octubre 20, 2022

Radio pública de Colombia: El silencio te hace cómplice

COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email
Ilustración de Carolina Urueta

Recibí una invitación a hacer parte del Festival de Podcast “Al Oído” liderado por el Sistema de medios públicos de Colombia, RTVC. El podcast y la radio son lo que más me apasiona de mi profesión y un festival como el que se está organizando es un sueño para la industria, conformada en gran parte por mujeres periodistas y productoras. He pensado mucho en si escribir este texto sobre las razones que me llevaron a rechazar esta invitación. Decido hacerlo por el cariño que le tengo a la radio pública. 

Hoy les manifiesto que no voy a participar en este u otros eventos de la radio pública de Colombia hasta que RTVC y, más específicamente, la Subgerencia de Radio no socialice con su equipo y con la opinión pública su protocolo para la prevención y atención de violencias basadas en género y violencias sexuales. Es una cuenta pendiente que tienen conmigo y con todas las colegas que aún trabajan allí y que alguna vez hemos tenido que enfrentarnos a la falta de rutas y la informalidad con la que se maneja el tema. 

Porque amo la radio pública, sus contenidos de alta calidad y a tantas personas gratas que conocí allí. Porque es en los medios públicos donde debemos tener las mejores condiciones para nuestro oficio, pido un entorno seguro para todas las periodistas. Desde que salí de la radio he querido hablar de esto y me ha tomado tres años sentirme lista para hacerlo. 

¿Por qué denuncio?

En 2018 yo era una Productora y Locutora Junior que acababa de ser promovida al segundo programa con más audiencia de Radiónica, una de las emisoras de RTVC. Ese siempre había sido mi sueño. En mi cargo no solo tenía la oportunidad de proponer temas y agendar invitados e invitadas sino que estaba al aire, dando los buenos días a miles de personas en las nueve frecuencias a nivel nacional.

En la cabina de ese programa de la mañana empecé a trabajar con colegas nuevos, uno de ellos era Juan Felipe Reyes, el Jefe de Producción quien coordinaba varias labores con otras productoras del equipo, como yo. Recién llegada al cargo, noté que él saludaba con abrazos apretados a las colegas que salían al aire y fue cuestión de tiempo para que lo empezara a hacer conmigo. Tomó exactamente siete meses. Comenzó con un abrazo de “Buenos días” que poco a poco se convirtió en un abrazo apretado a la altura de la cintura, hasta que empezó a ser más o menos así: entraba a la cabina, saludaba a todos y cuando era “mi turno” me metía la mano debajo del abrigo y me halaba hacia él. Recuerdo en especial una vez que me levantó la camisa y puso su mano en contacto con mi piel. La sensación, de una forma u otra, siempre era insoportable, me paralizaba y no sabía cómo actuar. 

Entonces comencé a saludarlo sin ponerme de pie, a usar abrigos largos para que no me tocara e incluso, empecé a usar otra salida y otra entrada del edificio para no cruzármelo. Evitaba cualquier espacio en que tuviéramos que encontrarnos. Él me increpaba con frases como “¿Ahora ya no me vas a abrazar?”, o “¿por qué eres tan creída?”. 

A ver, ya sé que lo primero que van a pensar es: “¿Y por qué no le decías nada?”. Tengan en cuenta tres cosas: 1) Estos saludos eran durante la emisión, en la cabina de radio y siempre tenía que volver al aire sí o sí. 2) Yo estaba concentrada en hacer el mejor trabajo posible, así que entre hacer “un escándalo” o ignorarlo y seguir adelante, prefería lo segundo. 3) Todos en la radio eran muy amables y yo era nueva. Veía que él lo hacía con otras compañeras que no decían nada y la dinámica frenética de hacer contenidos en vivo me impedía detenerme a gestionar lo que sentía y/o a preguntarle a una compañera si eso era normal. Pronto me di cuenta de que era igual de ‘cariñoso’ con otras colegas y que les decía cosas como, “Ven, ¿por qué no me amas?”. A nadie parecía importarle y yo pensaba que enfrentarlo era cazar una pelea. En esos primeros meses noté, además, que su rol era importante en la toma de decisiones de la emisora. 

Mi incomodidad fue creciendo cada vez más. En una ocasión me negué a abrazarlo y en los días siguientes me quitó el saludo y me empezó a hacer pistola con las manos mientras yo dirigía la emisión y él estaba del otro lado del vidrio. Mientras en la radio sonaban canciones feministas yo en la cabina contaba los minutos para salir de ahí sin ser notada.

Luego, a raíz de esa vez que me negué a abrazarlo, me puso un apodo y me enteré de que comenzó a hablar mal de mí a mis jefes. “Al tipo uno no se lo puede echar encima porque te caen encima tus jefes”, me dijo en una ocasión una compañera. Para ese momento ya sacaba mis primeros podcasts al aire y estaba muy orgullosa de nuestros contenidos y del resto del equipo de la emisora. En otros ambientes con colegas él no tenía esos comportamientos conmigo. Mientras tanto, el malestar que yo decidía ignorar se iba haciendo cada vez más grande. En estado de negación, confié en que en algún momento simplemente me dejaría de molestar y ya. 

Pero, claro, no pasó. Para desarrollar parte de mis funciones tenía que coordinar tareas con él. Así que a veces tenía que ir a su puesto de trabajo, otra cabina de radio, donde siempre estaba solo. En privado, sin testigos ni cámaras de seguridad, su acoso fue mucho más directo. Pasó del “Oye, ¿por qué no me amas?” al: “Avísame cuando pelees con tu novio”, y otros comentarios que realmente no quiero repetir. Yo siempre me quedaba fría, en silencio. Pero, ni mi silencio ni mi incomodidad lo detuvieron, hasta que llegó un día donde me hizo una invitación explícitamente sexual. Me paralicé. Se rió y dijo “Uy, creo que es el mejor piropo que le he dicho a alguien”. 

Ese fue el momento en que no aguanté más. Ya no podía pretender que no pasaba nada y me propuse enfrentarlo. Por fin, se hizo evidente para mí que Juan Felipe no ‘me molestaba’ y no era ‘cariño’ . Yo estaba siendo víctima de acoso sexual y probablemente no era la única.

Después supe de un intercambio de mensajes de texto suyos con una oyente de la emisora, donde ella le preguntaba por las boletas del Concierto Radiónica y él le pedía que fuera a su casa a recogerlas personalmente, que “justo estaba por salir de la ducha”

Como tenía el antecedente de hablar mal de mí, pensé en que la mejor manera de confrontarlo era tener un testigo para pedirle que no me abrazara ni me molestara más y así quitármelo de encima. Lo pensé por días hasta que busqué a la persona en quien más confiaba: mi jefe directo. Le conté. Él, sabiamente, no apoyó una confrontación, sino que me pidió escalar el caso al Director de la emisora, tres cargos arriba en jerarquía, así lo hice. 

El Director de la emisora, aunque se mostró sorprendido por lo que me pasaba, hoy sé que no le dio el mejor manejo a mi caso. Tuve que contar mi historia tres veces a puerta cerrada, hasta que los otros jefes menos el involucrado sabían lo que estaba pasando. Era como si tuvieran que examinarme antes de pensar en creerme. Todos eran amigos por fuera de la emisora.

En la radio yo hacía contenidos feministas, selecciones de música hecha por mujeres, destacábamos canciones para detener la violencia de género y aún así, cuando el Director de la emisora me preguntó qué quería hacer frente al caso que estaba reportando no supe qué decir. Prefería pensar que estas cosas pasaban en otro lado, a otra gente, a otras mujeres, pero que no me estaba pasando a mí. Me dijeron que era la primera en decir algo sobre él. Yo odié sentir que era la primera en hablar. Entre la rabia, la indignación y la vergüenza, les dije que ponía el caso en sus manos para que investigaran si yo era la única, que hicieran un taller sobre el tema y que lo manejaran. Como ya lo dije, quería quitarme el acoso de encima y seguir concentrada en hacer bien mi trabajo. Acordamos que la emisora haría una capacitación sobre acoso sexual. No sucedió.

Pasó un fin de semana y el siguiente lunes me citaron a una reunión a puerta cerrada con todos los jefes de la emisora y con Juan Felipe. Yo era la única mujer en la sala. Él pidió disculpas. Bajo presión, tuve que aceptarlas. El Director de la emisora cerró con un pequeño discurso haciendo énfasis en que “Somos una familia”, “todo se puede desde el perdón y el afecto” y “hacer el amor solo con el que quiera hacerlo con nosotros”. También nos pidió a todos los presentes que no habláramos de este tema con los demás. Su buena intención, dijo, era cuidarme ( a mí, no al tipo) del chisme de pasillo. Hoy creo que lo hacía por cuidar ‘el buen nombre’ de la emisora y evitar ‘el escándalo’. Sin embargo, creo que tener un protocolo de prevención y acción no mancha la reputación de un medio, al contrario, enaltece su misión. También pienso que había una intención de mantener el caso en un bajo perfil porque si se le hubiera dado la importancia que merecía, las cosas habrían cambiado. 

Todo fue muy paternalista. Una vez se dió la disculpa fue como “Borrón y cuenta nueva”. Hasta yo me lo creí. Nos separaron a mí y a Juan Felipe de horario para no salir al aire juntos. Un mes después él se fue de la emisora a trabajar en Caracol Radio. Cuatro meses después, supe por casualidad que estaba acosando a una practicante de Radiónica, joven y nueva en el cargo, igual que yo cuando entré al equipo. Denuncié esto al Director de la emisora de nuevo y dijo que ahí no había nada por hacer, porque él ya no trabajaba en la emisora. Pedí nuevamente una capacitación para el manejo del acoso sexual con todo el equipo. Me respondió que sí, que claro. Pero no hubo fecha ni acción. Solo estaban las buenas intenciones. 

No me di cuenta de las consecuencias psicológicas que tuvo el acoso en mí hasta octubre de 2019, durante el Concierto Radiónica. En el backstage, donde yo transmitía, vi a Juan Felipe saludando a todos de abrazo con una escarapela de “VIP”. Sentí miedo, ansiedad y ganas de enfrentarlo a gritos, pero decidí refugiarme en mi trabajo. Ese día comenzó un largo y solitario proceso donde perdí la fe en la emisora y comencé a cuestionar todo lo que hacíamos. ¿Cómo sonabamos canciones de mujeres y fuera del micrófono seguíamos pensando que eso de lo que cantan no pasa en nuestra redacción? ¿Cómo sonreímos en las emisiones sin hablar de lo que me había pasado? ¿Cómo debía seguir al aire manteniendo el secreto? ¿Cómo no pude hablarle de esto a mis otras colegas periodistas? ¿Cómo es que mis otros compañeros vieron las ‘expresiones de afecto’ sin consentimiento y no dijeron nada? ¿Cómo era posible que este Jefe de producción llevara más de 5 años en el cargo y yo fuera la primera en hablar? ¿Cuántas historias más habían sido echadas debajo del tapete? ¿Cuántas otras periodistas, como yo, estaban pensando dejar su carrera en la radio por no encontrar respaldo en sus denuncias? 

Sobre todo, perdí mi fe en el Director de Radiónica. Esta persona brillante que me inspiró a hacer mi carrera. ¿Cómo seguir creyendo en él si no hizo todo lo posible por proteger mi derecho a llevar a cabo mi oficio en un entorno seguro y libre de violencias? ¿Cómo seguía dilatando el tema si sabía que otras colegas podían estar bajo el mismo riesgo? ¿Cómo es que felicitaba mi trabajo pero no tomaba en serio el ruego por una capacitación seria sobre el tema? ¿Qué otras cosas se habían resuelto a puerta cerrada? ¿Qué haría el Director si hoy alguien vuelve a pasar por lo que yo pasé?

Lo que me quebró fue la tibieza. Que una disculpa a puerta cerrada fuera toda la acción sobre mi denuncia. Sentí que el periodismo cultural del que hacía parte sobrevivía gracias a la tibieza en este tema y otros más. ¿De qué sirve tronar punk, rock extremo y rap a todo volumen si cuando llega el momento de sentar posición, toda esa rebeldía se esfuma? Seguí presionando por una capacitación o algún tipo de acción preventiva pero mis llamados se diluyeron en las gestiones burocráticas y en el afán de la producción de contenidos. En ese año, 2019, trabajamos como nunca. Llegó diciembre y todos los y las contratistas estaban reunidos en Bogotá. Era el momento de sentar posición, de prevenir y actuar ante el acoso sexual. Ante mi insistencia el Director de la emisora me dijo que él mismo iba a hacer la capacitación. Fue una charla informal a la salida de un edificio, en medio de la calle. El Director de la emisora nos pidió, otra vez, “solo hacer el amor con quienes quieran hacer el amor con nosotros” y “no tocar a nuestras compañeras si no lo quieren”, después de lo cual dijo que respetaba a todas las parejas de novios dentro del equipo. “Somos familia”. Nadie supo, por supuesto, a qué vino tanta afirmación. Para entonces mi caso estaba en el olvido; para todos menos para mí. Esas palabras sin acción fueron y siguen siendo insuficientes. Escalé mi caso a la Subgerente de Radio. A puerta cerrada, ella me dio su “palabra de niña scout” y prometió que iba a hacer una capacitación al comenzar el nuevo año. 

Llegó Enero de 2020. Mi contrato terminó, decidí irme de la radio y no hubo ni capacitación, ni protocolo, ni investigación. Una de las razones por las que decidí dejar mi carrera en la radio pública fue por esto que me pasó. ¿Cómo seguir creyendo en Radiónica? Tres años después, sé que Juan Felipe Reyes, la misma persona que me acosó a mí, ya había acosado a otras dos periodistas antes de hacerlo conmigo. Sigo presintiendo que no somos las únicas. Tres años después, él continúa siendo Productor Creativo en Caracol Radio. Hoy sé que no se ha compartido un protocolo para la prevención y atención de violencias basadas en género y violencias sexuales en la Subgerencia de Radio de RTVC. Aún cuando otras colegas de la Radio Nacional siguen trabajando junto a un locutor y cronista, el cual tiene un proceso penal en curso por acoso sexual. Dicho locutor conduce un programa se llama “Del canto al Cuento” y se transmite todos los sábados de 10 am a 12m. Hasta este sábado 15 de Octubre de 2022 el cronista sigue saliendo al aire, lo que significa que nuestros impuestos continúan pagando su contrato. Sé que ante los reclamos, la radio decidió mantener silencio y pasar de agache (van 2 años desde la denuncia penal) a la espera de que el tema se olvide. Es esa misma tibieza la que continúa poniendo a otras colegas en riesgo.

Ahora que el Sistema de Medios Públicos me invita a hacer parte de su Festival de Podcast rechazo la invitación y hago pública mi historia. Hoy me puede más el valor de pedir una respuesta que la angustia de permanecer callada. Ya no es suficiente la tibieza. En honor a todas mis colegas que han expuesto sus casos para proteger a otras periodistas, hoy hablo también. Y les pido que no sean indiferentes. 

Pido que se publique el protocolo de prevención y atención de violencias basadas en género y violencias sexuales de RTVC y se socialice con todas las personas del equipo. Pido a la Subgerencia de Radio que en honor a sus principios siente posición públicamente ante las denuncias formales o informales de acoso sexual hacia contratistas o funcionarios del Sistema de Medios Públicos. Pido que se investigue si otras periodistas están o han estado bajo acoso en sus salas de redacción y que las denuncias se atiendan de manera adecuada y efectiva con expertxs en derecho laboral y en atención psicosocial con enfoque de género. Y pido que el Director de Radiónica haga honor a su cargo y divulgue las acciones de dicho protocolo y que esta información se enuncie en los procesos de selección y contratación. 

Siempre estuvimos a la vanguardia en contenidos públicos que sirven a nuestra audiencia. Es hora de que con el mismo rigor, estemos a la vanguardia sirviendo a quienes trabajan día y noche por realizar esos contenidos. 

¿Por qué un protocolo?

Así como el Sistema de Medios públicos se consagra a difundir contenidos incluyentes y diversos de alta calidad, pido que en esta misión protejan y defiendan a las mujeres periodistas que como yo y la mayoría de la nómina, trabajan en contratos de prestación de servicios. Algo que da pie a la informalidad y al desconocimiento de procesos de lo público. Así como desde sus contenidos, reportan y analizan casos de escrache y denuncias de acoso sexual, pido coherencia y transparencia para su equipo. Ningún oyente supo que yo pasaba por esto, pero estoy segura que ninguno de mis oyentes habría querido que yo trabajara en esas circunstancias. 

En concreto, exijo al Sistema de Medios Públicos aplicar las reglas que, mediante la Sentencia T-140-21, fijó la Corte Constitucional para el escenario específico de las conductas de acoso sexual en los medios de comunicación. En dicha decisión, la Corte reconoció el deber de las salas de redacción de todos los medios de comunicación de proteger los derechos de las periodistas a trabajar en un ambiente libre de violencia y discriminación de género. 

En efecto, la Corte Constitucional precisó que la dimensión objetiva de los derechos fundamentales en casos de violencia de género incluye: “la creación de protocolos de atención”, que deben incluir “rutas y procedimientos claros y efectivos para el trámite de las posibles denuncias de acoso laboral y sexual, justamente para rodear a las mujeres que deciden defenderse o buscar ayuda, atención o reparación lo que, no sin frecuencia, muchas veces se ve correspondido con impunidad y revictimización”. Según resalta la sentencia, estos protocolos “deben contener reglas claras en relación con al menos tres aspectos principales: i) medidas de cuidado inmediato o contención; ii) medidas de atención psicosocial y iii) medidas de asesoría jurídica”.

A mis colegas que actualmente trabajan en RTVC: Les pido que hablen sobre cualquier ocasión en la que pudieron haber presenciado conductas de acoso. No es un señalamiento hacia su lugar de trabajo, es una decisión de habitarlo en transparencia y de manera segura. A mis colegas, radialistas y periodistas les pido indagar cuál es el protocolo en su propia sala de redacción. Y a las usuarias de los medios públicos les pido sentar posición en contra del acoso en público y privado. A mis colegas que sufren algún tipo de acoso en silencio, les pido que consideren todo lo que podría cambiar, si piden que su caso sea tratado de la forma más rigurosa. Un sistema al que le parece normal el acoso, confía en nuestro silencio para que más mujeres sigan siendo acosadas.

Odié sentir que era la primera en hablar de esto. Odié tener que ser quien le dijera a mis jefes que eso está mal y odié pedir acción varias veces. Odié la inacción y el silencio ante lo vivido. Y hoy sigo odiando que esta historia opaque el inmenso amor que tengo por el lugar en el que cumplí mis sueños. Nuestra radio pública merece más, merece lo mejor para todas.

En honor al periodismo de alta calidad que existe y está por venir, hoy hablo. Y volveré a apoyar todos los eventos e iniciativas de la radio pública de Colombia cuando ofrezcan espacios seguros para todas las periodistas. 

___________

Volcánicas entrevistó a Juan Felipe Reyes, a la Subgerencia de Radio de RTVC y al director de la emisora Radiónica con el fin de presentar su versión sobre esta denuncia, a continuación, se presenta un resumen de estas conversaciones (en este link se pueden consultar las entrevistas completas):

  • Tanto Juan Felipe Reyes como la Subgerencia de Radio de RTVC reconocen que mientras Laura Ubaté trabajó en Radiónica, la periodista presentó una queja formal ante su jefe directo porque, en palabras de las directivas de RTVC: “se sentía incómoda por las situaciones que se presentaban con un compañero de trabajo.”
  • Tal como lo presenta la denuncia de Laura, Juan Felipe Reyes señala que ninguna de las dos partes involucradas recibieron asesoría legal o atención psicosocial con enfoque de género. En palabras de Reyes: “No hubo nada, ningún apoyo, ninguna situación que dijera “esto así se maneja”.
  • Respecto a las medidas de atención del Sistema de medios públicos, RTVC, Reyes, afirma que se comprometieron con el desarrollo de algunos talleres, en sus palabras: “Sólo se habló con el director de la emisora y un par de líderes dentro de la emisora pero no escaló hacia Recursos Humanos ni mucho menos. Creo que el compromiso fue hacer un par de talleres por parte de la emisora, pero no sé si se hizo o no se hizo porque yo ya no trabajaba ahí. ”. No obstante, las directivas de RTVC entrevistadas afirman: “Fue por expertos pero se gestionó desde nuestra oficina de gestión humana. No te podría dar ahorita el nombre de los expertos. Pero sÍ fue por profesionales. Todo el equipo estuvo acompañado por profesionales. ”
  • En cuanto las medidas de atención de este caso, las directivas de RTVC entrevistadas indicaron que: “producto de esa experiencia, incluso a solicitud de Laura, se generaron una sensibilizaciones para todo el equipo sobre temas de acoso sexual y también la empresa generó un manual de prevención para este tipo de situaciones.” Asimismo, aseguran que: “Hay un protocolo que tiene la institución cuando se presenta ese tipo de situaciones que pasa por temas de sensibilización constante de los equipos de trabajo frente a la temática, de acudir a los órganos internos y a las instituciones externas para formalizar los procesos de denuncia y hacer el seguimiento correspondiente.” 
COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email
  • Me indigna
    (168)
  • Me moviliza
    (25)
  • Me es útil
    (7)
  • Me informa
    (12)
  • Me es indiferente
    (16)
  • Me entretiene
    (4)

Autor

  • Laura Ubaté

    Laura Ubaté González es productora de podcast en Adonde Media y fundadora del Café Podcastero. Produjo el podcast de Daniel Coronell y Spotify "Uribe Acorralado", que ganó una mención a Mejor Guión en los Premios Ondas 2022. Es becaria del Instituto Salt de Estudios Documentales y ha dictado talleres de podcast para la Fundación Gabo y la Universidad Ibero de México entre otros. Es Relacionista Pública en la red Podcaster@s, la comunidad de creadores de podcast más grande de habla hispana.

Comentarios

13 thoughts on “Radio pública de Colombia: El silencio te hace cómplice

  1. Hola , mi nombre es Paula y fui practicante de radio en RTVC en 2018 – 2019, mi cargo era en la parte de comunicación interna así que trabaja con personas tanto de Radionica como de Radio Nacional… sufri exactamente los mismos acosos por Juan Felipe y hasta advertí a una amiga que trabaja en caracol ( cuando me entere que trabajan juntos) y ella sufrió lo mismo tiempo después.

  2. Felicitaciones a Laura Ubate que dejó su tibieza y denuncia estos hechos que ocurren a diario en todos los medios, nos queda tomar ejemplo de su valentía y elevar la voz cuando sea necesario confrontar a todos los que se confunden con la pasión por su profesión de una guerrera.

  3. Laura, gracias por compartir esta dolorosa experiencia y sus reflexiones. Con seguridad son palabras de aliento y esperanza para todas las mujeres que siguen sufriendo estos abusos. Muchas mujeres estamos con usted. Y muchas seguiremos trabajando sin descanso para que nuestra lucha no sea en vano.

  4. Gracias por compartir esta historia. Toda mi solidaridad. ¿Cómo se llama el director de Radionica que protegió al acosador? Ese nombre debe estar en la columna.

  5. Si escribiéramos un libro con todas las historias de las mujeres que han sido víctimas de violencias basadas en género no alcanzarían las hojas, la tinta ni las horas para terminarlo… Es lamentable que estas conductas se hayan naturalizado y que cuando una mujer denuncia no sólo es señalada, vilipendiada, aplastada. A muchas nos bloquearon el camino profesional por habernos atrevido a hablar. Y cuando estuvo de moda el dicurso del poliamor esos lobos con piel de cordero hallaron el escenario perfecto para sus acciones. En mi caso, de milagro es que sobrevivo pues me cerraron todas las puertas. Por eso sigo con miedo. Me alegra que el mundo este cambiando en esta perspectiva. Lento, pero algún día sera seguro para todas.

  6. Apoyo total!! Como oyente de la emisora, recuerdo su buen trabajo. Una lástima que no se hayan tomado acciones reales frente a una denuncia que claramente se hizo de la mejor forma posible.
    No puede quedarse solo con la socialización del protocolo. ¡no es suficiente!

  7. Micha fuerza Laura, mucha tesa, definitivamente hay muchas cosas por cambiar y no podemos seguir aguantando en silencio, asi sea a las malas, y con violencia, tendra que ser asi.
    Asi que siendo hombre, trato de estar y comprender las violencias constantes de nuestro hermoso sistema de muchos machitos.
    Fuerza pa todes, sera!!!

  8. Muy triste por la emisora que llevo siguiendo tantos años y la cual veía con otros ojos, el acoso sexual y laboral se presenta lamentablemente en todos los contextos pero afrontarlo con ética y sin tibieza hace la diferencia y enseña a quienes la ejercen a respetar a los demás, admiro la posición de Laura quien no pedia mas que una sensibilización del protocolo de prevencion y atencion en caso de violencia sexual y no instauró una demanda pudiendo hacerlo, reiteramos todo mi apoyo hacia ella junto con mi esposo, juntos sentimos gran tristeza y decepción de un medio como RTVC el cual por años ha sido nuestra inspiración y nos ha aportado mucho desde su contenido pero este tipo de noticias nos deja en claro que las personas no son lo que aparentan y los medios de comunicacion no son del todo transparentes.

  9. Laura gracias por denunciar! trabajé allí y tu relato es el fiel testimonio de lo que pasa no sólo en Radio sino en toda la empresa… y si…si existe un protocolo que se realizó en 2022, se ha socializado 1 vez… pero… las mujeres activaron la ruta de protección, empezaron a denuncianciar y las revictimizan tal y como se refleja en el relato… hacen que el acosador les pida una disculpa personal (acción no contemplada en el protocolo, y en ninguno) y borrón y cuenta nueva… su frase favorita… somos una familia… de esa forma desestimulan las denuncias, promueven el silencio porque no pasa nada… y así los victimarios y sus cómplices permanecen en Rtvc 15… años y más… todos consintiendo el mal actuar de todos.

  10. El valor que tuvo Laura es impresionante! Y las personas que hemos sufrido violencia sexual sabemos que hablar eso en su debido momento es muy difícil.
    Pero de acuerdo a la experiencia que tuve hace relativamente poco con la emisora, me sorprende como en el 2020 sobre unas acusaciones sin ningún tipo de fundamentos y pruebas (que al final eso se quedó en el aire tomando como verdad absoluta unas declaraciones) Radionica; muy indignada por un tema de «acoso» decide cancelar a artistas por dicha denuncia sin siquiera evaluar los hechos y tomar en cuenta las declaraciones de la parte demandada. (Total cacería de brujas)
    Me sorprende que partes feministas del equipo de Radionica les haya pasado un camión por encima y ni cuenta se dieron.
    Cómo se ponen en pocision de juzgar y cancelar a músicos, cuando la situación interna de la emisora era así de misogina .

  11. Laura, hasta ahora me entero de este asunto. Lo deploro, lo lamento, me indigna y cuentas con toda mi solidaridad. Tal vez esta solidaridad expresada en un comentario no sirva de mucho, pero quiero que sepas que estoy de tu lado siempre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados