January 23, 2026

Sara Yuliana, de 15 años, sobrevivió a intento de feminicidio. No hay justicia pero sí acoso judicial

El 23 de julio de 2025, Sara Yuliana Zambrano Maya, de 15 años, sobrevivió a un intento de feminicidio en una fábrica de perfumes clandestina en Pasto, Nariño. A 6 meses del brutal ataque, hablamos con su familia. Denuncian que no han recibido apoyo estatal, que la justicia no llega y, en cambio, son víctimas de acoso judicial. 

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Sara Yuliana Zambrano

El 23 de julio de 2025, Sara Yuliana Zambrano Maya, de 15 años, sobrevivió a un intento de feminicidio en una fábrica de perfumes clandestina en Pasto, Nariño, que la dejó con quemaduras en el 80% del cuerpo. A 6 meses del brutal ataque, hablamos con su familia para conocer el estado del caso. 

La familia de Sara le confirmó a Volcánicas que, hace apenas unos días, fue dada de alta del hospital y, aunque sigue requiriendo cuidados permanentes, no se le autorizó atención domiciliaria. Lejos de recibir justicia o apoyo, la familia de Sara solo ha recibido revictimización y enfrenta el acoso judicial de las familias de los presuntos responsables.

El caso

Sara Yuliana, la menor de 3 hermanos, bailaba en los colectivos coreográficos de los Carnavales de Blancos y Negros de Pasto. Ese día no tenía ensayo, por lo que le pidió permiso a su mamá para trabajar en la fábrica clandestina de los padres de un amigo suyo, pegando etiquetas en envases de perfumes. Johana Maya, la madre de Sara cuenta en el Podcast “Vos Podés”, que no quería darle permiso a su hija pues ella le podía darle el dinero que le iban a pagar, pero Sara quería ganárselos por su cuenta; cuenta también que el amigo de su hija, hijo de los dueños de la fábrica, le insistió mucho para que fuera ese día.

Sara fue invitada por el hermano de la joven que falleció, quien le ofreció COP$15 mil pesos por ayudar a etiquetar unos perfumes. Aceptó porque quería ganarse ese dinero para darme un regalo de cumpleaños a mí, su hermana”, cuenta Luisa Fernanda, la hermana de Sara Yuliana, en entrevista con Volcánicas. Luisa cumplía 18 años el 24 de julio, el día siguiente del ataque.

A eso de las 7 de la noche, Sara se dirigió a la perfumería, donde también estaba la hija de los dueños de la fábrica. Allí, cuatro adolescentes, compañeros de la escuela, les rociaron alcohol, las dejaron encerradas en un cuarto y les prendieron fuego. “Patearon unos galones de alcohol de esencia de fijadores, eso les cayó encima, tiró la fosforera y nos prendió mamá”, cuenta Johana en el podcast.  

Las personas que le hicieron esto a Sara eran amigos de la otra joven que falleció y trabajadores de la dueña del lugar. Sara no tenía ningún vínculo personal con ellos ni hacía parte de su círculo social. Ella acudió a ese lugar únicamente para realizar un trabajo puntual”,  aclara Luisa a Volcánicas.

Ellos me quemaron…”, fueron las palabras que alcanzó a pronunciar cuando la encontraron sus padres, que llegaron a la fábrica minutos después del ataque; la encontraron tirada en el suelo, gravemente herida y lograron sacarla arrastrada del lugar. 

La otra menor atacada, falleció tras permanecer tres días internada. 

Estado de salud de Sara

Sara Yuliana continúa con vida pero con graves problemas de salud: el 80 % de su cuerpo sufrió quemaduras. Estuvo internada casi seis meses, durante los cuales le realizaron 70 cirugías de injertos de piel, enfrentando infecciones y complicaciones. “Actualmente presenta una herida muy extensa en su pierna izquierda; ha perdido gran parte del tejido en esa zona, lo que le ha impedido la movilidad”, nos dice Luisa Fernanda.

Debido a la magnitud de la herida, los médicos han indicado que es necesario realizar nuevamente lavados quirúrgicos y otros procedimientos para evitar que esa parte esté colonizada por bacterias, especialmente porque Sara ya ha sufrido cuatro infecciones durante su proceso. Solo después de controlar completamente este riesgo se podría evaluar la posibilidad de volver a injertar piel. Sin embargo, en este momento no hay de dónde extraer más piel, ya que prácticamente todo su cuerpo ha sido utilizado como zona donante para poder reconstruirla y mantenerla con vida.

A nivel emocional, Sara se encuentra profundamente deprimida y agobiada por todo lo que tuvo que vivir y por lo que sigue enfrentando: dolores constantes, noches sin dormir, días de angustia por la falta de movilidad y por las posibles retracciones de su cuerpo, y momentos muy difíciles al verse en estas condiciones y preguntarse por qué le hicieron esto y por qué los responsables aún no han respondido ante la justicia. A pesar de todo, Sara sigue luchando por sus sueños, incluso cuando intentaron arrebatárselos”, agrega Luisa en entrevista con Volcánicas.

El desgaste económico y emocional: un daño invisible

La familia de Sara Yuliana subsistía realizando trabajos informales y se encontraba en un contexto de vulnerabilidad económica. La mudanza a Cali para continuar con el tratamiento médico de Sara los dejó sin ingresos y sin vivienda. A esto se suma el gasto para cubrir los insumos exigidos por el Hospital Departamental de Cali. En el podcast, su madre cuenta que la única ayuda estatal recibida fue un aporte de COP$70.000 pesos hecho por el alcalde de Pasto, un monto irrisorio frente a los costos que deben asumir. 

Así lo narra Luisa: ”Mis padres tuvieron que dejar sus trabajos de manera inmediata. Además, se vieron obligados a dejar en Pasto a dos adultos mayores —los abuelitos de Sara— y a otro de mis hermanos, sin recursos ni acompañamiento cercano. Desde entonces, nuestra subsistencia ha dependido del apoyo de familiares y, principalmente, de la solidaridad de personas de muy buen corazón. Durante el proceso de hospitalización y traslado de Sara, enfrentamos noches durmiendo en hospitales, ayudas temporales de familiares , la necesidad de interponer una tutela para que la EPS autorizara un albergue. Aun así, este apoyo fue inestable y precario”

Cuenta también que fueron sacados del albergue y se les informó que sus pertenencias iban a ser retiradas y dejadas en la calle, pero luego este fue nuevamente autorizado, pero solo para la madre de Sara, siempre por periodos cortos y bajo constante incertidumbre. Tras la salida de Sara del hospital, el albergue les fue retirado nuevamente, argumentando que Sara ya no se encuentra hospitalizada, a pesar de que ella -y por ende su familia- debe permanecer en Cali por un largo tiempo, ya que toda su recuperación, rehabilitación, tratamientos especializados y controles médicos se realizan en esta ciudad.

Luisa hace énfasis en que ninguna entidad del Estado les ha brindado un apoyo real o integral: “Hemos solicitado ayudas en múltiples instancias, pero no hemos recibido respuestas efectivas ni acompañamiento que responda a la magnitud de la situación que enfrentamos. Con la salida de Sara del hospital, los gastos se han incrementado considerablemente: transporte, medicamentos, cremas, curaciones y cuidados especializados. Mis padres continúan sin trabajo y los costos siguen aumentando, ya que Sara necesita múltiples tratamientos, infiltraciones para sus cicatrices, terapias de rehabilitación para volver a caminar y elementos de apoyo como silla de ruedas y caminador. Actualmente, seguimos sosteniéndonos únicamente gracias a la solidaridad de personas que, sin obligación alguna, han decidido ayudarnos y ha sido una bendición de Dios para nosotros.

Hemos sido su familia —yo, su hermana, junto a mis padres— quienes hemos asumido completamente su cuidado. Hemos estado con ella día y noche, atendiendo sus necesidades físicas, médicas y emocionales. Este proceso ha sido profundamente duro y desgastante para todos nosotros, no solo por la carga física y económica, sino también por el impacto emocional de verla sufrir, acompañarla en el dolor y tratar de sostenernos mientras la sostenemos a ella“.

La justicia no llega pero la revictimización y el acoso judicial, sí

La madre de Sara Yuliana afirma que los dueños de la perfumería, padres de la adolescente que murió, decidieron no realizar la denuncia y considerar el hecho como un “accidente” o un “juego”, para evitar el cierre de su fábrica, que era clandestina, y no contaba con protocolos de seguridad a pesar de que ahí se manipulaban sustancias químicas. Luego de lo ocurrido, la fábrica fue cerrada y los dueños ahora tienen otro comercio en otro lugar. 

Johana también reveló que los familiares de los 4 menores de edad que participaron del hecho le pusieron una tutela para impedir que se los nombre públicamente.¿Cómo puede ser que quemen a una niña viva y que queden libres porque son menores de edad? Uno es el que les tira alcohol y enciende la fosforera, los demás las dejaron encerradas. Cuando estaban en llamas, abrieron la puerta y las dejaron bajar”, le dijo a Noticias RCN.

Luisa cuenta que la denuncia fue interpuesta oportunamente y el caso se encuentra, en teoría, en etapa de investigación, pero que, en la práctica, el proceso no ha avanzado: “Como familia hemos vivido una situación de constante dilación y desgaste institucional. Durante este tiempo se nos indicó que para poder tomar decisiones era necesario que Sara rindiera su declaración. Ella lo hizo en dos ocasiones, a pesar de su estado físico y emocional, y aun así no ha ocurrido nada. Siempre surge un nuevo requisito, una nueva condición, y el proceso sigue estancado mientras los presuntos responsables continúan con su vida con total normalidad. Actualmente, lejos de avanzar en la investigación, estamos enfrentando un escenario aún más doloroso: los mismos presuntos responsables han interpuesto tutelas y demandas contra mis padres, acusándolos de calumnia por nombrarlos y por hablar públicamente de lo ocurrido. Sus familias han salido a presentarlos como “buenos niños”, diciendo que ellos temen por su vida, que no comen, que no duermen y que no han podido seguir con sus vidas, sin reconocer en ningún momento el daño irreparable que le causaron a Sara

Esta narrativa de victimización también ha sido sostenida por los dueños de la fábrica y por personas cercanas al caso, quienes insisten en presentar lo sucedido como un accidente que “se salió de las manos”, intentando encubrir lo ocurrido. Sara vivió los hechos en carne propia. La otra joven que estaba con ella lamentablemente falleció y no pudo contar lo sucedido; hoy la única voz que queda es la de Sara, y aun así su testimonio no ha sido suficiente para que la Fiscalía actúe.

De manera paradójica, la Fiscalía ha avanzado más en recibir denuncias contra mis padres por alzar la voz y exigir justicia, que en investigar a quienes presuntamente cometieron este acto de violencia. Actualmente se nos ha informado que el “último paso” para poder tomar una decisión es esperar el dictamen de Medicina Legal, que determine el estado de salud de Sara y las secuelas permanentes que este ataque le dejará. Mientras tanto, el tiempo pasa, la justicia no llega y Sara sigue enfrentando las consecuencias físicas, emocionales y psicológicas de un hecho que no ha sido esclarecido ni sancionado, detalla Luisa.

Al preguntarles si tienen algún tipo de acompañamiento legal, Luisa nos cuenta que no lo tienen: “Hemos estado completamente centrados en salvar la vida de Sara y en atender su recuperación, lo que ha hecho muy difícil gestionar y sostener un apoyo jurídico adecuado, aun cuando es urgente y necesario”.

“Mientras ella enfrenta este proceso con valentía, los dueños de la fábrica y los presuntos responsables continúan presentando lo ocurrido como un accidente, cuando no lo fue, y han intentado encubrirse entre ellos. Esta etapa ha sido profundamente dura para Sara y para toda la familia, pero seguimos insistiendo en que su historia sea escuchada y que no quede en la impunidad”.

Pedagogía de la crueldad exacerbada por la violencia institucional

En La guerra contra las mujeres (2016), la autora y antropóloga argentina Rita Segato desarrolla el concepto de pedagogía de la crueldad y plantea que ciertas violencias extremas no buscan solo dañar a la víctima, sino enseñar socialmente que hay cuerpos sobre los que se puede ejercer dominio, castigo y destrucción sin consecuencias y hacer, sobre ellos, una demostración ejemplarizante. El caso de Sara puede enmarcarse en este tipo de actos, pues la violencia ejercida en su contra, lejos de ser un accidente, es una práctica aprendida y una puesta en escena del poder sobre la vida de otras. 

El acoso judicial contra la familia de Sara no es un efecto colateral del proceso, sino una forma de violencia de género institucional que busca desgastar, intimidar y deslegitimar la demanda de justicia. De nuevo, el sistema judicial reproduce una lógica profundamente desigual: protege a quienes tienen más capacidad de presión y expone a quienes denuncian violencias de género. Esa estrategia de desgaste no solo revictimiza, sino que envía un mensaje disciplinador a la sociedad: denunciar tiene un costo alto y hacerlo puede significar quedar aún más desprotegidas. Así, la violencia no termina en el ataque, sino que se prolonga en procedimientos, silencios y omisiones que sostienen la impunidad.

Esta posterior revictimización institucional y acoso judicial a la familia de Sara refuerzan la pedagogía de la crueldad de la que habla Segato, normalizando el castigo y desplazando la culpa y la responsabilidad de hacerse cargo hacia quienes sobreviven; el sistema enseña por omisión que la crueldad no solo es posible, sino tolerable. De esta forma y con complicidad de la impunidad que prevalece en el sistema de justicia, la violencia no consigue únicamente dañar, sino entrenar a la sociedad en la aceptación del horror y en la deshumanización progresiva de ciertas vidas, especialmente las de niñas y adolescentes precarizadas. Seguramente, si Sara perteneciera a una familia adinerada, el caso habría tenido mayor difusión y presencia del Estado.

¿Cómo apoyar a Sara y a su familia?

Justo ahora es cuando Sara más cuidados necesita: acompañamiento permanente de terapeutas, dermatólogos, cirujanos y otros especialistas. A pesar de esto, aunque le dieron salida del hospital, no se autorizó atención domiciliaria, por lo que todo el cuidado ha recaído sobre la familia, sin el respaldo médico en casa que su condición requiere”, resalta Luisa.

Hoy lo que más necesita Sara Yuliana es poder continuar con su proceso de recuperación de manera digna y segura. Esto implica tratamientos médicos especializados, curaciones constantes, medicamentos, cremas, controles con cirujanos y dermatólogos, infiltraciones para sus cicatrices, así como terapias de rehabilitación para que pueda recuperar movilidad y volver a caminar. También requiere acompañamiento en salud mental, ya que el impacto emocional de lo vivido ha sido muy fuerte.

“En este momento, hacemos un llamado a que cirujanos, dermatólogos, odontólogos, psicólogos, psiquiatras, cardiólogos, pediatras y terapeutas que puedan y deseen sumarse, ayuden a acompañar a Sara en este proceso de recuperación. Ella necesita un manejo integral y continuo para poder avanzar en sus tratamientos. Asimismo, invitamos a personas con emprendimientos, organizaciones y ciudadanos solidarios que quieran apoyar con recursos, insumos o cualquier tipo de ayuda, a que se sumen. Todo apoyo es valioso y necesario para que Sara pueda continuar con sus tratamientos y cuidados.

Como familia, necesitamos respaldo para sostener este proceso. Los gastos son cada vez mayores: transporte a citas médicas, insumos para curaciones, elementos de apoyo como silla de ruedas y caminador, además de los costos básicos de subsistencia, ya que mis padres continúan sin trabajo y debemos permanecer en Cali por un largo tiempo, debido a que toda la recuperación de Sara se realiza aquí”, dice Luisa.

En Noviembre de 2025, Luisa Fernanda compartió en sus redes sociales: “Hoy les hablo como hermana, con el corazón hecho pedazos, para que el país conozca lo que le hicieron a Sara Yuliana. Mi hermana fue engañada, llevada a una fábrica clandestina y quemada viva por cuatro criminales que hoy siguen libres. Mientras Sara agonizaba, ellos se burlaban y escapaban. Les suplico que nos ayuden a compartir esta historia. Que la voz de Sara no se apague. Que Colombia se una para exigir justicia. No permitamos que este caso quede en silencio ni en la impunidad. Justicia por Sara”. Su reclamo sigue más vigente que nunca pues, a la fecha, seis meses después del ataque, la familia sigue sin recibir apoyo de la justicia ni del estado.  

Luisa y la familia de Sara de Yuliana agradecen profundamente a todas las personas que se han unido hasta ahora y a quienes puedan hacerlo. Sara necesita apoyo para todos sus tratamientos y para poder seguir adelante con su proceso de recuperación.

La cuenta solidaria sigue activa y continúa siendo una de las principales fuentes que tiene la familia para cubrir los gastos médicos, de cuidado y de subsistencia. Las personas que deseen brindar su apoyo pueden hacerlo a través de los siguientes medios:

  • Nequi: 321 623 201 a nombre de Johanna Maya
  • Nequi: 3332209441 a nombre de Luisa Zambrano 
  • Cuenta de ahorros Bancolombia 87880493581 a nombre de Luisa Fernanda Zambrano Maya 
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