September 9, 2026

El problema nunca fueron los “pañuelitos verdes”: cómo la ultraderecha convirtió la caída de la natalidad en una disputa por el sentido común

La ultraderecha convirtió al feminismo en enemigo para justificar con el aborto la caída de la natalidad, y de paso de la economía, desplazando la conversación de su verdadero foco y problema.

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“Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, dijo Javier Milei al referirse a la caída de la natalidad en Argentina. Según el presidente, su país no alcanza una tasa de crecimiento poblacional suficiente para garantizar el reemplazo generacional y cerró con la afirmación: “esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento” refiriéndose a la economía del país. La frase es importante no solo por lo que dice sobre el aborto. Lo es, sobre todo, por la explicación que propone para un fenómeno demográfico extraordinariamente complejo y sobre cómo responsabiliza a las mujeres de la crisis económica que atraviesa Argentina.

América Latina y el Caribe atraviesan una transformación demográfica acelerada. Según estimaciones de la CEPAL la tasa global de fecundidad pasó de niveles cercanos a seis hijxs por mujer a mediados del siglo XX a ubicarse hoy por debajo del nivel de reemplazo generacional. El fenómeno existe, tiene consecuencias económicas y sociales y merece una discusión seria, pero de verdad seria, porque el dato demográfico es apenas el comienzo de esta conversación.

La caída de la fecundidad no solo abrió una discusión demográfica. También abrió una disputa por el sentido común o lo que la ultraderecha ha venido llamando “batalla cultural”: que refiere, en este caso, a la interpretación que terminará imponiéndose sobre por qué las mujeres tienen menos hijxs y, a partir de ella, las soluciones que empezarán a parecernos necesarias, razonables o incluso inevitables.

La reducción de la fecundidad está atravesada por factores económicos, culturales, laborales, reproductivos, ambientales y de género. Convertirla, en cambio, en evidencia de que el feminismo, el aborto, la diversidad familiar o la autonomía de las mujeres están destruyendo la sociedad es otra cosa: es una decisión política que se posiciona desde la comunicación.

Primero se construye al culpable

En el discurso de Milei, el feminismo lleva años ocupando el lugar del adversario. Los “pañuelitos verdes” no aparecen solamente como un movimiento que defendió la legalización del aborto: funcionan como representación de una transformación cultural mucho mayor que el presidente argentino combate políticamente. Y, aunque otros presidentes de ultraderecha no han adoptado públicamente una postura pronatalista, sí construyen sus discursos alrededor de cuestionamientos sobre los derechos reproductivos de las mujeres. Estos discursos contribuyen a desplazar los límites de aquello que una sociedad considera aceptable discutir: lo que en comunicación política podemos analizar a través de la ventana de Overton.

Cuando un gobierno encuadra comunicativamente la reducción de la natalidad como una crisis, necesita también construir una explicación. Y una explicación puede necesitar un culpable. Y cuando ya tenemos responsables, determinadas soluciones políticas empiezan a resultar mucho más fáciles de justificar. 

El encuadre es políticamente poderoso porque simplifica convenientemente un fenómeno extraordinariamente complejo. Por eso la frase de Milei sobre “los pañuelitos verdes” resulta tan reveladora. En lugar de preguntarnos únicamente qué está ocurriendo con la estructura demográfica de nuestras sociedades, la discusión puede desplazarse hacia las decisiones reproductivas de las mujeres. El feminismo, el aborto, la autonomía femenina y la transformación de los modelos tradicionales de familia empiezan entonces a incorporarse a una narrativa más amplia sobre decadencia social, pérdida de valores y amenaza económica.

Pero hay una pregunta mucho más incómoda que ese encuadre deja en segundo plano: Si existe tanta preocupación porque las mujeres estamos pariendo menos, ¿por qué existe tan poco interés en preguntarnos por qué no queremos parir y ser madres? Responder seriamente esa pregunta obligaría a ampliar la conversación. Obligaría a hablar del costo económico de criar un hijo o hija y de la precarización laboral; del acceso a la vivienda y de la existencia o ausencia de sistemas suficientes de cuidado; de las consecuencias que todavía tiene la maternidad sobre los ingresos, la autonomía y las trayectorias profesionales de las mujeres.

También obligaría a discutir la distribución profundamente desigual del trabajo doméstico y de cuidados; las condiciones en las que muchas mujeres tendrían que compartir la crianza; las guerras y las migraciones forzadas; la incertidumbre económica; las preocupaciones ambientales; las transformaciones culturales de las nuevas generaciones y, por supuesto, algo que durante siglos fue mucho más difícil siquiera imaginar: que algunas mujeres, simplemente, no quieren ser madres. Y eso también constituye una transformación política.

Cuando se trata de las mujeres, el discurso político parece cambiar según lo que cada momento histórico necesite. Al final, parece que las mujeres siempre terminamos quedándole mal a la sociedad: cuando parimos y cuando no parimos. Y tal vez ahí esté la verdadera disputa por el sentido común: si frente a una sociedad que tiene cada vez menos hijxs aceptaremos el encuadre pronatalista de sectores de la ultraderecha, que pone el foco sobre las decisiones reproductivas de las mujeres, o si seremos capaces de hacernos una pregunta mucho más compleja: ¿qué tendría que cambiar en nuestras sociedades para que quienes quieran tener hijxs puedan hacerlo en condiciones dignas y quienes no quieran tenerlos puedan decidirlo libremente?

Tal vez algún día entendamos, como sociedad, que el problema nunca fueron los “pañuelitos verdes”.

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Autor

  • Feminista y estratega colombiana en comunicación política. Contadora pública, magíster en Comunicación Política y en Finanzas, especialista en Auditoría de Control Interno y Aseguramiento y en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina y el Caribe. Fue jefa de prensa de la campaña presidencial de Francia Márquez en 2022. También ha sido directora de Comunicaciones del Ministerio del Trabajo, viceministra de las Mujeres (e) y asesora del Viceministerio de las Mujeres, entre otros cargos en el sector público. Es autora de publicaciones académicas como El fenómeno político de Francia Márquez; Ni siquiera sé si mi mamá votará por mí: análisis del marketing político de Francia Márquez 2022; y Mujeres rurales propietarias de la tierra en Colombia: un camino hacia la disminución de las violencias basadas en género. Fue delegada por el Gobierno de Colombia para participar, en representación del país, en la negociación del texto del Compromiso de Tlatelolco: Una Década de Acción para el Logro de la Igualdad Sustantiva de Género y la Sociedad del Cuidado. Actualmente asesora a figuras y proyectos políticos en estrategia de comunicación y asuntos de género.

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