
Desde el 3 de enero de 2026, con la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, la economía cubana, que ha estado profundamente ligada a la venezolana, pende de un hilo. El 29 de enero, nuevamente con el control del petróleo venezolano tras la intervención, Estados Unidos dio la estocada final cortando el suministro de petróleo a Cuba y amenazando con aranceles a los países que continúen enviando ayuda humanitaria a la isla. Esa estrategia hace parte de un plan más amplio y de larga data para desestabilizar al gobierno cubano y forzar un cambio de régimen, al tiempo que asfixia a la población y crea una nueva crisis humanitaria. México, Chile y Rusia ya enviaron ayuda a Cuba.
Fue a partir de 1999, con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, que el vínculo entre ambos países se volvió especialmente profundo y estratégico. Chávez y Fidel Castro establecieron una alianza basada en proyectos y objetivos políticos compartidos, una visión común de resistencia frente a Estados Unidos y el deseo de promover modelos alternativos de desarrollo y cooperación económica en América Latina. Esto se formalizó con un Convenio Integral de Cooperación en 2000, que había perdurado por más de 20 años. Venezuela suministró grandes cantidades de petróleo a Cuba, muchas veces a precios preferenciales, fundamental para sostener la economía cubana, especialmente tras la caída del bloque soviético, a cambio de servicios profesionales cubanos en salud, educación, seguridad y otros servicios, integrándolos en programas sociales como la Misión Barrio Adentro.
No es la primera vez que Estados Unidos bloquea el envío de petróleo a Cuba.
A lo largo de la historia, Estados Unidos ha bloqueado distintos suministros de crudo al país caribeño en contextos diferentes.
El primer quiebre ocurrió en 1960, cuando Cuba empezó a importar petróleo de la Unión Soviética. Las refinerías instaladas en la isla, entonces en manos de compañías estadounidenses, se negaron a procesarlo. El gobierno cubano las nacionalizó y Washington respondió suspendiendo las exportaciones de petróleo hacia Cuba. Dos años después, en 1962, el presidente John F. Kennedy decretó el embargo comercial total, que incluyó combustibles y se mantiene hasta hoy con modificaciones.
Décadas más tarde, el abastecimiento cambió de origen. Desde el 2000, bajo el gobierno de Hugo Chávez, Venezuela se convirtió en el principal proveedor de petróleo de Cuba, en el marco del acuerdo de cooperación mencionado anteriormente. En 2017, bajo el primer mandato de Donald Trump, se anunció el cambio de política hacia Cuba, revirtiendo parte del deshielo impulsado por Barack Obama.
Entre 2017 y 2019, las sanciones de Estados Unidos contra la industria petrolera venezolana afectaron indirectamente ese flujo. Las medidas golpearon la capacidad de producción y exportación de Caracas y también alcanzaron a empresas y embarcaciones que transportaban crudo hacia la isla, reduciendo los envíos. En mayo de 2019, la administración Trump activó el Título III de la Ley Helms-Burton, permitiendo demandas en tribunales de EE.UU. contra empresas que operen con propiedades nacionalizadas en Cuba. También se restringieron viajes y remesas.
Años de escasez agravados por el bloqueo
Cuba ha estado marcada por períodos de escasez, especialmente desde el llamado Periodo Especial de los años noventa y, más recientemente, tras la pandemia y la crisis energética. Por un lado, el embargo estadounidense, vigente desde 1962 y endurecido en distintos momentos, ha limitado el acceso a financiamiento, mercados e insumos; por otro, problemas estructurales del modelo económico impuesto por el régimen cubano, como la alta centralización, la dependencia histórica de socios externos y reformas parciales que no han logrado dinamizar la producción interna. La escasez ha sido, en ese sentido, el resultado de la combinación entre sanciones externas, vulnerabilidades estructurales y decisiones económicas internas. Sin embargo, la llegada de Trump al poder y sus acciones para desestabilizar al régimen están estrangulando a los cubanos como nunca antes.
En medio del agravamiento de la crisis energética y de abastecimiento, Cuba ha recibido en distintos momentos envíos de ayuda humanitaria y combustible desde países aliados, entre ellos México, Venezuela, Rusia y algunos miembros del Caribe. México, por ejemplo, ha enviado cargamentos de petróleo, diésel y asistencia tras huracanes y apagones masivos, además de alimentos e insumos médicos en coyunturas críticas. Otros países han canalizado apoyo puntual, como donaciones de alimentos, medicinas o cooperación técnica, en el marco de relaciones diplomáticas y acuerdos regionales. Estos apoyos han funcionado como paliativos en momentos de emergencia, aunque no han resuelto los problemas estructurales de suministro y producción en la isla.
Situación actual en la isla
La falta de combustible ha paralizado el transporte, reducido la actividad industrial, suspendido vuelos y dejado a barrios enteros a oscuras durante gran parte del día, obligando a las familias a reorganizar su vida alrededor de los cortes de electricidad.
El turismo, una de las principales fuentes de ingresos para la economía cubana, está prácticamente congelado. No hay combustible para los aviones, lo que ha resultado en la cancelación de vuelos internacionales y la complicación de la llegada de visitantes. Ante este declive, el gobierno también ordenó el cierre temporal de hoteles. La reducción abrupta del turismo y la falta de apoyo económico de otros países ha tenido un efecto dominó en la vida de la gente. Sin electricidad, las bombas de agua no funcionan, la comida se echa a perder y los centros de salud colapsan. La escasez no es solo cuestión de no tener luz unas horas.
En Cuba, solo un tercio de la energía se produce en el país; el resto es de fuentes externas. Esta realidad obligó al gobierno a racionar todo lo que puede: recortó horarios laborales 4 días a la semana, restringió el transporte público, subió los precios, limitó la venta de gasolina y diésel, y ordenó que solo servicios básicos, como la atención médica y la producción de alimentos, puedan usar el combustible que queda.
La comunidad internacional responde
El jueves 12 de febrero, dos semanas después del decreto de Donald Trump, la Organización de las Naciones Unidas expresó preocupación por el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra Cuba en 2026, especialmente por las medidas dirigidas a limitar el suministro de petróleo a la isla. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y expertos independientes señalaron que este tipo de sanciones unilaterales con efectos extraterritoriales pueden vulnerar principios del derecho internacional, como la soberanía y la no intervención, y advirtieron sobre su impacto desproporcionado en la población civil. La ONU alertó que restringir el acceso al combustible agrava la crisis energética y compromete servicios esenciales como la salud, el agua potable y la alimentación, en un contexto ya marcado por una situación económica frágil.
Dos barcos con más de 800 toneladas de alimentos e insumos básicos provenientes de México llegaron este martes 17 de febrero a la isla y fueron distribuidos entre la población vulnerable: niños de 0 a 3 años y mujeres embarazadas. La presidenta Claudia Sheinbaum prometió continuar enviando ayuda y buscar fórmulas diplomáticas para reanudar envíos de petróleo sin sanciones estadounidenses. Además, ofreció fungir como puente aéreo para que otros países puedan enviar ayuda humanitaria por aire. Chile también envió recursos desde su fondo contra el hambre y la pobreza, y Rusia manifestó su intención de enviar crudo y ofrecer apoyo financiero a Cuba pese al bloqueo. Colectivos y activistas organizan una flotilla internacional de barcos con alimentos, medicinas y suministros esenciales como gesto de solidaridad ante la crisis provocada por las sanciones. Está programada para salir el 21 de marzo. Todos estos apoyos reflejan un esfuerzo regional y diverso frente a las consecuencias del bloqueo energético impuesto por Estados Unidos.
Lo que estamos presenciando en Cuba es el castigo humanitario como herramienta política. No puede entenderse únicamente como una consecuencia económica de decisiones recientes, sino como parte de una lógica histórica más amplia en la relación entre Estados Unidos y América Latina, bajo la excusa del “Estado fallido”. El corte de suministro energético a Cuba refuerza, una vez más, una lógica imperialista. El mismo Trump reconoció que lo que está haciendo su gobierno es una amenaza humanitaria. Más allá del debate ideológico sobre el régimen cubano, lo que está en juego es la vida digna de millones de personas.