
De cara a las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el próximo 31 de mayo en Colombia, lxs candidatxs presidenciales presentaron esta semana a sus respectivas fórmulas vicepresidenciales. Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, fue uno de los primeros en hacerlo, anunciando este martes, mediante un video en sus distintas redes sociales, a la líder indígena Aida Quilcué, una mujer con una larga trayectoria en el movimiento indígena, social y en la política nacional.
“Recibo esta noticia con entusiasmo porque quienes hemos vivido en los territorios hemos vivido la exclusión, la guerra, el racismo estructural y la exclusión sobre la mujer”, dijo Quilcué a RTVC tras el anuncio.
¿Quién es Aida Quilcué?
Aida Quilcué, perteneciente al pueblo Nasa, nació en 1973 en Páez, Cauca. En los años noventa, fue promotora de salud en la Asociación Indígena del Cauca (AIC), docente comunitaria y fiscal del cabildo. Más adelante, fue elegida gobernadora del resguardo indígena Pickwe Tha Fiw, constituido en 2003 por población sobreviviente del desplazamiento provocado por el terremoto de 1994 y la avalancha del río Páez.
En 2003, Quilcué empezó a hacer parte del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), la mayor organización del movimiento indígena de Colombia, que agrupa a once pueblos originarios del Cauca. Allí tendría funciones de coordinadora, representante legal y delegada en escenarios nacionales e internacionales.
En 2004, una minga de más de 60.000 indígenas caminó hasta la ciudad de Cali para denunciar la violencia que sufrían por cuenta del conflicto armado, y el modelo económico, y los efectos de la política de seguridad democrática. En 2005 se inició el proceso de liberación de la madre tierra, en el que las comunidades indígenas caucanas le plantearon al país la vigencia del problema agrario y la necesidad de una reforma agraria. Para ese momento, Quilcué fue una de las dirigentes regionales del movimiento. En 2007, se convirtió en la primera mujer elegida para ocupar el cargo de Consejera Mayor del CRIC y en una de las figuras más visibles del movimiento indígena. Fue una de las voceras de la Minga del 2008, que llegaría a Bogotá para exigir un diálogo con el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez.
La visibilidad cada vez mayor que adquirió Quilcué en un contexto de elevada violencia contra las personas indígenas en la época de la “seguridad democrática” tuvo graves repercusiones en su vida personal que no se limitaron a la vivencia de hechos violentos en tercera persona. En diciembre del 2008, su esposo, Edwin Legarda, fue asesinado por miembros del ejército mientras se dirigía al aeropuerto de Popayán a recogerla; Aida volvía de una sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. Tenían una hija.
El ejército intentó justificar el crimen diciendo que el conductor de la camioneta no se había detenido en un puesto de control militar a pesar de las advertencias, pero un testigo declaró que no hubo ninguna advertencia previa. La denuncia de este caso le costó a Quilcué y a otros miembros del CRIC amenazas de muerte, al punto que, en 2009, la CIDH le otorgó a la lideresa medidas cautelares. Seis militares fueron declarados culpables del crimen de Legarda y condenados en 2010; en 2018 el Estado pidió perdón por el crimen en un acto público.
Participación en los Acuerdos de Paz y llegada al Congreso
En 2010, Quilcué se lanzó por primera vez al Congreso por la curul indígena, pero los votos no le alcanzaron. En los años siguientes, siguió dedicándose a impulsar el diálogo con el Estado y a exigir garantías de seguridad, protección a los territorios y reconocimiento de los derechos de las comunidades. Fue fundamental para la inclusión del capítulo étnico en las negociaciones del proceso de paz que se adelantó en La Habana entre las Farc-EP y el gobierno Santos, y que se firmó en el año 2016.
Entre el 2016 y el 2020, Quilcué hizo parte de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), donde representó a diez regiones del suroccidente colombiano y se dedicó a la Consejería de Derechos de los Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Paz. En este periodo también participó como delegada ante instancias como la ONU en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas y fue asesora de la UNESCO. Durante estos años, siguió velando por los derechos de los pueblos indígenas y denunciando el incumplimiento de los acuerdos del Gobierno frente a temas de salud, educación, territorio, comunicaciones y medio ambiente.
En 2021, ganó el Premio Nacional de Defensa de los Derechos Humanos en la categoría “defensa a toda una vida”, por su dedicación y liderazgo en la promoción de los derechos de los pueblos indígenas. En 2022, año en que sufrió un nuevo atentado, fue elegida senadora por la Circunscripción Especial Indígena, avalada por el Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), convirtiéndose en una de las primeras mujeres indígenas en ocupar una curul en el Senado.
Como senadora ha impulsado una agenda por los derechos humanos, la paz, el medioambiente y el reconocimiento de los pueblos étnicos. Es coautora del Proyecto de Ley 241 de 2024 que busca que el Estado delimite, recupere, restaure y ordene ambiental y agrariamente territorios como lagos, lagunas, ciénagas, playones y sabanas comunales, para proteger ecosistemas y fortalecer la agricultura campesina, familiar y comunitaria. También es coautora del Estatuto de la Igualdad para la garantía de los derechos de las niñas y las mujeres en toda su diversidad.
En 2024, Quilcué fue elegida presidenta de la Comisión Legal de Paz y Posconflicto, reiterando y sellando su agenda de promoción e implementación de los acuerdos de paz en Colombia.
El 10 de febrero de este año, fue secuestrada, presuntamente por disidencias de las antiguas FARC, mientras se desplazaba por la vía Inzá a Totoró, Cauca. Horas después fue liberada gracias a la presión de la Guardia Indígena.
Actualmente, la senadora impulsa la creación del Movimiento Unidad – En Minga por Colombia, un nuevo proyecto político indígena centrado en la defensa del territorio y la paz que, en las pasadas elecciones del 8 de marzo, obtuvo la curul indígena de la Cámara de Representantes con el líder Carlos Calvo.
Una alianza natural
Aida Quilcué e Iván Cepeda han coincidido políticamente durante los últimos años, principalmente en el Congreso de Colombia, donde ambos ejercen como senadores del espectro progresista. Quilcué, elegida por la circunscripción indígena a través del movimiento MAIS y con una trayectoria ligada al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y a la defensa territorial y de los derechos de los pueblos indígenas, ha trabajado en agendas cercanas a las que históricamente ha impulsado Cepeda, centradas en derechos humanos, víctimas del conflicto y construcción de paz. Aunque provienen de procesos organizativos distintos —el movimiento indígena en el caso de Quilcué y el activismo por los derechos humanos en el de Cepeda—, sus agendas han convergido en debates legislativos y en el respaldo a políticas de paz.
Más allá de un cálculo político, la elección de Aida Quilcué refuerza la alianza entre el proyecto político del Pacto Histórico y los movimientos indígenas y sociales del suroccidente del país.
Racismo tras el anuncio
Tras el anuncio de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, en redes sociales se desató una oleada de comentarios racistas y clasistas contra su candidatura y lo que representa: la presencia de una mujer indígena en uno de los espacios más altos del poder político. La reacción incluyó mensajes que equiparaban su postulación con una supuesta “caída” del país, en una retórica que el presidente Gustavo Petro rechazó públicamente al señalar que ese tipo de afirmaciones reproducen una lógica de discriminación étnica incompatible con la Constitución. Más que una controversia coyuntural, los ataques evidenciaron la persistencia de prejuicios profundamente arraigados contra los pueblos indígenas y contra las mujeres racializadas que irrumpen en escenarios históricamente reservados para las élites.