October 23, 2026

Señalan a Sergio Esteban Vélez, director del Instituto Caro y Cuervo, de imponer narrativa errada sobre lenguas indígenas y estigmatizar a investigadora 

Trabajadorxs del Instituto Caro y Cuervo señalan a Sergio Esteban Vélez, su nuevo director, de imponer narrativa errada sobre lenguas indígenas y estigmatizar a investigadora. Exigió cambiar la línea “lenguas nativas, justicia social y reparación” por “lenguas amenazadas por el terrorismo” en un encuentro que había sido acordado con investigadores y comunidades. Volcánicas habló con la investigadora y dos trabajadorxs del instituto que lo confirman. Advierten que el archivo estaría en riesgo. Compartimos sus testimonios.

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Sergio Esteban Vélez, director del Instituto Caro y Cuervo

Trabajadorxs del Instituto Caro y Cuervo denuncian que, en el marco del Encuentro de Experiencias para el Cuidado de las Lenguas Nativas, antes llamado Encuentro de Saberes y Experiencias para el Cuidado de las Lenguas Nativas, el director, Sergio Esteban Vélez, exigió reemplazar la línea temática “lenguas nativas, justicia social y reparación” por “lenguas amenazadas por el terrorismo”. La investigadora principal del proyecto, una mujer con más de una década de experiencia en su labor, objetó esa premisa por carecer de sustento teórico y académico; en respuesta, Vélez la acusó de “justificar masacres” y estar “a favor de las violaciones”. Volcánicas entrevistó a tres personas de la institución que prefieren mantener sus identidades bajo reserva.

Cambios en el evento e imposición de narrativa 

El equipo del Programa de Documentación de Lenguas Indígenas llevaba varios junio preparando el Encuentro, de manera conjunta con líderes e investigadores indígenas de distintos pueblos con integrantes de los pueblos inga, cacua, kamëntšá, wayúu, wiwa, cabiyarí, nasa, murui y miraña. El evento estaba pensado como un espacio de intercambio sobre la documentación, revitalización, fortalecimiento, enseñanza y salvaguardia de las lenguas nativas de Colombia, y había sido programado para el 17 y 18 de noviembre; sin embargo, un mes antes aún no se había publicado la convocatoria, pues, con el cambio de dirección, faltaba la aprobación del nuevo director y este no respondía los mensajes, cancelaba las reuniones e incumplía los horarios.

Una de las personas del equipo lo tuvo que abordar en persona un par de veces buscando la aprobación. La primera vez, Vélez le dijo que no le gustaba la palabra saberes del nombre del evento, hasta ese momento Encuentro de Saberes y Experiencias para el Cuidado de las Lenguas Nativas, y pidió que la línea temática sobre justicia social y reparación lingüística se reemplazara por “lenguas amenazadas por el terrorismo”. La coordinación del programa decidió que era preferible eliminar esa línea antes que incluir el terrorismo, pero él insistió por correo. El equipo consideró que esta exigencia alteraba el propósito central del encuentro.

Reunión y señalamientos

El 14 de octubre “fui a su oficina a buscar la aprobación, y cuando le dije que iba a consultar la decisión con la investigadora, me respondió que ella no era la directora, que el director era él y que se hacía lo que él dijera”, cuenta un integrante del equipo.

Durante la reunión, que duró más de una hora, la investigadora pidió conectarse y él no lo permitió, nos cuenta uno de los integrantes del equipo. Entonces, ella le iba explicando telefónicamente a su compañero que las mayores causas de desaparición de las lenguas indígenas fueron el español, la evangelización y otros procesos, y este se lo transmitió al director y él se lo transmitía al director. 

“Ahí él se exaltó. Básicamente, fue como decirle guerrillera: dijo que le parecía vergonzoso que ella estuviera a favor de las masacres, de las violaciones. Recuerdo que dijo: Me parece vergonzoso que ella esté de acuerdo con eso. Yo le respondí: Director, nadie está defendiendo las masacres. Ella dice que no hay evidencia de que ese sea el factor principal. También le dije que reducir el conflicto a la guerrilla de izquierda era inexacto, porque los paramilitares también atacaron a pueblos indígenas, por ejemplo en la Sierra. Él dijo: Ella está minimizando la masacre contra los indígenas. Me parece terrible esa concepción de justificar masacres. ¡Qué horror! Yo le dije que ella era quien había estado a cargo de la documentación y de formar a jóvenes indígenas para revitalizar sus lenguas. Y él me respondió: Dígale a esa señora que esa es la instrucción. Que ponga una tutela. Le propuse cambiar la palabra terrorismo, que me parecía amarillista, y dijo que no”, agrega.

Recuerda que cuando entró a su oficina, él tenía sobre la mesa una investigación de El Espectador titulada “El Caro y Cuervo bajo la dirección de Vélez: denuncias de funcionarios y proyectos en riesgo”; la investigación decía que Vélez había prohibido los celulares en las reuniones directivas y temía ser envenenado. También de pagos atrasados a contratistas, la negativa a usar el Secop y la orden de imprimir correos y documentos para revisarlos en papel y otras denuncias e inquietudes de empleados.

 “Me dijo que sabía que lo estaba grabando; le contesté que no. Entonces me dijo: Bueno, graba esto para que ya sepan. Y grabé con su autorización una nota de voz en la que explica por qué considera que el terrorismo es el principal factor que amenaza las lenguas. Esa explicación aparece luego en el boletín de la convocatoria”. 

La explicación a la que se refiere es la siguiente, que fue publicada en la página web del Instituto:

“Según Sergio Esteban Vélez, director del ICC, “las lenguas indígenas se extinguen cuando se extinguen los indígenas, y una de las mayores causas de la extinción de los indígenas es cuando son masacrados, y hemos visto en los últimos 100 años cómo los grupos criminales de izquierda y de derecha han masacrado a nuestros indígenas; los han secuestrado, han asesinado a sus sacerdotes y a sus médicos, han violado a sus niñas, han reclutado a sus niños, han masacrado masivamente a muchas de estas comunidades, han llenado a sus territorios de coca y los han desplazado, de modo que estos indígenas tienen que irse a las ciudades, donde ya no pueden hablar su lengua, y donde es difícil la transmisión de esta lengua a sus hijos y descendientes. Así, se van extinguiendo nuestras lenguas; de modo que es muy importante que, en nuestro ejercicio de protección, de salvaguardia de las lenguas indígenas, sensibilicemos acerca de cómo los actores armados las están y las han estado extinguiendo”.

Al publicar oficialmente la convocatoria, la línea temática “Lenguas nativas, justicia social y reparación” fue reemplazada por “Lenguas nativas amenazadas por el terrorismo”. La convocatoria se publicó finalmente en las redes sociales del Instituto el lunes 19 de octubre, con fecha de cierre el viernes 23. Varios comentarios de rechazo por la narrativa del terrorismo impuesta fueron borrados de la publicación.

“Para mí es muy peligroso. Es discriminación por prejuicio político. También lo veo como abuso de poder”

Frente a los graves señalamientos que hizo Vélez sobre ella, dice: “Tengo 44 años y llevo 21 trabajando con pueblos indígenas de Colombia, en lugares con presencia de grupos armados de todo tipo. Que esos calificativos vengan del director de la institución a la que estoy afiliada es para mí muy peligroso. Las personas de los pueblos que me conocen me han mandado mensajes de solidaridad, pero yo no conozco a todo el mundo. Siento que desconoce mi trabajo. Para mí es discriminación por prejuicio político. Yo con él ni me he visto: se ha reunido con todo el mundo menos con nosotros. Asume que soy lo que él crea que soy. También lo veo como un abuso de poder”, añade visiblemente preocupada.

Le dijo a su compañero que ella no iba a permitir que el programa se convirtiera en una plataforma para ventilar visiones políticas y teológicas. Por ello, presentó una queja ante la Comisión de Género y Discriminación del Instituto y envió una carta a la Subdirección Académica. El subdirector le respondió por WhatsApp “lo siento mucho”, pero ella sigue esperando un recibido formal.

Desde el programa, ambos decidieron desvincularse del evento por considerar las condiciones irrespetuosas con el trabajo colectivo desarrollado con investigadores y representantes de los pueblos indígenas.

“Esto es una muestra más de que es muy lamentable nacer indígena en este país” dijo uno de los líderes de las comunidades.

Los representantes de los pueblos indígenas inga, cacua, kamëntšá, wayúu, wiwa, cabiyarí, nasa, murui y miraña tuvieron un papel central en las decisiones metodológicas y conceptuales. La investigadora nos transmitió que fue muy doloroso para el equipo y que una de las compañeras indígenas dijo: “En las comunidades elegimos a un líder para que represente la voz de toda la comunidad. Creíamos que esto iba a pasar en esta institución: que él puede ser el nombrado por el gobierno, pero que nos representa a todos. Y no es el caso”. Y otro compañero, un líder, sabedor e investigador indígena, le dijo: “Esto es una muestra más de que es muy lamentable nacer indígena en este país”.

La investigadora explica que la premisa del terrorismo no tiene sustento. 

“Tenemos 400 años de historia colonial en los que está documentado que la castellanización y las misiones fueron lo principal. No niego que la guerra ha tenido un impacto terrible sobre los pueblos indígenas, pero no ha sido la principal causa de la muerte de las lenguas”, nos explica ella misma.

“La Comisión de la Verdad documentó cómo la alianza entre el Gobierno y la Iglesia llevó a que los pueblos dejaran de hablar sus idiomas; hay testimonios que dicen que se les prohibía hablar su lengua. La Corte Constitucional, en la sentencia C-139, declaró inconstitucional la ley que buscaba reducir a la vida civilizada a los pueblos indígenas. Hay estudios sobre las misiones capuchinas entre los ingas del Alto Putumayo. Y hoy, en zonas del Vaupés, la Iglesia católica maneja la educación: en comunidades donde la gente crece hablando cinco, seis o siete idiomas, la escuela es solo en español, y los jóvenes están dejando sus lenguas”, agrega.

En un pronunciamiento en rechazo a lo ocurrido, varios integrantes del equipo del Programa de Documentación de Lenguas Nativas aclaran que “la pérdida de las lenguas indígenas en Colombia responde a múltiples factores históricos, sociales, políticos y territoriales, entre los que se encuentran la discriminación y la estigmatización lingüísticas. La exclusión asociada al uso de las lenguas maternas ha llevado a numerosas familias a priorizar el español como una forma de proteger a sus hijos de la discriminación. A ello se suma el predominio del castellano en la educación formal, las instituciones estatales y los medios de comunicación, que restringe los espacios de uso de las lenguas indígenas y debilita su transmisión intergeneracional. El desplazamiento forzado, el despojo territorial, las políticas violentas de castellanización y los procesos de evangelización también han incidido en su desplazamiento y pérdida. Aunque la violencia armada afecta a muchos de los territorios de los pueblos indígenas y puede contribuir a la interrupción de la transmisión lingüística, atribuir la pérdida de las lenguas al terrorismo como factor principal simplifica un fenómeno complejo y carece de suficiente sustento teórico. Reducir las dinámicas del conflicto armado a una sola categoría también puede dejar de lado factores estructurales como las desigualdades históricas, las dinámicas extractivistas, la colonización y la ausencia histórica del Estado en diversos territorios. En este contexto, el eje temático Lenguas nativas, justicia social y reparación constituía una categoría de análisis para abordar las afectaciones que las comunidades identifican en sus lenguas y las demandas de reconocimiento y reparación asociadas a ellas. Para los integrantes que manifestaron su rechazo, su reemplazo arbitrario suponía desvirtuar el carácter académico y participativo del encuentro, así como restringir la posibilidad de que las comunidades expresaran sus propias perspectivas sobre los procesos que afectan sus lenguas”.

El archivo en riesgo

Desde el decreto de 1944, una de las misiones del instituto es promover y preservar la diversidad lingüística de Colombia, que va mucho más allá del español. “Esto no empezó con el gobierno Petro, aunque ese gobierno lo impulsó más”, dice la investigadora. “Desde el año pasado empezamos a trabajar con presencia en los pueblos y a reconocer a sus integrantes como investigadores. En el cierre que hicimos en el Valle de Sibundoy sentimos que las comunidades empezaban a sanar heridas con las instituciones del Estado”.

Para ella, el archivo está en riesgo: “En mayo lanzamos el repositorio de lenguas, diseñado para que lo usen los pueblos, no solo los lingüistas. Es muy vulnerable porque depende de que la institución pague el almacenamiento. Un archivo internacional de lenguas en peligro ofreció guardarlo, pero la gente quiere que esté aquí y no en Alemania o en Estados Unidos. Es una responsabilidad del Estado: el instituto es del Estado, no del Gobierno de turno”. 

Cuestionamientos sobre la formación del nuevo director y su aptitud para el cargo

En su perfil, el director dice tener una maestría en Estudios Hispánicos de la Universidad de Montreal y estudios en otras universidades de Canadá. “Tenemos la respuesta a un PQR donde consta que el instituto no verificó esos títulos porque no se requerían para el cargo, y que solo validó su pregrado en Comunicación Social de la Universidad de Antioquia”, alerta una persona del equipo. 

También nos cuenta que, para el 12 de octubre se propuso un evento desde el programa, y la dirección decidió llamarlo “Semana de la Hispanidad”, sin mención a las lenguas indígenas. Desde comienzos de septiembre no ha habido publicaciones sobre lenguas indígenas en las redes del instituto y un artículo de El Espectador sobre los cantos de las mujeres embera fue excluido del boletín semanal. Se presentó un PQR para que se explique la razón, pero a la fecha no ha sido respondido.

Esto se suma a cuestionamientos previos que, en menos de dos meses, ya acumula Velez. A comienzos de septiembre de 2026, días antes de que la ministra de las Culturas, Paola Holguín, lo posesionara, publicó en TikTok un video en el que describía al Instituto como un “fortín de propaganda comunista y del marxismo cultural”, permeado por el “odio de clases” y la “agenda woke”, refiriéndose a la administración anterior. El video desapareció de sus redes después del nombramiento. 

A finales de septiembre, ya estando en el cargo, usó las cuentas oficiales del Instituto para difundir dos videos. En el primero presentaba al poeta nadaísta Gonzalo Arango como un escritor que se alejó de la izquierda y regresó a la fe. En el segundo, publicado el 29 de septiembre, día en que el escritor caleño Andrés Caicedo habría cumplido 75 años, calificó su suicidio como un “pliego de cargos morales” asociado a su rebeldía. Ambas publicaciones generaron rechazo, incluyendo reacciones de la exministra Elvira Cuervo de Jaramillo, descendiente de Rufino José Cuervo, la Fundación Paz y Reconciliación, la exdirectora del Instituto Daniella Sánchez Russo, y más de cien egresados que firmaron un reclamo público.

El protocolo de género y discriminación

Hablamos con otra persona del Instituto para tener más contexto sobre el manejo interno de la queja y sus posibilidades de trámito. Nos explicó que el instituto tenía un protocolo de 2023 muy escueto, que nadie conocía y fue actualizado para incluir la atención a personas LGBTIQ+ y la discriminación por raza, pertenencia étnica o posición política, entre otras. La directora anterior, Daniella, lo aprobó por correo y pasó por el Comité Institucional de Gestión y Desempeño. “Luego llegó una resolución del Ministerio de Educación que exigió nuevos ajustes y, con esa excusa, no se ha publicado: está condicionado a que lo revise el director. Hoy rige el protocolo de 2023, que no incluye nada sobre discriminación”, nos dice.

Añade que, desde el primer día el director se ha reunido con todas las áreas menos con género, que le ha pedido reunión tres veces, y con documentación de lenguas indígenas. Ambas áreas son lideradas por mujeres. Tampoco se ha vuelto a convocar el Comité de Equidad de Género. También advierte en el discurso del director una posición que encuentra patriarcal y condescendiente con los pueblos indígenas: “habla de nuestros indígenas, desde una lógica infantilizada, y los usa para reforzar una posición antiterrorista”.

¿Por qué un instituto de lenguas tiene una línea de género?

Como entidad pública, la Circular 009 de Función Pública obliga al instituto a medir indicadores de género: paridad, acciones afirmativas, bienestar para mujeres gestantes y lactantes. Como institución de educación superior, el Ministerio de Educación también le exige una política de género y un protocolo actualizado. Y el Conpes 4147, el Conpes LGBTIQ+, le asigna al instituto una responsabilidad específica en investigación y apropiación social del conocimiento.

La investigadora agrega que también es un asunto lingüístico. “El español codifica dos géneros, pero en muchas lenguas amazónicas hay hasta 17 clases de sustantivos, que clasifican por forma: redondo, alargado, puntiagudo. Para entender cómo piensa otra gente a través de su lengua, hay que mirar el género”.

Sobre el trabajo del Programa de Documentación de Lenguas Indígenas

Desde 2017, el Programa ha desarrollado talleres audiovisuales, procesos de documentación territorial y el Diplomado en Documentación Audiovisual de Lenguas Nativas. Más recientemente, puso en marcha el Repositorio de Lenguas Nativas de Colombia, una plataforma construida con el liderazgo de integrantes de comunidades indígenas que reúne más de 200 horas de grabación, 50 productos disponibles e información sobre las lenguas del país.

Este trabajo responde a compromisos institucionales y legales, entre ellos la Ley 1381 de 2010, conocida como Ley de Lenguas Nativas, y a la misión histórica del Instituto Caro y Cuervo de contribuir al conocimiento, la documentación y la protección del patrimonio lingüístico de la nación.

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