March 18, 2026

Las denuncias contra César Chávez y el testimonio de Dolores Huerta

César Chávez, ícono de los derechos civiles de los latinos en EE. UU., es denunciado por abuso de menores. Tras conocerse la investigación, Dolores Huerta, cofundadora del sindicato United Farm Workers of America, sumó su propio testimonio de abuso.

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Este miércoles 18 de marzo, a menos de 2 semanas del Día de César Chávez, una investigación de The New York Times reveló testimonios y documentos que señalan al líder de abusar sexualmente de mujeres y niñas durante su período como presidente del sindicato United Farm Workers of America (UFW) una investigación de The New York Times reveló testimonios y documentos que señalan al ícono de los derechos civiles de los latinos en EE. UU, de abusar sexualmente de mujeres y niñas durante su período como presidente del sindicato United Farm Workers of America (UFW). El periódico entrevistó a más de 60 personas y contrastó las denuncias con registros sindicales, correos electrónicos y grabaciones de reuniones. Las víctimas eran, en muchos casos, hijas de sus propios compañeros de lucha, y el silencio fue sostenido durante décadas por el peso moral del movimiento que él mismo lideraba.

Como suele ocurrir cuando varias sobrevivientes denuncian este tipo de violencias, la investigación, que duró varios años, evidencia un patrón que habría permanecido oculto durante décadas dentro de un entorno de poder, lealtad y admiración.

El testimonio de Dolores Huerta

Tras conocerse la investigación, Dolores Huerta, de 95 años, cofundadora del propio sindicato UFW, emitió la siguiente declaración:

“Tengo casi 96 años y durante los últimos 60 años he guardado un secreto porque creía que revelar la verdad perjudicaría al movimiento de trabajadores agrícolas por el que he luchado toda mi vida. Siempre he animado a la gente a alzar la voz. Tras la investigación que el New York Times llevó a cabo durante varios años sobre la conducta sexual inapropiada de César Chávez, ya no puedo guardar silencio y debo compartir mis propias experiencias.

En la década de 1960, siendo una joven madre, tuve dos encuentros sexuales con César. La primera vez, fui manipulada y presionada para tener relaciones sexuales con él, y sentí que no podía negarme porque era alguien a quien admiraba, mi jefe y el líder del movimiento al que ya había dedicado años de mi vida. La segunda vez, fui forzada, en contra de mi voluntad, y en un ambiente donde me sentí atrapada.

Ya había sufrido abusos y violencia sexual, y me convencí de que eran incidentes que debía soportar sola y en secreto. Ambos encuentros sexuales con César resultaron en embarazos. Decidí mantenerlos en secreto y, tras el nacimiento de los niños, me encargué de que fueran criados por otras familias que pudieran brindarles una vida estable.

Con el paso de los años, he tenido la fortuna de desarrollar una relación muy cercana con estos niños, que ahora son muy amigos de mis otros hijos, sus hermanos. Pero incluso entonces, nadie supo la verdad completa sobre cómo fueron concebidos hasta hace apenas unas semanas.

Guardé este secreto durante tanto tiempo porque construir el movimiento y asegurar los derechos de los trabajadores agrícolas era la obra de mi vida. La formación de un sindicato era el único medio para lograr y garantizar esos derechos, y no iba a permitir que César ni nadie más se interpusiera en mi camino. Canalicé todas mis fuerzas en la defensa de millones de trabajadores agrícolas y otras personas que sufrían y merecían igualdad de derechos. Nunca me he considerado una víctima, pero ahora entiendo que soy una superviviente: de la violencia, del abuso sexual, de hombres dominantes que me veían a mí y a otras mujeres como propiedad o como cosas que controlar.

Cuento mi historia porque el New York Times ha indicado que no fui la única; hubo otras. Mujeres están denunciando haber sido víctimas de abuso y agresión sexual por parte de César cuando eran niñas y adolescentes. Me repugna saber que lastimó a niñas. Me duele el corazón por todas las que sufrieron en silencio y en soledad durante años. No hay palabras suficientes para condenar sus deplorables acciones. Los actos de César no reflejan los valores de nuestra comunidad ni de nuestro movimiento.

El movimiento de trabajadores agrícolas siempre ha sido más grande y mucho más importante que cualquier individuo. Las acciones de César no disminuyen las mejoras permanentes logradas para los trabajadores agrícolas con la ayuda de miles de personas. Debemos seguir participando y apoyando a nuestra comunidad, que necesita defensa y activismo ahora más que nunca.

Seguiré cumpliendo mis compromisos con los trabajadores, así como mi compromiso con los derechos de las mujeres, para asegurar que tengamos voz y que nuestras comunidades sean tratadas con dignidad y reciban la equidad que se les ha negado durante tanto tiempo. He guardado este secreto durante demasiado tiempo. Mi silencio termina aquí“.

Ana, Debra y Esmeralda

La investigación del NYT incluye los casos de Ana Murguía y Debra Rojas, hijas de organizadores del propio movimiento sindical, que denunciaron haber sufrido abusos cuando eran niñas. Murguía aseguró que Chávez la llamaba constantemente a su oficina, donde mantuvieron encuentros sexuales cuando ella tenía apenas 13 años. Rojas contó que tenía 12 años cuando Chávez la tocó inapropiadamente por primera vez. Murguía, actualmente de 66 años, intentó quitarse la vida en múltiples ocasiones antes de cumplir 15 años.

También está el caso de Esmeralda López, quien contó que en 1988, cuando tenía 19 años, Chávez le sugirió durante un viaje que podía usar su influencia para ayudarla si se acostaba con él. López lo rechazó y regresó a casa antes de tiempo. Su madre corroboró el relato al diario. López resumió todo con una frase poderosa: “César Chávez era solo un hombre. El movimiento, ese es el verdadero héroe”.

¿Quién fue César Chávez?

César Chávez fue un líder sindical y activista estadounidense de origen mexicano, considerado uno de los íconos más importantes del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Nació en 1927 en Yuma, Arizona, en una familia de campesinos migrantes. Desde niño trabajó en los campos agrícolas de California, viviendo en carne propia las condiciones de explotación, pobreza y discriminación que sufrían los trabajadores latinos.

En 1962, junto a Dolores Huerta, fundó lo que eventualmente se convertiría en el United Farm Workers (UFW), el primer sindicato exitoso de trabajadores agrícolas en la historia de EE. UU. El UFW logró organizar a miles de campesinos migrantes, mayoritariamente mexicanos y filipinos, que eran considerados “inorganizables” por su vulnerabilidad y movilidad constante.

Gracias a su lucha, miles de trabajadores agrícolas obtuvieron contratos colectivos, mejores salarios, agua potable en los campos y protección contra pesticidas peligrosos. Murió en 1993 y fue condecorado póstumamente con la Medalla Presidencial de la Libertad por Bill Clinton. Su cumpleaños, el 31 de marzo, es feriado oficial en varios estados de EE. UU. Se trata de una figura casi mitológica para la comunidad latina.

Reacciones

El sindicato UFW anunció que no participará en los eventos conmemorativos del Día de César Chávez, programados para el 31 de marzo. La familia de Chávez declaró que “no se encuentra en posición de juzgar” las acusaciones, pero que honran las voces de quienes denuncian conductas inapropiadas. El sindicato también anunció medidas para crear canales confidenciales donde posibles víctimas puedan compartir sus experiencias y recibir apoyo.  Varios eventos del Día de César Chávez en todo el país han sido cancelados o modificados, incluyendo actos en Texas, Arizona y Nevada. 

La legislación en California permite demandas por abusos históricos, lo que podría derivar en reclamos judiciales contra el sindicato por los hechos ocurridos décadas atrás.

La figura de César Chávez fue tratada como sagrada por décadas, inmune al escrutinio y blindada por la devoción de quienes lo convirtieron en símbolo. Mientras a él le erigían estatuas y le dedicaban feriados, a sus víctimas les tocó cargar con el peso del silencio y culpas que no les correspondían. ¿Cuántos otros “héroes” siguen protegidos por el mismo pacto?

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