October 29, 2026

Manifiesto por los cuidados colectivos: una declaración política necesaria 

El Manifiesto por los Cuidados Colectivos es una declaración política sobre el derecho al cuidado impulsada por Cuidando a Violeta, con el respaldo de más de 40 organizaciones comunitarias, internacionales y feministas, incluidas Oxfam Colombia, ILEX Acción Jurídica y la Red Departamental de Mujeres Chocoanas. El texto del manifiesto fue escrito colectivamente a partir de Círculos de la Palabra con más de 150 mujeres cuidadoras de Colombia y México. Participaron mujeres con discapacidad, migrantes, afrodescendientes, indígenas, víctimas del conflicto, sobrevivientes de violencias, mujeres mayores y personas LGBTIQ+.

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En tiempos políticos que parecen desesperanzadores, el cuidado colectivo se erige como nuestra principal herramienta para florecer entre las grietas de un sistema que nos quiere calladas y resignadas. Defendemos el cuidado como sostén de la vida y por eso, en el marco del Día Internacional por los Cuidados y el Apoyo, nos unimos a más de 40 organizaciones comunitarias, internacionales, feministas y medios independientes para publicar el Manifiesto por los Cuidados Colectivos. El Manifiesto es un escrito construido colectivamente por manos de mujeres cuidadoras en Colombia y México. Es un texto reivindicativo donde buscamos visibilizar las formas de cuidado colectivo que sostienen nuestra vida.

Las discusiones sobre la importancia del cuidado llevan décadas en el centro de los planteamientos feministas. Reconocer que los cuerpos de las mujeres han estado atravesados por la expectativa social de ser cuidadoras y que esto ha sostenido las brechas en la garantía de nuestros derechos nos ha llevado a cuestionarnos sobre la dignidad y justicia que necesitamos para cuidar. Desde nuestro nacimiento hasta el final de nuestras vidas necesitamos cuidados para sobrevivir, pero eso parece un tema secundario para los gobiernos que siguen poniendo el peso y la responsabilidad de cuidar sin condiciones dignas, ni apoyos y mucho menos visibilidad. Como lo plantea Silvia Federici, el sistema patriarcal ha determinado que el cuidado debe reposar en los hombros de mujeres racializadas, empobrecidas y  migrantes, quienes lo hacen muchas veces sin remuneración y en condiciones de explotación alarmantes.

Diversas disciplinas han demostrado la centralidad del cuidado en la vida y la economía. Por ejemplo, desde la economía feminista se ha logrado establecer que, si el cuidado fuese remunerado, equivaldría al 20% del producto interno bruto nacional en Colombia y en varios países de la región. Es decir, que si a las mujeres dedicadas al cuidado nos pagaran por nuestro trabajo, el cuidado sería uno de los sectores más importantes de la economía. Sin embargo, la realidad está muy lejos de darle al trabajo de cuidado el lugar que debe tener en nuestras sociedades. Labores como la preparación de alimentos, la limpieza del hogar y el cuidado de las personas dentro de la familia continúan siendo labores feminizadas, no remuneradas, atravesadas por violencias y discriminación y poco valoradas a nivel social.

En los últimos años se ha avanzado decididamente en reconocer que el cuidado es un derecho humano. ¿Esto qué significa? Que todas las personas, desde que nacemos, debemos tener garantizado un cuidado digno y que el Estado es uno de los responsables de brindarlo a través de políticas públicas efectivas y sostenibles. Al reconocer el cuidado como un derecho, reconocemos la participación de otros actores en el cuidado, más allá de las familias (o las mujeres de las familias). Colombia hace parte de convenciones de derecho internacional que han establecido estándares de derechos humanos sobre el cuidado y por lo tanto, debemos exigir que estas medidas se cumplan, pues hacen parte de lo que llamamos el bloque de constitucionalidad. No estamos pidiendo un favor, estamos haciendo exigibles nuestros derechos en el marco de nuestra Constitución y de los tratados de derechos humanos de los cuales Colombia hace parte hace ya varias décadas. 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció en la Opinión Consultiva OC031 de 2025, que el cuidado es un derecho humano autónomo, y que los Estados tienen la obligación de garantizarlo de manera progresiva pero decidida. Este ha sido un hito a nivel jurídico, pero también a nivel político, pues reconoce que las luchas feministas por dignificar el cuidado, sacarlo de la esfera privada y reconocer su centralidad para la vida han marcado un horizonte palpable para la garantía de los derechos humanos de las niñas y las mujeres. 

La Corte reconoció tres dimensiones principales del derecho al cuidado: el derecho a cuidar en condiciones dignas, el derecho a recibir cuidados de acuerdo a nuestros deseos y respetando nuestra autonomía y el derecho a contar con condiciones de vida que nos permitan generar mecanismos para el autocuidado. Con esta premisa en mente, desde el año 2024 en Cuidando a Violeta iniciamos Círculos de la Palabra sobre el derecho al cuidado con mujeres cuidadoras de varias regiones de Colombia y de México. Nuestro objetivo era aterrizar y contextualizar esta interpretación del derecho al cuidado para que pudiéramos construir desde las bases aquello que llamamos el “núcleo esencial” del derecho al cuidado. 

“Al ser reconocido como un derecho fundamental, los sistemas de cuidado adquieren la importancia que las propias comunidades les han otorgado como medio de resistencia, de protección, de autodeterminación, de reivindicación. El cuidado es individual y colectivo, es afro, es indígena y campesino, es rural y urbano; ocurre en el hogar, en el territorio, en la defensa del medio ambiente, también en la intimidad. Este manifiesto recoge estos elementos, agrupa los colectivos y abre una plataforma para el diálogo y la incidencia, Para OXFAM Colombia es una herramienta de posicionamiento y materialización de los derechos de las mujeres, sus familias, sus comunidades y sus procesos”, dice Lorena Nieto Padilla, Directora Ejecutiva de Oxfam Colombia.

¿Cómo surge el manifiesto?

Desde Cuidando a Violeta, organización feminista que trabaja por el cambio social y cultural necesario para reconocer el cuidado como sostén de la vida, convocamos a más de ciento cincuenta mujeres en nuestra diversidad: mujeres con discapacidad, mujeres migrantes y refugiadas, mujeres defensoras de los derechos humanos, mujeres afrodescendientes e indígenas, mujeres que han vivido el desplazamiento forzado, mujeres sobrevivientes de violencias basadas en género, mujeres víctimas del conflicto armado, mujeres mayores, mujeres con orientación sexual o identidad de género diversa. Junto a ellas debatimos el significado del cuidado en nuestra vida y decidimos escribir a varias manos el Manifiesto por los Cuidados Colectivos, reconociendo como premisa principal que, si bien el cuidado puede darse en el seno de la familia, las comunidades colectivas y sociedades, se han sostenido gracias a redes de cuidado colectivo y nos parecía importante poder visibilizarlo y darle valor dentro de estas discusiones jurídicas y políticas sobre el cuidado. 

“Tenemos que hablar de cuidado desde los territorios, pues implica hablar de justicia racial, justicia fiscal y del derecho de las comunidades a decidir sobre sus propias vidas. Desde Ilex defendemos que el cuidado no puede entenderse como una responsabilidad individual o familiar. Estamos hablando de las desigualdades históricas que atraviesan la vida de las mujeres afrodescendientes e indígenas, tanto urbanas como rurales. En nuestros territorios, cuidar significa sostener la vida, defender los ríos, preservar los conocimientos ancestrales, defender la autonomía de nuestras comunidades”, dice Audrey Mena, Directora de Ilex Acción Jurídica.

En el centro del Manifiesto reivindicamos el cuidado colectivo y la organización comunitaria como formas de defender nuestros derechos y de transformar las condiciones que amenazan nuestras vidas. En contextos de conflicto armado, como el que vivimos en Colombia, y de aumento de las violencias basadas en género sostenidas por la impunidad, como se vive en México, cobijarnos en el cuidado colectivo ha sido nuestra mayor fortaleza. Uno de los patrones que identificamos en nuestros contextos, es la poca voluntad política de los Estados por proteger y garantizar los derechos de las mujeres a pesar de nuestros esfuerzos por salir a las calles a defenderlos. 

Uno de los Círculos de la Palabra que más recuerdo fue aquel que convocamos junto a Nomadesc en Cali para dialogar con cuidadoras de la tierra, el territorio y el medioambiente. En medio de sonrisas y abrazos, nos identificamos como defensoras de los derechos humanos y dialogamos sobre la importancia de proteger nuestra red de apoyo aun en medio de la violencia o el cansancio. Gracias a su persistencia y a la inspiración que sentí en ese espacio, pude escribir uno de los primeros párrafos del Manifiesto, sosteniendo que las manos de mujeres que cuidan el agua, las semillas, los ríos y los animales nos enseñan lo que es el sentido integral de cuidar la vida:

“Mientras se desatienden nuestros derechos, se abandonan nuestros territorios y se multiplican las violencias que amenazan nuestras vidas, somos nosotras quienes seguimos tejiendo redes, acompañando a nuestras comunidades y encontrando formas colectivas de resistir”, texto del Manifiesto, página 3.

Es allí, en esas grietas, que ha surgido el cuidado colectivo como base y tejido protector y, por esta razón, creemos que las conversaciones sobre el cuidado deben mencionarlo, reivindicarlo y protegerlo. Diversas expresiones de cuidado colectivo han logrado que comunidades sobrevivan al conflicto, como lo es el ejemplo de las mujeres que forman asociaciones para guiar y acompañar a mujeres sobrevivientes de violencias basadas en género. O las ollas comunitarias que alimentan a poblaciones en riesgo o confinadas. O las colectivas que luchan por los derechos sexuales y reproductivos. O las defensoras de las semillas, las parteras, las defensoras de la tierra, el medioambiente y los derechos humanos. 

“Frente a la defensa de los derechos humanos, uno nace con esa rebeldía adentro, no quedarse uno callado. En el Chocó no nos sentimos pobres, a nosotros nos han empobrecido, que es diferente. Para nosotros, vivir sabroso es tener todas nuestras necesidades satisfechas y poder disfrutar la vida. El hecho de que nosotras tenemos un restaurante -La paila de mi abuela- y cocinamos es una forma que tenemos de cuidar. Siempre ha estado inmerso el cuidado en la Red”, dice Gloria Luna Rivillas, de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas,

Con el Manifiesto sembramos una semilla para avanzar en los diálogos sobre el cuidado, entendiendo que cuidamos lo humano pero también vamos más allá: la naturaleza, el agua, los animales, el medioambiente sano y todo aquello que es central para la vida. No tenemos miedo ante quienes se plantan con discursos anti-derechos o que desconocen el valor del cuidado. Todo lo contrario, conocemos de primera mano lo que es cuidar la vida en medio del conflicto, la violencia contra las mujeres o el desconocimiento de nuestros derechos. Nuestra fuerza colectiva es un fuego que no lograrán disipar. 

Puedes descargar el Manifiesto en https://cuidandoavioleta.org/. Lo ofrecemos como una herramienta de diálogo colectivo para fortalecer y visibilizar la importancia de la organización comunitaria. Hacemos un llamado a todas las organizaciones que quieran adherirse desde cualquier parte de la región a escribirnos a cuidandoavioleta@gmail.com 

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Autor

  • Co-fundadora y directora de Cuidando a Violeta, Abogada, politóloga y Magíster en Políticas Públicas (Universidad Panthéon-Assas de París), con especialización en Políticas de Género (CLACSO). Investigadora feminista y defensora de derechos humanos con trayectoria en Colombia, Ecuador y Perú para organizaciones como Amnistía Internacional, ONU Derechos Humanos y el Banco Mundial. Especialista en documentar violencias basadas en género e integrar enfoques de discapacidad, interseccionalidad y ciclo vital. Su labor profesional e investigación-acción se alimentan del cuidado de su madre, Margarita, convicción que posiciona el cuidado, el apoyo mutuo y la sostenibilidad de la vida en el centro de las transformaciones sociales.

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