diciembre 17, 2021

Sobreviviendo diciembre, una reunión a la vez

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Ilustración de Carolina Urueta

Comienza la temporada del rito social que es la navidad y todo su arsenal de fin de año: las reuniones familiares, las novenas, la cena de nochebuena, la fiesta de Año Nuevo, el reencuentro con amigues y todas esas cosas que deberían  ser pura alegría, parranda y animación (como la canción), pero que no siempre son  tan así. Quizás sea hora de dejar de romantizar la navidad en familia y los reencuentros de fin de año, y de empezar a hablar de practicidad y autocuidado decembrino.

Y no se trata de ser el “grinch” de la navidad, escribo esto con el saco navideño puesto, saboréandome los buñuelos que preparan mis amigas y pensando con ilusión en los regalos que voy a llevar a mi familia, pero cada vez es más difícil disimular y hacer de cuenta que “no pasa nada” cuando en alguno de esos eventos hace su aparición el comentario misógino, la descalificación al cuerpo de alguien, la pregunta de quien no tiene más material de conversación que tu vida reproductiva y/o estado civil, el amigo borracho que acosa en las fiestas y, la cada vez más frecuente discusión sobre temas álgidos que este año pre-electoral y de Paro Nacional, prometen bastante: aborto, protesta y represión y panorama electoral…. ¡Yaaay! Nada mejor que terminar el año agarradas con la familia o amigues. 

No, la verdad es que nadie quiere eso. Yo no quiero tener que tallerear en la mesa sobre ddhh ni ser la amiga feminista a la que todo el mundo siente la necesidad de preguntarle cosas obvias, o vainas que escribimos, dijimos, conversamos en todas partes, medios, calles, redes ylibros. No solo ya hice eso todo el año, sino que  no quiero ahora, no me da más la energía.. 

Ya es tremendo logro llegar a estas alturas del año, y la pandemia, vivas y enteras como para tener que llegar a las fiestas con la armadura puesta. A mí no me interesa dar todas las batallas (menos ganarlas) ni morir con las botas puestas. Es bastante lo que hacemos a lo largo del año como para no poder darnos un respiro de explicar cosas tan elementales como el consentimiento, que las personas trans tienen derechos o que si queremos abortar igual lo haremos. Quiero volver en enero descansada y recargada para seguir dando la lucha donde sé que puedo hacer la diferencia, no peleando con el primo uribista que ni saldrá a votar. Quiero poder estar tranquila comiéndome mis buñuelos, prendiendo mis chispitas Mariposa, abrazando a mis tíos y yendo a uno que otro concierto de feria sin que me toque dar explicaciones de mis militancias o mi ausencia de ganas de maternar o casarme… 

Por eso vengo tomando mis precauciones desde hace un buen tiempo: me salí de todos los  chats que me resultaban más intolerables que amistosos porque, a pesar de cualquier vínculo, los quiebres que representan pasar por encima de los derechos humanos de otras personas no fueron mínimos. No es basura que se pueda barrer y esconder debajo del tapete. Son el elefante en la habitación o el chat y hay que sacarlo o salirse. Yo me salí, hace rato entendí que no voy a convencer a nadie, me convenzo a mí y trabajo convencida por lo que creo, y con eso tengo. He descansado tanto del mandato social de sostener las amistades por siempre, de guardarme lo que tengo por decir para no molestar a la gente de mi círculo social, y se siente taaaan bien, que no voy a ceder ni un minuto de mi bienestar a costa de ninguna pantomima social. 

Y sí, ser feminista conlleva mucho trabajo interior y también cambios en la forma en que nos relacionamos con el mundo y esto, inevitablemente, toca a nuestros vínculos afectivos y habrá pérdidas; pero que esas pérdidas no sean en términos de bienestar, salud mental, goce o placer. Si necesitas callar a tu amigue machista, hazlo. Si te nace levantarte de la mesa cuando el invitado facho comienza a tildar de vándalos a quienes protestaron este año por los derechos de todxs, hazlo. No le debes tu presencia a nadie. Y si lo que te nace es vaciarlo, o entrar en una discusión tranquila y con intención de entender de dónde viene su fachez y quizás exponerle un par de argumentos, capaz su neurona los asimile, bien por ti también, ¡hazlo! Pero sobretodo, si ves que hay alguien pasándola mal por ese tipo de comentarios y no puede hacer nada al respecto, hazlo tú: evítale el mal rato a esa otra persona y pon en evidencia a quien le está causando el daño. 

Pero tengo un mejor consejo: si estos espacios te incomodan o generan cualquier tipo de ansiedad social, ni vayas. Que nadie te obligue, que la navidad blanca, la foto de la familia perfecta y la cena impecable, son también una construcción social y tampoco tienes que sostenerla y, además, gratis. Esto puede ser obvio para muchas de nosotras pero quizás alguien necesite leerlo: puedes pasar de la cena, puedes pasar de la reunión, puedes pasar de la novena y hasta puedes pasar de tu familia y  amigues de toda la vida. Eso no te hace una persona horrible, solo una persona que pone límites y no quiere pasar un mal rato.

Y es triste, pero necesario, reconocer que nuestras propias familias o círculos de amigues pueden provocarnos no solo malos ratos sino que también pueden ser fuente de violencias. Es desolador pensar que hay personas que no pueden ser ellas mismas a plenitud en sus propios hogares a riesgo de ser discriminadas, maltratadas o violentadas. Es decepcionante saber que en espacios que antes fueron de complicidad y amistad ahora no quede otro tema para hablar que matrimonio, hijes o vidas ajenas… quién engordó, adelgazó, se hizo el retoque o se divorció. Sí, es triste, desolador y decepcionante pero es importante reconocerlo, hablar de eso, desnormalizarlo y romper el mandato de familia de comercial de Coca Cola.

Al final, no hay un manual feminista para sobrevivir a las fiestas de fin de año posible porque las feministas haremos lo que nos nazca y plazca, sin seguir ningún manual. Así que feliz y tranquila navidad para todas, o al menos la menos tóxica que puedan tener, y un año nuevo mejor, en el que cada vez sea menos lo que tengamos que explicar o tolerar y seamos más las que luchamos por nuestras causas y nos juntemos para celebrar, con o sin excusa o rito social.

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Autor

  • Feminista colombiana, autora del libro “Que el privilegio no te nuble la empatía” (Planeta, 2020) y cofundadora de la colectiva Las Viejas Verdes. Ita María es Economista de la Universidad Icesi (Cali, Colombia) y tiene un MBA de Esdén Business School. Desde 2007 ha ocupado cargos directivos en importantes compañías de la industria de moda y tendencias como experta en marketing y estrategia (INVISTA, 2007-2012), análisis de tendencias y comportamiento de consumidor (WGSN, 2013-2017) y más recientemente incursiona en la industria de los medios independientes y alternativos (VICE, 2019-2020). Cuenta con más de una década de experiencia en generación de contenidos, nuevas narrativas, construcción de comunidades virtuales y comunicación digital y ha sido tallerista y conferencista de mercadeo, redes sociales y tendencias en América Latina. Actualmente se encuentra dedicada a apoyar y asesorar en estrategia de comunicaciones a organizaciones con enfoque feminista y de derechos humanos.

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