February 9, 2026

Bad Bunny ganó el Súper Tazón

Bad Bunny hizo el show de medio tiempo más visto en la historia del Super Bowl y el primero completamente en español. ¿Qué fue lo que tanto molestó a Trump?

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Más de 135.4 millones de personas en Estados Unidos vieron este domingo el show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Tazón LX, rompiendo la marca anterior de Kendrick Lamar (133.5 millones) por casi 2 millones de personas. Fue el show de medio tiempo más visto en la historia del Super Tazón y fue la primera vez que el artista a cargo del medio tiempo interpretó todo su set en español. Esto, en un momento en el que no hablar inglés en los Estados Unidos sigue siendo motivo de sospecha y criterio de perfilamiento, hostigamiento, persecución y violencia por parte de ICE.

En su red social, Truth, Donald Trump, arremetió contra el show de Bad Bunny y lo llamó “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” y “una bofetada a su país”.

¿Por qué molestó tanto a Trump?

A lo largo del show, Bad Bunny destacó y celebró la identidad cultural de Puerto Rico, que resiste a pesar de la invasión de Estados Unidos (1898). También aprovechó para darle una clase de geografía al mundo, recordando que América no es solo Estados Unidos, nombrando desde Chile hasta Canadá a los países que integran el continente, refutando la narrativa nacionalista de Make America Great Again.

El diablo está en los detalles

La bandera de Puerto Rico que llevó  Bad Bunny fue la azul celeste, un diseño de 1895, asociado al movimiento independentista, y prohibido por la Ley de la Mordaza de 1948. Como dice en “La Mudanza”, Aquí mataron gente por sacar la bandera.

El número 64 en la camiseta de Bad Bunny fue la cifra inicial de muertes reportadas tras el huracán María en 2017, un subregistro que minimizó la gravedad del daño. Trump ya estaba en su primer mandato. Algunos calculan que el huracán provocó más de 4600 muertes.

Tras el huracán María, LUMA Energy, compañía eléctrica privada, prometía modernizar la infraestructura y revitalizar la economía. Pero mientras inversionistas estadounidenses con beneficios fiscales se asentaban en las playas y aceleraban la gentrificación, los locales enfrentaban los apagones constantes que afectaban escuelas y hospitales. De esto habla “El Apagón” y por eso los postes de luz estallando y los jíbaros subiéndolos. No era decoración. 

El show se ambientó en una plantación de caña de azúcar, cultivo históricamente asociado al régimen colonial en Puerto Rico (y otros lugares de América Latina) y al modelo económico extractivo basado en la concentración de tierras, la explotación de cuerpos racializados y la apropiación de los recursos. Una herencia colonial que sigue viva…

El Caribbean Social Club de Brooklyn es uno de los últimos clubes sociales puertorriqueños que preserva la cultura latina y sobrevive a la gentrificación en Williamsburg, Nueva York, la ciudad con mayor población puertorriqueña fuera de Puerto Rico. Por eso, la presencia de Toñita, la dueña del lugar, durante NUEVAYoL, fue otro acierto para la diáspora puertorriqueña.

God bless América, una clase de geografía y humildad para gringos. Antes de finalizar el show, Benito procedió a nombrar todos los países que integran el continente americano, desde Chile hasta Canadá, recordándole al mundo que América es mucho más que Estados Unidos. Eso le debió arder a Trump y a todo el movimiento MAGA.

    Benito hizo en el Super Bowl lo que siempre le pedimos a los artistas con grandes plataformas, que asuman posturas políticas en esos espacios. Y lo hizo en un momento en que el gobierno gringo y sus simpatizantes desprecian, discriminan y atemorizan a la población latina con todo el peso del establecimiento. Para muchos no fue suficiente, pero a Trump y a sus seguidores les incomodó bastante.

    Claro que hay contradicciones, Bad Bunny no es un activista, hace parte de una industria capitalista y ocupa estos espacios porque es rentable. Sin embargo, como parte del engranaje, logra algo que es difícil, si no imposible, para el resto del mundo; interpelar al poder en su propia cancha y hablarle, desde las mismas plataformas y alcances del poder, a los centros persuasibles que pueden construir masa crítica. No va a radicalizar a nadie, no hará una revolución, pero, desde la cultura y la identidad, puede tender puentes y abrir la puerta a otras conversaciones. Y lo hace con un mensaje muy sencillo: los migrantes no son el enemigo y la cultura latina es motivo de orgullo, no de vergüenza. Parece menor pero, para quienes tienen miedo de salir de sus casas y no volver por ser latinos, puede ser un bálsamo.

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