir que lo que nosotras estamos diciendo es cierto. 

Pero también pienso en cómo la justicia testimonial no nos ha alcanzado a las travestis ni a las putas, ¿no? Porque hay una cosa muy particular en esta noción de la buena víctima: parece que necesitas cierta voz impoluta o cierta vida intachable para poder ser creída, para que te puedan creer. Y entonces, cuando eres trabajadora sexual en calle, cuando eres transexual, parece que por ese simple hecho la justicia testimonial no alcanza, tu testimonio no es suficiente para que te crean. Entonces creo que para mí el reconocer que eso es también parte del proceso de restauración y de reparación, reconocer que hay una justicia testimonial que no les alcanza a las travestis. 

Y por otro lado, también pienso en la parte ya después del proceso, que es primero reconocer que el Estado tiene que dictar una sentencia a la altura de la gravedad del daño que me hicieron. O sea. Y no, y no es que me hayan gritado maricón en la calle. Literalmente me acuchillan, me acuchillaron en diferentes partes de mi cuerpo y eso hasta el día de hoy tiene secuelas que, en términos económicos, no alcanzaría una cantidad suficiente para poder reparar eso. No, no alcanzan las terapias. No alcanzan la fisioterapia, los estudios, los medicamentos psiquiátricos. O sea, no alcanzaría. No, porque esto yo me lo voy a tener que cargar por el resto de mi vida. 

Existen algunas cosas que yo esperaría muy puntuales, que serían una disculpa pública por parte del Estado, por todas las omisiones y la violencia institucional que han ejercido en mi caso, a lo largo de estos cuatro años. Pensaría también en un insumo o en un instrumento que pueda ser aplicable en el sistema de justicia que aborde de forma muy empática y muy clara cómo judicializar los casos de mujeres transexuales y trabajadoras sexuales. Porque si bien existe la tipificación penal del feminicidio, que es un proyecto que acá en México, Kenia Cuevas y yo fuimos las que hicimos las observaciones respecto a la tipificación penal del feminicidio, la realidad es que en términos operativos no se lleva a cabo. O sea, a la hora de que se llevan a cabo las audiencias, de que se hace toda esta parte de la investigación complementaria de todos estos procesos previos al juicio, nos damos cuenta de que los operadores y las operadoras de justicia no lo toman en cuenta, no lo aplican realmente. ¿Por qué? Porque las fiscalías están rebasadas. Son cientos y cientos y cientos y cientos de casos de mujeres, niñas y adolescentes que no están bien integradas esas carpetas. Entonces pensaría también en un proceso que genere un insumo, un instrumento. De hecho, ya lo estamos trabajando. Creo que esa es una de las aportaciones que quiero hacer desde mi propia trinchera. No solo la sentencia por la sentencia, sino también qué podemos dejar tangible, como un manual, un insumo que pueda ayudar en los casos que aún siguen abiertos. 

Por otro lado, pensaría la reparación integral del daño, obviamente en términos económicos, y es algo que en algún momento también lo platicaba con Kenia, cómo nuestra vida cambió totalmente desde los atentados, porque tuvimos que dejar el trabajo sexual en calle, que era nuestra principal fuente de ingreso y, particularmente en mi caso, empecé a recibir estas amenazas del colectivo Presos Inocentes, de la defensa jurídica de mi agresor, de la familia, del papá de mi agresor. Entonces tuve que cambiar todo eso y eso tuvo un impacto en mi vida porque ya no gano el mismo ingreso que cuando todavía ejercía el trabajo sexual en calle. 

Y la otra parte creo que vendría con el tema de garantizar la no repetición de todas estas violencias en las carpetas que están actualmente en las fiscalías Y el tema de la prevención, que me parece que es un tema bien importante, la prevención del feminicidio. Para mí, la justicia no opera solamente desde el castigo, que también me parece importante. Creo que ahí hay una conversación muy compleja; yo a lo largo de estos años he compartido muchos espacios feministas, con muchas compañeras, desde los afrofeminismos, feminismos comunitarios, y hay una noción sobre la justicia restaurativa y transformadora y no punitiva. Pero si a mí, a mí Natalia Lane, sobreviviente, me lo preguntan, yo no quisiera que ese cabrón volviera a pasar un solo puto día en libertad afuera. O sea, pensemos, sí, en la restauración, pero también qué le podemos decir a las sobrevivientes y a nuestras familias. Más allá de eso, es que no hay que ser punitivas. Pero entonces, ¿qué hago con toda esta rabia? ¿Qué hago con todas esas mujeres y todas esas travestis transexuales que quieren obtener justicia? Me parece que es insuficiente porque, a la hora de lo real, de lo tangible, de lo operativo, yo no quisiera que mi agresor volviera a salir en libertad y creo que nadie tendría la posición y la autoridad moral para decirme a mí que no, que no estoy en mi derecho de sentir esta rabia. Entonces creo que esa es una conversación compleja, pero la estamos dando. Y encontrar una forma en la que confluyan la justicia transformadora y restaurativa. Pero también creo que hay una sed muy profunda de justicia para las sobrevivientes. 

Y no estamos hablando de las sobrevivientes. Creo que también se ha espectacularizado el feminicidio. Ahora el feminicidio se ha vuelto un show, o sea, se ha vuelto un Big Brother, una Casa de los Famosos. Privaron de la vida a Edith, una mujer acá en Ciudad de México, y ustedes ven las notas que hay todo el tiempo en los medios de comunicación, en las redes sociales, y parece que les importa más seguir el minuto a minuto que lo que eso implica para la familia. Entonces creo que también ahí hay una espectacularización de los transfeminicidios y los feminicidios. Y esa no puede ser la respuesta de los medios, ¿no? Y de todos, de todas en general. Creo que ahí hay una conversación pendiente. 

Volcánicas: A propósito de ese colectivo No más presos inocentes, estamos siguiendo este tema de las supuestas falsas denuncias y de todo eso en la región. ¿Qué podrías decirnos sobre ellos? Porque sabemos que te han atacado de formas terribles.

Natalia: Sí, bueno, el colectivo “Presos Inocentes” yo creo que podría leerlo de dos formas. Como un grupo de choque, que acude a las audiencias de las familias de las víctimas, de las sobrevivientes, a querer romper las audiencias, es decir, a acosar, a revictimizar, a estar ahí como violentando, en el terreno de lo real, de lo físico. Creo que fue un colectivo que fue creciendo poco a poco, que empezó en lo digital, en las redes sociales, y poco a poco esa violencia digital y ese acoso se fueron transformando ya en violencia física, en enfrentamiento, en acudir a las audiencias de las víctimas. Y eso me lleva a la segunda lectura, que es un poco, creo, lo que ha pasado con el colectivo de “presos inocentes”, y es que se han aprovechado de la sed de justicia y de la profunda necesidad que las personas en México tienen de obtener justicia. Entonces utilizan esa desesperación. Porque aparte es de gente de clase trabajadora, gente que viene de sectores populares, gente que no tiene incluso recursos ni accesos para una defensa legal privada, para un abogado privado, necesitan acudir con estos grupos para poder ser escuchados. Entonces creo que sí es un grupo de choque, pero también es una forma de aprovecharse y sacar ventaja de la necesidad de justicia de la gente pobre. Si bien es un grupo que nace a partir de Karina Escandón Camargo y Ana Caterina Escandón, utilizaron esa necesidad de la gente para articular un discurso sobre que los hombres estaban siendo denunciados falsamente, que los hombres estaban siendo víctimas de denuncias falsas, de delitos que no cometieron. Y así es como configuran estos dos elementos: el tema de la desigualdad y el de aprovecharse de que estas personas no tienen defensas jurídicas sólidas y que no pueden pagar un abogado. Y por otro lado, colocar a la lucha feminista y la lucha de las mujeres y las disidencias como el enemigo, como una forma de querernos nosotras aprovechar de la lucha y de la justicia. Entonces eso fue lo que sucedió conmigo. Utilizaron e instrumentalizaron todo el estigma que hay alrededor de mi cuerpo, que aparte es el cuerpo de una puta, el cuerpo de una trabajadora sexual en calle, el cuerpo travesti, y dijeron: “Alejandro, mi agresor es un abogado, fue un estudiante, un hijo de familia, y Natalia es una prostituta, una transexual que quiere venganza” Y entonces ahí configuraron esa narrativa que lo hacen en otros casos también de sobrevivientes de abuso sexual y de violencia doméstica. 

Hay una conversación muy compleja. Creo que dentro de los movimientos LGBT hemos fracasado en conectar con otras pedagogías. O sea, creo que nos hemos asumido mucho este lugar de superioridad moral y de regaño y no estamos conectando con otros sectores populares. Pienso en lo que está pasando ahorita con la lucha de la antigentrification en la Ciudad de México, el desplazamiento por la ciclovía, el Mundial de Futbol, y no estamos articulando con otras luchas sociales y eso tarde o temprano nos une o ya nos está explotando en la cara. Entonces, creo que el colectivo es solamente un síntoma de todo lo que está mal, de todo el fallo del sistema judicial, como lo que las instituciones han hecho mal. Pero también es ese resultado de cómo dentro de los activismos no hemos logrado conectar con otras luchas populares.

Volcánicas: Es un insight muy bueno, porque claro, ellos están aprovechando la impunidad y están aprovechando una justicia que le funciona solo a algunas personas para la lucha antiderechos, que es lo que vienen haciendo hace mucho rato.

Natalia: Y es grave porque creo que eso también lo está instrumentalizando la derecha. Es decir, si estos grupos están siendo financiados por la derecha, por ciertos partidos políticos o actores en partidos políticos que quieren justamente no soltar los privilegios, no soltar el poder en su más estricto sentido. El poder de la impunidad. Creo que también ahí hay algo bien doloroso. Y creo que a mí también me ha desgastado mucho. Ahorita ustedes me escuchan un poquito más entrada porque pude respirar estos días, me alejé de las redes sociales y dije: “Bueno, voy a descansar porque si no me voy a volver loca con toda la información. Pero la realidad es que esta información hasta hace una semana no la había hecho pública, pero yo estoy denunciada penalmente aquí en Ciudad de México. Tengo dos denuncias por parte del colectivo, por parte de la familia de mi agresor y por parte de la abogada de mi agresor. O sea. Y me están, me están configurando delitos absurdos. Ellos dicen que el día de la protesta en el Poder Judicial yo intenté asesinarlos. Entonces me denunciaron penalmente, ya en dos fiscalías, una por el delito de amenazas y otra por el delito de homicidio en grado de tentativa. Y esta información no la habíamos hecho pública justamente para poder proteger un poco mi seguridad. Pero en estos momentos necesitamos que esto salga, porque también sé que pueden venir represalias. Yo sé que con este fallo de culpabilidad, ellos van a querer atacarme por ahí. Porque ya lo hicieron hace un par de meses; cuando vieron que la fiscalía integró todas las pruebas, fueron a las fiscalías a exigirle a los ministerios públicos que me detuvieran. Como no les ha resultado, siento que están preparando un golpe mucho más grande. Se los juro, manas, yo ahorita estoy, sí, de alguna forma satisfecha en muy pequeña medida por el fallo histórico, pero estoy muy preocupada por lo que se viene, porque los chingadazos todavía faltan. Y, por otro lado, también el tema de la reparación del daño. Y además de todo eso, tener que chingarle todo el proceso de ser denunciada penalmente por la familia y la defensa de mi agresor. 

Entonces son como muchas cosas que están pasando de forma simultánea y que al final yo decía en alguna de las entrevistas que tuvimos con los fiscales que todo este cagadero se hubiera evitado si ustedes hubieran hecho bien su trabajo, si ustedes hubieran integrado bien las carpetas, hubieran hecho un debido proceso que no hubiera tenido que tardar cuatro años para lograr un fallo condenatorio. O sea, si hoy yo estoy siendo denunciada penalmente y acosada, es porque el Estado hizo todo lo que pudo hacer mal en la carpeta de una puta y de una transexual. 

Por eso me siento como con un sabor muy agridulce. Digo, esto es una primera gran victoria, pero faltan un chingo de chingadazos. Faltan muchas cosas y creo que por eso es importante visibilizarlo. Porque sí es histórico. Es profundamente simbólico. Pero también habla de que el viaje de esta lucha aún no ha acabado. O sea, estoy apenas en el paso tres. Faltan diez más. Y creo que eso al final es muy jodido, pero es parte de este viaje, de la lucha.

Tan poca justicia tenemos las travestis que el solo hecho de que un juez diga que me cree, creemos que eso es justicia. O sea, me parece que nos han fallado tanto. No nos han alcanzado sus justicias en el sistema penal que con tan poquito nos conformamos. Y no lo digo en mal pedo, no, sino en que para mí esto no es suficiente. O sea, esto es lo mínimo. Pero faltan muchas cosas más. Entonces creo que ahí también tenemos que encontrar otras formas de articular, otras formas de conectar con otras luchas, de empezar a generar otras formas de pedagogías que no sean desde el regaño y la superioridad moral. Ahí hay conversaciones que no estamos teniendo en los activismos; me parece que es duro, porque, como diría, como diría Patricia Fernández, la derecha nos está respirando aquí en la nuca y no estamos haciendo nada. Estamos más ocupadas en pelearnos entre nosotras. Y eso ya nos está explotando. Nos está explotando muy duro.

El caso de Natalia

El intento de transfeminicidio de Natalia Lane fue en enero de 2022, cerca de las cuatro de la madrugada, cuando Alejandro López se acercó en un coche blanco a la entrada del Hotel Econo Express, a la altura del Metro Nativitas, donde se encontraba ella. Tras negociar un precio del servicio, ambos se dirigieron al Hotel Diana, ubicado sobre Calzada de Tlalpan. Durante el trayecto, Alejandro le contó a Natalia que era instructor de taekwondo y que, de hecho, ya la conocía. Según él, esa era la segunda vez que se veían.

Natalia ya había enfrentado situaciones de riesgo con otros clientes. Algunos se ponían agresivos cuando no querían pagar, cuando estaban borrachos o drogados, o cuando exigían la devolución de su dinero por haber quedado insatisfechos. Alejandro no fue la excepción, aunque su violencia escaló mucho más que cualquier otro episodio que ella hubiera vivido antes. La golpeó con fuerza y furia; después sacó un cuchillo y la atacó directamente en la boca, la cabeza y las manos. “¡Te vas a morir, pinche puta!”, le gritó. Natalia logró darle una patada y salir del cuarto. Tres empleados del hotel la escucharon y fueron a ayudarla, pero también resultaron heridos por las cuchilladas del agresor.

En su búsqueda de justicia, Natalia enfrentó tres años de audiencias, peritajes y entrevistas, en los que fue revictimizada y sufrió violencia institucional por parte de las autoridades. Alejandro interpuso todos los amparos posibles. Cuando obtuvo una resolución para que la medida cautelar de prisión preventiva fuera cambiada por arraigo domiciliario, Natalia acudió al edificio del Poder Judicial y, junto con otras activistas, rompió puertas de vidrio y pintó en las paredes la palabra “transfeminicidas”. Ese día cambió su vida y su activismo. Un grupo de choque “antigénero”, llamado “No Más Presos Inocentes”, irrumpió en la protesta. La acusaron de haber inventado todo, de ser “una prostituta más que miente”, de trabajar para un grupo delincuencial y la llamaron “sexoservidora”. Aseguraron que Alejandro era un buen hijo y estudiante de derecho. 

En todos los titulares se cubrió la protesta con palabras como “vandalismo” o “riña”, como si se tratara de un pleito. Después de eso, Natalia cerró sus redes sociales y se aisló. Se cambió de casa y pidió medidas de protección para su familia. Fueron cuatro años de un proceso judicial que le causó ataques de pánico, insomnio, hipotiroidismo, estrés postraumático, violencia y dos cirugías para borrar las cicatrices que le dejó su agresor. 

  1. El caso de Natalia se procesó bajo la figura de feminicidio, debido a que, en el momento en que ocurrió el delito el Código Penal Federal mexicano no contemplaba la tipificación del transfeminicidio (que se reconoce y castiga desde 2024), lo que impidió que fuera juzgado bajo esa categoría. ↩︎
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