
Cuando en la película La Odisea de Christopher Nolan los griegos ganan la guerra de Troya infiltrándose en el caballo, lo primero que hacen es saquear y destruir los símbolos de quienes acaban de derrotar. Al terminar la batalla, quedan los muertos de ambos bandos abandonados en la playa y, aunque la guerra de Troya aparentemente había terminado allí, para Odiseo no fue así. La victoria abrió un viaje de regreso a casa en el que, durante diez años, una y otra vez, aparecían en su camino los muertos que había dejado atrás.
Para poder llegar a casa, Odiseo debía descender al inframundo, encontrarse con ellos y obtener una respuesta. Cuando comprendió que no bastaba con haber ganado, sino que era necesario volver la mirada hacia quienes quedaron atrás, pudo prepararse para su regreso. Uno de esos muertos fue Elpénor, quien no le pidió venganza ni gloria, sino algo mucho más elemental: que no lo dejara sin sepultura.
La pregunta de qué hacer con los muertos después de una guerra atraviesa la reinterpretación que hace Nolan de La Odisea. Esta película sirve para pensar en las imágenes recientes de los cuerpos de guerrilleros asesinados, publicadas como trofeos de una victoria militar del gobierno colombiano. Quizás la pregunta que persiguió al Odiseo de Nolan durante su viaje de regreso, hoy produce la misma incomodidad y va más allá de la discusión sobre quién gana o quién pierde una batalla.
En las guerras, las fotografías han servido también para deshumanizar al contrincante y, de esta manera, lograr que cualquier acción hacia el objetivo militar sea incuestionable. Reducir su imagen funciona para evitar poner en tela de juicio cualquier agresión. Por eso, hay una intención explícita cuando se decide qué cuerpos se muestran y cuáles se cubren. Qué muertos se convierten en símbolos y cuáles aparecen como trofeos. Cuáles merecen duelo y cuáles son presentados únicamente como prueba de que alguien está ganando.
La pregunta es: ¿primero está la acción y después se cuenta lo que se hizo? O más bien: ¿se construyen narrativas para justificar lo que hacemos? Quien justifica su agresión hacia alguien que no conoce, lo hace, muchas veces, basado en historias, y es ahí donde aparecen las palabras y las imágenes totalizantes que deshumanizan y terminan por nombrar “facho o guerrillero” a cualquiera.
Por eso, aunque aquellas fotografías pretendan comunicar el mensaje de “vamos ganando”, una guerra no termina necesariamente cuando uno de los bandos derrota al otro. Los muertos regresan con las familias, en los territorios y en la memoria. Regresan para preguntarle al vencedor qué hará con aquello que su victoria produjo.
En la película, Odiseo solo pudo continuar con su viaje después de mirar hacia atrás.