
Olimpia Coral Melo nació en Huauchinango, Puebla, estado al sur de la Ciudad de México. A sus 18 años, mientras lidiaba con la separación de sus papás, inició una relación que pronto se tornó violenta, manipuladora y de codependencia.
Su vida cambió por completo el día en que ese hombre subió una foto suya a la página “Rolalas Huauchinango”. Era su foto de perfil: aparecía vestida de escaramuza, un deporte tradicional mexicano en el que mujeres montan a caballo vestidas de charras. Debajo de la imagen, la publicación decía que, al llegar a 500 likes, compartiría un video de Olimpia “montando de verdad”.
La publicación se viralizó rápidamente. Personas que Olimpia conocía (amigos suyos, de su papá, maestros, familiares, gente que había ido a su casa) comenzaron a likear y comentar la foto. Horas después, un video en el que ella aparecía teniendo relaciones sexuales fue difundido sin su consentimiento. La cara del hombre no se veía, sólo la de ella. En redes sociales la acusaban de haberse dejado grabar, la llamaban puta, zorra, pendeja, provocadora, decían que le había tocado su merecido por “andar de cachonda”.
Su mamá, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, le dijo que ella no tenía la culpa de nada y que no debía avergonzarse de su sexualidad. Le aseguró que tener sexo no era un crimen, pero publicar un video sexual suyo sin su consentimiento sí lo era. A partir de ahí, y con el impulso y apoyo de su mamá, comenzó una batalla legal que duraría casi siete años.
Olimpia fue revictimizada por ministerios públicos y legisladores quienes, en numerosas ocasiones, le dijeron que lo que le había pasado no era un crimen, sino mala suerte. No fue si no hasta 2014 que recibió una invitación del congreso para asistir a un foro de propuesta ciudadana, donde por fin fue escuchada por autoridades y políticos municipales y estatales. Ahí presentó por primera vez la iniciativa de ley, llamada inicialmente Ley contra la Violencia sexual-cibernética, con la que buscaba reconocer la violencia digital en el código penal y sancionar los delitos que violaran la intimidad sexual a través de medios digitales.
La iniciativa fue aprobada en Puebla cuatro años después, y se convirtió en el primer paso para que un grupo de activistas conocidas como las “Defensoras Digitales”, del Frente Nacional para la Sororidad, se movilizara y llevara la nueva Ley Olimpia a otros congresos estatales. Recorrieron el país, estado por estado, acompañando a víctimas y proponiendo reformas legislativas. Finalmente, en 2021, Olimpia y el grupo de Defensoras Digitales consiguieron la incorporación de la ley al Código Penal Federal.
El documental
En una entrevista para el diario español “El País”, Indira Cato cuenta que se interesó por la historia en 2020, después de escuchar entrevistas a Olimpia y que, el hecho de que la madre de Olimpia fuera un factor influyente para que tomara fuerza y no se avergonzara por lo que le sucedió, le pareció conmovedor y fue el impulso para realizar la película.
“Me sentía en otra plaza pública, en otra quema de brujas, en otros espacios de inquisición que se llaman redes sociales”, dice Olimpia en el documental Llamarse Olimpia, dirigido por la mexicana Indira Cato, que recoge su historia y el proceso de implementación de la ley que lleva su nombre.
Olimpia nunca buscó ese lugar. La historia nos presenta a una mujer atravesada por el cansancio físico, mental y emocional de recibir cientos de mensajes de otras víctimas, mientras enfrenta la contradicción de haber logrado una ley sin que eso signifique que todo cambió por completo porque legislar no es transformar la realidad. Las instituciones siguen fallando, el acompañamiento recae muchas veces en las activistas y el sistema de justicia y penal, que aunque es una herramienta necesaria, sigue siendo insuficiente.
“Llamarse Olimpia” también extiende la mirada a otras mujeres que forman parte de esta lucha, como Prania Esponda, rapera y activista feminista, que también fue víctima de violencia digital. Prania usa el arte como denuncia y acompañamiento. Su historia y su música denuncian que la violencia digital es una experiencia compartida por muchas mujeres que han encontrado en el feminismo una forma de defensa colectiva.
La película, que condensa el espíritu de la película y de una lucha que logró trasladarse al terreno legal e institucional, no con el objetivo de castigar más o de fomentar un sistema punitivista, sino con el de ofrecer un marco de protección para las mujeres y evitar más víctimas, se estrenó oficialmente en 2025, en el Festival de Cine de Guadalajara, y, desde entonces, ha ganado el Premio Mezcal a Mejor Película y el reconocimiento a Mejor Documental en la cita cinematográfica de Morelia. El pasado 6 de marzo se exhibió la pieza en dos cinetecas en la Ciudad de México durante la inauguración de la Gira de Documentales Ambulante, un festival de cine que lleva piezas de no ficción y documentales a plazas públicas, universidades, centros culturales y cines comerciales en distintas regiones del país, como parte de una agenda de transformación social y cultural en México. Este año celebra su edición número 21, desde el 5 de marzo hasta el 21 de mayo, bajo el concepto “Confabular”, con una programación de más de 110 títulos de 35 países, además de otras actividades gratuitas. La gira hace parte de Ambulante, una organización mexicana sin fines de lucro fundada en 2005 por Gael García Bernal, Diego Luna y Elena Fortes.
La Ley Olimpia en América Latina
El impulso de Olimpia y de las Defensoras Digitales cruzó fronteras. En 2023 viajaron a Argentina para reunirse con activistas locales y presentar la iniciativa ante el Congreso. Ahí, la propuesta fue aprobada por la Cámara de Diputados y recibió el nombre de Ley Belén, en honor a Belén San Román, víctima de violencia digital que, tras enfrentar insultos, hostigamiento y agresiones en redes sociales, se suicidó en diciembre de 2020.
Un año después, la ley también fue aprobada en Panamá. En 2024, la ruta legislativa de la Ley Olimpia avanzó en Colombia y Uruguay, además de integrarse a la legislación existente en Ecuador. Para diciembre de 2025, su impacto regional sirvió como base para la publicación de la Ley Modelo Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Digital contra las Mujeres por Razones de Género.
En 2026, la Ley Olimpia también fue presentada en Bolivia y Honduras. Como dice Olimpia en Llamarse Olimpia: “Ya no somos las feministas pidiéndote esto, ya es el Estado”.