
Pablo Laurta, acusado del doble femicidio de Luna Giardena y Mariel Zamudio y ahora también por el homicidio de Martín Palacio, declaró este miércoles 15 de octubre, antes de ser trasladado a Concordia, que “todo fue por justicia”. Esta frase resume el peligro del odio legitimado, que encuentra aval y naturalización en la narrativa lajista de “la batalla cultural”.
No es casual. Laurta aparece en una foto tomada en 2018 junto a Agustín Laje y Nicolás Márquez, actuales asesores del presidente Javier Milei. Ambos gozan de un poder político y mediático en Argentina que ha sido enfilado contra los feminismos, difundiendo discursos de odio que normalizan, justifican y habilitan la violencia contra las mujeres.
Ante los señalamientos de responsabilidad discursiva, Agustín Laje dijo no tener “ningún tipo de relación” con Laurta, pese a la existencia de varias fotos y videos donde se les ve juntos en 2018, cuando “Varones Unidos”, la organización de Pablo Laurta, fue parte activa de un foro en Uruguay con Laje y Márquez; incluso después del evento, ambos enviaron un video de apoyo a la organización para continuar la cruzada común contra lo que ellos llaman “ideología de género”, un pánico moral con el que azuzan a los hombres y la sociedad ante el avance de los derechos de las mujeres y personas LGBT+. Por su parte, Márquez también se desentendió de la responsabilidad discursiva y se quejó de que pongan en ellos el foco y no en el crimen. Pero los crímenes no se gestan solos, se alimentan de un odio que no es opinión: es una política que cuesta vidas, y hay que hacerse cargo. Cada vez que se relativiza la violencia de género, se le da aire a la impunidad.
En 2022, Laurta dio una charla en el Parlamento uruguayo para defender la tenencia de los hijos compartida impuesta, es decir, de forma automática y sin acuerdo judicial previo, pese a las denuncias en su contra. En su descargo aparece con una bandera que decía: “Por el derecho de los varones. No más falsas denuncias”. El 12 de octubre se demostró que la denuncia de Luna no era falsa y su hijo, un niño, que cumplió seis años dos días después del femicidio de su madre, quedó huérfano de madre, por cuenta de un machismo sostenido, negado y legitimado desde el Estado.
A pesar de recibir constantes reportes por incitar a la violencia contra las mujeres, la cuenta de Varones Unidos, desde donde Laurta deslegitimaba las denuncias de Luna, defendía su sentido de “justicia”, hablaba de secuestrar al niño —evidenciando el alcance de la violencia vicaria que ejercía contra Luna— y del “negocio” de las “denuncias falsas”, solo fue dada de baja por X después de que se conociera la noticia de los 2 femicidios.
Al igual que Laje y Márquez, Laurta expresamente rechaza la categoría de femicidio, argumentando que “es el mismo delito, pero cometido por una mujer u hombre”. En enero de este año, Javier Milei intentó poner el concepto en discusión durante su conferencia en Davos. En ese momento, Mariano Cuneo Libarona, Ministro de Justicia, lo secundó en su cuenta de X “Vamos a eliminar la figura del femicidio del Código Penal Argentino. Porque esta administración defiende la igualdad ante la ley consagrada en nuestra Constitución Nacional. Ninguna vida vale más que otra. Como dijo el presidente Javier Milei en Davos, el feminismo es una distorsión del concepto de igualdad que únicamente busca privilegios poniendo a una mitad de población en contra de la otra. Durante años han usado a la mujer para llenarse los bolsillos y desmedrar al hombre. Sin importar nuestro sexo, somos todos iguales ante la ley y merecemos la misma protección y respeto”. Por fortuna, la intención no tuvo suficiente eco ni avanzó en lo legislativo, pero, lamentablemente, produjo otro discurso habilitante del odio donde el costo está a la vista y se mide en vidas.
Laje repite que “la violencia NO tiene género” y llama “feminazis” a las mujeres que denuncian, como se puede ver en la mayoría de sus tweets. A su vez, en 2017, Laurta, años antes de matar, había publicado en X: “Es increíble la histeria que hay en torno al tema del femicidio y la violencia de género”, negando el contexto estructural de los femicidios y el patriarcado. Las frases se repiten hasta volverse doctrina, pero negarlo no borra la realidad. La violencia patriarcal tiene estructura, nombres y víctimas; un niño, que cumplió seis años dos días después del femicidio de su madre, quedó huérfano por cuenta de un machismo sostenido, negado y legitimado desde el Estado.
El caso de Luna y Mariel no fue un hecho aislado: fue un final anunciado. El doble femicidio fue la punta del iceberg que se sostuvo sobre una cadena de violencias que Luna denunció y no fueron atendidas. Luna había hecho todo lo que el sistema exige para estos casos, una denuncia por impedimento de contacto, botón antipánico, pero nada sirvió. El Estado tenía las herramientas para prevenirlo, pero no quiso usarlas. Todo lo contrario, ha fomentado una narrativa que va en contravía de la prevención y atención de las violencias basadas en género y se ha dedicado a desmantelar medidas y políticas que podrían proteger a las mujeres.
El lunes 13 de octubre, Estrella, mamá de Pablo Laurta, se refirió al tema y contó que su hijo ya había estado preso a principios del 2024 por violar la medida de impedimento de contacto. Y es por esto que ella misma había pedido que no lo liberaran. Para Estrella, los femicidios que cometió su hijo son CRÍMENES DE ODIO. Y tiene razón. Pero el odio no nace solo, se construye desde los micrófonos, las pantallas, las redes y las bancas en el Congreso; desde los mismos lugares de privilegio y poder que niegan el patriarcado, cada vez con más eco, y recortan programas sociales. No es casualidad la brutalidad de los 9 femicidios ocurridos en la última semana en Argentina.
El 7 de octubre asesinaron a Daiana, de 22 años, en Entre Ríos. Un día después, el 8, mataron a golpes a Solange, de 26, en Rosario; también a Adriana y Mariana, madre e hija, en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires. El 9, Mónica fue asesinada con más de 30 puñaladas en Vila María, Córdoba, presuntamente por su hijo. El 11 de octubre, la pareja de Ayelén la mató a golpes en la localidad bonaerense de González Catalán. El mismo 11 de octubre, Laurta asesinó a Luna y a Mariel. Ese mismo día, encontraron el cuerpo de Gabriela Barrios en un pozo, en la provincia de Chaco. Argentina registró 11 femicidios en trece días; un crimen cada 28 horas. En lo que va del año, al menos 135 femicidios se han registrado. Según los datos del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, el 90,3% de las víctimas conocían al agresor y el 15,4% ya habían hecho la denuncia y obtenido el botón antipánico inservible.
Mientras tanto, el ministro de justicia se permite catalogar a las denuncias como un “negocio”. Nos quieren hacer creer que el feminismo exagera, pero lo que exagera es la violencia. Lo que se multiplica es la impunidad para eso que ellos promovieron como “batalla cultural”, de la que ahora no se quieren hacer cargo.