
Por: Alejandra Alemán
No podemos hablar de cambio climático sin hablar de justicia climática, pues sus efectos no afectan a todas las personas por igual. Los pueblos indígenas y sus territorios, por ejemplo, son afectados de forma desproporcional por la exclusión histórica a la que se han enfrentado. En ese sentido, la variabilidad climática y las diversas transformaciones ambientales, como la escasez de agua y la pérdida de bosques, los han impactado con más fuerza. Aún más, las mujeres y las niñas indígenas enfrentan impactos diferenciados por sus roles de cuidado, alimentación, recolección de agua y la exposición a violencias, en especial en contextos de desastre y despojo territorial.
Aun así, las mujeres indígenas arriesgan todos los días sus vidas para proteger sus bosques, sus ríos y sus territorios, de los que dependen su futuro y también el nuestro. Ellas están en la primera línea de defensa frente a actividades extractivas como la expansión de la minería, la deforestación, los megaproyectos, entre otros. Defienden sus territorios porque en ellos encuentran sustento, pero también están defendiendo a sus comunidades, su cultura, su identidad, sus formas de vida y conocimientos ancestrales que durante siglos han permitido convivir con la naturaleza sin destruirla. Quienes más contribuyen a proteger el planeta son también quienes enfrentan algunos de los mayores riesgos.
Los datos son contundentes. Global Witness documentó que al menos 146 personas defensoras de la tierra y del medio ambiente fueron asesinadas o desaparecidas en 2024, elevando el total a 2.253 ataques letales desde 2012. América Latina sigue siendo la región más peligrosa para quienes defienden la naturaleza. Y, aunque los pueblos indígenas representan alrededor del 6 % de la población mundial, constituyeron aproximadamente un tercio de las víctimas de estos ataques.
Las cifras, sin embargo, no cuentan toda la historia. Cuando quienes defienden el territorio son mujeres, la violencia suele adquirir dimensiones específicas: amenazas contra sus hijos e hijas, campañas de desprestigio, violencia sexual, hostigamiento digital o ataques dirigidos a silenciarlas por desafiar tanto intereses económicos como normas patriarcales. La violencia busca expulsarlas tanto del territorio como también del espacio público y político. Y, sin embargo, siguen liderando.
Diversos estudios de organismos internacionales, como el PNUD, la FAO y la OPBES, muestran que los pueblos indígenas desempeñan un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad. Sus territorios concentran un porcentaje desproporcionadamente alto de los ecosistemas mejor preservados del planeta. Y, dentro de esas comunidades, las mujeres transmiten conocimientos sobre semillas, agua, alimentación, medicina tradicional y manejo sostenible de los recursos que hoy resultan más relevantes que nunca frente a la crisis climática. Ellas son protagonistas de las soluciones.
En Honduras trabajamos desde Women’s Link junto a mujeres indígenas lencas y tolupanes que llevaron sus voces hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, contribuyendo a una opinión consultiva histórica que fortaleció los estándares sobre la protección de los derechos humanos frente a la emergencia climática. Acudieron para defender sus territorios y para exigir que la justicia reconozca que proteger la naturaleza también implica proteger a quienes históricamente la han cuidado.
Cabe recordar lo expresado por Bertha Zúñiga Cáceres, defensora de derechos humanos y coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), en el video documental remitido a la Corte IDH: “Soñamos con encontrar un modelo de desarrollo distinto, que no signifique sacrificar a la naturaleza y con ello sacrificar la vida digna y la vida libre para las poblaciones que resguardamos los territorios”.
Las mujeres indígenas están organizándose, litigando, movilizando a sus comunidades y proponiendo otras formas de relacionarnos con el territorio. Lo que necesitan no es que se hable en su nombre, sino que los Estados garanticen las condiciones para que puedan ejercer sus derechos sin poner en riesgo sus vidas.
Proteger a las defensoras ambientales significa investigar, juzgar y sancionar las agresiones contra ellas, implementar mecanismos efectivos de protección, reconocer los derechos territoriales de los pueblos indígenas y garantizar su participación plena en las decisiones que afectan sus territorios. Porque no puede haber justicia climática sin justicia para los pueblos indígenas y no hay justicia para los pueblos sin el liderazgo de sus mujeres.