January 16, 2026

Dolores Reyes: “Mis libros le hablan a Latinoamérica”

A más de un año del ataque de censura a Cometierra, la obra de la escritora argentina Dolores Reyes está más vigente que nunca. La autora recorre escuelas y viaja por diferentes países para presentar sus libros y el estreno de la serie mexicana basada en su novela. Además, adelanta algunos detalles de su próximo libro, la tercera parte de la saga.

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Dolores Reyes
DOLORES REYES ESCRITORA

Dolores Reyes llega a una escuela de la Provincia de Buenos Aires para dar una charla. Es un día de primavera y faltan pocas semanas para terminar las clases. Una multitud de docentes y alumnos espera conocer a la escritora que tanto admiran. Esa mañana se habían reunido cinco escuelas de la zona oeste de la provincia para conversar con la autora de Cometierra (2019), una obra que ha tocado el alma de miles de personas de todas las edades. Cuando llega el momento de firmar algunos ejemplares, una joven se acerca con el suyo. Pero este no es un ejemplar más: tiene algo especial. Apoya sobre la mesa el libro fotocopiado, anillado y pintado por ella misma. Dolores se emociona por el amor artesanal del libro hecho a mano, pero aún más por el relato que ella comparte. Le cuenta que había dejado el secundario y que su libro la conmovió tanto que decidió hacer el esfuerzo de terminarlo en paralelo mientras trabaja y que, cuando termine de rendir las materias pendientes, quiere anotarse en la universidad para estudiar la carrera de Letras. 

—La chica lloraba, fue fuertísimo. Una no sabe hasta dónde toca. Lo mismo pasa con la docencia, una no tiene ni idea cuánto toca y cuán importante va a ser una en la vida de los pibes. 

Además de ser una de las escritoras argentinas más influyentes de la literatura latinoamericana contemporánea, Dolores dedicó gran parte de su vida a la docencia. A los 19 años se recibió de maestra y trabajó en las escuelas de los barrios Pablo Podestá y Fuerte Apache, en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, territorio donde nació, vive y sitúa su obra. Tanto por su trabajo como por ser madre de siete hijos, está en contacto permanente con las infancias y adolescencias del lugar que habita, en quienes se inspiró para crear los personajes de Cometierra. 

El libro narra la historia de una adolescente que tiene el poder de comunicarse con personas desaparecidas al comer un puñado de tierra. La ficción está dedicada a las víctimas de femicidio y a sus sobrevivientes. La historia comienza con Cometierra yendo al cementerio de Pablo Podestá por la muerte de su madre. A pocos metros de ese lugar, la autora empezó a escribir la novela mientras trabajaba en la escuela 41 del barrio.

“Cierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaba de taparte, mamá, y se me hace de noche. Cierro los puños, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el gusto del tronco de un árbol. Me gusta, me muestra, me hace ver”, dice Cometierra.

¿Cómo nació la voz del personaje?

—A la hora de componer un personaje tan situado y con una voz tan potente, he tomado pequeñas características para armarlo, tanto de mis exalumnos como de mis hijos y sus amigos. Veo esas formas de pasar el tiempo y de relacionarse entre ellos. 

Cometierra fue su primera novela. Dolores Reyes estudió letras clásicas en la Universidad de Buenos Aires y asistió a los talleres de escritura de Selva Almada y Julián López. En ese espacio empezó a escribir esta historia que recorrió el mundo entero. El libro se publicó en 2019 por la editorial Sigilo, fue traducido a 15 idiomas y, hasta el día de hoy, su autora viaja por diferentes países para presentarlo. En 2023 publicó Miseria (Alfaguara), la segunda parte, que también tuvo una gran repercusión editorial. Hace unos meses, la novela tuvo su adaptación audiovisual en México. La serie cuenta la historia de Aylín, una adolescente de la periferia de la Ciudad de México. Dirigida por Daniel Burman, la ficción se estrenó el 31 de octubre de 2025 en Amazon Prime Video. 

La autora empezó a trabajar en Cometierra durante los talleres de la escritora argentina Selva Almada. 

En ese primer taller, la presencia de Cometierra se me impuso. Al principio pensé que iba a ser un cuento más y con el tiempo se complejizaba y no tenía fin. Ella iba creciendo, le iban pasando un montón de cosas. Una historia nunca es nada más que una trama. Los personajes tienen que tener voz, la novela tiene que tener un tono. Yo ahí tomé una decisión estética: no narrar desde la distancia. Quería contar esta historia desde sus protagonistas y en los que confluyen una serie de violencias muy marcadas: la violencia de género, la violencia laboral, la violencia obstétrica. También, la exclusión, el desprecio, los racismos. Entonces, sitúo a un personaje en un territorio y tengo que hacer un trabajo con la lengua para que eso se arme.

¿Se viene la tercera parte de la novela?  

—Sí, está muy avanzada. Estoy trabajando todos los días en el próximo libro. Esta vez me meto en el universo del juego. En el sentido más amplio del juego en la infancia y de cómo se jugaba cuando Cometierra era niña y cómo se juega hoy. Y también, cómo se juega en el mundo de los adultos. Habla sobre el paso de lo lúdico de la infancia al mundo de los adultos. 

En los últimos cinco años, América Latina y el Caribe registra casi 20.000 feminicidios, lo que supone 11 muertes violentas cada día (CEPAL). ¿Cómo dialoga tu obra en el territorio con estas cifras en aumento? 

—Mis libros le hablan a Latinoamérica. El público me dice: “Leo tus novelas y, por la lengua, me doy cuenta que es Argentina, pero al rato me olvido y es como si estuviese acá a la vuelta”. Estamos hermanados por una sangría permanente de mujeres y personas trans que nos faltan, con el agravante de todos los discursos de odio que estamos teniendo. En nuestro territorio tenemos una cantidad brutal de desaparecidos: crecí viendo organizaciones de mujeres buscando a sus hijos e hijas en la tierra, y sigo viéndolo hasta el día de hoy. Por eso también se lo dedico a las Abuelas y a las Madres de Plaza de Mayo. Hay cuerpos que faltan, siempre estamos buscando a alguien. El libro dialoga siete años después de su publicación. Sigue tristemente vigente. 

La censura 

En 2024, Cometierra recibió un ataque de censura por parte del gobierno argentino de Javier Milei. Los funcionarios de ultraderecha atentaron contra un programa educativo que promueve la lectura y el libro en las escuelas. La persecución estuvo destinada a otras dos novelas: Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara y Las Primas de Aurora Venturini. Sin embargo, la resistencia cultural fue más fuerte: no solo se organizaron lecturas colectivas para alzar la voz de estas obras argentinas, sino que también aumentaron las ventas de estos libros. 

¿Qué reflexión hacés hoy a un año del ataque de censura? 

Fue un periodo en el que recibí muchísimas agresiones. Por suerte, también el respaldo de infinidad de gente, empezando por mis compañeras escritoras y escritores de Argentina y del mundo, que se solidarizaron y se sumaron a hacer algo que quienes querían prohibir el libro no hicieron: sentarse a leer. Pero queda un daño. Cada tanto, alguien, sin haber leído el libro, por supuesto, empieza de nuevo con esa idea que instalaron de que Cometierra es un libro pornográfico. 

¿Aún hay casos de censura? 

—Sí, hace poco en Córdoba, un profesor fue despedido y cuatro docentes fueron sumariados por dar el libro en las escuelas, y eso es muy terrible porque quieren implementar miedo en los docentes que trabajan formando lectores en el aula. Trabajar un libro de literatura en el aula es una experiencia muy rica de crecimiento y de formación de los alumnos, entonces siempre que pasan estas cosas, yo salgo a respaldar el trabajo de los docentes. Es algo muy terrible cuando miembros del Ejecutivo Nacional son quienes avalan estos intentos de censura. Durante todo este tiempo se me ha acercado un montón de gente por el tema de la censura de Cometierra. Y en ese sentido sí recibí mucho apoyo después de la campaña de difamación, de las denuncias, incluso judiciales, muy desagradables. No queremos que se haga quema de libros, no queremos que haya censura en la Argentina nunca más. 

Tu activismo tiene muchos frentes de lucha. Hace varios años sos parte de la agrupación MIRÁ Socioambiental junto a Soledad Barruti, Gabriela Cabezón Cámara, Maristella Svampa y Claudia Aboaf ¿Cómo nació el proyecto?

—El proyecto surgió porque todas las que formamos parte coincidimos en marchas, conferencias, asambleas, frentes de lucha por la Ley de Humedales y por el Mar Libre de Petroleras. Un día dijimos: ¿por qué no hacemos algo más orgánico juntas? También nos encontramos con otras activistas mujeres, como Las Fuegas, que se meten a combatir los incendios en Córdoba. Venimos trabajando muchísimo, ya llevamos unos buenos años juntas. Hicimos una serie de podcast que se llama Los territorios hablan Mirá, se puede escuchar en Spotify y YouTube. Es un grupo que quiero muchísimo y es un espacio de cuidado de la tierra, el agua y de nuestros territorios. 

Dolores Reyes utiliza la ficción para denunciar los femicidios, las violencias silenciadas, la desigualdad social y el poder de lo místico como forma de resistencia. La literatura se transforma en un acto mágico que da vida a historias y personas. En este caso, el de una adolescente del conurbano bonaerense, huérfana por un femicidio, que descubre un poder ancestral al comer tierra y puede ver los últimos momentos de personas desaparecidas. Su voz está más viva que nunca.

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Autor

  • Belén Ruiz Jelenic (Argentina, 1988) es periodista, productora, gestora cultural y programadora de cine. Ha publicado textos y ensayos sobre cine, literatura, arte y feminismos en medios de Argentina, España y México como Pikara Magazine, VICE, Afroféminas, entre otros. Ha trabajado como reportera de cultura y productora en televisión y medios audiovisuales de Buenos Aires. Organiza el Festival de Cine Bendita Tú, que visibiliza cortometrajes con perspectiva feminista y queer, y programa ciclos de cine en distintas salas y espacios culturales. Coordina talleres de cine debate, lectura y escritura.

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