December 15, 2025

2025: El año en que el fascismo dejó de ocultarse

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El 2025 no fue simplemente un año difícil, sino un punto de inflexión en el que el fascismo dejó de ser advertencia para convertirse en práctica cotidiana en varios gobiernos. Frente a la expansión del odio institucionalizado, de la violencia racializada y de los discursos que buscan borrar a quienes desafían las hegemonías, se vuelve urgente reconocer que no estamos ante una serie de excepciones; estamos ante un proyecto global que se nutre del miedo, de la desigualdad y del control. 

Desde el inicio del año se predijo un alza del fascismo en el mundo, con la presencia de líderes mundiales como Víctor Orbán, primer ministro de Hungría, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, Javier Milei, presidente de Argentina, Benjamin Netanyahu, primer ministro del ilegítimo Estado de Israel, por mencionar solo algunos ejemplos en el mapa geopolítico; esto se tradujo en políticas antimigratorias, políticas anti DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión), misóginas y contra las personas LGBTIQ+, políticas en detrimento del cuidado y la pensión de las personas mayores, y más. A esto se suman las personas antiderechos que ocupan cada vez más espacio en la sociedad civil, donde pretenden borrar, excluir y violentar a aquellas personas que no entran en lo que consideran hegemónico, normativo o correcto; además, están siendo avaladas por Estados que promueven discursos de odio y discriminación. Una mezcla que se materializa en más violencia contra la población negra, marica, musulmana y migrante del mundo, por señalar solo algunos casos. Y para cerrar el 2025, el pinochetista José Antonio Kast, hijo de un militante nazi y hermano de un ministro de la dictadura, fue elegido Presidente en Chile, confirmando que la tendencia no acaba aquí.

Una de las masacres más graves de este año se perpetró el 28 de octubre en Río de Janeiro, Brasil; más de 120 personas fueron asesinadas en un supuesto operativo contra el narcoterrorismo. En un reporte de la BBC se afirma: “La megaoperación fue clasificada por el gobierno estatal como la mayor operación de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro. Forma parte de la Operación Contención, una iniciativa permanente del gobierno de Río destinada a contener la expansión territorial del Comando Vermelho, que domina varias zonas de la ciudad. El gobernador Cláudio Castro calificó la operación de éxito y un duro golpe al crimen“.  Esta operación acabó con la vida de personas racializadas y empobrecidas y, por tanto, criminalizadas. Organizaciones de derechos humanos y millares de personas condenaron el hecho y alertaron sobre la facilidad con que se cometió una masacre de tal magnitud. Así lo explica Ana Piquer, directora para las Américas de Amnistía Internacional: “Lo ocurrido en Río de Janeiro no es una operación de seguridad, es una masacre. Más de un centenar de personas, casi todas negras y viviendo en situación de pobreza, fueron asesinadas en una acción planificada y llevada a cabo por el propio Estado”.

En Colombia, como acotó Caribe Afirmativo, el 2025 arrancó con un alto índice de violencia contra las personas LGBTIQ+ y no se detuvo. En abril, el cruel transfeminicidio de Sara Millerey en una quebrada de Bello, Antioquia, indignó al mundo; su vida le fue arrebatada sin escrúpulos, un triste recordatorio de que la transfobia no es un tema superado, ni siquiera en países con gobiernos progresistas; la transfobia es un discurso con piernas y brazos que pretende el exterminio de las personas trans. 

Los feminicidios también continúan al alza. El Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra las mujeres se registraban 621 feminicidios en Colombia, 597 feminicidios en México, 349 feminicidios en Ecuador y 228 feminicidios en Argentina, evidenciando que la misoginia y el machismo tampoco se quedan solo en palabras amenazantes en la manosfera (red de sitios web, blogs y foros que fomentan la masculinidad violenta y la hostilidad hacia las mujeres y personas de la población LGBTIQ+​); por el contrario, el odio salta de las pantallas a la vida real. 

Tanto Colombia como Brasil se encuentran gobernados por presidentes progresistas; sin embargo, es necesario reconocer la influencia de los discursos antiderechos, de odio y fascistas que se han normalizado en las redes y las palestras internacionales. Es necesario reconocer aquí la influencia de esos discursos antiderechos que se han hecho habituales. En Hungría, por ejemplo, se prohibieron los eventos LGBTIQ+ bajo la excusa de que es necesario proteger a las infancias y, aunque parece un hecho aislado, las personas de la población LGBTIQ+ están bajo ataque; pero tampoco tenemos que mirar muy lejos para encontrar discursos de odio. Javier Milei, presidente de Argentina, además de desmantelar programas de género, diversidad y protección social que dejan sin amparo a millones de personas, también afirmó este año su discurso antiLGBTIQ+: “Se promueve la agenda LGBTIQ+ queriendo imponernos que las mujeres son hombres y que los hombres son mujeres solo si así se autoperciben y nada dicen de cuando un hombre se disfraza de mujer y mata a su rival en un ring de boxeo”. Sin duda, el fascismo hace llave con el racismo y la transfobia para justificar violencias que terminan reforzando ideas machistas que validan la mirada masculina como una especie de “medidor social”. Al final, Milei no se está procurando una agenda deportiva en Argentina en la que las mujeres cisgénero puedan avanzar con sus objetivos profesionales o una agenda deportiva que catapulte a las mujeres cisgénero de ese país a espacios competitivos internacionales; su discurso, en cambio, solo busca difundir información errada, generar división y eliminar políticas públicas que nacen del objetivo de exaltar las diferencias como oportunidades que pueden terminar fortaleciendo a una nación completa en el ámbito deportivo. El fascismo busca villanxs y enemigxs imaginarixs para enriquecerse, mantenerse en el poder, para manipular la información y enriquecerse aún más. Imaginen: si todo está mal, significa que todo amerita una inversión nueva. Recibir un país y decir: “Esto está en buen estado” querría decir que hay menos que invertir, que hay menos que darle “iniciar de nuevo”. Si, por el contrario, un país parece estar al borde del colapso, como siempre lo está según los fascistas, el uso excesivo de dinero en políticas armamentistas, en seguridad, incluso la malversación de recursos, se puede esconder con más facilidad y las brechas que son imperativas de cerrar en materia de salud, justicia, equidad, vivienda, educación y más, siguen ampliándose y sin ninguna veeduría, porque el enemigo imaginario toma prelación. 

En República Dominicana, numerosas estrategias estatales antimigratorias demuestran un preocupante despliegue de racismo y antinegritud, en especial contra las personas haitianas. Amnistía Internacional hace un llamado urgente frente a esta situación: “Las personas migrantes haitianas y las personas dominicanas de ascendencia haitiana en la República Dominicana están sufriendo violaciones de derechos humanos arraigadas en el racismo estructural. Además de la crisis humanitaria que se vive en Haití, quienes migran se enfrentan a expulsiones colectivas y a la discriminación racial. La reciente muerte de Stephora Anne-Mircie Joseph, presuntamente por acoso escolar y racismo anti-haitiano, es un cruel ejemplo de ello. El gobierno también ha aumentado las barreras de acceso a servicios sociales para personas migrantes e indocumentadas, pero también para personas dominicanas que el gobierno ha dejado en la apatridia. Un nuevo protocolo condiciona la atención médica al estatus migratorio, poniendo en riesgo la salud, especialmente de las mujeres embarazadas y recién nacidos”. Lo que ocurre en República Dominicana no puede leerse como un fenómeno aislado, sino como parte de un entramado regional donde la criminalización de la migración, la negación de derechos y la violencia racial se han vuelto herramientas de gobierno. La persecución contra personas haitianas y dominicanas de ascendencia haitiana revela hasta qué punto el Estado está dispuesto a sacrificar vidas y dignidades en nombre de un supuesto orden nacional, siempre que este orden respete la supremacía blanca y la colonialidad. 

En Ecuador, la violación a derechos humanos por parte del gobierno Noboa se exacerbó en el más reciente paro nacional. El asesinato del comunero indígena Efraín Fuérez el pasado 28 de septiembre a manos de las Fuerzas Armadas durante una movilización pacífica en el cantón Cotacachi, y la detención de los 12 de Otavalo, exhibe a un gobierno que se empeña en criminalizar a las personas afrodescendientes y empobrecidas, sin pruebas, sin juicios y con abuso total de su poder. La doctora en Ciencias Sociales, Stoessel, en su columna Guerra interna y paro nacional en Ecuador, afirma: “El gobierno de Noboa representa la fase superior del neoliberalismo autoritario, donde la política se subordina a la lógica del miedo y los intereses oligárquicos se protegen mediante la excepción. La llegada de Daniel Noboa al poder profundiza la crisis estatal ecuatoriana, la normalización del régimen de excepción y la consolidación de la deriva autoritaria y militarista”. Una derecha que fortalece la corporativización del Estado y acepta, incluso, regular el abuso contra la ciudadanía, sin ningún tipo de vergüenza ni asomo de arrepentimiento, mientras el pueblo ecuatoriano resiste y lucha contra un gobierno que pretende desentenderse por completo del cuidado a la ciudadanía en nombre de la seguridad y por el crecimiento de una élite económica. 

En Perú también avanzan políticas antiderechos en medio de la crisis política, endureciendo las medidas y las retaliaciones contra migrantes sin papeles. Muchas de esas personas que migran provienen de Venezuela. Es desafortunado ver cómo varios países de la región se unen, no para ayudar o cooperar con quienes buscan nuevas oportunidades, sino para difundir el estigma de la migración y su criminalización. Así informa Notimérica: “La declaración de emergencia por parte del presidente interino José Jerí surgió como una medida frente al incremento de movimiento de personas y vehículos en la frontera sur, coincidiendo con el endurecimiento de políticas migratorias por parte de Chile. Esta situación se centra especialmente en los migrantes venezolanos, a quienes se les exige visa para ingresar a Perú.” 

Sin embargo, con la misma fuerza con la que el fascismo se unifica, se hace frente a la ola de la ultraderecha que se levanta. La Marcha de las Mujeres Negras, que tuvo lugar el 25 de noviembre de este año en Brasilia, convocó a millares de mujeres negras que exigieron respeto por sus derechos, así como el deseo de encontrar en este mundo la posibilidad del buen vivir; posibilidad que dé cabida a las personas LGBTIQ+, a los derechos ambientales, al aborto libre, al antirracismo, a la dignidad de los territorios ancestrales. Así lo reportó América Futura: “Como las Sankofas que invoca Ramírez, las mujeres negras de América Latina, del Caribe y de todas partes del mundo avanzan sin soltar el huevo del futuro: guiadas por las ancestras, sostenidas por la memoria y dispuestas a imaginar —y exigir— los otros mundos posibles que esta marcha se atrevió a nombrar”. Bien lo decía Angela Davis: “Cuando la mujer negra se mueve, toda la estructura de la sociedad se mueve con ella”; de hecho, el pasado 25 de julio, Día de la Mujer Afrodescendiente, actualizó su famosa frase pensando en las mujeres trans negras y racializadas como el gran motor y propulsor de cambios, pues una sociedad que es capaz de cuidar a una persona trans negra es una sociedad que prioriza la vida, la dignidad y entiende que las diferencias entre las personas son oportunidades para la colectividad y la fraternidad. Esto se reflejó en la Marcha de las Mujeres Negras, que caminaron de forma pacífica y contundente para seguir enunciando que sus existencias merecen ser protegidas y escuchadas con suma atención. 

Es cierto que allí donde el fascismo se despliega con más fuerza, aparecen con igual determinación las voces que resisten: comunidades negras que documentan y denuncian, colectivas que cuidan y se organizan, pueblos migrantes que siguen reclamando el derecho a moverse y vivir libremente. Este año nos deja claro que la lucha no es abstracta ni lejana, no puede quedarse solo en palabras ni en acciones digitales; hay una disputa por la vida misma y por la posibilidad de un futuro donde las diferencias no sean motivo de exterminio. 

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Autor

  • Escritora y educadora antirracista. Es columnista de América Futura de El País (España), Volcánicas, Manifiesta y El Espectador (Colombia). Sus reseñas, cuentos y poemas pueden encontrarse en publicaciones internacionales como el Southwest Review de la Universidad Metodista del sur de Dallas, Purple Ink de la Universidad de Brown y la plataforma digital America Hate Us. Es autora de Arraigos (2023), y pueden leer su trabajo en publicaciones colombianas independientes como Neutrina, Ex-libris, Literariedad o Sinestesia. Hace parte de la antología Afloramientos de Fallidos Editores y ganó una mención honorífica en el XII Concurso de Poesía Eduardo Carranza.

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Comentarios

2 thoughts on “2025: El año en que el fascismo dejó de ocultarse

  1. Gracias por este análisis tan profundo y necesario. Nombrar lo que ocurre, conectar las violencias y evidenciar que no son hechos aislados sino parte de un proyecto global es un acto político urgente.

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