
En una entrevista para Radio3, Rosalía responde: “Creo que me rodeo de ideas feministas. No me considero moralmente lo suficientemente perfecta como para considerarme dentro de un ismo, pero sí que me inspiran y me rodeo de ideas feministas, desde siempre”.
Esta respuesta de Rosalía es lo que se conoce como “feminismo adyacente”, un discurso o posicionamiento que se ubica cerca del feminismo, pero sin asumirse ella misma feminista. El feminismo adyacente se beneficia de las conquistas del feminismo, pero evita el conflicto, la crítica y la disputa que conlleva la militancia o el activismo feminista, y es muy común en figuras públicas.
Quienes usan el discurso de feminismo adyacente suelen hablar de empoderamiento y celebrar a las mujeres exitosas, fuertes, que lideran y se destacan (y hacer campañas de este orden) sin cuestionar los sistemas de opresión, las relaciones de poder, sin nombrar las violencias específicas ni desigualdades estructurales de raza, clase y género. Algo similar a lo que hacen las mujeres de derecha en la política o mujeres que llegan a ocupar posiciones de poder en el mundo corporativo. El feminismo les sirve, pero no lo defienden activamente. En el mejor de los casos se posicionarán contra el machismo, el abuso y los feminicidios, pero hasta ahí. De clase, raza, colonialismo, capitalismo no se habla porque no les conviene…
Es un discurso muy común entre artistas, influencers y en la industria del entretenimiento. Usan herramientas, conquistas, estéticas y narrativas feministas cuando son socialmente aceptadas, pero sin incomodar a instituciones, mercados o poderes establecidos para no perder patrocinios, campañas, fans. Como Rosalía, quedando bien con Dios (y el Vaticano) y con el Diablo.
En efecto, estar “cerca” del feminismo no es lo mismo que sostener una práctica feminista. El feminismo implica un posicionamiento político, una disputa de narrativas, confrontación y transformación, no solo afinidad discursiva. Lo que no exige el feminismo a nadie es perfección moral, esto no es un culto religioso, así que esa excusa no sirve.
¿Está obligada a ser feminista? No. ¿Se beneficia del feminismo? Claramente. ¿Podría hacer más que rodearse e inspirarse? Sin duda.
Lo cuestionable es que quienes tienen grandes plataformas y poder mediático elijan posicionarse desde la tibieza, más aún en un momento en que el feminismo y las luchas por los derechos humanos están bajo ataque.
Mientras tanto, feministas de todo el mundo (y con todo en contra) siguen asumiendo, desde la militancia, los costos de señalar y cuestionar los sistemas de opresión y luchando a diario contra las violencias, desigualdades, fascismos y la avanzada de la ultraderecha global.
Qué bueno que alguien se vaya dando cuenta de que la gente de la farándula no es quien dice ser realmente, que lo que dicen no puede ser tomado en cuenta como un discurso político que sirva a los intereses del pueblo o de las mujeres. Digo, ya sería el colmo que se discutieran seriamente las declaraciones faranduleras de una cantante internacionalmente famosa a partir de su aparente contenido político, no vaya a ser que precisamente ese sea el trabajo de esas cantantes al meterse con ese tipo de discursos. No vaya a ser que le sigamos el juego a la cantante favorita convirtiendo conceptos políticos en discursos faranduleros. Qué bien que las adolescentes fans de Rosalía están cuensionando lo que dice su cantante favorita.
El feminismo adyacente se refiere a un enfoque que, aunque utiliza el lenguaje y los conceptos del feminismo, a menudo se queda en la superficie y no aborda las raíces de las desigualdades. A continuación, se presentan algunas características y críticas de este tipo de discurso
Qué bien que las adolescentes fans de Rosalía están cuensionando lo que dice su cantante favorita.