August 25, 2026

361 días de desigualdad

Salwa Maloof, hija del excongresista Dieb Maloof, condenado por parapolítica, es la nueva reina del Carnaval de Barranquilla. Su "primer decreto real" reveló, sin quererlo, la desigualdad que la ciudad calla el resto del año.

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“Barranquilleros, el Carnaval no te pregunta de dónde vienes, quién eres, cuál es tu apellido, el Carnaval te abraza, y por cuatro días todos somos iguales, así que desde hoy quiero que todos ustedes entiendan, sientan, que el Carnaval les pertenece, y que el Carnaval 2027 es pa’ todo el mundo”, dijo la nueva reina del Carnaval de Barranquilla, Salwa Maloof Habib, en su primera entrevista, cuando la ex-reina, Michelle Char (sobrina del alcalde), le pidió que diera su primer “decreto real”. La transparencia del “decreto” no fue intencional, ninguna de las dos se dio cuenta en el momento, hasta que empezaron a llegar las críticas en redes. “Por cuatro días todos somos iguales y el resto del año que comamos mondá”, comentó “el pueblo”, enfrentado llanamente a que, para la “realeza”, cuatro días de igualdad son un gesto magnánimo. 

¿Reina?

Pero, esperen, ¿reina?, ¿decreto?, ¿Carnaval?, ¿de qué me hablas? Pues, querida lectora, existe una ciudad en el Caribe, la cuarta ciudad más grande de Colombia y, próximamente, “capital alterna”, que se compara con Bridgerton sin un ápice de ironía. Como si la desigualdad, el lujo decadente, los matrimonios arreglados (y lavanda), el ofrecimiento de las mujeres jóvenes como si fueran premios o especímenes de ganado, la diversidad sexual en el clóset, la intolerancia a la diferencia y el arribismo fueran deseables en la realidad, y no algo que solo divierte en la ficción, cuando ninguna persona tiene que vivir las consecuencias. 

En Barranquilla se realiza un Carnaval, patrimonio inmaterial de la humanidad, desde hace más de un siglo y es la fiesta más grande de Colombia. Nació como una irreverencia de las personas negras, indígenas, pobres, y queer, frente al yugo de la realeza española que no pudo reprimir esta festividad pagana, y que instauró al final el “Miércoles de Ceniza” para que carnavaleros, carnavaleras y carnavaleres se arrepintieran de sus pecados. Históricamente, el Carnaval ha sido una válvula de escape en una ciudad tremendamente jerárquica y heteronormada, el pulmón de creatividad, y el trabajo de miles de bailarines y músicos, artistas, gestores culturales, hacedores, que son de lo que está hecho el Carnaval. 

En Barranquilla, desde chiquitas, chiquitos y chiquites, nos enseñan la importancia del Carnaval para la ciudad y nos echan ese cuento de que durante el Carnaval todos somos iguales. De ahí sale el decreto de la reina, de un lugar común que no se detiene a cuestionar que la igualdad, en una democracia, en Colombia, es un mandato constitucional y no una curiosidad folclórica, o una excepción mágica. No cuestionarlo ha tenido consecuencias, como que en los últimos cuarenta años la desigualdad en la ciudad haya aumentado de forma infame. En 2024 pasó de 8,2% a 9,2% la población en extrema pobreza, y “uno de cada 10 barranquilleros vive con menos de $240.000 mensuales [80 USD] y no logra comer tres veces al día” mientras que el 29.7% de la ciudad está en situación de pobreza monetaria. Hoy  personas que no pueden ni prender un ventilador porque no pueden pagar la cuenta usurera del servicio eléctrico, y otras viven en mansiones de revista en los Lagos del Caujaral, lo que ahora han llamado “el Maralago Criollo”, donde el presidente tiene una de sus residencias.

Hace casi un siglo, porque vamos en la reina 91, a los ricos de la ciudad se les ocurrió que estaría muy chévere elegir a una socialité local, zamparle una capa (en sus inicios, semejante a las capas reales con armiño) y pasearla montada en una carroza para entretener a la gente. Por ahí pasaron varias barranquilleras famosas, como Silvia Tcherassi, recién designada Embajadora Ad Honorem de la Moda, la Creatividad y la Identidad de Colombia por Abelardo de la Espriella, y la escritora antipatriarcal Marvel Moreno. La reina siempre se ha elegido a dedo entre las clases altas, debe ser soltera y sin hijas ni hijos (algunas postulantes ocultan su compromiso), tener menos de 29 años ( idealmente menor de 24), y debe contar con el apoyo moral y económico de su familia. Poco a poco se fueron sumando exigencias como que supiera bailar, conociera bien el Carnaval y hubiera hecho parte de un grupo folclórico tradicional. A partir de 2010, con Giselle Lacouture (asesora creativa y prima de la reina actual), cada reina empezó a producir una canción (con su respectivo video). Y desde el 2016, reinado de la hoy influencer y empresaria Marcela García, las reinas deben contar con una estrategia digital. En general, se espera que cada reina sea más espectacular que la anterior.  

Pero ¿qué hace la reina? Baila, saluda, entretiene, visita, se toma fotos con la gente. Se convierte en “un símbolo del Carnaval”, “embajadora de la fiesta por el mundo”, aunque no es claro qué busca con su trabajo “diplomático”, ¿qué venga más  Carnaval? ¿qué turistifique y se comodifique? También monta dos shows de baile, el Bando y la Coronación, que nada tienen que envidiarle a los shows del legendario Tropicana. ¿Y por qué la reina es siempre de clase alta? Nos pregunta la gente de afuera a las y los barranquilleros. “¡Porque ella tiene que costearse su show!”, contestamos. Los vestidos, los grupos musicales… el adagio popular es que, cuando la reina tiene plata, el Carnaval es mejor, y por eso, que la reina sea multimillonaria, se recibe hasta con aplausos. De hecho, en la pospandemia hubo un par de Carnavales, inciertos, poco concurridos, marcados por el miedo al virus y el luto, y entonces se abrió una breve ventana para que jóvenes no-millonarias se lanzaran a reinas (pues estos “Carnavales serie B”, no eran años apetecibles para las socialités), y se desbocó el poder de las marcas comerciales en los desfiles; se rumora que fue porque entraron a llenar ese vacío económico. La gente quiere circo a falta de pan, porque Barranquilla es una ciudad con inseguridad alimentaria. Claro, también hay un reinado popular, en el que cada barrio, con una ilusión muy grande y con las uñas, lanza a su candidata y ahí sí se elige a la que más baila. 

Quizás a partir de los noventa se fue consolidando un modelo en el que la reina se casaba con un rico empresario o político local, un par de años después de su Carnaval. El mejor ejemplo de esto es Katia Nule, primera dama, esposa del sempiterno alcalde Alex Char, y quien —dicen— tiene la última palabra para elegir a la reina. Hoy ser la reina del Carnaval te garantiza una carrera inmediata como influencer de lifestyle, te deja con cientos de miles de seguidores, una plataforma para lanzar el emprendimiento que te dé la gana. El modelo funciona de maravilla porque las reinas concentran todo el soft power de la ciudad, mientras los hombres siguen manejando el hard power, la plata y la política, con una chica guapa y carismática a su lado que les puede lavar la cara (les dije que Barranquilla es heteronormada). Las familias ricas de la ciudad, meten a sus herederas a clases de baile desde los dos años, con la esperanza de que alguna salga con “madera de reina” y que eso les permita incluir su apellido en el selecto club. 

Todo este preámbulo es para contarles que esos lugares comunes, ingenuidades, o deslices freudianos de la reina importan, y más con esta reina, que se ha autodenominado “la reina de la solidaridad”, porque piensa dedicar su reinado a recoger ayudas para las víctimas del terremoto, y porque es la jóven “CEO” de su propia fundación, Fulamic, una organización sin ánimo de lucro que depende de La Misericordia, la megaclínica de sus papás, cuya misión es “mejorar la calidad de vida de niños con enfermedades médicas complejas”. 

Pasado judicial

A propósito de sus papás, mientras en Barranquilla discuten, como siempre, si la reina “baila o no baila” (en mi opinión sí baila), en el resto del país la gente no puede creer que la hija del excongresista Dieb Maloof, condenado por parapolítica, haya sido elegida reina del Carnaval. 

Recopilando la información del caso, publicada por varios medios en su momento, la cosa fue más o menos así: De acuerdo con El Tiempo, en 2007 la Corte Suprema de Justicia empezó a investigar a Maloof porque “presuntamente utilizó su cargo para el favorecimiento del Bloque Norte de las Autodefensas que tuvo como jefe político a José Gélvez Albarracín, alias El Canoso, propiciando un contacto entre la EPS Solsalud e Inversiones Navarro (de propiedad del paramilitar) sobre la consecución de medicamentos.También era investigado porque, como senador (2002-2006) habría influido en la ESE José Prudencio Padilla, en favor de la Cooperativa de Trabajo Asociado Integral (Coolvivir) que se dedicaba al suministro de personal médico. En contraprestación, presuntamente recibió millonarias coimas”. Ese año, “la Sala Penal de la Corte Suprema le pidió al fiscal Mario Iguarán, que investigara la conducta de Shadia Habib [la madre de la reina] ex-directora de Seguridad y Convivencia en Barranquilla”, por una serie de interceptaciones en donde “se refiere al supuesto pago de sobornos a unas personas (al parecer que se desempeñaban como jefes de seguridad del senador de Colombia Viva. ‘Eso cuesta platica, pero si hay que comprarlos, se les compra. Hay que ofrecerles cinco a cada uno’, se escucha en las cintas. Y en otra conversación, sostenida hace 7 meses con su esposo, Shadia de Maloof se refiere a la destrucción de documentos, supuestamente relacionados con narcotráfico, que estaban en poder del CTI y que involucrarían a Maloof”. “Las conversaciones a las que usted se refiere fueron tergiversadas”, le dijo en ese entonces a ese medio el abogado de la pareja, nada más y nada menos que el hoy presidente Abelardo de la Espriella. 

En 2008 la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia le pidió por tercera vez a Iguarán “un informe sobre el manejo de la investigación a doce ex congresistas que renunciaron a su fuero tras su vinculación judicial por parapolítica dado que después de un año, la Corte todavía no sabía qué había pasado por los procesos”. “Iguarán contestó que: “De esos 12, [Miguel Alfonso de la] Espriella, Maloof y Emilio Ángel Barco ya habían sido condenados. Pero los nueve restantes no avanzaron más allá de la etapa de investigación mientras estuvieron bajo el cuidado de Iguarán”, concluyó La Silla Vacía.

El 16 de enero de 2008, el Juzgado único de Santa Marta lo condenó a 58 meses de prisión por los delitos de concierto para delinquir agravado, constreñimiento al elector y fraude electoral, convirtiéndose así en el primer congresista condenado en el sonado caso de los vínculos de la clase política con los paramilitares”.“Fue detenido en febrero de 2007 por orden de la Corte Suprema de Justicia, quien lo investigaba por sus presuntos nexos con el exjefe paramilitar ‘Jorge 40′, fue condenado por los delitos de concierto para delinquir agravado, organizar grupos armados ilegales, fraude electoral y constreñimiento al elector”, reportó El Espectador. Según Abelardo de la Espriella, abogado del acusado, Maloof aceptó los cargos que se le imputaban, pero aclaró que él no aceptó ser miembro de las Autodefensas. Como contó luego, Maloof se acogió a sentencia anticipada después de renunciar a su fuero como congresista, y terminó pagando cuatro años y nueve meses de cárcel

En 2015, Maloof fue capturado luego de que, en febrero de ese año, en las instalaciones de su clínica, fuera señalado de haber sido “al parecer, el determinador del homicidio del alcalde del municipio de Santo Tomás, Atlántico, Nelson Mejía Sarmiento, el 29 de abril de 2004. El crimen fue cometido por Juan Carlos Rodríguez, alias ‘El Gato’, sicario del Frente José Pablo Díaz del Bloque Norte de las Autodefensas, quien purga una condena por el asesinato del sociólogo Alfredo Correa de Andréis. A mediados de 2013 ‘El Gato’ le contó a la Fiscalía que él asesinó a Mejía con dos tiros, en un restaurante de Barranquilla, y que su muerte fue ordenada porque dicho alcalde ‘no se plegó a las políticas de las AUC’, según dijo el jefe de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, Misael Rodríguez”. A sus 13 años, la hoy reina organizaba marchas para afirmar la inocencia de su padre. 

Unos meses después de ese arresto, la defensa de Maloof argumentó ”irregularidades en la orden de detención, lo que llevó al Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de Barranquilla a concederle la libertad el 24 de abril de 2015. […] A pesar de que la Fiscalía intentó nuevamente imponer una medida de aseguramiento el 30 de julio de 2015, Maloof salió del país y apeló la decisión. Finalmente, el 23 de diciembre de ese año, la Fiscalía […] revocó la acusación y precluyó el caso. Maloof regresó a Colombia seis días después, ya sin investigaciones en su contra”. 

En 2018 Maloof demandó al Estado, y el Consejo de Estado le concedió una millonaria indemnización en 2024, “desestimando los argumentos de la Fiscalía que defendía la legalidad de la detención basándose en las evidencias disponibles en ese momento. El fallo reconoció que la detención preventiva en un centro hospitalario durante casi dos meses [pues le dio un infarto durante el arresto] constituyó un daño antijurídico.”

Finalmente, en 2022, los delitos por los que la Corte Suprema investigaba a Maloof prescribieron y el caso se archivó: “La Corte no estudió el fondo del caso, ni determinó si Maloof cometió o no cometió los dos delitos, sino que declaró su prescripción y archivo. La Sala de Instrucción determinó que a pesar de la ‘abundante prueba arrimada al expediente, no fue posible establecer una fecha específica de la probable ocurrencia de la conducta, más allá de la época en la que, al parecer, se pudo haber desarrollado la intermediación del investigado ante la EPS Solsalud en favor de Inversiones Navarro, esto es, el año 2003’. Y 2004 para el caso de la ESE José Prudencio Padilla. Con ese panorama, teniendo en cuenta que la máxima por esa sanción son 8 años, contados desde el 31 de diciembre de 2004, y un agravante de la tercera parte de la pena, el caso prescribió el 31 de agosto de 2015, antes incluso que lo asumiera esta Sala de Instrucción”, explicó El Tiempo.

Con todos los embrollos judiciales atrás, las hijas Maloof pudieron lanzarse a reinas, y la menor fue reina infantil 2024 (la indemnización debió caer de perlas) y Salwa empezó a lanzarse hasta quedar elegida este año. 

Desigualdad

Barranquilla suele aguantar las desigualdades, como las cumbiamberas aguantan la cera caliente que les cae en las manos mientras bailan: con una sonrisa. Pero la cosa se está poniendo difícil, porque hay derechas y derechas, y aún más a la derecha, un gobierno neofascista como el de Abelardo, que llegó al poder gracias a los clanes políticos barranquilleros y habiéndoles hecho muchas promesas. Abelardo no ganó en Barranquilla, pero causa furor entre las élites, que se sienten vindicadas y envalentonadas con esta presidencia. 

La reina previa, Michelle Char, muy querida por la ciudad por tener la trinidad de plata, baile y carisma (después de todo, el talento de los Char es “performar pueblo”), vivió su primer backlash cuando le preguntaron en un comentario de TikTok si iba a votar por Cepeda y dijo que “no” porque “ella es empresaria”. Sí, las socialités barranquilleras antes de los 25 años ya son CEO de ONGs y empresarias. ¿Llegó a pensar la gente que una Char no votaría por la derecha? Supongo que no, pero el comentario rompió el hechizo de que todo lo que tiene que ver con la reina del Carnaval puede existir ajeno a la política. Sin duda, es chocante que una reina que se supone que es por el pueblo y para el pueblo, y que, sobre todo, no sería sin el pueblo, vote contra el pueblo. 

Salwa, por su parte, anunció que votó en primera vuelta por Abelardo (se puso una minifalda de leopardo, porque los abelardistas ni saben ni les importa que un tigre y un leopardo sean animales diferentes). También le deja comentarios cariñosos a la influencer de libertaria  que aún sin grado universitario aun pinta para puestos privilegiados, Jerome Sanabria, quien además la esperó emocionada en el cóctel de la noche de su nombramiento. Salwa, en línea con el modelo de mujer que se ha enfatizado con el nuevo gobierno, es tan camandulera como Analú, Taliana y Vivianne, así que, antes de llegar a la Casa del Carnaval, el día que la nombraron, pasó a la Catedral para que le dieran la bendición. 

El video en el que decreta igualdad por cuatro días ya lo bajaron del canal de Youtube del Carnaval, y la reina subió otro a sus redes explicando que la malinterpretaron. “A ver, yo soy y me considero la persona más coherente del mundo entero, siempre he dicho que…”, interrumpe abruptamente y le dice, molesta, a alguien fuera de cámara: “Tati, ¿puedes dejar de ver mi live?”, y continúa, “siempre he dicho que el Carnaval es para todos, trabajo con comunidades vulnerables todos los días de mi vida desde que tengo 16 años. Persona que no es excluyente y Salwa Maloof Habib, para eso es que estoy diciendo y dije ese día que el Carnaval simplemente te abraza, te abrá-zá, y que todos somos iguales y así quiero que se viva todo el año. Y para eso tengo una cantidad de proyectos con los hacedores, con los personajes del Carnaval, con ustedes mi comunidad y con todos, para que sientan ese Carnaval como suyo, a eso es lo que yo me refiero, pero hay gente que quiere escuchar lo que quiere escuchar, quiere ver lo que quiere ver, y las cosas se pueden malinterpretar muy rápido y muy fácil, pero créanme que no me llamaría ‘la reina solidaria’ o no sería un Carnaval pa’ todo el mundo si así no lo sintiera”, concluye muy seria. “Excelente respuesta, reina”, le celebra una mujer fuera de cámara, antes de que termine el video. La anotación es cierta, si te parece que repetir la misma barbaridad, pero en blanco y negro, es una respuesta aceptable. Parafraseando: soy lo que soy porque lo siento, hago lo que hago porque lo digo, lo que dije no es lo que dije si no te gustó o te pareció negativo, ese es tú problema, tú lectura, y mis palabras no significan nada más allá de lo que me convenga. Nadie está diciendo que la reina no sea una jovencita piadosa y caritativa, ¡seguro que lo es!, pero también dijo lo que dijo, y no le entendimos mal, al contrario, sin darse cuenta, dijo una diáfana verdad: que Barranquilla es desigual

Y quizás por eso deberíamos repetirnos la pregunta: ¿de verdad la reina del Carnaval tiene que ser millonaria? ¿El oropel de la reina alcanza para distraernos de la acumulación del poder y la riqueza e impunidad? ¿Necesita el Carnaval una reina? ¿Una embajadora? ¿Si lo que quieren es comodificar nuestra fiesta para venderla por partes, no sería mejor que nos dejen en paz? ¿Convertirán el Carnaval de Barranquilla en un circo de adulaciones para su líder supremo? ¿Cómo es que una fiesta que nació antimonárquica se deformó al punto de crear, acolitar y sostener una monarquía de cartón? 

Bueno, afortunadamente el Carnaval no es solo eso. En los confines de la ciudad, insondables para la reina y sus semejantes (es decir, abajo de la 72) un Carnaval existe, sostenido por el amor, el trabajo, la creatividad, el humor, el ingenio de las clases populares. Personas que necesitan bienestar y derechos para que la fiesta pueda seguir existiendo. No es cierto que el Carnaval nos haga mágicamente iguales a todas, todos y todes; pero lo que sí es una realidad, es que si no frenamos la desigualdad nos vamos a quedar sin Carnaval.

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Autor

  • Feminista colombiana autora del libro “Las mujeres que luchan se encuentran”, columnista del diario El Espectador desde 2008. Creadora del Youtuber Beach Camp, (2019), un campamento para formar a creadoras de contenido latinoamericanas en feminismos y del Creadoras Virtual Camp, un taller virtual para la producción de contenido digital feminista (2020). Hace parte del Consejo Consultivo de la ONG alemana Centre For Feminist Foreing Policy. También es una de las fundadoras del colectivo feminista colombiano Viejas Verdes, que busca divulgar información clara y sencilla sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos a través de las redes sociales. En 2017 co-fundadora de la revista Volcánica, la revista feminista latinoamericana de Nómada y fue su directora hasta 2019. También ha sido columnista de el portal Sin Embargo y Vice en México, Univisión en Estados Unidos y el periódico El Heraldo y la revista Razón Pública en Colombia. Su trabajo como periodista ha sido publicado en periódicos internacionales como The Guardian y The Washington Post. Ha trabajado como Oficial de Comunicaciones en Women’s Link Worldwide y como Coordinadora de Comunicaciones para JASS Mesoamérica (Asociadas por lo justo) en donde trabajó con defensoras de derechos humanos indígenas y rurales en Centroamérica. Ha trabajado con organizaciones internacionales como Oxfam y Planned Parenthood en el diseño de estrategias digitales para la promoción de los derechos de las mujeres. En noviembre de 2016 dictó el TEDx Talk “Hablemos de feminismos” en la ciudad de Bogotá. Es maestra en Artes Visuales con énfasis en Artes Plásticas y Filósofa de la Universidad Javeriana, con Maestría en Literatura de la Universidad de Los Andes. Ejerce estas disciplinas como periodista.

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