May 27, 2021

Cuerpos desobedientes: la digna rabia del Escuadrón Trans Marica

Por Laura Steiner

Ilustración de Carolina Urueta

“¡Escuadrón Trans Marica! ¡¿presente?!” se escucha una voz por un megáfono. Los vendedores de mango, papaya, naranja y salpicón hacen silencio. La batucada enfrente de la escultura de Rafael Uribe Uribe se apaga por un momento también. Suenan voces que responden al unísono “¡presente!” La mujer trans, encargada del megáfono, le pide a sus compañeras alinearse en filas: brazos derechos empiezan a subir como en una danza hasta quedar todos apuntando en dirección al cielo, cae la tensión de la muñeca derecha y los cuerpos dirigen la cadera hacia ese mismo lado también. Ahora son dos filas en pose de disco el frente del Parque Nacional. 

Mientras las filas se preparan para marchar, mi expectativa crece. Espero que de pronto empiece a sonar algo como Night Fever de los BeeGees pero, en vez de una canción, se oye el megáfono otra vez con una voz más contundente que antes: “¡Hoy marchamos por nuestras hermanas caídas y víctimas de la violencia policia!” Es domingo al medio día y el Escuadrón Trans Marica, vestido con diferentes atuendos, todos incluyendo una prenda verde, de ese mismo verde limón del uniforme de policía, emprende la marcha por la carrera séptima hacia el norte.

En medio de la protesta social que se ha tomado a Colombia en el último mes, surge una imagen de poderío desde el cuerpo: la toma del espacio público por grupos trans que salen a marchar y bailar a la calle. 

Desde una de las voces más marginalizadas en Colombia, donde la vulneración del cuerpo es tan aberrante y frecuente como lo es para los grupos trans, se clama la necesidad de un Estado que vele por todos sus ciudadanos, que le proporcione a todos los cuerpos la capacidad de vivir una vida digna. A las mujeres trans se les discrimina principalmente por los cuerpos que habitan y es precisamente con ese territorio de maltrato con el que hacen activismo, poniendo el cuerpo en el centro de la marcha, afirmando su corporalidad y su existencia, inclusive corriendo el riesgo de ser nuevamente maltratadas por el simple hecho de salir a la calle. A través de la marcha y del baile, los cuerpos trans enfatizan lo que tantos otros cuerpos – de mujeres trans o no – expresamos cada vez que salimos a la calle a marchar: el reconocimiento y el respeto por la vida misma. 

Tres de esos cuerpos que se tomaron la calle son el de Piisciis, Axid y Neni Nova, quienes unas semanas antes se tomaron también, por unos minutos, la protesta en la Plaza de Bolívar a través del baile el 28 de abril, primer día del paro. La escena que quedó grabada es potente: agentes del ESMAD con sus cascos, escudos y su parafernalia de protección moviéndose de manera enclenque, sin saber muy bien qué hacer frente a esos cuerpos de torsos descubiertos que se movían de manera libre y fluida, adornadas apenas por una cinta amarilla de “peligro”, tacones y peluca, bailando vogue. 

El baile vogue se originó a mediados de los años ochenta en Nueva York dentro de la escena del ballroom, subcultura originaria de Harlem, en donde cuerpos mayoritariamente negros y latinos de la comunidad LGBTQ+ se unían en espacios underground para competir en diversas categorías a través de la actuación, baile o el desfile. Y aunque hoy el vogue se practica en diferentes ámbitos sociales, el baile nació en espacios en donde se juntaban minorías y cuerpos que peleaban por sus derechos. 

Una semana antes del inicio del paro, se hizo público un video con Piisciis, Axid y Neni Nova bailando vogue en un transmilenio con guaracha de fondo. La intención de tomarse el espacio público ya se hacía evidente en ese primer video que inmediatamente se volvió viral.  Su idea del 28 de abril, primer día del paro, era entonces salir a protestar y hacer una segunda versión del vogue al son de la guaracha, pero en la Plaza de Bolívar. 

Cuando llegaron a la plaza el ambiente estaba tenso y ya habían enfrentamientos entre algunos manifestantes y agentes del ESMAD. Sonó la guaracha y ellas empezaron a bailar. Algunas personas las reconocieron de su video anterior y les sugirieron hacerse en un espacio más visible. Agentes de derechos humanos (DDHH) les dijeron lo mismo. Entre el cuerpo de la ciudadanía y representantes DDHH, Piiciis, Axid y Neni Nova terminaron subiéndose hasta el Palacio de Justicia en donde bailaron vogue entre el cuerpo del ESMAD, frente a un mar de gente que protestaba y las alentaba.

“El baile fue nuestro escudo y nuestra arma. Con nuestro cuerpo y nuestros tacones los atacamos’‘ dice Axid sobre su interacción con el ESMAD ese día. “Fue un ataque porque el baile es una manera de expresarnos y protestar. De apuñalar a los policías debajo de esa armadura tan rígida que ellos tienen”.  

La convocatoria del domingo en la Plaza de Bolívar la habían hecho miembras de la casa de vogue Abismal Haus. En el mundo del vogue la organización es por casas y se les llama así, precisamente, porque buscan emular el sistema social de una casa con sus diferentes funciones ya que, en la cultura LGBTQ+, los rechazos iniciales suelen venir desde sus hogares. Entonces la casa entra a darle un nuevo significado a la familia, además de ofrecerles una comunidad. En las casas de vogue existe una madre, quien lidera la casa, y las otras miembras, tanto de la casa como de la comunidad vogue, se llaman hermanas entre ellas. 

“¡Siempre marica, nunca paraca!” cantan las hermanas de Abismal Haus saliendo del Parque Nacional por la carrera séptima.

“¡Siempre marica, nunca paraca!” tres mujeres drag se suman a la cabeza de la marcha, una tiene un vestido blanco corto, la otra un conjunto rojo de spandex y la tercera va con un tocado negro. Detrás de ellas tres, una pancarta que dice “Colombia Libre de Homolesbitransfobia” y las banderas verde limón policía que lleva el Escuadrón Trans Marica. 

Esta marcha la convocaban mujeres y personas trans no binaries, un término sombrilla que acoge a aquellos que no se identifican como hombre o mujer, ampliando el espectro de género donde se incluye a las personas de género fluido y genderqueer. Pero en el centro de esta protesta estaban, sobre todo, los cuerpos. 

El paro en Colombia llevaba más de 15 días activo y, por la presión de las manifestaciones, ya había logrado tumbar una reforma tributaria, además de precipitar la renuncia del ministro de hacienda, y que el gobierno anunciara por fin la matrícula cero para la educación superior de los jóvenes colombianos más pobres. 

Pero aún así la protesta seguía. 

Y la protesta sigue.

Y los cuerpos de las manifestantes siguen tomándose las calles.

Es evidente que el paro es más grande que la reforma tributaria, inclusive que los subsidios educativos que se comprometió a dar el gobierno, pues basta con salir a la calle para oír que la gente clama por un país que respete el cuerpo, que respete la vida. La marcha de ese domingo siguió avanzando por la carrera séptima y el Escuadrón Trans Marica proclamaba, cada vez con más fuerza, esta arenga:

“¡Que ser no me cuesta la vida!”

“¡Que ser no me cuesta la vida!”

“¡Que ser no me cuesta la vida!” 

Una inaceptable realidad es que en Colombia los cuerpos de las personas trans pagan un costo muy alto: según datos de la Red Comunitaria Trans, durante el año pasado 32 personas trans fueron asesinadas y en lo corrido del 2021 han sido asesinadas 10. 

Y es que hablar del cuerpo en Colombia es hablar sobre sufrimiento, atropellos, homicidios, masacres, violaciones y desapariciones forzosas. Según cifras de la ONG Temblores, en las casi cuatro semanas que lleva este paro, 43 personas han sido presuntamente asesinadas por parte de la policía. Se han registrado 27 hechos de violencia sexual basada en género y 33 víctimas de agresión a los ojos. Según datos del Centro de Memoria Histórica 80,000 personas han sido víctimas de desaparición forzada fuera del marco del paro, dentro del marco de lo que es vivir en Colombia. 80.000 cuerpos que no aparecen. 80.000 vidas que se esfumaron sin explicación o registro. 

Hablar del cuerpo en Colombia es romperse el corazón. 

Es llenarse de dolor.

De indignación.

De ira. 

Sandra Borda, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Los Andes y autora del libro Parar para avanzar, escribió en una columna reciente que “la gente que está saliendo a la calle parece no tener un recurso distinto al de la manifestación, para poder comunicarse con el establecimiento, con el Estado y con quienes se encargan de tomar las decisiones públicas”. El recurso de la manifestación es el cuerpo mismo y para personas a quienes sus derechos le son vulnerados por el mismo Estado, hasta el punto del silencio, salir a poner el cuerpo en un espacio público y en masa pareciera ser la única manera de hacerse escuchar. 

La manera en la que el Escuadrón Trans Marica se hizo oír ese domingo fue tomándose la séptima con su vestir verde limón policía y, cómo sus hermanas en la Plaza de Bolívar, a través del voguing. 

A medida que avanzaba la marcha desde el Parque Nacional, los cuerpos rompían su formación. Se armó un círculo y entró al centro una mujer trans que llevaba puesto un casco de policía, con dos mechones rubios saliendo por debajo. Su cuerpo bajaba en cuclillas hasta el piso, se estiraban brazos, jugaba con sus dos mechones rubios y el cuello daba vueltas con fluidez a pesar del casco pesado. Entonces entró otro cuerpo al círculo, uno que vestía una camisa de malla color verde polícia. Se botó al piso con la rodilla izquierda doblada, la pierna derecha estirada y cayó en espalda sobre la calle. El círculo gritó eufóricamente. Oficialmente estábamos en una marcha de voguing. 

Y aunque el baile no lo cura todo en la vida, ni tampoco abarca toda la manifestación, sí pone al cuerpo en el centro de la ecuación y, en este caso específico, a cuerpos que no se rigen por un binario y están por fuera del status quo. El baile es una exhibición de placer y en un país en donde silencian a muerte a los cuerpos, en donde se les pide ser pulcros y bien comportados, censurados de su propia expresión, bailar libremente en el espacio público es un acto de resistencia.

 “Con el baile de vogue la comunidad [LGBTQ+] pone el cuerpo, la cuerpa, y dice ‘aquí estoy y aquí existo y esta es mi manera de expresar mi inconformidad, mi felicidad. Es una manera de decir somos cuerpas que generalmente no somos hegemónicas, somos cuerpas que no entramos en este esquemas binario que nos pinta la sociedad pero somos cuerpas que resistimos a través precisamente de esta deconstrucción”, dice Neni Nova. 

Entonces la protesta misma se convierte en un espacio en donde se juntan diferentes cuerpos, una heterogeneidad de expresiones. En la marcha que salió desde el Parque Nacional también se manifestaba una batucada con señoras en falda larga tradicional bailando cumbia, mientras las miembras de Abismal Haus bailaban vogue al son de esa misma música. La protesta recoge una diversidad de expresiones, de subjetividades y crea un escenario para que cuerpos que normalmente no se juntan, estén unidos en pro de la protesta. En un contexto como Bogotá, en donde las líneas divisorias entre los espacios que habitan diferentes cuerpos son tan marcadas, la protesta expresa una sensación de adrenalina y euforia, la libertad de estar compartiendo el espacio público con las demás. 

Inclusive es la protesta la que termina siendo en ocasiones un espacio seguro para esa diversidad. Hasta que se vuelve, por supuesto, un espacio inseguro por ataques violentos y respuestas de abuso de poder por parte de la policía. Pero ese primer día en la Plaza de Bolívar, posiblemente gracias a tantos cuerpos espectadores y celulares grabando, Piisciis, Axid y Neni Nova pudieron no solo bailar y manifestarse, sino además hacerlo en el mismo espacio que los perpetradores de su maltrato, frente a frente.  

Los roles se subvirtieron: las que estaban en poder eran ellas bailando. Tanto así que un agente del ESMAD las alentó para que siguieran en el baile asumiendo que este tipo de protesta podría generar un cambio en la marcha y en la tensión que empezaba a generarse en la Plaza de Bolívar. 

“Ese día toda la energía de lucha que llevamos al diario, energía de resistencia, de enojo, de libertad, todo eso habitó nuestros cuerpos y se pudo expresar a través de nosotras. Éramos en ese momento ejemplo de libertad, fuimos libres con nuestra identidad, con nuestro cuerpo, con nuestra danza”, afirma Piisciis.

También narran que su sensación en la Plaza de Bolívar era de miedo, adrenalina y sobretodo “de mucho poder”, dice Neni Nova, quien en el video se ve alzando una bandera de Colombia que daba vueltas en el aire mientras se acercaba, cada vez más, a la entrada del Palacio de Justicia. Como sus dos hermanas, bailaba en tacones entre un mar de piedras que habían quedado en el piso después de los enfrentamientos entre los manifestantes y el ESMAD. 

En el video de ese día las únicas voces que se alcanzan a oír son las de algunos espectadores que grababan con su cámara. Se puede ver cómo Piisciis, Axis y Neni Nova se botaban al piso, en cuclillas, moviendo el pelo de su peluca, bailando entre el ESMAD. Y es cierto que su cuerpo fue el arma: la escena fue tan apoteósica, y el cuerpo de la policía se notaba tan confundido, que ni siquiera hubo necesidad de gritar, de usar arengas, de levantar la voz. 

 “El cuerpo es ese lugar tan poderoso de donde se puede hablar de muchísimas cosas sin necesidad de hablar” dice Ana Contreras, artista de movimiento e historiadora del arte. Ana es directora artística y cofundadora del proyecto de investigación de artes vivas Improptvs:  “La voz obviamente hace parte del cuerpo pero no hay ni siquiera necesidad de usar palabras cuando ya el cuerpo está presente, pues desde el cuerpo se pueden agenciar estas inquietudes y esa digna rabia de la que todo el mundo habla”. 

La digna rabia que vive en el cuerpo. La digna rabia que se expresó a través del baile en La Plaza de Bolívar. La digna rabia que salió con el Escuadrón Trans Marica marchando desde el Parque Nacional. La digna de rabia de todos los cuerpos que marchan en el marco del paro. La digna rabia de los cuerpos desobedientes que no se queda en la casa, que le hacen frente al ESMAD, que se toman el espacio público, que se visten fuera de las expectativas del status quo, que bailan por placer, que subvierten la idea de lo que se consideran cuerpos “bien portados” en nuestra conservadora sociedad.

En el caso específico de las mujeres trans, esa expresión política, más allá de las palabras, está presente constantemente y es un acto político porque encarna cuerpos que no se rigen a las reglas sociales, que son desobedientes frente a lo que les han dicho deben ser: “Para nosotras el existir es un acto político y de protesta constante. Pues el acto de salir a la calle y expresarnos de una forma que desafía todas estas reglas sociales, hace que nuestros cuerpos mismos se conviertan en actos políticos. Por ejemplo cuando ves a una trans o un drag que se sube a un transmilenio, que camina por la mitad de la calle, está evocando justamente eso que se evocó en el paro a un micronivel”. Narra Piisciis. 

El cuerpo que protesta es el cuerpo desobediente. Pero el cuerpo que protesta también es el que encarna las dolencias y la inequidad que permea Colombia porque el cuerpo no es retórica ni es dogma, el cuerpo es de carne y hueso. El cuerpo recalca nuestra humanidad porque al cuerpo si lo matan, muere. Al cuerpo lo atraviesa la violencia como arma de guerra. Son los cuerpos los que desaparecen. Existe una guerra sobre el cuerpo de la mujer y de las minorías.  Mirar el cuerpo del otro, oírlo, pararse al lado de ese cuerpo en la calle, es finalmente humanizar a esa persona y entender que el cuerpo, estemos en tiempos de protesta o no, es lo que siempre ha estado en primera línea. 

Laura Steiner es escritora, performer e improvisadora. Se graduó de periodismo en la Universidad de Nueva York (NYU) en el 2011 y desde entonces ha trabajado como periodista de planta (Huffington Post) y ahora como freelancer (Revista Diners, DRIFT Magazine, Oh Comely entre otras). En el 2015 obtuvo una maestría en teatro de CSSD en Londres donde encontró un hogar en la improvisación, específicamente en la comedia. Hoy en día trabaja como profesora de Narrativa Corporal en la Universidad de Los Andes en el programa de Narrativas Digitales. No trato de ser bailarina profesional pues desafortunadamente solo cuando cumplió 30 años descubrió que entrenar en un estudio de baile es lo que más le gusta hacer.

2 Comentarios

  1. PAtCo

    Excelente escrito. La libertad del cuerpo encarna todas las demás libertades y es el escenario donde es evidente que el limite a esa libertad aparece cuando ésta interfiere con la libertad e integridad de otro cuerpo

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  2. Argelia Londoño

    Estupenda lectura sobre esos bellos y lúdicos cuerpos desobedientes que hacen una pedagogía pública sobre las miles y millones maneras de habitar la vida.

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