
Tras la publicación del reportaje 3 mujeres denuncian a Julián Quintero, exdirector de Échele Cabeza, por presunto acoso y abuso sexual, el 30 de noviembre de 2025, en el que documentamos las denuncias de tres mujeres por acoso y abuso sexual presuntamente cometidos por Quintero, recibimos una denuncia de un exvoluntario de Échele Cabeza por acoso sexual, presuntamente cometido por Vanessa Morris, entonces coordinadora nacional de Échele Cabeza, y una serie de testimonios que incluyen divulgación de contenido íntimo, para un total de 7 nuevos testimonios.
Estos testimonios, al igual que los anteriores, dan cuenta de conductas inapropiadas, el clima machista en la organización y en la casa de Échele Cabeza y, en algunos casos, de los límites difusos entre lo personal y lo profesional y un aparente abuso de poder normalizado en la organización.
Algunos de los testimonios fueron remitidos por la organización Abogadas desde el Sur – Disputa Jurídica Popular, que ha acompañado y asesorado este proceso. Los nombres y apellidos de lxs denunciantes fueron cambiados para proteger su identidad. Sus testimonios cuentan con entrevistas directas y documentos de soporte, también protegidos por el secreto profesional, consagrado en el artículo 74 de la Constitución de Colombia.
Testimonio de Mauricio*: Acoso sexual presuntamente por parte de Vanessa Morris
Mauricio ingresó a Échele Cabeza como voluntario. Denuncia tocamientos indebidos y sin su consentimiento, presuntamente por parte de Vanessa Morris, quien era su jefa; además de la relación de subordinación laboral, hay más de 15 años de diferencia entre ambos. Este es su testimonio.
“El 17 de octubre de 2025, en un apartamento cercano a la casa de Échele Cabeza, viví una situación de acoso sexual y abuso de poder por parte de Vanessa Morris, quien en ese momento era mi jefa dentro de la organización. Llevaba cuatro años trabajando para Échele Cabeza; primero entré como voluntario desde otra ciudad y por eso no teníamos relación tan directa ni nos veíamos tan frecuentemente con Julián o Vanessa, pero igual se fueron creando vínculos tanto laborales como de confianza hasta llegar a considerar que tenía una buena relación con Vanessa.
Esa noche yo fui a Bogotá a cubrir un evento. En esos contextos, al lado de la casa Échele Cabeza, hay unos apartamentos en los que le facilitaban a uno el hospedaje. Esa noche yo salí al Oxxo que queda cerca a comprar cosas para mercar y tener ahí para comer. Justo me encontré a Vanessa en el Oxxo y estaba muy borracha. Le conté que iba a comprar algo y le pregunté cómo estaba, porque, evidentemente, estaba en un alto grado de alicoramiento, y ahí ella me dijo que si la podía acompañar de regreso para no estar sola.
Durante esa noche, en el apartamento en el que me estaba quedando, estuvimos conversando y escuchando música. Vanessa llevaba un tiempo bebiendo alcohol y otras sustancias. En ese contexto, sin ninguna señal ni consentimiento de mi parte, metió su mano dentro de mi pantalón para tocarme los genitales. Reaccioné retirando su mano y poniéndola a distancia. En ese momento me sentí confundido: entre nosotros existía una relación de amistad y confianza y eso dificultó que pudiera entender con claridad lo que acababa de pasar. La incomodidad fue creciendo hasta que, unos 20 minutos después, decidí subir a la habitación a dormir para salir de esa situación.
Esa misma noche también se presentaron hechos adicionales que aumentaron la incomodidad. La persona con quien Vanessa Morris estaba saliendo en ese momento la contactaba insistentemente por teléfono y, en algún momento, se presentó en la casa, golpeando las ventanas, para buscarla. Luego, en un momento en que yo ya me encontraba dormido, al abrir los ojos, él estaba parado al lado de mi cama observándome muy de cerca, invadiendo mi espacio personal. Yo me paré y le hice saber que se moviera porque me estaba incomodando, lo que generó en mí una sensación de vulnerabilidad e inseguridad.
Durante un buen tiempo no conté con las herramientas para nombrar lo que ocurrió. La confianza que existía entre Vanessa y yo, sumada al estado en que me encontraba esa noche, dificultó que pudiera reconocer lo sucedido como lo que fue. Fue al conocer los testimonios de otras personas afectadas en el mismo círculo que comprendí que lo que viví no fue un hecho aislado, sino parte de un patrón de conducta que se repite en contextos donde existen relaciones de poder.
En su momento intenté sacar un espacio cuando ya se estaba cerrando todo este proceso, pues a mí me tocaba entregar cosas de trabajo; todavía tenía interacción con ella. En diciembre intenté hablar del tema, pero ella ya lo omitió y ahí estaba presente la coordinadora de Medellín. Le dije: Vanessa, ocurrió esto, esto y esto. Se me hizo muy incómodo. Ella, como está muy en el papel de victimizarse de toda esta situación, no puso atención. Yo creo que ni siquiera me escuchó u omitió lo que yo le dije y continuó la conversación. Entonces ahí yo ya dije: no, aquí no hay nada que hacer, yo voy a cortar totalmente relación con ella y con todos.
Por lo anterior, presento este testimonio como denuncia, con el propósito de visibilizar estos hechos, contribuir al reconocimiento de este patrón y acompañar a otras personas que puedan haber vivido situaciones similares”.
Testimonio de Liliana*, pareja de Mauricio*
En esa ocasión estuvimos en contacto desde que salió de Cali hacia Bogotá; le pregunté que cuáles eran sus planes de esos días y tuvimos una videollamada. Después, por texto, me dijo que se había encontrado a Vanessa. En ese momento yo no estaba al tanto de todo lo que había pasado previamente con Julián. Además, me mandó una foto tomada en ese lugar donde se quedó. Yo estuve en ese mismo sitio en el año anterior (2024), entonces conozco cómo se ve el sitio y me mandó una foto en donde estaba sentado con una revista y reconocí el fondo.
Dos días después hablé con él y le pregunté que cómo le había ido con Vanessa y me dijo que bien, pero que había pasado algo raro, pero que luego me contaba, y lo que me contó fue la parte de que estaba este tipo, que creo que es pareja o expareja de Vanessa, que había entrado y que se le había quedado viendo cuando estaba dormido.
Después, Mauricio* viajó a donde vivo y estábamos acá juntos cuando salió el reportaje. Y cuando lo estábamos leyendo, Mauricio* como que entró en un estado de shock y me dijo: ‘Tengo que contarte algo más porque no lo había podido procesar, no entendía lo que había pasado, y leyendo esto, creo que Vanessa hizo algún tipo de acoso, de abuso hacia mí’. Entonces lo escuché y cuando me contó, pues, estaba muy confundido. Me dice: ´Eres la primera persona a la que le cuento porque como que pasó y yo simplemente no entendí qué pasó y como que en mi mente, en un acto como de protección, pasó eso como a un espacio en donde no pudiera pensar sobre eso. Porque creo que no tenía los recursos para entender qué había pasado´.
Cuando me lo contó, le dije: ‘Mi amor, si cambiamos los papeles y tú fueras una chica y Vanessa hubiera sido un chico, ¿qué tan mal se ve esa acción? O sea, ¿qué tan grave se ve esa acción?’. Y entonces ahí fue cuando él empezó a llorar y a ver que era algo muy grave. Y me dice: ‘Es que es muy difícil entenderlo, porque como hombre se nos socializa de una forma muy diferente, en donde es muy difícil que seas víctima de alguien que consideras como cercano’. Pues, además de que ella era su jefa, él sentía admiración y amistad.
Hay abusadores, pero también hay personas en este movimiento con bastante poder: poder simbólico, poder político, que han permitido que se sostenga este sistema de abusos”.
Testimonio de Andrea*: Divulgación de contenido íntimo sin consentimiento
“Esto ocurrió a principios del año 2016. Yo era la Coordinadora de Comunicaciones de Acción Técnica Social y a mi cargo estaba la responsabilidad de hacer pauta de contenidos en redes sociales. Estábamos organizando la difusión de una campaña y el pago de la publicación de algunos contenidos pautados se hacía con la tarjeta de crédito de una compañera que trabajaba en el proyecto. Le doy acceso a esa persona para que haga el pago de esa pauta desde mi computador, pues yo era la persona que tenía el acceso a Facebook, y estaba vinculado con mi perfil. Esa compañera, más allá de entrar y hacer ese pago, entra a mi Facebook, revisa conversaciones y toma pantallazos de conversaciones que yo tenía con Martín*, que era una persona con la que yo estaba empezando un vínculo sexoafectivo en ese momento. Le toma capturas de pantallazos A conversaciones que tenían información de contenido íntimo y sexual.
Ella le compartió esos pantallazos a Vanessa Morris, coordinadora del proyecto Échele Cabeza en ese momento. Y Vanessa continúa difundiéndolo con otros compañeros de la organización. Martín* y yo nos damos cuenta porque otra colega nos cuenta cómo es la situación. Martín* y yo acudimos a la dirección de la organización en cabeza de Julián Quintero, comentamos la situación y no ocurre nada. No hay ningún mecanismo de intervención, reparación y debido proceso”.
Ridiculización de paternidades presentes
“Mi relación con Martín* continuó y luego tuvimos un hijo. Ahí vino la ridiculización y la banalización de la paternidad de mi compañero. Cuando nosotros no estábamos allí, cuando Martín* no estaba, hacían comentarios del tipo: ‘Este sí es muy marica, Andrea ya lo tiene dominado porque entonces ya lo mantiene. Y el huevón se dedicó solamente a la paternidad y renunció a su vida’. Estos eran comentarios que se hacían con personas que ni siquiera nosotros conocíamos. Cuando nos enteramos, dijimos como, ¿qué está ocurriendo ahí?”.
Sobre el clima organizacional
“Había como un decálogo como de las apuestas políticas, sobre todo de la reducción de daños en el consumo de sustancias psicoactivas y la libre exploración y autonomía con esas sustancias. Cierto. Pero esto no existía al interior de la organización, en un contexto en el que la mayoría de las personas consumían sustancias psicoactivas legales e ilegales. Hay mucha más facilidad de acceso a sustancias psicoactivas también por la tarea que se hace. Con la información técnico-científica que tenemos nosotros, hay una conversación constante sobre qué está llegando, qué es, cuáles son sus efectos, cuáles son sus antagónicos. Sí hablábamos, por ejemplo, de reducción de riesgos y daños por el consumo inyectado de sustancias psicoactivas, en el marco de un proyecto, pero esas conversaciones no se tenían sobre las prácticas del equipo. Pese a que muchas veces sí pusimos en alerta cómo los excesos que se generaban, pero era como: ‘Esto estuvo como muy pasado anoche’. No había un protocolo, mucho menos de género, de perspectiva de género, de rutas de atención diferenciadas”.
Testimonio de Martín*
Volcánicas también habló con Martín, quien hizo parte del equipo de ATS desde sus inicios. Corroboró el testimonio de Andrea y añadió lo siguiente:
“La perspectiva de género siempre fue un poco rechazada dentro de la organización y cuando se planteó fue como perspectiva de negocio o como una posibilidad de instrumentalizar, no como un horizonte técnico o ético. Hablar de poblaciones diversas como personas LGBTIQ+ o mujeres trans era problemático porque Julián siempre tuvo comentarios muy despectivos, también sobre las usuarias en general. Al interior de la organización, los llamados a tener protocolos de cuidado y de género también fueron rechazados.
Cuando nosotros éramos parte integral de ATS, éramos una generación de personas un poco más grandes que teníamos nuestras propias prácticas de consumo, pero nunca hubo una perspectiva de cuidado sobre eso, también considerando que nosotros éramos un factor de riesgo.
Cuando un grupo de contratistas que éramos más o menos de la misma edad [de Julián] nos vamos, entra una nueva ola de voluntarios y todos son chiquitos. Y eso crea dinámicas de poder. Yo creo que esta gente se desborda un poco desde esta visión machista de ver tantas jovencitas como un harén y que ellos sean como unos ídolos porque Julián ha capitalizado mucho eso.
Hubo tanto hombres como mujeres que empezaron a consumir siendo voluntarios de ATS. Y el único espacio de cuidado que se generó fue hace un año, dos años, y se generó desde los mismos voluntarios”.
Testimonio de Daniela*: Intimidación física en un bar de Bogotá
“Conozco a estas personas desde los dosmiles. Tengo amigos de la fiesta bogotana y de los bares y tenemos mucha gente en común. Cuando sale el reportaje yo fui muy activa publicando. En una de esas puse en mi Facebook: ‘Si alguien defiende a ese tipo de personajes, por favor me elimina y nos ahorramos la discusión’. Y la socia con la que él [Julián] tiene el bar en Bogotá me escribe: ‘OK’, y me elimina. Yo he sido muy intensa con mis publicaciones y por eso creo que estas personas están molestas conmigo.
Casi nunca salgo de fiesta ahora porque yo estuve muy enferma; soy una mujer muy menuda de 44 kilogramos. ¿Y esto por qué importa? Porque Julián lo sabe. Entonces ese día (el 21 de febrero de este año) salí de fiesta con unas amigas a un conocido bar de Bogotá y Julián estaba ahí. En un momento, yo voy pasando en fila con mis amigas por la pista de baile; yo iba de última, y de repente yo siento que me empujan durísimo. No es que te den un codazo o que te empujen por la espalda; me pegó tan fuerte que me pegué con el bafle. Volteé preguntándome: ´¿Qué es esto?´ Y Julián estaba ahí con unas gafas negras. Me mira y me sonríe. Y a mí me dio pánico y seguí derecho. En toda la fiesta lo evité. Y no dejé que me amargara la noche.
Yo creo que él vio que estaba con mis amigas, que no íbamos con tipos, y esperó a que yo pasara para empujarme. Él sabe mi contextura, y ustedes saben que él es un hombre grande.
Decidí hablar con los dueños del bar. Hablé con una de las socias que es mujer. La chica me escuchó y fue muy empática. Revisaron las cámaras y sí, él sale ahí, con su posición desafiante. Dijo: ‘Mira, no se alcanza a ver en el momento en que te empuja porque es en esa esquinita oscura’, y me dijo: ‘Este señor queda vetado de este bar; tenemos cero tolerancia con los abusadores’”.
Testimonio de Mariana*. Nos dijo: “Es que yo me las quiero comer a ustedes dos”
“Mi caso fue una situación que ocurrió el 29 de mayo de 2020 -durante la pandemia-, en la que en ese entonces era la casa de Échele Cabeza. Yo estaba en otro lugar, con un amigo, que era uno de los voluntarios que quería pasar a la fiesta.
Entonces llegamos a ese espacio y mi amigo se puso a saludar a otra gente, y yo me quedé con una chica. En algún momento empezamos a hablar con Julián, pero de cosas súper equis. O sea, ninguna de las dos estaba dándole media señal de tener interés hacia él. Y yo recuerdo que en un momento con la chica estábamos sentadas como en un patio afuera, en una especie de banca, y yo veo a Julián que empieza a hablar con mi amigo y como que nos señalaba y nos miraba, y el otro tipo como que medio se reía y hacía caras como de: yo nada que ver con esto. Con esa chica estábamos en una situación como de coqueteo, nos dimos unos besos, bueno, normal. Hasta que en un momento Julián llega, nos separa, se sienta en medio de las dos y nos pone a cada una mano en el muslo, y nos dice: ‘es que yo me las quiero comer a ustedes dos’. Algo así de ordinario. Entonces, claro, mi primera reacción fue decirle: ‘¿Perdón?’. Él como que insistió y le dije que no tenía nada que hacer ahí, que se fuera, que nadie le estaba parando bolas a él. La otra chica estaba un poco más intimidada, entonces, lo que Julián hizo fue darme la espalda a mí y concentrarse en ella. Y yo le dije: ‘No la toques, vete’. Le insistí en que se fuera, que se fuera, que se fuera y finalmente se levantó.
Le pregunté luego al amigo que estaba con nosotras que qué había pasado, qué le estaba diciendo él. Y básicamente lo que le estaba diciendo era que: ‘Sus amigas están muy buenas, yo me las quiero comer. ¿Será que me puedo comer a sus amigas?’. Y él le respondió: ‘Pues vaya, inténtelo, a ver qué pasa’. Obviamente, me ofendí muchísimo con el supuesto amigo porque, pues, no me parece eso de tirarnos así frente al tipo. A mí, lo que me dijo luego fue: ‘Es que yo sabía que tú lo ibas a poner en su lugar’, pero igual, pues sí, fue bien desagradable y bien incómodo. Ese tipo ve a dos personas que no conoce, que nada que ver con él, y de una le parece que son presas para él.
No trascendió a más cosas. Yo le conté a un montón de gente eso. Creo que le conté a todo el mundo”.
Testimonio de Margarita*, expareja de Julián Quintero
Margarita* fue pareja de Julián Quintero a comienzos de los dosmiles, estuvo en la fundación de la organización y trabajó ahí durante varios años. Sobre esas épocas recuerda:
“Cuando la oficina estaba en el Parkway, esto era farra toda la semana: bareta, chorro, sustancias. Ese ambiente de trabajo me empieza a generar ruido porque nosotros estábamos diciendo que hay consumo irresponsable y estamos acá en severa farra; nos pegamos farras de tres días seguidos, Julián se perdía para las reuniones… Esto empezó a volverse un patrón. Primero empieza con una pola el martes por la tarde y termina la fiesta hasta el sábado. A mí me tocó ir a sacar a Julián de los puteros, de las farras inmundas a las que se pegaba.
Aparte de eso, mi relación con Julián era una vaina re malsana; vivíamos juntos y trabajábamos juntos, en ese tren de farra que era una cosa horrible. A mí me costó muchos años de terapia poderme recuperar y entender cómo putas pasé por eso. En una de esas fiestas en las que Julián estaba totalmente ido y yo también, muy mal, como en el plan de contenerlo, se me rompió algo.
Dije: Esto es totalmente contrario a lo que nosotros estamos vendiéndole a la gente. Paralelamente, el proyecto iba creciendo. Nuestra relación se acabó, pero yo seguí trabajando en ATS. Fue horrible. Julián me embolataba el pago; me tenía que pagar viáticos y se hacía el loco. Yo estaba sin casa y sin otro trabajo, y siento que, de alguna manera, él aprovechó esa situación para hacerme saber que tenía el poder. Cuando yo salí de ese parche, me tocó reconstruirme pieza a pieza, preguntarme cómo llegué a tocar ese fondo.
A mí lo que me parece preocupante es que estas prácticas ya estaban ahí instaladas desde el principio, convocan a un montón de voluntarios y voluntarias que son jóvenes y les gusta la farra, y muchos de ellos son claramente vulnerables, pero para la organización son una fuerza de trabajo gratis. Traman a un montón de pelaos con la oferta de ir a fiestas y festivales gratis.
Hay una delgada línea entre el consumo recreativo y el consumo problemático. Julián claramente tiene un consumo problemático y él no lo asume porque dice que es el nuevo paradigma de las drogas; tiene todo un discurso para justificar su consumo, y eso normaliza las malas prácticas al interior de la organización. Tiene que haber una reflexión sobre las prácticas internas y la toma de responsabilidad, tanto individual como colectiva: qué estamos haciendo y promoviendo. Hoy en día yo miro hacia atrás y digo: “Esto ha sido toda una manufactura de un universo para justificar el consumo de una persona”.
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Todos estos relatos coinciden en lo que parece ser un ejercicio sistemático e institucionalizado de abuso de poder y violencias patriarcales reproducidas en la organización ATS/ Échele Cabeza.
Estas denuncias son un llamado a la escena de reducción de daños y de consumo y exploración libre de sustancias psicoactivas, a construir espacios seguros y libres de violencias patriarcales. Lxs denunciantes exigen que no haya impunidad y que la comunidad de reducción de daños tome medidas que generen transformaciones integrales, encaminadas a la construcción de rutas y protocolos que prevengan y atiendan las violencias patriarcales y los abusos de poder dentro de estos escenarios.
El acoso y el abuso sexual siempre son abusos de poder. Precisamente por eso, suelen ocurrir en espacios altamente jerárquicos, desiguales, en donde las personas en cargos de liderazgo normalizan las ideas y comportamientos machistas. El trabajo por la reducción de daños en el consumo de sustancias psicoactivas es indispensable para garantizar derechos como la salud y la recreación, pero cuando los consumos problemáticos se intersecan con abusos de poder y otras conductas violentas, terminan haciendo exactamente lo contrario: ampliando el riesgo para las personas más vulnerables, como las mujeres, las diversidades, las personas con condiciones/malestares de salud mental, jóvenes y/o con vulnerabilidad económica, adultos y adultas jóvenes, y/o con otras vulnerabilidades económicas. Por eso la perspectiva de género tiene que ser estructural en estos modelos, tanto en la metodología como en sus prácticas, y en todos los espacios, públicos y privados.
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Derecho a réplica
Nuevamente, Volcánicas envió algunas preguntas a Morris y a Quintero, para darles la oportunidad de responder e incluir sus respuestas en este reportaje. En esta ocasión, ambos pidieron un espacio de tiempo para responder y enviaron sus respuestas. Compartimos las preguntas y sus respuestas completas a continuación; la única modificación que realizamos es la eliminación del seudónimo en Facebook de una de las fuentes, para mantener la protección de su identidad. En el caso de Vanessa Morris, ella aprovecha este nuevo contacto para contestar las preguntas que le hicimos en noviembre sobre el reportaje pasado y envía pantallazos que ya teníamos desde antes y confirman que Quintero sí besó a una de las denunciantes y que Morris lo sabía; la interacción en los mensajes no deja claro si hubo o no consentimiento, pero la denunciante manifiesta su incomodidad: “me sentí como un culo”. No los publicamos para proteger la identidad de las fuentes.
Vanessa Morris
¿El 17 de octubre de 2025, en un departamento cercano a la casa de Échele Cabeza, en Bogotá, usted metió su mano en el pantalón de uno de los voluntarios de la organización y tocó sus genitales sin su consentimiento?
Hola Catalina, ya que me has escrito y ha pasado el tiempo que me ha permitido entender la orientación de este reportaje que vienen adelantando desde noviembre del año pasado, quisiera dar respuesta a la pregunta que me hiciste en ese momento.
(Aquí adjunta los pantallazos mencionados, que no publicaremos para proteger la identidad de las denunciantes).
Además de esto, yo seguí hablando con ella durante un año más y nunca me manifestó algo relacionado con ningún tipo de violencia basada en género. Si yo hubiera sabido de algo parecido, hubiera sido la primera en denunciarlo. Por eso me sorprende su relato… justo después de que Yarelix Estrada aparece.
En relación a lo del 17 de octubre del 2025, solo tengo una cosa que decir. Eso es una vil calumnia. Nunca jamás he tenido relaciones, ni acercamientos de carácter sexo-afectivo con los voluntarios. De hecho, ese día o una fecha cercana de la que no tengo precisión alguna, uno de los voluntarios que venía de Cali, en el sitio que le proporcionamos hospedaje en Bogotá, fue quien estaba sin mi consentimiento, tocándome la cabeza de forma que me hizo sentir incómoda y le dije que por favor, se fuera a dormir al cuarto que estaba dispuesto para él y que me dejara sola en la sala. Que yo dormiría en el sofá cama.
¿A comienzos del año 2016, recibió pantallazos de conversaciones íntimas entre dos personas de la organización ATS, y los divulgó sin el consentimiento de las personas involucradas?
Frente a lo del 2016 no tengo conocimiento de lo que mencionas.
Finalmente, quisiera si me lo permites, preguntarte, por qué tanto interés en el “caso Julián Quintero”. Resultó más importante que el de Pastrana y la isla de Epstein? Puedes decirme cuál es el interés en acabar con mi proyecto de vida? Mi organización? Mi proyecto “Echele Cabeza”. Quiero que tengan consideración conmigo como mujer, como víctima y quien tuvo q asumir las riendas de esta organización para que no me la acabaran que es el objetivo de Yarelix Estrada, ya lo ha hecho con 3 organizaciones más.
Por favor dejen de re-victimizarme estoy en una situación difícil de salud mental y física por este hostigamiento. Si quieres también te puedo enviar la documentación relacionado con esta crisis por la que estoy pasando.
Un abrazo !
Julián Quintero
Quintero eligió no contestar las preguntas que le enviamos en la primera entrega de este reportaje, que incluye acusaciones de acoso sexual hechas por Yarelix Estrada y dos denunciantes más. También confirmamos que tenemos conocimiento de dos denuncias por acoso sexual contra Quintero, radicadas ante la Fiscalía, y reiteramos que no conocemos a ninguna de estas organizaciones: Yougt Rise, SOMA de Perú y Psymposia de Estados Unidos, organizaciones mencionadas en esta nueva respuesta de Quintero.
¿El 21 de febrero de este año, estaba usted en un bar en la 39 con Caracas en Bogotá, y empujó a una mujer, quien se encontraba en la pista de baile?
Para dar una respuesta corta, sí estaba en esa zona, pero empujar a una mujer denota una mala formulación de la pregunta, en busca de sesgar los hechos (mal periodismo por parte de ustedes) posible amarillismo, sin embargo, la respuesta corta es NO, no empujé a nadie intencionalmente en una pista de baile llena de personas.
Con el fin de brindarles un contexto amplio y no rumores de pasillo, atendiendo criterios de verdad, puedo indicar que según lo que pude averiguar esta denuncia cumple el mismo método de otras acusaciones anteriores en mi contra, que es publicar mensajes ambiguos en redes sociales, solo para seguidores, dejar que el rumor se multiplique entre un ecosistema de odiadores y luego borrarlos, al parecer esta denuncia la publicó la persona en Facebook y luego la borró pues no aparece en su muro, ella ha sido una visceral acusadora mediática en mi contra por la relación de afecto que tiene con un extrabajador de ATS de retórica trapisondista en sus comentarios, una persona que todos conocemos y por eso mismo nos ha sorprendido por su defensa en contra de la VBG contraria a su proceder que al parecer lo llevó al fracaso como hijo, padre, profesional, amigo, empleado de ats y socio que vimos en decadencia en los últimos 20 años, ella, también amiga íntima de mi exnovia de hace 15 años, la que dejé para iniciar relación con Vanessa Morris, mi exnovia de hace más de una década, carga un odio manifiesto contra mí, ATS, pero especialmente contra Vanessa por haber hecho grande a Échele Cabeza y ella no. Lo que llaman envidia.
Movidos por la frustración y la envidia de haber visto el éxito de nuestra organización, sin ellos, se han articulado con otros inconformes para hacernos daños, cuyo método de sabotaje institucional ha quedado ampliamente expuesto con evidencias, documentos, hechos y testimonios que van saliendo a la luz pública y no con mensajes ambiguos en redes sociales que desaparecen en 24 horas.
Sobre el supuesto empujón (malintencionado) en una pista de baile el 21 de febrero en Asilo bar, a donde acudí después de 4 meses de encierro, debo decir que tuve mucho miedo por las amenazas contra mi vida que he recibido, el antecedente de la muerte de Andrés Guevara, la violencia contra la casa de ATS, y los insultos que he recibido en la calle fruto del juicio mediático que ya me condenó en la redes sociales (y no la justicia); contrario a esto recibí abrazos y saludos afectuosos de muchas personas, especialmente mujeres, amigas que me conocen desde hace años. Esa noche seguramente tuve contacto físico cuando bailé en un bar lleno de gente o caminé al baño o a la barra, como es normal en cualquier pista de baile o lugar donde se concentra mucha gente, lo que resulta extraño y supremamente coincidencia, es que de todos contactos que tuve esa noche de manera involuntaria en la pista de baile, solo sea ella la persona que resultó agredida, ofendida y afectada por este contacto natural en una pista de baile. Si éste contacto ocurrió debió haber sido tan casual y tan leve que no lo recuerdo de forma significativa y al parecer nadie más en el bar, seguramente me giraría para pedir disculpas como ocurre en cualquier encuentro de este tipo en una pista de baile.
¿El 29 de mayo de 2020, en una fiesta en la casa de Échele Cabeza, le propuso tener un trío a dos desconocidas?
Al igual que la primera pregunta, está mal formulada, sin contexto y en busca de desdibujar la verdad (reitero – mal periodismo). Ahora, procedo a brindar una respuesta con un contexto amplio de lo ocurrido, pero, debido al temor de la parcialización de información por evidente sesgo periodístico que viola flagrantemente mi intimidad, mi respuesta corta es NO.
Sobre el supuesto trío, debo dejar claro que nunca le propuse, pero lo que sí tengo claro, es que fue una noche en la que estaba cerrando la casa de Échele Cabeza después de una fiesta en compañía de Andrés Guevara, y estaba pidiéndole a la gente que se fuera del lugar “que nos vamos de fiesta a otra parte, ya hay que cerrar” a lo que ellas interpretaron como una invitación a un trío 6 años después, por (creo yo) disgusto que les dio que las sacara de la casa. Lo que tiene de antecedente y contexto esta situación, es que una de las dos mujeres es una reconocida feminista que fue Roomate de Andrés Guevara y ha manifestado su dolor por su muerte y encuentra en esta situación una oportunidad para hacernos daños bajo el supuesto de muchas personas que esa muerte tuvo relación con ats, y no con los antecedentes de Andrés, su depresión, inestabilidad económica y el ambiente de persecución que implantó Yarelix Estrada en el grupo de voluntarios (sin pruebas y en medio de un trámite judicial) y que está claramente documentado en informes públicamente disponibles y en la grabación de la reunión donde me despedí de los voluntarios y que está disponible en la web.
Una vez más, como muchos otros aprovechan un encuentro casual y esporádico para pescar en río revuelto y continuar creando un ambiente negativo en nuestra contra para presionar a la justicia frente a la ausencia de pruebas materiales contra mí.
En algo coinciden los dos testimonios, es que son acusaciones sobre contextos difusos, (una pista de baile y el cierre de una fiesta), difíciles de probar donde converge la noche, el alcohol, el baile, el contacto, la voz alta, la alegría, las tensiones. etc. Simples testimonios frágiles sin ningún tipo de evidencia, pero con antecedentes claros de conflicto de intereses de quienes los emiten.
Dicho sea de paso, solicitó a Volcánicas y a Daniela* el derecho de rectificación que la ley y la constitución me otorgan para que con la misma amplitud y en los mismos lugares aporten la evidencia de que tengo “3 denuncias ante la fiscalía”, pues hasta el día de hoy 25 de marzo de 2026, solo he sido notificado de un proceso por Yarelix Estrada que al parecer es por motivación de oficio y no he recibido ninguna otra notificación, pues frente a sus acusación reiteradas, elevé derecho de petición a la Fiscalía General de la Nación el cual fue respondido el día 28 de enero con Nro. Arkiva terminado en …1151 indican que no tengo denuncias diferentes a la de Yarelix, en ese sentido, solicito se aporte la prueba documental de que estas denuncias existen y la fecha en que empezó la noticia criminal, dejando claro en qué momento fue un testimonio de prensa y cuándo se convirtió en una denuncia penal ante la fiscalía, en caso de no aportar esta evidencia, solicito se rectifique ampliamente la situación solicitada.
Este nubarrón de dudas expuesto de manera ligera en redes sociales, sobre hechos difusos y difíciles de probar, solo para generar un manto de duda y alimentar una narrativa de destrucción definida claramente, se articulan muy bien con las acusaciones contra Vannesa, mi expareja y exsocia, acusaciones que al parecer vienen del actual novio (y exvoluntario de Échele Cabeza) de una de las directoras de Yougt Rise, la organización que al parecer se ha articulado con SOMA de Perú, Psymposia de Estados Unidos y Volcánicas para destruir ATS, acusaciones que solo quieren sembrar la duda de abuso en contra de Vannesa, una acusación que aparece de manera espontánea 6 meses después, que viene de una persona en total conflicto de interés y que al parecer fue él quien quiso abusar de ella, tema que debería tener una investigación en el marco legal.
Lo mismo pasa con la supuesta violación a la intimidad publicando un chat (no fue ella la que lo publicó, sino la que lo recibió porque los que estuvimos allí sabemos quién lo compartió) hace más de 10 años, donde XX* mantenía una relación íntima con una de sus colegas a escondidas de toda la organización. Ese fue el año donde la incapacidad técnica, logística, administrativa y de liderazgo de XX* coadyuvó a llevar a a ats a la quiebra y a su salida de la organización por más de cinco años.
Como se puede ver y leer, aquí nada es casual, todo es una estrategia muy coordinada y articulada entre personas con odio, diferencias y envidias históricas y manifiestas contra ats, Julián y Vannesa, que quieren cobrar venganza soportados en la débil y presuntamente falsa denuncia de Yarelix Estrada y las otras dos supuestas denuncias ante la fiscalía, que espero sean demostradas con la solicitud de rectificación que dejo consignada en esta entrevista.
Por último, quiero dejar claro que, es totalmente entendible que ustedes como prensa feminista cuyas fallas al buen oficio y falta de investigación han sido puestas en evidencia, buscan con estas preguntas tendenciosas, validar un libreto preestablecido, generando un manto de duda sobre mí ante las nulas evidencias en mi contra que seguramente la Fiscalía ya detectó, y por supuesto quieran montarse en la ola del escándalo de Caracol para presionar a la justicia en mi caso. Nada es coincidencia en esta situación.
Yo soy inocente y lo demostraré ante la justicia, no ante las redes sociales o los medios de comunicación, pero lo que sí es cierto es que es mucha más la evidencia disponible que demuestra el método entrenado de Yarelix Estrada y su red de apoyo para acabar con mi reputación y la de la organización que fundé y para que entregue toda mi vida.
Después de mucho dolor y resistiendo a los ataques, estoy seguro que la verdad será visible y que el propósito profundo de esta situación fue poner en evidencia las grietas de un periodismo ideologizado, decadente y frágil, al igual que un ecosistema de política de drogas y reducción de daños débil e hipócrita que va en contra de los principios de justicia restaurativa, reparación y no repetición que tanto promulga, para entregarse a la cancelación como única estrategia de justicia reafirmando el punitivismo patriarcal que solo conocen.
Aquí es donde una nueva reforma de política de drogas empieza a tener sus raíces y la cancelación empieza a tener el fin de su existencia en manos de nuestra lucha.
Bueno, ahora sí parece un poquito amarillista este reportaje.
Lo bueno de sus respuestas es que nos confirma que efectivamente los testimonios si son de personas que lo conocen hace muchos años y que han sido testigos de sus comportamientos durante años.
Irrisorio que defina las acusaciones como producto de la envidia.
Yo trabajé en ATS hace cerca de 12 años. Sufrí violencia económica, violencia simbólica y acoso sexual. No podemos estar tod@s equivocadas. Después de varios años de procesar lo que me pasó, la conclusión es que estos dos personajes son perversos. Conozco a la expareja de Julián y doy fé la mierda que le tocó vivir. Las ideas de Échele Cabeza las concibió ella, no estos dos personajes. Otra personajilla maltratadora y abusiva es una señora llamada Alix Lesmes. Y por ahí podemos seguir hablando de vari@s de ellos con cargos diplomáticos. Todo es un entramado económico. Ahí nunca hubo cuidado de la vida… Lo que me queda claro es que a lo largo de los años fuimos tant@s víctimas de distintas violencias, que se les destapó la olla podrida… Me duele pensar en la que fui y no pudo defenderse de estos sociopatas. Muy díficil poder demostrar cada una de las denuncias, pero mierda, el río está sonando … Yo me creo y por supuesto que les creo…
De acuerdo con usted. Ese grupo de amiguis de ATS es bien pesado y peligroso.
Cual es el bar de Quintero? PARA NO IR NUNCA