
Este domingo, en la primera vez que se realiza una segunda vuelta electoral en Bolivia, el candidato Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), se impuso con la mayoría de votos (54.5%) frente a su adversario Jorge “Tuto” Quiroga (45.5 %). Tras 2 décadas de gobiernos del MAS (Movimiento al Socialismo), Bolivia, bastión de izquierda en Latinoamérica, tendrá un gobierno de derecha. ¿Cómo interpretar esta elección sin caer en reduccionismos?
¿Qué pasó con el MAS?
El MAS, fundado por Evo Morales, dominó la política boliviana desde 2005, cuando Morales asumió la presidencia. Desde entonces, el MAS gobernó Bolivia con 3 periodos consecutivos de Morales y un cuarto intento en 2019, a pesar de que en 2016, el referéndum constitucional puso límites a la reelección. Pese al resultado, en 2017 el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) emitió un fallo que anuló los límites a la reelección, argumentando que la reelección era un “derecho humano” protegido por la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José). Ese fallo permitió que Morales se postulara nuevamente en las elecciones de 2019, lo que desató una crisis política profunda: Morales ganó las elecciones, pero un golpe de Estado lo obligó a exiliarse. Morales regresó a Bolivia tras la victoria del MAS con Luis Arce en 2020, pero el partido se fracturó entre los “evistas” y los “arcistas”, debilitando su poder político.
En octubre de 2023, el partido ratificó a Morales como “candidato único” para las elecciones de 2025 en un ampliado del MAS; sin embargo, el Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia (TCP) estableció nuevos límites a la reelección que inhabilitaron a Morales. En febrero de 2025, Morales presentó su renuncia al MAS, rompiendo finalmente con el partido que fundó.
Si bien hay un desgaste entre lxs votantes del MAS y una falta de renovación y nuevos liderazgos en el partido, esta no fue una elección representativa de un deseo de un cambio, sino una votación por “el mal menor”, para evitar la llegada de la ultraderecha al poder, representada por el candidato de la oposición, Jorge “Tuto” Quiroga, sin tener una opción fuerte de izquierda en el tarjetón.
¿Quién es y qué propone Rodrigo Paz?
Rodrigo Paz es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993). Economista de formación (y nepobaby de nacimiento), ha sido diputado, concejal, alcalde de Tarija, su ciudad natal, y senador. Su perfil es neoliberal y conservador. Impulsa lo que él llama “capitalismo para todos”, al tiempo que plantea la descentralización, redistribución del poder y recursos, bajo una regla “50/50” (o agenda 50/50): que el gobierno central y los gobiernos subnacionales (departamentales, municipales) compartan el control del presupuesto, las decisiones y los recursos de forma más equilibrada. Propone en concreto: más autonomía para los niveles locales, mayor participación en la gestión de salud, educación y seguridad; redistribución de regalías y recursos naturales para que las zonas productoras obtengan mayor retorno; apertura al mercado, fomento de la iniciativa privada, créditos baratos para emprendedores y pequeñas empresas; reducción de carga tributaria y aranceles, con el objetivo de facilitar la inversión y formalizar la economía informal; incluir a quienes estaban fuera del sistema (actividades no reguladas) para que puedan acceder a crédito, servicios financieros, seguridad social; reformas en política cambiaria, control de inflación, posiblemente revisión de subsidios (combustibles) y de empresas públicas deficitarias; implementar tecnologías como blockchain en compras públicas para aumentar transparencia y reducir discrecionalidad; reforma de la justicia para mayor independencia judicial, modernización del sistema penitenciario, fortalecimiento de instituciones de control; auditoría y revisión de las empresas estatales, congelamiento o reestructuración de las que sean ineficientes o deficitarias; servicios públicos, educación, salud y ambiente; mejorar estándares internacionales, digitalización, trilingüismo (incluir lenguas indígenas además de español); acceso universal a salud, modernización de hospitales, mejor tecnología y cobertura para zonas rurales y urbanas desfavorecidas; uso responsable de recursos hídricos, promoción de energías renovables, minería sostenible; fortalecer fuerzas del orden, mejorar justicia penal, modernizar infraestructura de seguridad.
La implementación de la descentralización “50/50” requeriría de reformas legales profundas, acuerdos con gobernaciones/municipios y posiblemente presupuesto adicional. El nuevo modelo económico y la formalización de la informalidad pueden enfrentar resistencia de grupos afectados por cambios de subsidios o nuevos impuestos/regulación. Analistas indican que muchas de sus ideas carecen de respaldo técnico, legal o de mecanismos financieros claros para su ejecución. Adicionalmente, su partido no tiene mayoría legislativa absoluta, por lo que es posible que no logre implementar su plan de gobierno.
Lara: el voto del desencanto
Rodrigo Paz no tenía mayor tracción política, pero su fórmula vicepresidencial, Edman Lara, expolicía de origen obrero, expulsado de la institución por denunciar corrupción y muy popular en TikTok, fue el perfecto outsider que logró capturar los votos desencantadxs. “Ni de izquierda ni de derecha: la corrupción es el verdadero problema”, fue la bandera de Lara. Sin embargo, durante la campaña, muchxs le ubicaron en un espectro más cercano a la izquierda (se ha pronunciado contra el racismo y los privilegios de clase), lo que aumentó su popularidad y confianza entre la clase trabajadora, a pesar del neoliberalismo y conservadurismo de Paz.
El expresidente Evo Morales dijo en X: “El pueblo, con su voto, derrotó este domingo a los racistas, odiadores, difamadores y violentos (…) Paz y Lara ganaron con el voto evista, el voto de los indignados por la proscripción y exclusión electoral (…) El pueblo de los barrios populares y del área rural, como no tenían su candidato, no tuvo otra opción que votar por Paz y Lara. Pero no les da un cheque en blanco”.