
El jueves 16 de abril, Valentín Daniel Alcida asesinó a Sophia Civarelli, quien era su pareja, en el departamento que compartían desde hace algunos meses en Rosario, Argentina. Después de hacerlo, fue al departamento de una amiga y se lanzó desde un octavo piso. Murió en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, en la madrugada del 17 de abril. Ambos tenían 22 años y estudiaban psicología.
Sobre las 4 de la madrugada, Alcida había llamado al 911 diciendo que su novia se había suicidado y que, aunque había hecho todo lo posible por socorrerla, no había podido salvarla. La llamada la hizo entre 10 y 15 horas después de cometer el femicidio, desde el mismo departamento de su amiga, que vivía a pocas cuadras de su casa. Luego le entregó el celular a su amiga, para que esperara en la línea, y se lanzó de la terraza.
Al llegar al lugar del femicidio, la policía encontró a Sophia en la cama con una herida letal en el cuello y un cuchillo de cocina en la mano. También encontraron dos cartas escritas por Alcida, en las que afirmaba que ella se había quitado la vida y que él, no habiendo podido impedirlo, pensaba suicidarse.
Sin embargo, los peritajes, testimonios, videos en cámaras de seguridad y el análisis de los teléfonos de la pareja, donde se hallaron elementos que indicarían episodios de violencia de género de Alcida contra Civarelli, indicaron que se trataría de un asesinato. También se confirmó la alteración en la escena del crimen. La fiscal a cargo, Carla Ranciari, ordenó que se investigara bajo el protocolo de femicidio. La autopsia reveló que Sophia murió entre las 16 y las 20 horas del jueves 16 de abril.
Un perfil misógino y violento en público y en privado
Sophia y Valentín habían empezado su relación a finales del 2025, después de haberse conocido en la Universidad Nacional del Rosario. Sophia era oriunda de Villa Amelia, un pueblo cercano a Rosario, y Valentín era de Córdoba. Habían decidido vivir juntos para que Sophia no tuviera que recorrer una distancia tan larga hacia la universidad; sin embargo, ella estaba ahorrando para independizarse pronto, cuenta la amiga. Alcida, en cambio, no quería separarse. “Ella tenía mucha vida por delante, muchas metas, muchos sueños, no tiene sentido que quiera matarse; había conseguido un buen trabajo, estaba por recibirse, pensaba en ejercer”, comentó Coty en una entrevista.
Coty, amiga de Sophia, le contó a medios locales que la relación que tenía su amiga con el feminicida estaba atravesada por celos, violencia psicológica y manipulación. Cuenta que él era agresivo y se encerraba en el baño a golpear las paredes del baño, o a golpearse en la cara. “La quería solamente para él, no la quería compartir… Ella nunca se hubiera suicidado, mientras que él sí afirmaba “que si lo dejaba, él se moría”, dijo Coty.
La misoginia de Alcida no solo era reconocible por quienes le conocían; también era visible y pública en el terreno digital. En su cuenta de X, Alcida publicaba mensajes misóginos, homofóbicos y violentos que incluían burlas a femicidios. Era libertario, se definía “de derecha y león” y apoyaba a Donald Trump, a Javier Milei y a su partido, La Libertad Avanza.

Entre sus trinos se puede identificar un patrón discursivo evidente y común a militantes antifeministas: expresiones, mensajes e imágenes que banalizan o naturalizan la violencia contra las mujeres, personas LGBT+, personas racializadas, empobrecidas y migrantes, cuerpos y vidas que, en discursos supremacistas, racistas, xenófobos y machistas, son considerados descartables. Un discurso que ya ha sido identificado antes en casos de violencias de género como el doble femicidio de Luna Giardena y Mariel Zamudio, cometido por Pablo Laurta, creador de la organización Varones Unidos y admirador de Agustín Laje.
Este tipo de conducta no es excepcional en entornos digitales y está tan normalizada que ya no es exclusiva de la manósfera o de la deep web, existe en la superficie, a la luz de todxs, y recibe validación; esto introduce una dimensión clave para comprender el ecosistema simbólico en el que esa violencia se produce y se vuelve inteligible para materializarse después. Como hemos advertido antes, los discursos de odio matan.
Justicia por Sophia
Este viernes 24 de mayo, se realizó una movilización en la plaza 25 de Mayo para exigir justicia por Sophia.
Lejos de atender la violencia contra las mujeres como un problema estructural, el mismo partido de afiliación del femicida de Sophia promueve leyes que desprotegen a las mujeres en casos de violencias basadas en género. Justo ocho días antes de este femicidio, la senadora por La Libertad Avanza, Carolina Losada, consiguió dictamen en la comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado para el proyecto de ley que pone en duda la veracidad y sistematicidad de estas violencias. Durante este gobierno también se desmanteló el Ministerio de la Mujer y los programas de acompañamiento y asistencia a las mujeres víctimas de violencia de género han perdido su financiación o han sido cerrados. También se intentó eliminar la figura penal del femicidio.
Según datos del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, en Argentina se registró un femicidio cada 33 horas en los primeros tres meses del 2026 y una tentativa de femicidio cada 25 horas. El 62% de los agresores eran parejas o exparejas de las víctimas y el 60% de los crímenes ocurrieron en el hogar.
Este viernes 24 de mayo, se realizó una movilización en la Plaza 25 de Mayo, Rosario, para exigir justicia, verdad y responsabilidad por Sophia.