
Silvina Drago tenía 56 años. Era bioquímica, doctora en Ciencias Biológicas, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos, profesora titular de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral y, desde febrero de este año, investigadora superior del Conicet, el máximo escalafón al que puede aspirar una científica en Argentina. Tenía más de 165 publicaciones en revistas científicas y libros internacionales. El viernes 3 de abril fue encontrada muerta en su habitación, en una vivienda del barrio Candioti Norte de la ciudad de Santa Fe. Le habían disparado ocho balazos.
En la misma vivienda, en la bañera, estaba también muerta su pareja, Héctor Osvaldo Riego, de 63 años, también bioquímico; tenía una sola herida de arma de fuego y una pistola calibre 6.35 mm en la mano. La Fiscalía investiga el caso como femicidio seguido de suicidio. Fue el cuñado de Silvina quien encontró la escena cuando se acercó al domicilio preocupado por no saber de ambos; la puerta estaba sin llave y al ingresar encontró primero a uno de los perros de la familia muerto y luego a la pareja sin vida.
Silvina Drago había sido reconocida como “santafesina destacada” por el Concejo Municipal en 2023. Dirigía las carreras de posgrado de la Maestría y el Doctorado en Ciencia y Tecnología de Alimentos en la UNL y había formado a numerosas generaciones de científicas y científicos. Su femicidio conmocionó a la comunidad académica argentina.
El crimen se enmarca en un contexto de violencia estructural contra las mujeres que no da tregua. En 2025, Santa Fe registró 29 femicidios, siendo la segunda provincia con mayor número absoluto de casos después de Buenos Aires, lo que evidencia la persistencia de contextos de riesgo sostenido y la urgencia de políticas públicas eficaces, con presupuesto y articulación territorial. Según el informe del Observatorio Nacional “Mujeres, Disidencias, Derechos” de MuMaLá (Mujeres de la Matria Latinoamericana), entre el 1 de enero y el 30 de marzo de 2026 se registraron 73 femicidios en Argentina; una mujer asesinada por razones de género cada 29 horas en el país. El mismo informe registra 263 intentos de femicidio en ese período y al menos 2 suicidios feminicidas, es decir, muertes de mujeres que se quitaron la vida tras atravesar situaciones de violencia sistemática.
Argentina cuenta con la Ley 26.485 de Protección Integral de las Mujeres, sancionada en 2009, y la figura de femicidio incorporada al Código Penal en 2012, producto de años de lucha feminista, pero falla su implementación. Las medidas de protección no pueden reducirse a un papel sin control efectivo ni acompañamiento real. Desde MuMaLá han exigido la declaración urgente de Emergencia Nacional por Violencias de Género, con presupuesto destinado a prevención y protección, y la implementación plena de la Ley Brisa, que garantiza reparación económica para hijas e hijos de víctimas de femicidio.
Ante el crimen, la Red de Directoras y Directores de Centros Científicos Tecnológicos del Conicet se pronunció: “Los femicidios constituyen la expresión más extrema de la violencia de género y no pueden ser entendidos como hechos aislados, sino como parte de una problemática estructural que requiere respuestas urgentes y sostenidas por parte del Estado y de la sociedad en su conjunto.” El Conicet Santa Fe, por su parte, declaró duelo institucional el día del hallazgo y dispuso que la bandera permaneciera a media asta.
El femicidio de Silvina Drago vuelve a poner en evidencia las fallas de un sistema que llega tarde o no llega y de una responsabilidad que no es individual ni aislada, que debe ser colectiva e institucional. Hablar de femicidio es también hablar de prevención, de redes, de acceso a la justicia y de políticas públicas sostenidas que no dependan de coyunturas ni de voluntades fragmentadas. Sin políticas públicas activas, sin presupuesto y sin articulación territorial, la violencia avanza y las respuestas siguen siendo insuficientes, en un momento en que los feminismos en Argentina enfrentan el desmantelamiento sistemático de los programas que sostuvieron durante años.
Silvina no es un número. Era una científica que dedicó su vida a mejorar la vida de lxs demás. Su nombre, como el de tantas otras, exige memoria, justicia y respuestas concretas para que la lista deje de crecer.