March 4, 2026

Bombas y propaganda de liberación: Estados Unidos e Israel contra Irán

Cronología y análisis de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y las narrativas en disputa.

COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email

Los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel a Irán iniciados este sábado 28 de febrero, que dejan ya cerca de 800 víctimas mortales, son ilegales y no pueden justificarse como un “ataque preventivo”, pues no existe tal cosa en el derecho internacional. El ataque demuestra, una vez más, que Estados Unidos e Israel no respetan el derecho internacional y le recuerda al mundo la erosión del multilateralismo.

Este escenario se inserta en un clima político de resurgimiento de discursos de soberanía expansiva, seguridad nacional y control estratégico sobre territorios y recursos, particularmente desde sectores del norte global, que puede leerse como una actualización de lógicas de poder coloniales y neoimperiales.

Cronología

La ofensiva llega tras semanas de protestas en contra del régimen iraní, en las que miles de personas murieron por cuenta de la represión del régimen. Las protestas fueron aprovechadas por la narrativa de “liberación” estadounidense y  la amenaza de una intervención militar, alentada por Israel. 8 meses atrás, entre el 13 y el 24 de junio de 2025, Estados Unidos ya había intervenido militarmente, bombardeando las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán en la guerra de 12 días entre Israel e Irán.

El 11 de febrero, Benjamín Netanyahu y Donald Trump se reunieron por casi 3 horas en la oficina Oval, siguiendo semanas de discusiones privadas sobre una ofensiva militar contra Irán.

El jueves 26 de febrero, dos días antes del ataque, delegaciones de Irán y Estados Unidos, mediadas por el ministro de Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, se reunieron en Ginebra, Suiza, en una tercera ronda de contactos que buscaba evitar un conflicto militar más amplio por el programa nuclear iraní. Aunque los representantes de ambos países reportaron “progresos significativos” y un diálogo serio, no se alcanzó un acuerdo completo y persistieron diferencias sustanciales entre las posiciones de Teherán y Washington. Las partes plantearon continuar con conversaciones técnicas en Viena, en coordinación con el OIEA. El contexto era de máxima tensión, en medio de advertencias de posibles acciones militares estadounidenses, con el objetivo de limitar el enriquecimiento de uranio.

El viernes 27, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA / IAEA) divulgó un informe confidencial que confirmaba que Irán mantenía reservas de uranio enriquecido hasta el 60% y que la agencia no había podido verificar completamente el estado de ese programa nuclear, por restricciones de acceso. 

El sábado 28, Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva militar conjunta contra Irán, que incluyó ataques aéreos desde tempranas horas de la mañana. Los bombardeos, que se extendieron a 24 de las 31 provincias en todo el país, incluida la capital, Teherán, tenían como objetivo puntos estratégicos navales y militares, centros de la Guardia Revolucionaria y la casa del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Khameneí. Una escuela primaria femenina en Minab, provincia de Hormozgan, fue impactada, causando la muerte de al menos 165 personas, de las cuales 85 eran niñas; la mayoría tenían entre 7 y 12 años. 

Tras los primeros ataques, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, invocó el derecho de Irán a la legítima defensa: “Irán ejerce únicamente su derecho a la legítima defensa, amparado por la Carta de la ONU. Irán no se quedará de brazos cruzados mientras Estados Unidos ataca a nuestro pueblo. Lamentamos que los objetivos se encuentren en países amigos”. Ese mismo día, Irán respondió en lo que denominó Operación Promesa Verdadera IV con el lanzamiento de misiles y drones dirigidos a Israel y a las bases estadounidenses en el Golfo: Catar (Al Udeid), Kuwait (Al Salem / Camp Buehring), Baréin, incluida la Quinta Flota de la Marina de EE. UU. en Manama, Emiratos Árabes Unidos (incluida la base de Al Dhafra). Irán también apuntó a posiciones en Jordania y Arabia Saudita. El Ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, declaró estado de emergencia en todo el país.

En horas de la tarde, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la muerte del ayatolá Alí Khameneí. Lo describió como “una de las personas más malvadas de la historia”.

Esa noche, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunió en una sesión convocada de urgencia. Representantes de Rusia y China calificaron la ofensiva como una violación de la soberanía iraní, mientras que Estados Unidos defendió la operación como un acto de “legítima defensa”. No se aprobó ninguna resolución.

El domingo 1 de marzo, Irán confirmó oficialmente la muerte de Alí Khameneí y decretó luto de 40 días. Tras la confirmación, las autoridades iraníes anunciaron la formación de un consejo interino de liderazgo, mientras la Asamblea de Expertos iniciaba el proceso de sucesión.

Irán amplió su respuesta con una oleada adicional de misiles y drones contra Israel y Estados del Golfo. Reino Unido anunció que había autorizado a Estados Unidos para usar bases militares británicas, como parte de “defensa colectiva” y protección a ciudadanos británicos en la región. Tras el anuncio, realizado por el primer ministro Keir Starmer, se reportaron ataques con drones contra la base de RAF Akrotiri en Chipre. 

Los mercados energéticos reaccionaron de inmediato a la escalada regional. El precio del crudo Brent registró un aumento significativo ante temores de interrupción del suministro en el golfo Pérsico, especialmente por posibles afectaciones al estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial.

El lunes 2 de marzo, Líbano (Hezbollah) inició ataques contra el norte de Israel, lo que provocó represalias directas de Israel contra posiciones de Hezbollah en Líbano. El ejército israelí confirmó la muerte del jefe de inteligencia del grupo chiíta Hezbolá, en Líbano, al igual que la de miembros del Ministerio de Inteligencia en Irán. En horas de la tarde, la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que podría cerrar el Estrecho de Ormuz en respuesta a la ofensiva, y advirtió que cualquier embarcación que considerara hostil podría ser interceptada. Aunque se registraron tensiones y desvíos de rutas comerciales, no hubo confirmación inmediata de un bloqueo total del tráfico marítimo. Por su parte, Catar suspendió la producción de gas natural licuado.

Ese mismo día, el presidente Donald Trump declaró a medios que Teherán había ignorado las advertencias de construir plantas nucleares en su territorio y que los ataques eran una manera de asegurar que “el principal patrocinador de terrorismo en el mundo no pueda obtener un arma nuclear”. 

También se reportó un incidente de “fuego amigo” en Kuwait, en el que defensas aéreas derribaron aeronaves estadounidenses.

Martes 3 de marzo, varios medios anunciaron como sucesor de Alí Khameneí a su hijo, Mojtaba Khameneí. La noticia aún no ha sido confirmada oficialmente por la Asamblea de Expertos, designada por la república islámica para elegir al próximo ayatola.

Miércoles 4 de marzo, el ministerio de Defensa del Reino Unido afirmó que los ataques con drones contra la base de RAF Akrotiri en Chipre no había sido ejecutados desde Irán. Aunque aseguró que el Reino Unido había reabastecido los sistemas de defensa aérea en bases británicas y aliadas en toda la región y que helicópteros de la Marina Real llegarían a Chipre en los próximos días.

La narrativa del cambio de régimen

Tanto el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, como el presidente Donald Trump, han insistido en afirmar que se trata de que “el pueblo iraní tome las riendas de su destino” y “recupere su país”. El día que comenzaron los ataques, Trump dijo al Washington Post que él solo quería “libertad para la gente”, dando a entender que se trataba de derrocar a un gobierno opresivo. Sin embargo, el lunes 2 de marzo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró que “esta no es una guerra para cambiar el régimen, pero el régimen sí cambió y el mundo es mejor por eso”. 

Sin embargo, la muerte del ayatolá Alí Khameneí no supone la caída del régimen. En junio del año pasado, durante la guerra de 12 días, el líder supremo nombró a tres candidatos que podrían sucederlo en caso de que algo le pasara. El ayatolá cuenta con muchos seguidores musulmanes en la región que lamentan su muerte y buscan continuar con su legado, y los que no, podrían enfrentar riesgos. La Guardia Revolucionaria y su grupo paramilitar, el Basij, están autorizados a reprimir cualquier levantamiento que atente contra la permanencia del régimen. 

Más allá de algunas celebraciones tras la noticia de su muerte, no hubo protestas masivas o intentos de derrocarlo, ni han surgido candidatos opositores que pudieran tentativamente cambiar el futuro de Irán. Otros líderes iraníes han sido asesinados sin que ello haya afectado la permanencia del régimen. En este punto, nada indica que el régimen cambiará, pues toda la estructura de poder está diseñada para conservarse. Expertxs sugieren que podría ocurrir algo similar a lo que sucedió en Venezuela, donde, tras la intervención militar estadounidense, también se removió del poder a un líder y se puso a otra, del mismo régimen pero dispuesta a “negociar” con ellos, sin que necesariamente cambiara el sistema. De hecho, Trump ya ha dicho que “alguien dentro” del gobierno iraní sería la mejor opción para tomar el poder.

De igual manera, la muerte del ayatolá Alí Khameneí no representa un cambio tangible para los derechos de las mujeres. La opresión por razón de género es un tema estructural que, al igual que en otros países, no se desmonta con intervenciones militares de Occidente. La historia demuestra que las guerras no transforman los sistemas políticos que sostienen desigualdades. En casos como Irak o Afganistán, las intervenciones militares sirvieron incluso para consolidar a los sectores más duros dentro de los regímenes. El bombardeo a la escuela de niñas en Minab contrasta con la retórica del presidente Donald Trump de “salvar al pueblo iraní del régimen” y evidencia la instrumentalización del discurso y las luchas por los derechos de las mujeres para justificar más violencia y guerras. 

Re-securitización del orden global

Tras los ataques, la comunidad internacional tomó posturas. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, elogió la ofensiva de Estados Unidos e Israel por “degradar” la capacidad nuclear y de misiles de Teherán, aunque aseguró que la Alianza no se involucraría. Aunque el Reino Unido autorizó a Estados Unidos el uso de bases británicas para defenderse contra misiles iraníes, afirmó que su país no participará en los ataques en contra de Irán. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, dijo que los ataques de Estados Unidos a Irán no tenían autorización explícita del derecho a la legítima defensa tal como lo prevé la Carta y lo calificó como una violación al derecho internacional. De igual manera, aseguró que mandaría portaaviones para reunirse en el Mediterráneo oriental y proteger a sus ciudadanos. Alemania también declaró que llevaría a cabo acciones defensivas para proteger sus intereses. El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, rechazó la acción militar conjunta y afirmó que estaba en contra del régimen opresivo iraní, pero que eso no justificaba los ataques y aseguró que no contribuirá a la guerra. Trump le respondió este martes 3 de marzo que frenaría todo el comercio con España por lo que llamó “su postura defensiva en Irán”. El resto de la Unión Europea condenó la represión y las violaciones a los derechos humanos y pidió la protección de los civiles y el respeto del derecho internacional. 

Fuera del bloque occidental, China levantó el tono y pidió el “cese inmediato” de las acciones militares, denunciando que se actúa contra un Estado soberano. Rusia calificó los bombardeos de “agresión no provocada” y Putin ofreció usar los vínculos de Moscú con Teherán para canalizar quejas de países del Golfo y empujar un alto el fuego. Brasil condenó los bombardeos y pidió establecer negociaciones para la paz. Colombia calificó las acciones militares como ilegales y propuso una conferencia de paz liderada por las Naciones Unidas para resolver ese y otros conflictos en la región. Sudáfrica llamó a un diálogo y cuestionó la legalidad del ataque, e India pidió “contención”, evitar la escalada y respetar la soberanía y la integridad territorial. 

El papel de la inteligencia artificial

La coyuntura vuelve a poner de manifiesto el peligro y alcance de la inteligencia artificial para generar desinformación e instaurar narrativas. Tras la publicación del video de los bombardeos a la escuela de niñas en Minab por la agencia EFE, un usuario de X le pidió a Grok, la inteligencia artificial de la red de Elon Musk, verificar la autenticidad del video; Grok respondió que las imágenes correspondían a un ataque ocurrido en Kabul, Afganistán, en 2021 y esta fue la información que masivamente se propagó, desatando una oleada de desinformación y violencia simbólica contra quienes informamos. La agencia lo rechazó y aseguró que trabaja bajo procesos rigurosos de verificación de datos. 

Según The Guardian, el ejército estadounidense utilizó Claude, el asistente de inteligencia artificial de la empresa Anthropic, para llevar a cabo el ataque contra Irán, seleccionar objetivos, realizar simulaciones en el campo de batalla y, posteriormente, informar a la población. No sería la primera vez que lo hace. Anthropic también fue usada para ejecutar el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero de este año. Sin embargo, en esa ocasión, la compañía se opuso a ser utilizada como un medio que podría causar violencia y fue criticada por el presidente Trump, quien la describió como “una empresa de izquierda radical dirigida por personas que no tienen idea de lo que es el mundo real”. También se ha reportado que Israel utilizó IA en los ataques a Gaza. Tras los ataques del 28 de febrero, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró que aún necesitarían la inteligencia artificial para planear las operaciones. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, dijo que había llegado a un acuerdo con el Pentágono para reemplazar a Anthropic y prestar sus herramientas de inteligencia artificial, incluido Chat GPT.

Estos usos de inteligencia artificial en operaciones militares y en la circulación de información suponen una nueva etapa en los conflictos contemporáneos. No solo se emplea para seleccionar objetivos o simular escenarios de combate, sino también para moldear narrativas y disputar la interpretación de los hechos en tiempo real. Esta combinación amplifica la capacidad de los Estados para producir propaganda, sembrar dudas sobre la evidencia y erosionar la confianza pública en la información. La guerra ya no se libra únicamente en el campo militar, sino también en el terreno de los datos, los algoritmos y la percepción pública.

En varios aspectos, esta ofensiva contra Irán evidencia una transformación más profunda del orden internacional. La normalización de ataques preventivos, el debilitamiento de los mecanismos multilaterales, el uso de narrativas humanitarias para justificar intervenciones militares y la presencia de la IA como actor marcan un giro en la forma en la que las potencias ejercen su poder.

COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email
  • Me indigna
    (0)
  • Me moviliza
    (0)
  • Me es útil
    (0)
  • Me informa
    (0)
  • Me es indiferente
    (0)
  • Me entretiene
    (0)

Autor

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Artículos relacionados