
Este domingo, Hungría dio un vuelco político histórico en sus elecciones parlamentarias: el opositor Péter Magyar, líder del partido Tisza, derrotó al primer ministro Viktor Orbán, quien ocupaba el poder desde 2010.
Magyar obtuvo cerca del 53,5% de los votos y una mayoría de dos tercios en el Parlamento, lo que le permitirá impulsar reformas profundas, incluida la posibilidad de modificar la Constitución. La participación del 79% fue una de las más altas registradas en el país, en una jornada marcada por la expectativa de cambio tras 16 años.
El fin de un periodo regresivo
Viktor Orbán reconoció la derrota, poniendo fin a un ciclo político conservador nacionalista, con políticas restrictivas y regresivas en materia de derechos humanos. Durante su mandato, Hungría fue señalada por organismos internacionales por el deterioro del Estado de derecho, la concentración de poder y restricciones a la prensa y la sociedad civil.
Durante sus años en el poder, Orbán impulsó leyes contra las personas LGBTIQ+, incluyendo restricciones a contenidos sobre diversidad sexual en educación y medios; reforzó un modelo de familia tradicional, excluyendo otras formas de familia; implementó políticas duras contra la migración y el asilo; fue señalado por organismos internacionales por debilitar la independencia judicial y la libertad de prensa.
Tisza es una formación relativamente nueva en la política húngara; se posiciona como una fuerza de derecha opositora de corte reformista. Magyar fue anteriormente cercano al entorno del propio gobierno de Orbán, pero rompió con este sector y construyó su plataforma política como una alternativa al sistema consolidado por Fidesz, el partido del primer ministro saliente.
Tras conocerse la noticia, se registraron celebraciones masivas, especialmente en Budapest y otras ciudades principales, festejando la derrota de Viktor Orbán como el fin de un ciclo político largo. Sin embargo, el país sigue profundamente polarizado: Orbán mantuvo una base electoral amplia, sobre todo en zonas rurales.
El nuevo gobierno
El triunfo de Magyar reconfigura el mapa político. Durante la campaña, el nuevo líder prometió combatir la corrupción, reforzar los servicios públicos y recomponer las relaciones con Bruselas. Varios líderes europeos reaccionaron con cautela, pero valoraron la posibilidad de una mayor alineación de Hungría con los estándares democráticos de la Unión Europea.
El nuevo gobierno enfrenta un escenario complejo, a pesar de su contundente victoria: deberá gestionar una institucionalidad moldeada durante años por el oficialismo saliente y sostener una coalición heterogénea que fue clave para derrotar a Orbán. La transición abre una etapa de redefinición del rumbo político del país y reconfiguración de alianzas en la UE.