
Desde la mañana del lunes 10 de agosto, minutos después de que el sismo de magnitud 7,4 sacudiera al país, rescatistas y bomberos en Cali comenzaron a levantar el puño para pedir silencio. El gesto se convirtió en una señal compartida entre quienes atienden las 26 edificaciones que quedaron completamente colapsadas en la ciudad.

Piedra por piedra, vecinos de distintos barrios se acercaron para ayudar a remover los escombros. Hasta el momento, 86 personas han podido ser rescatadas con vida en Cali, en medio de una operación que ha contado también con la colaboración espontánea de la comunidad.

Con el paso de las horas, al sur de Cali comenzaron a llegar volquetas, grúas y maquinaria amarilla para retirar vigas y bloques de concreto que quedaron sobre el terreno. En otras zonas de la ciudad, la llegada de maquinaria no ha ocurrido con el mismo ritmo, lo que ha ralentizado algunas de las labores de remoción.

Varios centros hospitalarios sufrieron daños tras el sismo, entre ellos el Hospital Universitario del Valle, donde los pacientes fueron evacuados y ahora se encuentran siendo atendidos en jardines y parqueaderos del hospital.

Otros lugares en el barrio Tequendama colapsaron por completo mientras tenían personas en su interior, convirtiéndose también en escenarios de búsqueda y rescate.

Más de 1.600 personas participan en las labores de emergencia, entre ellas bomberos, voluntarios de la Defensa Civil, miembros de la Cruz Roja y equipos USAR, especializados en búsqueda y rescate urbano. Los grupos trabajan de manera coordinada para localizar y rescatar a quienes todavía podrían permanecer con vida bajo los escombros.

Las labores de búsqueda pueden prolongarse durante más de cinco horas cuando los equipos reciben una señal que indica la posible presencia de una persona con vida. En el sur de Cali, ambulancias permanecen a la espera de que los rescatistas logren sacar a los sobrevivientes para trasladarlos a centros asistenciales.

Muchas personas lograron salir de sus viviendas únicamente con la ropa que llevaban puesta. Sus pertenencias quedaron dentro de apartamentos a los que ahora no pueden regresar por el riesgo de nuevos colapsos. Las fachadas abiertas y las viviendas expuestas dejan al descubierto la magnitud de las pérdidas y anticipan las dificultades que deberán afrontar quienes quedaron sin hogar.

Con el transcurrir de las horas, las autoridades han acordonado las zonas donde continúan las labores de rescate. La medida busca reducir al mínimo el ruido alrededor de los puntos de búsqueda y, al mismo tiempo, evitar accidentes en sectores donde las estructuras permanecen deterioradas e inestables.

Durante el primer día de la emergencia, los vecinos esperaron respuestas de las autoridades sobre qué hacer durante esa noche y las siguientes. Por ahora, muchas preguntas siguen sin respuesta. Mientras continúan los operativos, los bomberos entregan información a las personas que permanecen en los alrededores a la espera de noticias sobre sus familiares atrapados.

Varias edificaciones que permanecen en pie son, sin embargo, inhabitables. Una equis roja, demarcada por la Cruz Roja Colombiana, indica que el ingreso está prohibido debido al alto riesgo que representa el inmueble. La señal se ha convertido en una marca visible de las zonas que están bajo amenaza de caer.

Cualquier sonido proveniente del interior de los escombros puede convertirse en una señal para continuar la búsqueda. El ruido exterior dificulta el trabajo de los rescatistas; entre el concreto y las estructuras colapsadas, el eco puede hacer más difícil determinar con precisión el lugar en el que se encuentra una persona.

Todavía no se conoce la cifra exacta de edificaciones que fueron evacuadas por completo. Mientras continúan las evaluaciones de las estructuras, varios albergues de la ciudad, entre ellos las Canchas Panamericanas, la Universidad Javeriana y espacios habilitados espontáneamente por habitantes de distintos barrios, reciben a las personas que, desde la mañana del lunes 10 de agosto, quedaron sin techo.