
Paola y Andrea (seudónimos que usó la Corte en su sentencia) son una pareja de madres lesbianas. Paola aportó el óvulo y Andrea hizo la gestación. A finales de marzo de 2026, una sentencia histórica de la Corte Constitucional colombiana otorgó a una pareja de madres la primera licencia de maternidad doble por un mismo hijo.
El bebé nació prematuro y Andrea tuvo complicaciones en el parto, así que Paola solicitó también una licencia de maternidad para poder cuidar de ambos, y esta le fue negada alegando que lo que le correspondía era una “licencia de paternidad” (que en Colombia solo dura dos semanas). Esto, a pesar de que Paola también estaba amamantando a su hijo, pues se sometió a un tratamiento para poder lactar sin haber gestado. La sentencia SU-068 marca un hito en el reconocimiento de las familias diversas, pues establece que las madres no gestantes también son sujetas de protección reforzada y que las licencias parentales deben responder a las realidades del cuidado.
Nuestra directora Catalina Ruiz-Navarro conversó con la pareja de madres sobre el proceso hasta llegar a la sentencia y sobre su proyecto de maternidad y cómo está atravesado por el feminismo.
Catalina: ¿De dónde salió el deseo de ser mamás?
Paola: Yo lo siento como un deseo muy viejo. Desde hace mucho tiempo tenía la idea de acompañar a otra vida a desarrollarse; lo que pasa es que no tenía claro el cómo, al ser una mujer lesbiana. Claro que había escuchado de técnicas de reproducción, pero lo veía como muy lejano y tampoco tenía una relación como para decir: “Oiga, con esta mujer me siento como en el lugar y el momento para desarrollar este proyecto y trabajarle…”. Entonces era una idea muy dispersa en mí, pero sentía como una curiosidad, y cuando conocí a Andre, lo manifesté.
Andrea: Como en la primera cita…
Catalina: ¿Le dijiste en la primera cita que querías que tuvieran hijos?
Paola: Nooo, quería ser mamá. Y creo que casi sale corriendo, porque a Andre eso no le llamaba tantísimo la atención.
Andrea: Yo no sentía mucho ese llamado. Por muchos años dije que no quería tener hijos, porque vengo de una familia muy grande y era un modelo del que me quería alejar. Cuando encontré el feminismo, dije: “Claro, yo puedo todo sola y nunca voy a depender ni de un hombre ni de otra persona”, pero creo que con eso ya me fui a un extremo en el que la maternidad ya no tenía ningún lugar, como si fuera para mujeres sumisas y oprimidas, y yo, una mujer liberada, estudiada, iba a encontrar mi camino “en la libertad”, porque claro, veía ser mamá como una condena, que me encerraría en el ámbito doméstico. Y los feminismos tampoco me ofrecieron unas referencias muy diferentes, ¿sabes? No me dieron espacio para soñarme una maternidad diferente o una maternidad posible y mucho menos una maternidad lésbica. Yo iba huyendo porque no quería ser Susanita [el personaje de Mafalda] y nunca me permití preguntarme eso en mi camino. Y cuando conocí a Pao en la primera cita, me dijo: “Yo quiero ser mamá”, y fue un esfuerzo para no salir corriendo porque pensaba: “Esta persona me parece interesante”. Y si tú le preguntas a mis amigas, o a mi mamá, o a mi familia, la narrativa de que yo no quería tener hijos estaba muy instalada, y cuando les contamos, no nos creían.
Catalina: ¿La gente se enteró cuando ya estabas embarazada?
Paola: Sí, eso fue como un secreto. Fue un proyecto muy de las dos, el proyecto más de las dos que conozco.
Andrea: Cuando empezamos a coquetear con esa idea de la maternidad, a mí lo que me llamó mucho la atención del proceso con Pao fue que también era una invitación a hacer magia. Porque, ¿cómo dos mujeres van a hacer un bebé? Y ahí es cuando se me abre el mundo. Empezamos a ir a doctores y se abre este mundo en el que era posible. ¡Ah, se puede usar el óvulo de una en el útero de la otra! Me pareció muy bonito, muy mágico y creo que por ahí me enganché y dije: Bueno, veamos a ver qué pasa. Nos dijeron además que éramos madres mayores, “embarazo geriátrico, así que empiecen rapidito”. Nos dijeron que iba a ser largo, pero quedé embarazada al primer intento.
Catalina: ¿Cómo tomaron la decisión de quién gestaba y quién ponía el óvulo?
Paola: Yo siempre quise estar embarazada. Como que me parece delicioso que alguien crezca dentro de mí, y ese era el plan original. Pero en esas revisiones previas le dijeron a Andre: “Tu útero es divino”, “¡Qué útero tan hermoso!”, decían cuando hacían la ecografía, y yo como que no tenía un útero tan lindo; estaba un poco grande y deformado porque tengo una miomatosis. Lo que también dijeron era que mi reserva ovárica “estaba muy chévere” y el doctor nos dijo: “Ustedes son la pareja perfecta”.
Catalina: ¿Cómo fue contarle al mundo del embarazo? ¿Cómo se lo tomó la gente?
Andrea: Fue un shock, pero también hubo mucha emoción por el bebé que venía. Que además iba a ser un bebé negro, porque además del óvulo de Pao también elegimos que el donante fuera un hombre negro.
Catalina: ¿Cómo fue el proceso de tomar esa decisión?
Paola: Fue un punto de inflexión. Digamos que mi negrura y yo somos una; para mí, ser una mujer negra es una bandera gigante. Y me encanta, me duele y me encanta. Pero entonces los médicos nos decían: “¿Y para qué quieren un donante negro? No entiendo”. Y como que en los laboratorios, en los bancos, también nos decían “no tenemos”.
Andrea: Como todo era por WhatsApp, nos contestaban: “No tenemos ese color”.
Catalina: Obvio, el racismo. Me imagino que los donantes más codiciados son rubios y con ojos azules…
Paola: Claro, porque “hay que mejorar la raza”, ¿no? Y nos decían, pues, “hay uno como trigueño”. Entonces hicimos un ejercicio, porque como en Colombia ningún banco nos ofrecía donantes negros, nos tocó explorar los bancos de Estados Unidos y Europa. En Europa casi no había, y en Estados Unidos uno podía buscar con unos filtros, entonces hicimos el ejercicio de hacer un cruce: “hombre negro” con “posgrado”, y no había, quedaba en cero; es más, no tenían ni pregrado los donantes negros. La estructura del racismo es muy fuerte, es una vaina que lo sacude a uno. En todo caso, seguimos buscando acá; en la clínica en donde íbamos a hacer la reproducción activaron la búsqueda a nivel nacional y encontraron dos. Uno estaba en Profamilia, un hombre que había donado hacía como diez años; nadie nunca lo había usado. Y preguntamos: “Oye, ¿y las parejas de personas negras?” y nos dijeron: “No, ellos también buscan un donante blanco”. ¡Qué fuerte!
Catalina: ¿Cómo fue la etapa del embarazo?
Andrea: En el primer trimestre odié el mundo, porque además estaba megahormonada, y al principio tuvimos un sangrado y me recetaron progesterona, que da un mareo horrible. Al final del día yo salía al balcón y solo quería llorar. Era un desasosiego horrible. Pero digamos, ahí yo tenía la seguridad de que no me estaba cuestionando si quería tener un bebé; yo ahí ya le estaba apostando a esta magia, pero sí pensaba: ¿todas las mujeres que han parido han sentido esto? ¿Cómo es posible que esta experiencia tan ruda por la que atravesamos no la estén glorificando en cada momento? En el segundo trimestre ya se puso mejor, pero cuando llega el tercer trimestre, me dio preeclampsia, y ahí también fue un giro. Nosotras veníamos trabajando mucho con una doula, no para hacer parto en casa, pero sí para hacer parte del trabajo de parto acá, y todo el proceso espiritual y emocional de acompañamiento estaba orientado a que, ojalá, fuera un parto vaginal. Y de repente, la palabra fue: “Tenemos que desembarazarte”.
Paola: En la semana 34, desde el inicio, en la ecografía de detalle, había cosas para pensar en un riesgo de preeclampsia, también por el mismo hecho de la fecundación in vitro. Andre estuvo tomando medicamentos para disminuir el riesgo y, a pesar de eso, la presión empezó a subirse; no había síntomas, no había otros síntomas, ni inflamación, ni dolor de cabeza, pero la tensión seguía subiendo.
Catalina: ¿Y cómo se dieron cuenta?
Andrea: Teníamos un tensiómetro y Pao estuvo muy juiciosa monitoreando.
Paola: Le dijimos al médico y le dieron un medicamento antihipertensivo, pero la tensión no bajaba y yo decía: “Está muy alta para estar tomando medicamento”. Seguimos con el juicio de tomar la tensión y estaba altica… y cuando volvimos a control, seguía la tensión alta. Un viernes fuimos a control, tenía la tensión alta y en la ecografía el líquido amniótico bien, pero no veían los movimientos respiratorios y yo ahí me puse a llorar, me imaginé lo peor, como que ahí tener información pesa, porque sabía muy bien lo que podía pasar, que era que se podían morir los dos.
Andrea: Sí, a mí creo que la ignorancia, la falta de síntomas, me ayudaron ese día, porque yo no estaba viendo las consecuencias de lo que podía pasar. Ya al final fue como, listo, cesárea, y además yo que tengo fobia a que me pongan agujas, canalizada en los dos brazos. Nació en la semana 35. Estuvo un día en incubadora y luego lo pasaron a la unidad de cuidado intermedio. A mí no me dejaban subir a la unidad hasta que yo orinara, y yo estaba reteniendo líquido; entonces no me dejaban ver al bebé. Era enloquecedor. Entonces Pao iba de arriba abajo, y en un punto le dijeron: Alguien tiene que amamantar al bebé. Y nuestro plan era amamantar las dos, entonces ella venía preparándose para lactar también.
Catalina: ¿Cómo fue esa preparación?
Paola: Me faltaba un mes de tratamiento hormonal, pero una enfermera dijo: “Ya, tiene hambre; el bebé tiene hambre”. Y yo le dije: ¿Qué hago? Y se pegó de una; desde que nació, tenía una succión poderosa.
Catalina: Muchas personas se estarán preguntando cómo es que tú, sin gestar, pudiste lactar. ¿Cómo se enteraron de que eso se podía hacer? ¿Cuál es el procedimiento médico?
Paola: Todavía es medio experimental. En nuestra utopía de la maternidad queríamos lactar las dos. Le preguntamos a una asesora de lactancia, a nuestra doula, a ginecólogas amigas y todo el mundo decía: ni idea. Y un día nuestro ginecólogo nos dijo que había conocido a la Dra. Ana Lucía Ruiz, una experta en lactancia que sabía del tema. La buscamos y se emocionó mucho porque es una línea de investigación para ella. Lo había hecho antes con otra pareja de mujeres. Y había dos protocolos para esto: mujeres lesbianas que no gestaron y adopción, que es en los casos en los que se utiliza, pero, como todo en medicina, no hay certeza de que vaya a pasar. No podíamos empezar tratamiento hasta que me hiciera un electrocardiograma, exámenes de sangre, bla, bla, y ella me examinara. Entonces empecé más tarde de lo ideal. Lo que hacen con hormonas es simular un embarazo. Una carga hormonal alta, estrógenos, progesterona… En el proceso yo tuve la preparación para extraer los óvulos, que también fue una carga hormonal altísima, y luego la carga hormonal del proceso de inducción de lactancia. Fueron muchas pastillas. Se me fue la regla. Simulamos el embarazo, engañamos al cuerpo. Luego de eso empecé con un análogo de la prolactina. Luego, empecé a ponerme el extractor para estimular la producción. Entonces, medicamento y extractor… y, como que, lo más poderoso para el cuerpo es la succión de bebé. En un momento empecé a sacar las goticas en unas jeringas chiquiticas para congelarlo y como para empezar a recoger y ver que había producción. Antes del parto, cuando fuimos a control, aún me faltaba tratamiento, pero la doctora me oprimió el pezón, y salió leche, y fue como ¡¿qué?! Como, ¡wow! Porque también depende mucho de tu cuerpo, de tus glándulas, de los receptores hormonales. Estaba todo lo endocrinológico -la ciencia-, pero también hay un factor emocional y místico. Luego nació el bebé y la producción se disparó. Obviamente, yo estaba supremamente asustada, pero desde el primer momento me fue superbién.
Andrea: El pos fue difícil. Lograron controlarme la tensión, pero tuve dos infecciones urinarias de un bicho hospitalario satánico, o sea que no sé de dónde habrá salido, pero era como un algo horripilante que además requería como un antibiótico intravenoso. Tenía que estar hospitalizada.
Paola: Andre tenía que estar hospitalizada y el bebé en la unidad de cuidados. Cuando al bebé le dan salida, Andre sigue hospitalizada porque necesita el tratamiento con antibiótico. Finalmente, Andre continuó con hospitalización en la casa. Entonces venía una enfermera: le tomaban la tensión, le ponían el medicamento, un medicamento muy fuerte que debilitaba, que daba náuseas, que, bueno, era un antibiótico potente. Y luego tuvo otra infección urinaria y, otra vez, antibiótico. Y el bebé, como obviamente nació prematuro, estuvo con oxígeno durante los primeros quince días. Y luego tocaba cangurearlo, porque entró en plan canguro, y todas las recomendaciones y los cuidados, o la gestación exógena, que es terminar de gestar lo que no se terminó en el útero.
Catalina: Además, el Método Madre Canguro (MMC)1 se inventó en Colombia.
Andrea: Sí, y el primer año de un prematuro también es muy monitoreado. Y ahora lo vemos con nostalgia, esa época de canguro, porque era muy lindo tenerlo tan cerca, tan chiquito. Pero es duro, ¿no? Porque además ninguna dormía. Y entonces ahí empieza un conteo regresivo de cuántos días vamos a tener de licencia. ¡Auxilio!
Paola: Bueno, de hecho, yo tenía dos semanas. Hicimos la solicitud normal y el lugar donde trabajo y la EPS Sanitas me dio una licencia de paternidad de dos semanas. Pero cuando se iba a acabar ese tiempo, yo dije: No puedo irme de la casa.
Andrea: Yo no me podía ni parar sola de la cama. Como el bebé se adelantó, como tuvimos ese parto de emergencia, en el trabajo de Pao al principio la reacción fue de “no, resuelva primero y luego vemos qué hacemos”. Entonces tuvo un permiso como de calamidad doméstica. Pero luego nos preguntábamos: ¿cómo hacemos para que nos puedas seguir cuidando?
Paola: Pero ante esa respuesta de licencia de paternidad, mi trabajo reiteró que eso era lo que la EPS Sanitas estaba aprobando. Me dijeron que la única alternativa era tomar una licencia no remunerada. Entre una cosa y otra, logré estar en la casa como dos meses y medio. Pero, pues, familia que no recibe un sueldo… y en ese entonces Andre no estaba trabajando, y la licencia de maternidad de Andre salió como a los cinco, seis meses del parto.
Andrea: Porque también me pusieron trabas, más un tema de la EPS, siendo superburocrática y negligente. Nos tocó poner un derecho de petición para mi licencia.
Paola: Parece que las empresas promotoras de salud quieren aburrir a la gente para que se canse y no termine pidiendo cosas. Piden un examen aquí, allá, y la gente dice: “Ay, no, entonces ya no me den esa licencia”. A mí no me cabe en la cabeza que una mujer parturienta tenga que escribir, mandar correos, hacer llamadas de media hora para acceder a un derecho básico.
Andrea: Y claro, yo soy independiente. Entonces no había una empresa respondiendo por mi licencia, sino que, pues, sí me tocaba todo a mí. Y, de hecho, esa es la experiencia de muchas de nuestras amigas independientes: es que no terminan pidiendo la licencia.
Catalina: ¿Y cómo se les ocurrió pedir las dos licencias?
Andrea: Gracias a una exnovia de Pao.
Paola: Hace muchos años que hago parte de un combo de amigas, mujeres negras, feministas, afrodiaspóricas, y nos reunimos a tertuliar. Y una exnovia mía, abogada, humanista, me escribió y me dijo: “Oye, estoy preocupada por tu licencia, pensemos cómo puedes solicitarla”. Empezamos a buscar quién podía llevar el caso, y finalmente Ilex Acción Jurídica, que es un colectivo de abogadas negras, tomó el caso. Entonces hicimos un derecho de petición y volvieron a contestar que era licencia de paternidad. A la tutela en primera instancia, la jueza del juzgado que asignaron dijo: No, ¿cómo se les ocurre? Esto para el sistema es terrible porque es un desfalco económico. Además, tú no pariste, no tienes que recuperarte de ningún parto, tú donaste óvulos, y tu subrogante de vientre es Andrea, ¿cómo se te ocurre?”. Obviamente, eso en términos legales que uno no entiende. En ese momento nuestra abogada, Sibelys Mejía Rodriguez, la amamos, dijo: “¡Ni por el chiras!” Y nos fuimos a la segunda instancia. Igual nada, los fallos siempre hablaban de la economía. Y una vez nos dijeron: “No, esto es discriminatorio para las parejas heterosexuales, porque estas parejas solo tienen una licencia de maternidad y una de paternidad”.
Catalina: ¿Qué? En vez de decir cómo le damos dos licencias largas a parejas heterosexuales. También me llama mucho la atención la idea del desfalco. Uno está por hacer el trabajo de cuidado de crianza de un ser humano que luego va a ser consumidor, cliente, votante. ¿Cuál desfalco si tu empresa no puede funcionar si no hay gente creando y criando gente? Se ve este trabajo de cuidado como algo que uno le está robando al sistema.
Andrea: De hecho, Pao es parte de una asociación de profesionales y dan un auxilio de maternidad a madres adoptantes y también le negaron ese auxilio.
Paola: Es una asociación profesional en donde pago unas cuotas, y cuando pedí el auxilio de maternidad me dijeron: “Tú no eres madre”. Pasé el registro civil, absolutamente todo, les dije, ¡pero se la dan a madres adoptantes! Y me decían: “Sí, pero tú lo que hiciste fue donar óvulos; no eres madre”. Fueron muchas rupturas de corazón; yo leía eso y lloraba, y decía: No entiendo cuál es esta vaina de que la gente se ensañaba en decirme que yo no soy mamá.
Catalina: Además, en realidad no es raro que alguien tenga un parto complicado y un posparto difícil. Quizás un hombre cis no puede hacer un tratamiento para amamantar, pero sí tiene que cuidar a su pareja, que quizás quedó muy mal después del parto y necesita a alguien que la ayude a pararse de la cama. Si el tipo vuelve a trabajar a las dos semanas, ¿quién la va a ayudar? Y también para que tengan un vínculo con los bebés…
Paola: Claro, para construir vínculo. Cuida a la mamá, cuida a la mujer, y él va y produce y llega a la casa después de un día de producción y toca al bebé, pero no hay otro vínculo, ¿sabes? Y muchas personas nos decían: “Qué dicha sería cambiar el sistema de licencias de ma-paternidad”. Y pues es que si ya me han hecho llorar, me han cuestionado mi maternidad, entonces esto se volvió nuestro caballito de batalla; incluso si ya no nos beneficiaba como familia, no nos queríamos resignar. Seguimos dando la lucha, pues la certeza era que esta injusticia tenía que lograr algo. ¡Para las personas que van a parir, que van a acompañar, las familias que mapaternan, esto tiene que cambiar!
Catalina: Por ejemplo, a dos hombres que son pareja del mismo sexo, ¿les dan quince días porque no parieron? Además, esto de la gestación como proceso de feminización: “Tú eres la mujer porque tú gestaste”, pero en todas las familias, incluso si no gestas, se necesita tiempo para adaptarse a ese bebé. ¿Qué sigue después del fallo? ¿Creen que puede tener un mayor alcance?
Paola: El fallo reconoce que se vulneraron nuestros derechos y señala que la EPS Sanitas tuvo que haber aprobado mi licencia de maternidad. Y lo que hacen es exhortar al Congreso a empezar a legislar y hacer un cambio en el sistema. Hay dos cosas. Una es reconocer que hay familias diversas y que no podemos hablar de hombre-mujer, licencia de maternidad y licencia de paternidad en todas las familias; no funciona así. La otra cosa que pasa de inmediato es que, para hacer licencias compartidas flexibles, antes tenían que pasar 12 semanas para que la persona que parió pudiera compartir las semanas y prolongar las semanas de la persona que no parió. Desde ahora lo pueden hacer cuando cada familiar lo necesite. Digamos que eso de organizar el cuidado, y de organizar el tiempo protegido para cuidar, es una ganancia desde ya. También hace falta que podamos ver la sentencia completa, porque lo que emitió la Corte Constitucional fue el comunicado.
Andrea: Y para implementar se necesitan también campañas en las EPS para que quien recibe la solicitud no responda desde el estereotipo, sino que tenga una visión más amplia del espectro de familias que hay en el país y también para que los hospitales entreguen la documentación necesaria para la licencia de maternidad también a quien no ha parido. Hay un nivel de exigencia al Congreso de decir: Bueno, reevalúe. ¿Cómo es que este sistema de licencias va a seguir funcionando no solo para parejas del mismo sexo, sino en general? Esa es la gran oportunidad, no solo de ampliar la de paternidad, sino de decir: ¿cómo es que las familias pueden tener un tiempo protegido para cuidar? ¿Y cómo se define también quiénes son esos cuidadores que necesitan ese tiempo? Porque también es cierto que vivimos en un país donde abundan las mamás solteras, donde muchas mujeres ejercen el cuidado solas. También me pasa mucho que cuando no estoy con Pao y alguien desconocido me escucha decir: “Nos está esperando la otra mamá” o “Es que él tiene otra mamá”, lo primero que piensan es que es la abuela, o que es la tía, ¿sabes? Como que eso está mucho más instalado en el imaginario de la sociedad que la posibilidad de dos mujeres como pareja maternen.
Catalina: ¿Consideran su proyecto de maternidad como un proyecto feminista?
Andrea: Sí, yo siento que la maternidad a mí me ha enfrentado con muchos de los conceptos del feminismo. Pues, como ya lo había mencionado, nunca me permití soñar una maternidad feminista, y la maternidad ha sido increíble para mí. Entonces pasé de ser la odiosa que odiaba a los bebés y a todas las mamás, a ser la mamá, orgullosa, insoportable, que habla de las maravillas del maternar y de una sentencia que pueda cambiar las formas de cuidarnos. Yo sí quisiera poder nombrar esto como un proyecto feminista, pero para que justamente los feminismos amplíen, amplíemos nuestra mirada y le demos el lugar a la maternidad que se merece.
Paola: A mí, a mí me revuelca la interseccionalidad, ¿sabes? Cuando nos estaban haciendo en el hospital el certificado de “nacido vivo” de mi bebé, en el espacio de pertenencia étnico-racial pusieron “ninguno”. Y les dije como: “Eh, aquí dice ninguno, ¡y mi hijo es un niño negro!”. Me dijeron que siempre ponen “ninguno”. Me tocó otra vez ir aquí, ir allá, y cuando llegué a la persona que tenía la posibilidad de cambiar eso en el certificado, me dijo: “¿Y entonces qué quiere que ponga?”. Para mí, acompañar una infancia negra en este país es una cosa seria. Tienes que ser muy consciente y muy intencional y muy fuerte. Entonces eso es una cosa. Lo otro es la orientación sexual y la maternidad. A esta comunidad LGBTIQ+ le hace falta saber muchas cosas sobre la maternidad y también sobre la raza.
También pienso en quienes tienen la posibilidad económica de hacer un tratamiento de reproducción in vitro… Esto tiene que democratizarse. Me parece un poco facho en un sistema que solo le da acceso a tratamientos reproductivos a quien puede pagar esta cosa, ¿sabes? ¿Y si quieres maternar y tú sueñas con eso, maternar, y eres una pareja hetero que no la logra sin ayuda de la ciencia, o eres una pareja homosexual que quiere maternar? Es muy controlado; es un acceso muy limitado.
Catalina: ¿Y qué es lo que más las ha sorprendido de la maternidad?
Andrea: La capacidad de sentir y ver el mundo a otro ritmo, a un ritmo que va, sí, mucho más lento que el de la productividad y que, a través de esa pausa, esa lentitud, esa contemplación, uno se conecta a partes de sí misma que había olvidado, a partes de sí misma que están ahí como esperando su turno después de las jornadas de trabajo, esperando su turno después de que el mundo te deje respirar. Y creo que también ser equipo con otra mujer maternando ha sido maravilloso.
Paola: Yo creo que voy por la misma línea. Y es que, digamos que maternar es cansado, pero a mí me ha liberado un montón de otro tipo de cansancio, un cansancio social que yo tenía muy acumulado, pues como mujer lesbiana negra, he tenido que pelear mucho por abrirme espacios profesionales. y. En mi contexto socioeconómico, hija de una madre soltera que tenía una tienda y que no estudió, yo veía imposible llegar a la universidad. Y no solo llegué a la universidad, sino que logré hacer dos pregrados y luego una especialización y ahorita estoy haciendo un doctorado y es como… ¡Uf! Ninguno de estos espacios estaba hecho para mí… Y me ha tocado echar codo y machete y abrir trocha y, pues, estoy cansada. ¿Sabes? De tener que justificar mi existencia en la academia y justificar mi existencia en mi trabajo. Es como afirmar: “Sí, una mujer negra de este contexto socioeconómico puede estar en este lugar”, que no es solo para hombrecitos blancos ricos. Y eso es un esfuerzo enorme. En cambio, con este chino [niño], no tengo que hacer nada de eso. ¿Sabes?, como que aquí, siendo mamá, ya soy suficiente; este bebé me ama y está feliz, y me abraza y es como: ¡Uy, qué rico no tener que demostrar más vainas! Este dicho de: “Eres la mejor mamá para tu hijo” – lo siento profundamente. Por último, con la maternidad hemos hecho un trabajo espiritual supremamente lindo. Y ha sido muy lindo ver a Andrea haciendo algo que dijo que nunca iba a hacer. Y la veo de mamá y me chifla. Me da como un amor y es como: “¡Wow, esta mamá está muy chévere!” Ha sido muy lindo descubrirla y descubrirnos madres.
- El MMC consiste en que las madres (o también padres) tengan contacto piel con piel continuo con bebés prematuros o de bajo peso. Esta es una alternativa al cuidado tradicional de bebés prematuros que suele implicar aislar a los recién nacidos en una incubadora. El contacto piel con piel es un sistema de regulación térmica, uno de los principales retos para los bebés prematuros. El método, que ha sido avalado por la OMS y que se ha integrado a los programas de salud, incluso desde lo legislativo, en países como Brasil, llegó a la medicina gracias al médico colombiano Edgar Rey Sanabria, quien en 1978 propuso el método para resolver el problema de escasez de incubadoras en el hospital donde trabajaba. El método se había usado por siglos, de forma empírica, por las campesinas colombianas. ↩︎