February 23, 2025

Magdalena Moreno y su bullerengue afrotravesti llegaron para incomodar

La artista afrotravesti encontró en los bailes cantados una plataforma de resistencia para expresar su inconformidad con un mundo transfóbico y machista.

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Portada: Isabella Londoño

La voz de Magdalena Moreno Morales resuena entre los tambores alegres, las maracas y las palmas que se preparan en el camerino para salir al escenario. Es 21 de febrero y el público de Bogotá espera con ansias el lanzamiento de “Allá en la orilla del mar”, el primer sencillo musical de La Morena del Chicamocha, su agrupación de bailes cantados, con narrativa afrotravesti, que cada vez cautiva más oídos en Colombia con su discurso de resistencia. 

El nombre de su proyecto musical es inspirado en el Cañón del Chicamocha, aquellas montañas que abrazan las tierras bravas de Santander, un departamento ubicado al nororiente del país que la vio nacer, pero la obligó a salir a otras zonas de Colombia para continuar con su transición como mujer y convertirse en una de las exponentes más importantes del bullerengue en la actualidad

Magdalena recuerda su niñez en el barrio Villas de San Juan a las afueras de Girón, un municipio de Santander famoso por su arquitectura colonial, casas blancas —habitadas en su mayoría por gente blanca— y puertas marrones. En la época de los 2000, grupos paramilitares custodiaban la zona. “Crecí escuchando sobre los panfletos de amenazas, cuando decían: Los niños buenos se acuestan temprano. Ni putas, ni maricas, ni viciosos, ni travestis aquí en el barrio”, dice la artista que ahora tiene  30 años. 

Foto: Suministrada

Con una infancia marcada por la violencia y la cultura patriarcal, creció notando que no tenía referencias cercanas para consolidar su diversidad. Aquellas peluqueras, las ancestras trans y maricas, como ella misma las define, fueron desplazadas del barrio por el borrado de diversidad que ejercían los grupos al margen de la ley. “Ese imaginario de ser una persona trans era muy difícil para mí, porque yo no entendía cómo iba a poder desarrollarme y cómo iba a desarrollar mi identidad en ese contexto tan violento”, explica Magdalena, quien debía caminar con cautela, esconder su esencia y evitar transitar ciertas zonas de aquel barrio donde la transfobia y la homofobia eran ley.   

“Yo salí de ese Girón, directo pa’l Magdalena, a cantar un bullerengue pa’ poder contar mis penas”, dice la canción “Allá en la orilla del mar”. 

Al preguntarle por sus primeros acercamientos a las músicas tradicionales del Caribe, ella dice que fue a los 13 años, cuando empezó a bailar y cantar ritmos del Magdalena Medio, la tambora y los bailes cantados. Nadie en su familia era cercana al arte. Su núcleo pertenecía a un entorno conservador y católico. “Fue como un llamado de las ancestras”, dice con certeza.

Las músicas de tradición le permitieron sanar su negritud y el contexto de violencia en el que creció. Fueron un bálsamo dentro de su camino como mujer trans, que la llenaron de fuerzas para un nuevo capítulo lejos de casa. Fue así como a los 19 años emprendió un viaje por el Caribe colombiano. Magdalena iba en búsqueda de su raíz. Los espacios bullerengueros en esta zona del país fueron el entorno ideal para que la artista dejara crecer y conociera su pelo afro, ese que permaneció escondido durante tantos años detrás de un corte militar que nunca fue de su agrado: “No reconocía la textura afro de mi cabello”, cuenta.

Su recorrido se extendió por San Basilio de Palenque, el Urabá Antioqueño, Córdoba y Sucre, lugares en los que continuó explorando espacios artísticos y le permitieron inspirarse para sus primeras canciones de bullerengue afrotravesti. “Para mí, el componer se convirtió en esa herramienta política de narrarme, de narrar mi contexto, de narrar mi cuerpo como territorio. Me di cuenta que nadie contaba las historias de las mujeres negras. Nadie contaba las historias de las mujeres de los territorios afrodescendientes del Caribe”. 

Tradicionalmente, el bullerengue se inspira en la vida cotidiana, la naturaleza, los rituales africanos y en aquellos pueblos costeros. También es una forma de expresar resistencia e identidad, tal y como lo hace Magdalena Moreno con cada una de sus canciones. Ella, además, narra las realidades de mujeres trans que a diario son discriminadas o asesinadas por crímenes de odio contra la comunidad LGBT+ en el país. 

“Agua” es la primera canción que compuso Magdalena y precisamente se inspiró en un episodio de discriminación del que fue víctima en Sincelejo, Sucre, uno de los tantos municipios del Caribe colombiano. En este lugar, una persona trató de golpearla y la amenazó. “Salgo de esa situación huyendo al mar, yo me sentía muy mal. Me fui al mar como una forma de sanar y de botar esa energía negativa. El agua fue el elemento que me curó”, recuerda la artista sobre esta composición que también es una forma de cantarle a un episodio de lo que actualmente implica para una mujer trans habitar en los espacios públicos.  

Foto: Pedro Ayala

“Hacer bullerengue afrotravesti se convirtió en una forma de incomodar a la tradición”, dice Magdalena Moreno.

“Quema la casa del racista

Esa casita blanca

La casa del homofóbico

Esa casita blanca

La casa de la transfóbica 

Esa casita blanca

Quémala, quémala, quémala.

Quema la casa del cura pedófilo

Esa casita blanca

La casa del policía asesino

Esa casita blanca

La casa del paramilitar

Esa casita blanca

La estatua del colonizador

Esa casita blanca

La casa del neonazi

Esa casita blanca

La casa del exprocurador Ordóñez

Esa casita blanca

Oye, ¡que se quema! ¡Que se quema!”

*Fragmento de La Casita Blanca, bullerengue de la autoría de Magdalena Moreno, inspirado en Girón, Santander.  


Cualquier rincón cultural de Colombia que le abre las puertas a La Morena del Chicamocha, un proyecto que inició en 2017,  sabe que Magdalena y su agrupación de 11 integrantes llevan un mensaje incómodo en sus letras y una propuesta de baile diferente a lo establecido en el escenario con las músicas de tradición: un hombre y una mujer que salen a coquetearse.

 “Quise también que en el baile, y en la forma de las canciones que yo cantaba, no se pensara de una manera heterosexual, que es la más usual en la interpretación de las músicas tradicionales. Lo que yo planteo en mi performance, en mi música y en mi show, es que la feminidad esté mucho más presente. Dos mujeres pueden bailar consigo mismas, pueden también expresar los sentimientos de los que hablan las canciones y que desde allí también sea otra forma de narrar el bullerengue dancísticamente”, sostiene la artista. Para ella, la mirada femenina también es una forma de desafiar lo establecido en las músicas tradicionales. 

El público capitalino aplaude, ese mismo que la recibió en 2020 cuando decidió hacer su vida en Bogotá y continuar con su proyecto de la Morena del Chicamocha. Magdalena agradece la asistencia de todes a su concierto. En el escenario explica que “Allá en la orilla del mar”, la canción de su primer sencillo musical, fue escogida porque habla de ese desplazamiento que vivió en su pueblo de Girón, Santander, y es la forma ideal de contarle al público sus inicios como artista afrotravesti. “Es una forma de reivindicar que el bullerengue viene de la gente negra”, dice con orgullo allí de pie y sonriente. 

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Autor

  • Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga. Se desempeñó como periodista investigativa de Escarbadata, la línea de datos en Cuestión Pública. Allí hizo parte del equipo de Juego de Votos, la investigación sobre la ruta del dinero, los contratos y las fichas de los clanes políticos, en su disputa por las elecciones del 2022. Fue periodista cultural en Vanguardia, periódico regional de Santander.

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