
Irán atraviesa una nueva ola de protestas masivas que empezaron como reacción a la crisis económica (alta inflación, escasez, desplome del rial) y, rápidamente, se transformaron en un desafío más amplio al régimen. Hay represión violenta y cortes de internet en todo el país.
El estallido social empezó el 28 de diciembre del 2025, detonado por la crisis económica. Rápidamente, las manifestaciones evolucionaron a demandas políticas más amplias y profundas. Ante la nueva ola de protestas, el gobierno iraní responde con fuerza letal y brutalidad. Se ha impuesto corte total de internet en el país. Organizaciones defensoras de derechos humanos denuncian que al menos 36 manifestantes han muerto y cerca de 2000 personas han sido detenidas. Entre las personas fallecidas hay menores de edad.
Las mujeres
Desde la instauración del régimen tras la Revolución Islámica de 1979, las mujeres enfrentan leyes y políticas represivas, discriminación institucional y castigos por desafiar normas rígidas sobre su cuerpo y su conducta, como el uso obligatorio del hiyab. Mujeres iraníes han conectado este estallido con una nueva ola de lucha por sus derechos civiles, autonomía corporal y libertad, contra un régimen que las limita, restringe y castiga por ser mujeres. El movimiento “Woman, Life, Freedom”, que se propagó con fuerza en 2022 tras la muerte de Mahsa (Jina) Amini bajo custodia de la “policía moral” por no usar hiyab, en realidad nunca se apagó y está volviendo a tomar fuerza en esta nueva ola de protestas.
El régimen
Irán es una república islámica teocrática, gobernada bajo la doctrina de la Velayat-e Faqih, instaurada tras la Revolución de 1979, donde el poder es ejercido por una autoridad religiosa no electa. La doctrina de la Velayat-e Faqih (Tutela/Gobierno del Jurisperito) es una teoría política chiita, desarrollada por el Ayatolá Jomeini, que postula que, en ausencia del Mahdi, también conocido como Masih al- Mahdi (figura mesiánica en la creencia islámica), un jurista islámico experto (Faqih) debe liderar la comunidad, ejerciendo autoridad política y religiosa suprema para implementar la ley divina y guiar al pueblo hacia el verdadero Islam. Esta doctrina otorga poderes vastos al líder supremo (el Vali-e Faqih), permitiéndole gobernar, emitir edictos (fatwas) y supervisar todos los aspectos de la sociedad. Es la base ideológica de la República Islámica de Irán, aunque no es aceptada por todos los chiitas. Aunque Irán tiene elecciones y un presidente elegido (Masoud Pezeshkian), el poder real lo concentra el ayatolá Ali Khamenei, líder supremo (Rahbar), que ocupa el poder desde 1989.
La oposición política dentro y fuera de Irán está muy dividida (grupos liberal-democráticos, nacionalistas, islamistas reformistas, etc.). Otros grupos como los muyahidines del pueblo (MEK/MKO) tienen presencia histórica, pero también enfrentan rechazo interno por su pasado y alianzas.
🚩 Cuidado con la islamofobia y el relato occidental
Fuera de Irán, en muchos países y contextos, donde el uso del hiyab no está impuesto por el Estado, muchas mujeres musulmanas eligen usarlo como parte de su identidad religiosa, práctica espiritual, cultural o política, como forma de autonomía identitaria, sin que eso implique sumisión. El problema en Irán no es el hiyab, sino su imposición estatal como forma de control del cuerpo de las mujeres y el castigo por no usarlo, que involucra multas, cárcel, violencia policial y hasta muerte, así como muchas otras medidas restrictivas y limitantes, especialmente hacia las mujeres. Es clave no mezclar planos para evitar lecturas simplistas o islamofóbicas.
Aunque toma fuerza la narrativa de una posible injerencia de Estados Unidos en esta nueva ola de manifestaciones, dada la historia de injerencias gringas en el país y Oriente Medio y los acontecimientos recientes en Venezuela, no hay que desestimar la agencia e historia del movimiento propia de protesta iraní, que se ha construido a sí mismo a lo largo de los años. Los contextos de Irán y Venezuela son completamente distintos.
Estados Unidos e Irán
Aunque no ha habido invasión a gran escala como en el caso de Irak o Afganistán, a lo largo de la historia han existido episodios de confrontación directa o indirecta entre Estados Unidos e Irán, en los que el país norteamericano ha intentado limitar la influencia geopolítica de Irán en Medio Oriente, especialmente su apoyo a grupos como Hezbolá, Hamás y otros aliados dentro de lo que Irán denomina el Eje de Resistencia, así como su influencia en Siria, Líbano, Irak y Yemen, frente a aliados históricos de Estados Unidos como Israel y Arabia Saudita. Administraciones estadounidenses han apoyado opciones que debilitan al régimen, como sanciones económicas, presión diplomática y alianzas regionales contrarias a Teherán. Aunque Estados Unidos ha dicho que su preocupación es el programa nuclear iraní y su posible capacidad para desarrollar armas nucleares, el petróleo se encuentra en el trasfondo y origen de las confrontaciones.
Una de las intervenciones más graves se remonta a 1953, cuando la CIA, con apoyo británico, organizó un golpe de Estado (Operación Ajax) para derrocar al primer ministro Mohammed Mossadegh, elegido democráticamente. Mossadegh había nacionalizado la industria petrolera iraní, lo que afectaba los intereses británicos y de Estados Unidos en contexto de Guerra Fría. La propaganda estadounidense tuvo un fuerte impacto en la percepción pública en Irán sobre Occidente. Tras el golpe se restableció al sha Mohammad Reza Pahlavi, quien gobernó como autócrata durante décadas con apoyo occidental.
Tras la Revolución Islámica de 1979 y el derrocamiento del sha, estudiantes iraníes tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán y mantuvieron 52 rehenes durante 444 días, generando una crisis diplomática enorme, la llamada Crisis de los rehenes (1979–1981). Estados Unidos intentó rescatar a los rehenes militarmente con la llamada Operación Eagle Claw en 1980, que fracasó y resultó en bajas entre las fuerzas estadounidenses.
Después de 1979, Estados Unidos cortó relaciones diplomáticas, impuso sanciones económicas y ha mantenido una postura de presión constante sobre Irán en diferentes ámbitos (nuclear, geopolítico, militar). La enemistad mutua se ha mantenido con ciclos de sanciones, amenazas, diálogos indirectos y confrontaciones por proxy en la región.
Durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), Estados Unidos realizó la Operación Earnest Will para escoltar buques en el Golfo Pérsico y perseguir sus intereses petroleros, lo que incluyó enfrentamientos con fuerzas iraníes y la caída de un avión civil iraní (Vuelo 655) provocada por un barco estadounidense en 1988.
En 2025, bajo la administración de Donald Trump, se reportaron ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes como parte de una escalada militar significativa (Operación Martillo de Medianoche) que afectó centros de enriquecimiento de uranio.
Posibles escenarios
Si el régimen cambia de manera controlada desde adentro, sin un colapso total, la Constitución y la estructura política de la República Islámica tienen un proceso formal para la sucesión dentro del sistema teocrático actual. Existe un cuerpo llamado Asamblea de los Expertos, una institución clerical encargada de designar al nuevo Líder Supremo tras el fallecimiento, renuncia o incapacidad del anterior. Antes de 2025, el propio Khamenei había designado un comité clerical para identificar posibles sucesores ante amenazas externas, acelerando ese proceso tras ataques y tensiones. Figuras clericales conservadoras de alto rango podrían ser promovidas por ese cuerpo para mantener la continuidad del régimen. Mismo régimen, otro líder.
Si el régimen colapsa por la crisis y las protestas, analistas apuntan a Reza Pahlavi, hijo del último shah de Irán, como el posible relevo de poder, por ser una de las caras más visibles de la oposición, y a un cambio de régimen. Pahlavi, actualmente exiliado, dice que no aboga por restaurar la monarquía, sino por referendos democráticos para decidir el futuro político. Cuenta con reconocimiento entre parte de la diáspora iraní, pero su apoyo dentro del país sigue siendo difícil de cuantificar.
Una tercera posibilidad plantea que, ante un vacío de poder, las fuerzas más organizadas y con armas, como el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución o sectores del ejército, podrían tomar el control. Esto podría derivar en una transición hacia una dictadura militar o híbrida, no en una democracia.
En definitiva, una caída del régimen no garantiza una sucesión ordenada ni un liderazgo democrático claro. El resultado dependería de quién logre consolidar apoyo interno, militar o político. Analistas también advierten que intervenciones externas sin un proyecto político interno sólido pueden llevar a caos y vacío de poder, como ocurrió en otros países de la región.