Jun 15, 2021

Violencias contra mujeres en la resistencia: cuando el agresor es compañero de lucha

Por @itamaria83

Esta semana se cumplen cincuenta días de lo que comenzó como un Paro Nacional en Colombia, pero que debemos nombrar y reconocer como lo que en realidad es: un Estallido Social al que el gobierno ha respondido con un tratamiento militar, de guerra, con todas sus configuraciones patriarcales. Y aunque nos encontramos con frecuencia afirmando -más aún en un país tan impreciso con el lenguaje bélico como el nuestro- que no se puede hablar de una guerra mientras uno de los lados tiene armas, formación militar y presupuesto para esto mientras el otro no, tampoco podemos hablar de un estado de paz… Es más bien un limbo.

Pero, así como las feministas no negamos que exista una guerra contra las mujeres, a pesar de que no tengamos armas, tampoco deberíamos negar que se ha declarado una guerra en contra del pueblo por parte de agentes del estado y otras estructuras violentas. Una guerra que en cincuenta días ha cobrado casi 80 vidas, haciendo de este paro el más violento en la historia reciente de Colombia. Y en ese limbo de “no-guerra” (con masacres y más de un asesinado diario) siguen gestándose violencias que no pueden volver a echar raíz en este país, que ya conoce todas sus formas, deformidades, sonidos y consecuencias. Esta es una alerta temprana para cuidar lo avanzado pero sobre todo, para cuidarnos nostrAs.

Si bien se esperaba que las protestas del 2019 volvieran tan pronto pudiéramos salir a las calles, la fuerza de este Estallido nos tomó por sorpresa así como la velocidad para comenzar a ver sus resultados. La tumbada de las estatuas, como acto de memoria y reparación de lxs indígenas Misak, fue una de las primeras y más visibles reivindicaciones sociales logradas por el paro, pero estuvo seguida por varias más: solo cinco días después de iniciado el Paro, el Presidente Iván Duque anunció que se retiraría la Reforma Tributaria. Después sería el turno de la Reforma a la Salud, junto a las renuncias del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, la Canciller Claudia Blum, el Comandante de la Policía de Cali y, finalmente, la confirmación de la visita de la CIDH. Vimos también cómo se resignificaron los puntos de protesta más álgidos desde el acto simbólico de renombrarlos: hoy tenemos Puerto, Portal y Parque de la Resistencia, Plazoleta y Avenida Misak, Loma de la Dignidad, Puente del Aguante, Samecombate y Puente de las Mil Luchas, por mencionar solo algunos. 

Varios de estos lugares se han ido transformando en Espacios Humanitarios en donde las nuevas dinámicas sociales y políticas de los manifestantes están llevando el Paro a un segundo nivel, que es a su vez una de sus ganancias más importantes: la politización de nuevos sectores jóvenes de la ciudadanía, y esto incluye a las Primeras Líneas, y su participación en espacios asamblearios que van dando forma a las demandas y pliegos de cada territorio y abren lugar a este nuevo sujetx político que emerge de la protesta: un sujetx que es también sujetA, que es mixto y que DEBE atender a las demandas del movimiento feminista para no volver a caer en las mismas prácticas en contra de las cuales nos estamos rebelando. Esto incluye rechazar las prácticas machistas que se han venido registrando en muchos de los espacios de resistencia, reparar a las mujeres que ya han sido víctimas de esas conductas y tomar medidas inmediatas para evitar que se sigan repitiendo. Porque las mujeres no somos saldos de guerra, ni daño colateral de sus demostraciones de poder masculino sobre un territorio, ni tampoco estamos de adorno en la protesta. Nosotras somos parte activa y fundamental de este cambio y de la historia que estamos reescribiendo. La revolución será feminista o no será. 

Por doloroso que nos resulte a quienes hemos apoyado, acuerpado, defendido, y quizás romantizado los espacios de resistencia y la figura de las Primeras Líneas,  es necesario y urgente que hablemos de las dinámicas violentas que están teniendo lugar ahí, particularmente en contra de las mujeres. Y no se trata de deslegitimar ninguna lucha. Reconocer que esto ocurre no desconoce toda la represión y brutalidad policial que hemos y seguiremos denunciando, porque también nos violenta de manera diferencial a nosotras las mujeres. 

Pero es justamente porque creemos que es necesario un cambio en el orden de las cosas, incluida la forma desproporcionada en que se ha ejercido el poder sobre algunos cuerpos y algunas vidas, que no podemos callar frente a estas violencias. En especial porque de la Policía, del Esmad e incluso de este gobierno, esperamos más bien poco (aunque les seguiremos exigiendo al menos los mínimos y que cumplan con su trabajo) pero de los espacios de resistencia, de las Primeras Líneas, esperamos más. Esperamos la capacidad de escucha y diálogo que no tiene el gobierno y esperamos coherencia. No se puede pasar por encima de la dignidad de otras personas cuando la lucha es por la dignidad misma. 

Desde hace varios días se han hecho públicas denuncias de violencias contra mujeres, incluída violencia sexual, en algunos espacios de resistencia. Estos casos de violencia de género han sido acompañados, denunciados y atendidos por organizaciones de DDHH y colectivas feministas locales. Sin embargo, estos casos no han sido los únicos. Existen más mujeres que han sido víctimas de hostigamientos, e incluso amenazas, y que temen por sus vidas. Sus casos también están siendo acompañados y atendidos pero, por su seguridad, no serán mencionados en este artículo.

Agresión sexual en la toma humanitaria de la UPN (Bogotá)

La Red de Derechos Humanos de la Universidad Pedagógica (UPN) hizo pública la denuncia por acoso sexual de Dayana Gonzáles, estudiante de dicha universidad, contra Jean Pierre Gil Narváez, conocido en la comunidad Hare Krishna de la que es miembro activo, como “Rhada Ramana Das”.

La denuncia indica que los hechos ocurrieron en el campamento de la toma humanitaria de la UPN, en la madrugada del seis de junio: “Dayana se encontraba durmiendo en una carpa de una compañera de la toma. Sobre las 5:30 am Jean Pierre, en un acto patriarcal y con todo el uso de su conciencia, decide entrar a la carpa donde se encuentra durmiendo la compañera y posterior a esto, se masturba frotando su pene contra la espalda y cola de la denunciante, la denunciante despierta, él sigue ejerciendo dichas violencias y al darse cuenta que la compañera despierta procede a besarla. Todo esto, se aclara en la denuncia, ocurre en contra de la voluntad de Dayana y se especifica que no existía ningún tipo de relación, cercanía o contacto entre ellxs. Añaden que el agresor no es estudiante de la UPN ni es “conocido o hace parte activa dentro de la toma”. En el mismo comunicado se conoce que el señalado tiene antecedentes de violencia de género y se incluye la denuncia pública, con fecha del 27 de mayo de este año, firmada por Pilar Cruz, en la que se menciona a una posible tercera víctima. 

Después de haber sido agredida, Dayana denunció lo ocurrido ante compañeras de la toma quienes decidieron interpelar al agresor, expulsándolo inmediatamente del espacio. También le ofrecieron acompañamiento a la denunciante, siguiendo el protocolo de violencias basadas en género de la UPN. 

El comunicado rechaza lo ocurrido y recalca “Todos los espacios de la UPN deben ser espacios seguros para todas, todos y todes, por lo que, no debemos permitir que estos se conviertan en espacios hostiles y violentos para las compañeras mujeres y disidentes sexuales, donde habiten machos acosadores y violadores. Se debe hacer mella sobre la construcción de una política de cuidado y construcción de espacios seguros y libres de todo tipo de VBG. Hacemos un llamado de seguridad, autocuidado y cuidado colectivo, a las personas que están siendo partícipes de la toma, recordemos la importancia de generar ejercicios en los que se pueda dar cuenta de quienes participan e ingresan en nuestra alma mater, para construir desde redes de confianza y espacios seguros. Finalmente, recordar que como mujeres defensoras de DDHH y estudiantes de la UPN, no permitiremos violentadores en espacios políticos, educativos y sociales al interior de nuestra universidad, pues reconocemos que la transformación y el cambio debe ser desde un enfoque de género, una apuesta feminista y de abolición del patriarcado”.

Violencia sexual en Portal de la Resistencia (Bogotá) 

El 7 de junio, finalizando la jornada “24 horas sin ESMAD”, fue capturado y trasladado a Centro de Traslado por Protección Diego Fernando Serrato Hurtado, por estar implicado en una violación. La mujer víctima del acto recibió atención médica inmediata y posteriormente recibió el acompañamiento de la Secretaría de la Mujer. 

Los hechos se dieron a conocer en la tarima del evento, en la medianoche del siete de junio, cuando una de las voceras del espacio informó que había ocurrido una violación a eso de las 11 de la noche (una hora antes al anuncio). En el pronunciamiento público del Espacio Humanitario “Al calor de la olla”, emitido al día siguiente, mencionan que uno de los principios fundamentales del espacio es que estuviera libre de violencias basadas en género, pero que aún no tienen una ruta clara para seguir en estos casos. En el mismo comunicado reconocen que este no fue el único caso de violencia sexual de la jornada.

“Aunque reconocemos que hay muchos procesos dentro de la organización social que tienen denuncias basadas en género, tanto individual como colectivamente, y hacen parte activa del territorio, aún no está definida la ruta a seguir en estos casos. Sin embargo para todas, todos y todes es un acuerdo unánime que el espacio humanitario es un espacio libre de este tipo de violencias.” (Relatoría Acuerdos Espacio Humanitario, 7 mayo 2021). En el transcurso de los 35 días de resistencia como integrantes del Espacio Humanitario (EH) hemos presenciado varios casos de prácticas machistas y de VBG. Si bien reconocemos que estamos dentro de un contexto heteropatriarcal que genera que el Espacio Humanitario “Al Calor de la Olla” no sea un lugar exento de prácticas y violencias machistas, somos conscientes de que esta no es una justificación que valide, permita u omita este tipo de situaciones y, mucho menos, recargue a algunas personas (fundamentalmente mujeres y disidencias sexuales y de género) para enfrentarlas y rechazarlas. Es por este motivo que entendemos que es nuestra responsabilidad pronunciarnos públicamente con el objetivo de rechazar estos casos y frenar cualquier posición cómplice dentro de nuestro punto de resistencia. Igualmente, queremos comunicar la creación de una ruta de prevención, respuesta y acompañamiento como una estrategia común para concretar el principio anteriormente enunciado”.

En la tarima se rechazó lo ocurrido, se informó que el sujeto había sido llevado para judicialización, que la mujer se encontraba recibiendo la atención requerida, e hicieron un llamado a moderar el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas. El evento se suspendió durante 20 minutos pero, contrario a los reclamos de mujeres que se encontraban en el lugar, dieron continuación al evento, causando aún más rechazo, y las Mujeres Populares en Resistencia emitieron su propio comunicado:

El nueve de junio, dos días después de sucedidos los hechos, se llevó a cabo una primera jornada pedagógica de Despatriarcalización de la protesta, en contra de las violencias de género. La jornada fue gestada por mujeres del territorio para mujeres y hombres con el fin de atender, desde la pedagogía, la problemática evidenciada en los actos de violencia sexual. La jornada se terminó realizando en otro espacio distinto al Portal de la Resistencia, por seguridad y por clima, y contó con la olla humanitaria y un círculo de la palabra con varias mujeres y algunos hombres. Algunas de ellas manifestaron sentirse invisibilizadas e irrespetadas, hubo escucha, y se iniciaron conversaciones necesarias que son solo el punto inicial en este proceso que no es nada fácil, pero sí muy urgente.

Violencia basada en género ejercida por la Primera Línea de Suba (Bogotá)

El 11 de junio varias colectivas feministas hicieron público el caso de una mujer, que ha preferido mantener su identidad protegida, que fue obligada a desnudarse y meterse desnuda a un humedal “como castigo”, por parte de un sector de la Primera Línea de Suba.  

Los hechos ocurrieron el 30 de mayo. La mujer, que no es de Bogotá, se encontraba entregando donaciones a un grupo de su ciudad y fue instalada en el campamento del Humedal de Tibabuyes. Allí asistió a un espacio de acercamiento en la UPN y esto, al parecer, causó malestar en algunos miembros de la Primera Línea de Suba, señalados de la agresión, que procedieron a realizar una suerte de “juicio militar” por el supuesto “mal comportamiento” de la mujer, que terminó en el acto degradante de forzarla a despojarse de su ropa y entrar a la laguna desnuda, en horas de la noche, antes de expulsarla del lugar. Tras esta preocupante conducta de tinte militarista, yace el prejuicio misógino de especular sobre la vida sexual de la mujer. Según ella cuenta, “se expresaba que yo estuve teniendo relaciones en la universidad pedagógica nacional, (…) manifesté de maneras repetidas que era mentira y que yo tenía cómo comprobar que yo estuve todo el tiempo en actividades de la Minga”. 

En el relato se menciona también la intimidación y amenaza de violencia física por parte de una mujer perteneciente a la PL. Al ingresar a la laguna, desnuda, fue insultada y golpeada en la cara con un bastón por parte de uno de los miembros de la PL. La tildaban de “calenturienta”, adjetivo a todas luces sexista, y, cuando recogió su ropa, la encontró embarrada.

La denunciante aclaró que ninguna de las personas de la Asamblea de Suba, ni del campamento S.O.S Tibabuyes, se encontraban en el lugar al momento de los hechos y que, al enterarse, la respaldaron, acompañaron y brindaron seguridad. 

“Siento que, cuento la historia con lágrimas en los ojos y agradecimiento en el alma, ya que gracias a las personas de S.O.S tibabuyes no pasó nada a mayores. Es muy triste que los chicos que se autodenominan Primera Línea pasen de ser completamente admirados a ser agresores más de la lista”.

Tras acercamientos y conversaciones entre las partes, mediados por organizaciones de ddhh y feministas y el Campamento S.O.S Tibabuyes, se emiten unos primeros acuerdos entre la denunciante y la PL Suba que incluyen:

  • Identificar y expulsar a las personas que participaron de los hechos y hacían parte de la Primera Línea de Suba.
  • Rechazar todo tipo de “sanciones y castigos” que deslegitiman el propósito y función de proteger de la PL.
  • Reparar a la compañera directamente afectada en acompañamiento psicológico con  apoyo de colectivos feministas.
  • La participación de la PL, en su totalidad, en la mesa de diálogo propuesta por las feministas en la Asamblea Popular de Suba, en la cual se van a crear rutas, procesos y acuerdos.
  • Promover y participar en espacios pedagógicos para interiorizar que la revolución y la resistencia no va de la mano con la violencia contra la mujer.

Agregaron que no pueden dejar que los ideales se marchiten, ni que las banderas y luchas feministas se desconozcan, y hacen un llamado a los ESCUDOS AZULES de Sogamoso,  también implicados en el caso, pues no se han pronunciado sobre el tema. Frente a esto, ESCUDOS AZULES señala que no cuentan ni tienen vínculo con ningún grupo regional o filial en Sogamoso.

En la agenda de acciones que empiezan a realizarse para atender esta problemática, este lunes 14 de junio se dio inicio a la Construcción de un Protocolo para violencias basadas en género en el Movimiento Popular, una iniciativa que también se está empezando a gestionar en otras ciudades y que no debe terminar recayendo solamente sobre las mujeres, como un trabajo de cuidado no remunerado más.

La revolución será feminista o no será

Este nuevo país que emerge de la protesta no puede replicar las prácticas patriarcales ni militaristas que siempre han ido de la mano con la guerra y que han arrasado con territorios, cuerpos, vidas y dignidades. La verticalidad, el caudillismo y el autoritarismo no pueden tener más cabida en nuestras ciudades, en nuestros espacios, ni en nuestras vidas. Tampoco podemos replicar en los espacios de resistencia, las dinámicas patriarcales de recargar las labores de cuidado en las mujeres mientras siguen siendo mayoritariamente los hombres quienes van a la lucha. La horizontalidad, los espacios asamblearios y de representación, la construcción de acuerdos, el consenso, la ética del cuidado y la igualdad deben ser las bases de estas nuevas construcciones que estamos levantando colectivamente. Si por un lado exigimos el desmonte del ESMAD, por el otro exigimos también el desmonte del mandato de la masculinidad.

No sabemos hasta dónde nos vaya durar este impulso renovador (porque el desgaste después de casi dos meses es evidente, como también lo es la radicalización de la protesta ante la estrategia estatal de aniquilamiento militar). Quizás lo realmente importante no sea cuánto dure, sino cómo lo vamos a encauzar para transformar realidades y materializarlo en vidas dignas y futuros posibles. Y si esa renovación nos lleva a desarticular esas configuraciones de género masculinas, tan arraigadas al accionar violento y armado, y a revisar de paso esa romantización del mártir que seguimos replicando en arengas setenteras heróicas como “toda una vida de combate. ¿Hasta cuándo? Hasta siempre. ¿Hasta dónde? Hasta la victoria y de ser necesario hasta la muerte” ya habremos ganado una guerra no declarada pero suficientemente sufrida. No queremos más milongas de fusilados ni de viudas, ni de huérfanxs, ni de familias rotas por esta guerra-no-guerra. 

Merecemos más, en especial las mujeres, que no han puesto sus hijxs, ni sus cuerpos, ni sus cuidados para la guerra y aún así se los han arrebatado. MERECEMOS ESPACIOS SEGUROS Y LIBRES DE VIOLENCIAS MACHISTAS, VENGAN DE DONDE VENGAN. Ninguna estructura levantada sin nosotras en igualdad de condiciones se va a sostener porque la vamos a tumbar.

Feminista colombiana, autora del libro “Que el privilegio no te nuble la empatía” (Planeta, 2020) y cofundadora de la colectiva Las Viejas Verdes. Ita María es Economista de la Universidad Icesi (Cali, Colombia) y tiene un MBA de Esdén Business School. Desde 2007 ha ocupado cargos directivos en importantes compañías de la industria de moda y tendencias como experta en marketing y estrategia (INVISTA, 2007-2012), análisis de tendencias y comportamiento de consumidor (WGSN, 2013-2017) y más recientemente incursiona en la industria de los medios independientes y alternativos (VICE, 2019-2020). Cuenta con más de una década de experiencia en generación de contenidos, nuevas narrativas, construcción de comunidades virtuales y comunicación digital y ha sido tallerista y conferencista de mercadeo, redes sociales y tendencias en América Latina. Actualmente se encuentra dedicada a apoyar y asesorar en estrategia de comunicaciones a organizaciones con enfoque feminista y de derechos humanos.

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