August 25, 2026

72 años del voto femenino en Colombia: cronología de la conquista

El 25 de agosto de 1954, hace exactamente 72 años, se aprobó el derecho al voto de las mujeres en Colombia. Para llegar a ese momento pasaron en total ciento cuatro años y tres constituciones.

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El 25 de agosto de 1954, hace exactamente 72 años, se aprobó el derecho al voto de las mujeres en Colombia. Sin embargo, tendrían que pasar 3 años más para que las colombianas pudieran acercarse a las urnas. Pero para llegar a ese momento pasaron en total ciento cuatro años y tres constituciones.

La mañana del 1º de diciembre de 1957, las mujeres colombianas votaron por primera vez.

Ciento cuatro años antes, en un pueblo de Santander…

En 1853, en la provincia de Vélez, una constitución provincial reconoció a las mujeres el derecho a votar. Duró un suspiro. Hacia 1855 lo quitaron, la justicia terminó por anularlo, y el episodio se hundió en el olvido. Pero sí ocurrió, cuarenta años antes de que Nueva Zelanda inaugurara para el mundo el sufragio femenino.

Pasa medio siglo. A comienzos del XX, una mujer colombiana no podía estudiar el bachillerato ni mucho menos ingresar a la Universidad, tampoco salir del país sin permiso del marido, ni disponer de su salario. Las mujeres casadas no administraban sus bienes. La ley las trataba como un mueble del marido. Contra ese orden empieza a organizarse un movimiento bajo la consigna compañera y no sierva.

Un día de diciembre de 1930 el Teatro Colón de Bogotá se llenó hasta la última silla. Era el IV Congreso Internacional Femenino, y quien lo trajo al país fue la escritora Georgina Fletcher. Subió al escenario la delegada de Boyacá, Ofelia Uribe, y habló de quién administraba los bienes dentro del matrimonio. La sala estaba llena de mujeres.

Dos años después, en 1932, la Ley 28 les reconoció a las mujeres casadas el manejo de sus propios bienes; hasta ese día, cuenta Uribe, eran apenas un accesorio del esposo. En 1933, un decreto les abrió las puertas al bachillerato y a la universidad. En 1936, la reforma de López Pumarejo les permitió ocupar ciertos cargos con mando.

En 1938 Ofelia Uribe hablaba por la radio en Tunja, en un programa que llama La Hora Feminista: era la voz de una mujer que entraba de noche, a casas donde nunca se había discutido semejante cosa. En 1944, Uribe fundó, con otras compañeras, la revista Agitación Femenina, la primera publicación feminista del país, impresa en una imprenta departamental y sostenida a pulso hasta 1946. La respuesta del establecimiento fue el escándalo. Se habló de la ruina de la moral, de la desorganización de la familia, del avance insensato hacia la quiebra social. La palabra feminista era una afrenta. Las mujeres se salían, cada vez más, de los lineamientos escritos en el manual que las clasificaba como objetos. 

El golpe más artero llega en 1945. El Congreso, convertido en constituyente, reforma la Carta y les concede a las mujeres la ciudadanía. Por fin, iguales a los hombres mayores de veintiún años, salvo en una cosa: la misma reforma reserva el voto y el derecho a ser elegidas para los varones. Es una ciudadanía de adorno.

En 1947, unas quinientas mujeres encabezadas por Lucila Rubio firman un memorial exigiendo la reforma. En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos les presta un argumento nuevo y  siguen las cartas, manifiestos, columnas, intervenciones desde las barras del Congreso mientras los diputados vuelven a archivar el proyecto. En febrero de 1954 lo intentan una vez más, sin éxito.

El libro de “Las mujeres en la historia de Colombia”, una compilación de Mágdala Velásquez Toro, publicada en 1995 por editorial Norma, retrata la víspera de la década de los 50, cuando ya era una realidad que en Estados Unidos, Ecuador, Brasil, Cuba, República Dominicana, El Salvador, Guatemala y Argentina se considerara a las mujeres como seres pensantes. En Colombia esto apenas empezaba. El gobierno conservador inflingía con rigidez, censura y prohibiciones, cualquier aspecto de la cotidianidad de la mujer.

El voto llegó bajo una dictadura

Gustavo Rojas Pinilla tomó el poder en 1953 y, contra todo pronóstico, se mostró dispuesto. 

El libro previamente mencionado, marca la fecha del 27 de abril de 1954 como el día en el que nació la Organización Femenina Nacional en Bogotá. Esta funcionó como punto de reunión para las mujeres colombianas, con el propósito de luchar por el reconocimiento y retención de los derechos de la mujer. 

Como las mujeres todavía no eran reconocidas como ciudadanas completas, no podían integrar la Asamblea Nacional Constituyente que había de reelegir al general; pero existía la figura de “representantes del presidente”, y Rojas la usó para sentar a dos mujeres y a sus suplentes el recinto. Por los conservadores, Josefina Valencia de Hubach, con Teresa Santamaría de suplente. Por los liberales, Esmeralda Arboleda, con María Currea de Aya. Mientras los dos partidos se asesinaban entre ellos, las mujeres que los representaron en ese espacio coincidían en esto.

El 3 de agosto de 1954 la Asamblea reeligió a Rojas y ese mismo día, Valencia y Arboleda radicaron el proyecto del voto femenino. El debate quedó para el día 25 de ese mismo mes.

Esa tarde el Capitolio estaba lleno de hombres. Esmeralda Arboleda se puso de pie y habló de las mujeres que, en la violencia, habían perdido su casa y a los suyos, que a fuerza de perderlo todo aprendieron a querer la paz, y emplazó a los diputados a estar a la altura de su misión histórica y consagrar de una vez la plena ciudadanía femenina. No todos aplaudieron. Guillermo León Valencia advirtió que semejante derecho podría “perturbar la tranquilidad de los hogares”. Su hermana Josefina le respondió, lamentando en voz alta la posición de su hermano.

El resultado de la votación fue rotundo: sesenta votos a favor, ninguno en contra. Los que estaban en contra, sabiendo que la corriente ya no se dejaba atajar, prefirieron levantarse y salir del recinto antes que dejar su “no” por escrito. Así nació el Acto Legislativo número 3 de 1954, que modificó la Constitución de 1886. Faltaba, todavía, ejercerlo.

Del 25 de agosto de 1954, en cambio, casi nadie se acuerda, pero fue el día que la brasa veleña ardió y nos dio ciudadanía. 

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