julio 5, 2020

Se trata de las denuncias de ocho mujeres

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Por: Catalina Ruiz-Navarro

Con relación a las declaraciones dadas hoy por Cristina Gallego, ex esposa y socia de Ciro Guerra al periódico El Tiempo, en respuesta al reportaje que publicamos Matilde de los Milagros Londoño y yo en la revista Volcánicas, titulado “Ocho denuncias por acoso y abuso sexual contra Ciro Guerra”, quiero contestar lo siguiente:

Entiendo de dónde viene Gallego: está protegiendo su familia y, supongo, su patrimonio. Entiendo que Gallego y su familia están en una situación muy difícil, en la que los puso Guerra, no la denunciantes, ni la revista, ni las periodistas que hicimos este reportaje. Ya he dicho antes que “ni las parejas actuales, ni las amigas, ni las hermanas de los agresores son responsables por sus acciones ni podemos culparlas si los apoyan. Están en una situación muy difícil y no merecen ser juzgadas.” En esa medida es una lástima que quien salga a defender a Guerra sea su ex-pareja, mientras él no asume responsabilidad por sus actos. Entiendo también la estrategia de desacreditarme personalmente a mí, es una falacia que tiene nombre: argumento ad hominem. Pero eso no cambia las 8 denuncias que hacen 8 mujeres reales, y que están soportadas por un trabajo con rigor periodístico. 

Eso dicho, sus declaraciones redundan en algunos argumentos tradicionales del patriarcado para defender a los acosadores y agresores sexuales. Leerlos en palabras de una mujer es una desilusión -aunque no una sorpresa-. Estos argumentos machistas no pueden quedarse sin respuesta. 

Para empezar, el acoso y el abuso sexual no son “carencias a la hora de conquistar o falta de asertividad”. Estas mujeres dijeron que NO de forma clara y reiterada, y Guerra, en la entrevista que le hicimos dice que entiende que si una mujer dice que no, es necesario parar. Que Gallego sienta que Guerra no la ha agredido a ella personalmente -a pesar de que reconoce múltiples infidelidades- no es suficiente para descartar estos testimonios. También, como dijo hoy Luciana Cadahia “Es problemático que C. Gallego diga que como el abuso se da en privado entonces la reparación también debería ser en privado. Y más problemático hacer coincidir ‘lo público’ con ‘el linchamiento’. Otra vez la culpa recae en quien hace público el problema”. El buen nombre de los victimarios no vale más que la dignidad de las mujeres. 

Tampoco tiene nuestra investigación un titular “incendiario”, sino bastante preciso, y si se vuelve a leer el artículo se verá que en negrilla están subrayados los hechos de los testimonios que lo sustentan. Tampoco tomamos nosotras, desde Volcánicas, la justicia en nuestras propias manos: como periodistas presentamos unos hechos que investigamos de forma extensiva y con rigor, hechos sobre los cuales tenemos una opinión porque somos personas vivas y pensantes, pero jamás hemos dictaminado cuáles deben ser las consecuencias para Guerra, porque ya que no somos juezas, eso no nos corresponde.

Por otro lado, el escrache no es una moda. Como he dicho antes: “El escrache, una forma de protesta, sobrevivencia y sanación; una estrategia de sanción y castigo social y denuncia pública, que ha cobrado relevancia en los últimos años debido a las denuncias por acoso y abuso sexual que han empezado a surgir gracias a un larguísimo trabajo de desestigmatización de la violencia de género que han hecho las feministas.” El escrache es una herramienta legítima de protesta y un uso de la libertad de expresión, pero estas denuncias no son escrache, son un paso más allá: una investigación periodística. Tampoco son “linchamiento”, y usar esa palabra para referirse al periodismo de investigación estigmatiza el oficio periodísitco. 

Los hombres, como dice Gallego, no tienen “pánico”, porque conservan el poder material y económico y los medios para defenderse. Nadie niega la calidad de las películas que Guerra ha dirigido con un equipo humano muy talentoso, y nadie le pide que deje de hacer películas. Jamás he dicho que los estímulos culturales se le deban dar solo a las mujeres, he dicho que, en adelante, deben beneficiar a todas esas personas que tienen talento y han sido capaces de hacer excelentes producciones sin usar su poder para acosar, entre ellas, muchas mujeres. Pensemos en cómo este poder hoy le sirve a Guerra para defenderse y pagar un carísimo bufete de abogados. Y, de paso, vulnerar la libertad de expresión de todas las mujeres al argumentar que solo pueden hablar de las violencias que viven ante un juez, y arremeter contra la libertad de prensa judicializándonos a nosotras por hacer nuestro trabajo como periodistas. 

La opinión pública pone en el mismo paquete la violación de una niña embera por parte del ejército con las agresiones de Guerra porque, aunque están muy lejos de ser lo mismo, hacen parte del espectro de violencias machistas que existen en el patriarcado y sobre las que por fin estamos teniendo una conversación a nivel nacional, una conversación que ya se ha dado en varios países de Latinoamérica y a la que Colombia llega tarde. Son violencias que aunque distan mucho en sus formas de expresión tienen un origen en un mismo problema que es no reconocer la humanidad de mujeres y niñas. 

Leo a Gallego y entiendo su dolor, un dolor que tiene origen en las acciones de Guerra, y la invito a que también escuche el dolor de las víctimas. En realidad aquí lo importante es que hay 8 mujeres víctimas, que hoy denuncian que fueron afectadas emocional, física y profesionalmente por Ciro Guerra, y un problema de salud pública que es la violencia contra las mujeres. 

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Comentarios

9 thoughts on “Se trata de las denuncias de ocho mujeres

  1. Catalina: no le pido hacer públicas los audios de la 3a víctima. ¿Podría confirmar si usted los escuchó? En teoría, eso es parte del trabajo periodístico: publicó los chats, pero no una transcripción de los audios o algún comentario sobre el contenido. Y otra pregunta: ¿por qué no confrontó a Guerra con las evidencias que tenía, empezando por esas grabaciones?

  2. Gracias. En total acuerdo con estas palabras.»(…) el acoso y el abuso sexual no son “carencias a la hora de conquistar o falta de asertividad”.

  3. Me parece muy MACHISTA llamar como GALLEGO a la exesposa de Ciro Guerra. Que yo sepa, los colombianos acostumbramos llamar a las mujeres por su nombre (CATALINA, por ejemplo) y si no lo conocemos pero si su apellido anteponemos el señorita o el señora correspondiente: SENORA GALLEGO.

  4. Error estratégico responderle a Cristina. Fatal. Ahora todo queda como una pelea entre mujeres. Una periodista que parece morirse por el rating de su portal y una ex esposa que luce defendiendo el lucrativo negocio de su ex esposo.

    Y todo acosta de las víctimas que han quedado revictimizadas y olvidadas.
    Qué mal periodismo y el acusado quedó ahora como víctima.

  5. Excelente, Catalina! Gracias por tu lucidez y valentía. Fue muy triste y desafortunado leer a Gallego.

    Gracias a vos y Matilde por visibilizar las voces de las denunciantes y detonar este diálogo urgente.
    En cuanto a las acciones legales de Ciro en su contra, si es necesario, iniciamos un crowfunding para pagar el bufete de la defensa. Somos muchas mujeres las que las apoyamos! #NoMásSilencio #NoEsHoraDeCallar #NiUnaMas

  6. Tres palabras contra tres palabras.
    Abuso-Acoso Sexual vs
    Dignidad-Buen Nombre
    ¿El acusado, exigiendo se le restaure lo que atacó, no respetó y no valoro?
    Fama y poder anulan dignidad y buen nombre del ser humano, y así sus actos serán consecuencia de dicho despojo.

  7. Hola,
    El valor de todo esto que nos pone a pensar como sociedad y problemas graves que nos atraviesan a todas y todos, de los cuales no solemos ocuparnos con el rigor y cuidado que requiere. En lo personal adhiero al lema Argentino, «si no hay justicia, hay escrache». Es decir valoro el uso del escrache cuando la justicia o las instituciones requeridas no accionaron las medidas necesarias para esclarecer los hechos. En mi opinión este acto de denuncia pública adolece de no haber contemplado instancias previas. Desde esa perspectiva se alienta la ley del talion que no es sinónimo de humanizar tato a la víctima como al victimario sino de mantener la deshumanización que instala la violencia primera.
    La palabra reciproca nos humaniza. Desde esa perspectiva el ritual que instala la justicia también lo hace. Tal vez las víctimas 8 en este caso, no quieran recurrir a la justicia penal porque no creen en su imparcialidad. Pregunto ¿habría otra opción previa al escarche para poner límite a la violencia de género del director de cine?
    En esta sociedad hay que pensar en que las vías de tramitación de los conflictos con la ley no queden por fuera de la ley porque de eso ya sabemos bastante los Colombianes.
    En cualquier caso me solidarizo con las víctimas, no así con el medio que saca una noticia haciendo uso del dolor de las victimas. No recomendando otra instancia previa al escándalo. El escándalo es un recurso cuando otros recursos posibles son probados y mostraron ser inútiles.

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