
Este miércoles 25 de marzo, la Organización de las Naciones Unidas aprobó una resolución que califica el comercio transatlántico de personas esclavizadas como el crimen más grave contra la humanidad. La votación cerró con 123 estados a favor (la mayoría miembros de la Unión Africana y de la Comunidad del Caribe), 52 abstenciones (entre ellas la del Reino Unido y todos los miembros de la Unión Europea) y 3 votos en contra (para sorpresa de nadie, de Argentina, Estados Unidos e Israel).
La propuesta fue impulsada por el presidente de Ghana, John Dramani Mahama, quien ha alentado en numerosas ocasiones a personas de descendencia africana a solicitar una ciudadanía, a vivir y trabajar en Ghana, como parte de una campaña de derecho al retorno. En esta ocasión, Mahama exigió a los Estados miembros de la ONU una disculpa formal por su papel en la trata de personas esclavizadas que, durante los siglos XV y XX, significó el secuestro y la venta de al menos 12.5 millones de africanos. La aprobación incluye la contribución a un fondo de reparaciones y la garantía de que no se repetirán los hechos.
El 2025 fue declarado por la Unión Africana como el año de “Justicia para los africanos y las personas de ascendencia africana mediante reparaciones”. Este gesto se enmarca en un mensaje más amplio por parte de la Unión, que pretende abordar distintas injusticias históricas, desde el colonialismo, el apartheid y el genocidio, hasta la trata de personas esclavizadas, y exigir asumir responsabilidades a los países coloniales e imperialistas; un camino hacia la justicia reparadora y un arma contra el olvido. La nueva resolución de la ONU se suma a estos esfuerzos.
Hasta el momento, Países Bajos ha sido el único país europeo que se ha disculpado formalmente por su papel en la trata de personas africanas. El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró ante la Asamblea General que esto era solo el inicio, y que se requieren medidas mucho más contundentes por parte de más Estados para reparar los daños.
Negacionismos y otras reacciones
El Reino Unido reconoció la gravedad de los problemas que busca resolver con iniciativa y aceptó su responsabilidad en el daño que había causado a millones de africanos esclavizados, aunque calificó la propuesta como una “jerarquización de atrocidades históricas”. El embajador James Kariuki afirmó que el Reino Unido no estaba de acuerdo con los principios fundamentales del texto y que al calificar este crimen como “más grave que otros” o “por encima de otros” se simplifica el sufrimiento de otras personas en otros contextos cuyos traumas y sufrimientos se sintieron con la misma intensidad.
El embajador de Estados Unidos, Dan Negrea, dijo que se oponía a las atrocidades cometidas en el pasado, pero que no reconocía un derecho legal a reparaciones por daños históricos que en ese entonces, en el momento que ocurrieron, no eran ilegales. La postura de Estados Unidos no sorprende pues hace un año, el presidente Trump acusó a la institución Smithsoniana, que administra el Museo de Historia Natural en Washington D.C., de “enfocarse demasiado en la esclavitud y en perpetuar ideologías antiestadounideses” y amenazó con reducir el presupuesto asignado al museo.
La embajadora adjunta de Chipre ante la ONU, Gabriella Michaelidou, en nombre de la Unión Europea, se sumó a Estados Unidos y el Reino Unido, y se declaró en contra del uso de superlativos que implican una jerarquía entre los crímenes.
¿Qué implica realmente la resolución?
Las resoluciones de la Asamblea General no son jurídicamente vinculantes, es decir que no tienen un efecto legal, pero representan posturas de la comunidad internacional.
Mikaelah Drullard, escritora y pensadora dominico-mexicana y columnista de Volcánicas, se refirió al tema en sus redes sociales y explicó que se sienta un precedente moral y político de que el tema es de interés general y que podría orientar las decisiones futuras de la ONU pero que no significa nada más: “Me parece ridículo que festejemos esto, porque no significa nada. En un mundo en el que los genocidios son tolerados por las mismas organizaciones que se abstienen y votan en contra, la resolución simbólica de un crimen no significa nada. Estamos desviando nuestra atención y nos están embobando haciéndonos creer que el mundo es mejor que ayer”.
Las únicas resoluciones de la ONU vinculantes son las que emite el Consejo de Seguridad y, a pesar de eso, todavía necesitan la aprobación de 5 países: China, Francia, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido. La aprobación de ese puñado de países, cada uno con sus propias agendas, decide sobre el resto del mundo. Mikaelah describe esto como la ley del más fuerte, y dice que la misma organización no tiene las condiciones para realmente frenar conflictos o cobrar retribuciones históricas. Países que sí han tenido resoluciones vinculantes, como Palestina, siguen a la espera de una comunidad internacional para que los proteja. Si el genocidio no lo pueden parar, reaulta irónico que se hable con un tono celebrativo sobre resoluciones de la ONU que son solamente de carácter simbólico.