Jun 24, 2020

Nueve denuncias por acoso y abuso sexual contra Ciro Guerra

Por: Catalina Ruiz-Navarro y Matilde de los Milagros Londoño

*Este texto fue discutido y editado periodísticamente por Daniel Coronell

El reportaje

El 24 de junio de 2020 publicamos el reportaje “Ocho denuncias de acoso y abuso sexual contra Ciro Guerra”, luego de una investigación de cinco meses en los que hicimos un proceso de verificación cumpliendo con los más altos estándares periodísticos. Dichos estándares consisten en la verificación de información para establecer si hay plena coincidencia de los testimonios con elementos de tiempo y lugar, contrastación de fuentes es decir mirar si testimonios distintos corroboran la información y si existen elementos complementarios de contexto. 

Ciro Guerra emprendió una estrategia de acoso judicial en nuestra contra, instaurando una denuncia penal, una demanda civil y emprendió dos diferentes acciones de tutela sobre los mismos hechos. Como resultado del segundo trámite de tutela, la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá nos ordenó rectificar entregando más información de contexto para cada uno de los testimonios. 

En esta entrega extendida, publicada el 12 de mayo de 2021, en cumplimiento del fallo de tutela, nos disponemos a rectificar y presentar evidencias que amplían y corroboran las ocho denuncias por acoso y abuso sexual hechas en contra de Ciro Guerra a través de este medio, para presentar un total de nueve denuncias en contra del cineasta. Esta evidencia que hoy revelamos públicamente hace parte del proceso de verificación de los hechos que hicimos desde el principio, como parte de la investigación periodística. En la primera publicación presentamos 14 testimonios y en esta entrega extendida sumamos 20 testimonios en total. 

Sin embargo, no podemos presentar esta información sin antes reiterar que la evidencia presentada en la primera versión de este reportaje era suficiente de acuerdo con los estándares periodísticos de verificación de información ya enunciados. Es revictimizante y preocupante para todo el periodismo de investigación que los testimonios de las fuentes, que han sido además corroborados y contrastados con documentos y testimonios complementarios, no resulten aún suficientes.  

En Volcánicas agradecemos la oportunidad de publicar una versión extendida del reportaje, pues, desde la publicación original hasta el día de hoy, nos han llegado decenas de nuevos testimonios de mujeres que se sintieron acosadas por Ciro Guerra, narrando comportamientos reprobables de su parte. Hemos hecho el trabajo de verificación periodística de varios de esos testimonios y por eso, aprovechando la exigencia del fallo de la tutela de aportar más información, nos disponemos a incluir uno de ellos en este reportaje. En este nuevo testimonio, Diana cuenta la historia de cómo fue presuntamente acosada en París por parte del cineasta. 

En su primera versión, este reportaje consistió en ocho testimonios de mujeres que narran situaciones de acoso y abuso sexual por parte del reconocido director de cine colombiano, con esta entrega se suman nueve denuncias periodísticas contra el cineasta.  Ocho de ellas (Beatriz, Daniela, Eliana, Adriana, Fabiana, Teresa, Gabriela y ahora, Diana) relatan lo que ellas califican como acosos sexuales de diferentes niveles de gravedad. En el noveno caso, Adriana, describe un caso de abuso sexual. 

En total, las narraciones hacen referencia a agresiones que de acuerdo con los relatos, los documentos encontrados y los testimonios de terceros, ocurrieron entre los años 2013 y 2019, en tres ciudades colombianas y cuatro en el exterior, durante eventos como el Festival de Cine de Cannes, el Colombian Film Festival y el Festival Internacional de Cine de Cartagena. Los testimonios relatan situaciones como incómodas conversaciones de índole sexual, invitaciones a su hotel o apartamento, el uso de la fuerza para tocarlas sexualmente, besarlas y, en un caso, se relata una situación de presunto abuso sexual, a pesar de que ellas le dicen que “NO” de forma clara, directa y reiterada. También dan cuenta de la manera en la que Guerra presuntamente usa su prestigio profesional para intimidar y establecer relaciones de poder abusivas frente a las agredidas. 

Los testimonios son el resultado de entrevistas directas, que cuentan con grabaciones con fechas precisas y demostrables a través de metadata además de chats de soporte fechados, todos estos documentos están protegidos por el secreto profesional y  han sido periodísticamente editados para garantizar su legibilidad. Todos los nombres de las víctimas y los testigos fueron cambiados para respetar su privacidad y evitar represalias, y sus identidades están protegidas por el secreto profesional consagrado en el artículo 74 de la Constitución.

¿Quién es Ciro Guerra?

Ciro Alfonso Guerra Picón ha dirigido las películas La sombra del caminante (2004), Los viajes del viento (2009), El Abrazo de la Serpiente (2015) —nominada a los premios Óscar en la categoría de Mejor Película en Idioma Extranjero en 2016—, Pájaros de verano (2018) y Waiting For The Barbarians (2019), estrenada en el Festival de Cine de Venecia y protagonizada por Johnny Depp. También trabajó con Netflix como productor ejecutivo de la serie Frontera Verde, lanzada al público en agosto de 2019. 

Su trayectoria como director, guionista y productor de películas, tres de ellas financiadas en gran parte por dineros públicos que, según los Anuarios Estadísticos de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, suman cerca de 4.000 millones de pesos otorgados en estímulos, donaciones e inversiones, le ha permitido viajar como figura pública por distintos países, representando el patrimonio cultural colombiano. Así, se ha convertido en una de los representantes más reconocidos del cine colombiano ante el mundo; una persona prominente y de notoria influencia en el medio audiovisual tanto nacional como internacional. Es por esto que los hechos narrados en los testimonios  son de interés público, especialmente porque tratán de una serie de abusos de poder: acosos sistemáticos y un abuso sexual, todas agresiones que se enmarcan dentro de un problema de salud pública como la violencia de género. 

Acoso judicial

Luego de la publicación de este reportaje, Ciro Guerra decidió perseguirnos judicialmente por todas las vías posibles para silenciar las denuncias. Interpuso una denuncia penal, una demanda civil y dos tutelas. 

Tutela: Ciro Guerra presentó dos veces la misma tutela en contra nuestra, incurriendo en temeridad, ya que el decreto ley 2591 de 1991 establece que no se puede presentar más de una acción de tutela por los mismos hechos. La primera vez que presentó esta acción de tutela la perdió en ambas instancias y la retiró sin dejar que siguiera su curso. Como resultado de esta segunda tutela, el fallo nos ordena dar más información. Esto pone en peligro a las víctimas y desconoce la importancia de las fuentes protegidas, que son la piedra angular del periodismo de investigación y cuyo aporte a la democracia es imprescindible. Por eso el derecho a la reserva de la fuente hace parte de las normas internacionales aceptadas por todas las democracias del mundo. 

En esta entrega extendida acatamos la orden judicial, y a la vez, cumplimos con el compromiso ético de proteger la identidad de las fuentes en peligro. El fallo no dice que las historias sean falsas, ni tampoco ha ordenado retirar el artículo. Lo que nos pide mayor información. Esta exigencia implicaba que volviéramos a entrevistar a Ciro Guerra, quien en la primera ocasión eligió contestar de manera evasiva y sin dar razón o respuestas de fondo, lo cual resulta insuficiente para el Tribunal, que pide que responda con más detalle. Con este fin, nos comunicamos con Guerra y su abogado a través de mensajes de WhatsApp y de correo electrónico, con una lista de preguntas. Guerra contestó a nuestro correo el 11 de mayo en las horas de la tarde y tanto nuestras preguntas como su respuesta aparecen más adelante en este reportaje.  

Denuncia penal: su denuncia en la Fiscalía avanzó con rapidez y el 9 de septiembre de 2020, tan solo un par de meses después de publicado el reportaje, fuimos llamadas a interrogatorio. Amparadas por la Constitución y las leyes, decidimos no asistir, porque todo lo que en ese momento podíamos aportar sobre los casos estaba dicho en la primera versión del reportaje y no teníamos nada nuevo que decirle a la Fiscalía. Aún no sabemos si nos imputarán cargos penales, pero nos parece que estas acciones legales pueden sentar un terrible precedente de silenciamiento para todas las mujeres y niñas de Colombia que quieren y necesitan contar sus experiencias de violencia sexual sin poner sus identidades y su seguridad en riesgo. Esta persecución judicial también limita el oficio periodístico en su totalidad: ¿cómo puede proceder el periodismo si pueden enviarnos a la cárcel por hacer bien nuestro trabajo? 

Demanda civil: El día viernes 7 de mayo fuimos notificadas de la demanda civil que Ciro Guerra y Ciudad Lunar Producciones interpusieron en contra nuestra por la suma un millón de dólares (1,000,000 USD): El año pasado asistimos a varias reuniones de conciliación y, después de al menos dos meses, la conciliación se declaró fallida.

Caso n.º 1. 

Beatriz: acoso sexual en Uber 

Nueva York, 2019

Fue durante el Colombian Film Festival de 2019 en Nueva York, marzo 28 de 2019. Con unos amigos había ido a ver la película de estreno de ese día en el festival y luego íbamos a ir a la fiesta. Fue en los teatros cuando me presentaron a Ciro. Me lo presentó el que era mi novio en ese entonces. Aunque en ese momento no le dijo que yo era su novia, le dijo: “Te quiero presentar a esta chica que trabaja en cine también y está muy orgullosa del trabajo que has hecho”. Cuando me lo presentó, yo le dije que me parecía una chimba que fueran a hacer, o que hubieran hecho, una serie con Netflix en el Amazonas. Fue una conversación súper corta. Después me despedí de mi amigo y me fui a encontrar con mi amiga Leila y con otros dos amigos para ir a la fiesta. 

En la fiesta, empezamos a bailar y tomar cerveza, todo estaba muy chévere. Después llegó Ciro. Él empezó como a intentar sacarme a bailar y al comienzo fue chévere, luego se volvió más intenso, entonces me sacaba a bailar todo tiempo. Si pasaba una canción sin que el man me sacara a bailar era porque yo me le pegaba a otra persona o trataba de escaparme, pero se volvió aún más intenso, y mis amigos me miraban como burlándose, como diciendo “ay, ese man te está cayendo”, y yo les hacía cara de “ay no, qué hago, qué encarte”. Luego la gente se empezó a emborrachar bastante y el ambiente se puso súper pesado. 

Entonces le dije a Leila que nos fuéramos y ella me dijo que sí. Ya era marzo 29, como a las 3:00 a. m. y al salir Ciro estaba a la mitad del camino. Le dije: “Chao, me voy, nos vemos en Cannes, suerte con todo” y me fui. Nos fuimos a esperar el Uber afuera, no pasaron ni cinco minutos y el man de la nada salió con su chaqueta y todo, y dijo: “Yo voy a Uptown, ¿quién va a Uptown?”. Yo iba para Uptown. Leila y dos amigos que estaban con nosotras vivían en Brooklyn, entonces íbamos en sentidos contrarios. Yo ya había pedido mi Uber, así que ellos se fueron para Brooklyn y Ciro se montó en el Uber conmigo hacia Uptown. 

El Uber llegó, era como una minivan, no sé qué le habían hecho al primer asiento, pero estaba cortado y cabía solo una persona detrás del conductor. Y yo pensé “súper”, porque Ciro no cabía ahí, es un man muy grande y supuse que se iba a sentar en los asientos de atrás. No sé cómo hizo, pero se metió conmigo en el primer asiento. Yo estaba muy nerviosa porque el man estaba encima y me arrepiento mucho, porque yo tenía puesto un vestido y unas botas largas, y el empezó a ponerme la mano en la rodilla, y yo a corrérsela con la cartera. Yo trataba de hablar de cosas de trabajo, y el man intentó darme un beso y empezó a manosearme la entrepierna. En ese momento le dije: “Lo siento mucho, yo tengo novio y no me interesa.”, y Ciro me respondió: “¿Y si no tuvieras novio qué pasaría?”, y le dije “¡Pues es que yo tengo novio! Y no pasa nada, pero pues ¡no!”. Entonces él me empezó a decir “ay, tu novio es gringo, ¿cómo haces con eso? ¿Cómo te puedes acostumbrar?”. 

Fue una conversación super extraña, mi posición corporal era como tratando de ver por la ventana y no mirarlo. Entonces me volvió a poner la mano en la rodilla y ahí empezó el forcejeo. Era yo tratando de que no me tocara la vagina, yo trataba de correrle la mano, entonces no alcanzó a tocarme ahí. El man intentó por segunda vez darme un beso y le dije: “¡Hey! ¡Ya te había dicho que no! De verdad, ¡no quiero darme besos contigo!”. Él empezó a ponerse molesto, me dijo: “¿Tú sabes que voy a ser uno de los jurados en Cannes, de la Semana de la Crítica?” y yo le dije: “Sí, sí vi las noticias, te felicito”. Entonces el man empezó a decirme “¿No quieres ir a mi hotel? ¡Tengo un hotel increíble! ¿No quieres pasar una noche conmigo? ¿No quieres tener unos orgasmos?”. Durante todo ese tiempo él estuvo tratando de manosearme la entrepierna y yo tratando de quitarlo. 

La tercera vez fue la más violenta, el man me agarró la cara muy fuerte, con una mano me cogió y yo lo empujaba para el otro lado, y él halaba muy duro. Yo pensaba “si lo dejo ir, nos vamos a dar los dos duro en la cabeza”. Yo movía las manos para todas partes y me imagino que el man del Uber no tenía mucha visibilidad. Además estábamos hablando en español y detrás de él en la minivan. En todo caso, vino un forcejeo más feo y mientras Ciro me agarraba duro la cabeza, no como cuando alguien quiere darte un beso, sino algo violento, mientras me agarraba la cabeza con una mano, con la otra intentaba tocarme. Y en ese momento, no sé cómo sucedió, pero el Uber paró y le dijo a Ciro que ya había llegado. No era su hotel ni nada, el Uber paró de la nada y le dijo a Ciro que se bajara, pero él no se quería bajar. Entonces yo le dije: “¿Si te doy un beso en la mejilla te vas?”. El man me dijo “bueno”, así que me puso la mejilla, y yo le agarré superduro la cara para que no se fuera a voltear, y le di el beso en la mejilla. El Uber por fin arrancó. Yo me puse a llorar horrible. 

Al día siguiente almorcé con Leila y le conté todo, conmocionada porque la persona que era mi apoyo principal en ese momento de mi vida me había juzgado horrible cuando le conté lo que había pasado con Ciro; así que pensé: “No le puedo contar esto a nadie, nadie me va a creer”. Me siento súper culpable, porque yo siempre dije que si eso me llegaba a pasar a mí, me iba a defender e iba a hacer de todo, pero lo único que hice fue quedarme paralizada y forcejear. Cuando pasaron los días me dio mucha rabia y decidí que le iba a contar a toda la gente conocida. 

Lo volví a ver en Cannes, en mayo de 2019. Leila y yo estábamos en un restaurante en la parte de afuera y nos dimos cuenta de que Ciro estaba con otras personas de la industria en una mesa de adentro. Apenas lo vi, se me bajó todo. La gente era conocida, así que empezó a llegar a nuestra mesa. El man me vio y me saludó con la mano y yo lo ignoré porque entré en pánico. Todos los que estaban en mi mesa empezaron a decir que Ciro los iba a entrar a la fiesta de la Semana de la Crítica, y yo pensé: “¡Qué horror, cada vez que yo salga con mis amigos que trabajan en la industria del cine y lo idolatran el man va a estar”. Ciro tenía como tres boletas y al resto de las personas las iba a tratar de entrar, entonces quienes tuvieran las boletas eran como “las afortunadas”. Leila y yo nos salimos del restaurante y yo le dije que estaba muy triste y no sabía qué hacer; no quería dejar de andar con mis amigos por Ciro. Yo estaba totalmente paniqueada, le dije a Leila que me sentía incapaz de estar en el mismo sitio con ese man y nos fuimos. Fue la última vez que lo vi. 

Leila* 

Básicamente esa noche fuimos al after-party del Colombian Film Festival. Estuvimos bailando y nos tomamos unos tragos, había mucha gente. Yo no conozco a este director [Ciro Guerra], nunca había escuchado de él, no tenía ni idea, pero luego de que Beatriz me contara del incidente, sí recuerdo que nos estaba rondando. Sí recuerdo que este hombre grande y calvo estaba por ahí. Y luego yo me fui a mi casa en un taxi y Beatriz se quedó esperando su Uber con unos conocidos y al día siguiente, cuando me levanté, recibí todos sus mensajes de texto diciendo: “¡Dios mío! No te imaginas lo que me pasó con este director en el Uber!”. Ese día fuimos a almorzar, porque nuestras oficinas quedaban muy cerca, y en el almuerzo me contó todo. Me contó todo menos de 24 horas después de que pasara, fui una de las primeras personas a las que les contó. Ella estaba muy afectada por lo que pasó. Yo pensaba: “¡Dios mío, no puedo creer que te haya pasado esta mierda!”, y eso fue todo. La vida siguió y no volvimos a hablar de eso, hasta que llegó Cannes. Allá íbamos a ir a una fiesta juntas, y recuerdo que Beatriz me dijo: “¿Te acuerdas de ese cerdo que me acosó en el Uber? Pues va a una fiesta hoy, yo no quiero ir”. Lo que más recuerdo es que ella estaba muy afectada, no lo quería ni ver ni estar cerca de él. Yo obviamente no vi nada de forma directa, pero estuve ahí para mi amiga escuchando su historia y viendo cómo estaba. 

*El testimonio de Leila fue traducido del inglés al español. 

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Conversación entre Beatriz y Leila a la mañana siguiente.

Esta primera narración muestra una serie de conductas similares a las que se narran  en los próximos testimonios, como el acercamiento en fiestas para buscar un momento a solas con las mujeres y luego hacer uso de la fuerza para tocarlas u obligarlas a darle un beso, y la insistencia a pesar de las muy claras y múltiples negativas de parte de ellas. También es importante resaltar tres cosas que están presentes en la narración: cómo hace uso de su fama o influencia en el gremio del cine para impresionar y establecer una relación de poder; la promesa y ofrecimiento de posibles contactos laborales, y el uso del espacio de los festivales internacionales, destinado originalmente para dar a conocer el talento colombiano del gremio audiovisual en el exterior, para, presuntamente, acosar mujeres. Esto último es especialmente importante, dado que Ciro Guerra es una figura pública y su presencia en estos espacios tiene el peso simbólico de representar al cine y la cultura colombianos. Es importante notar también que Beatriz se sintió intimidada, y luego  agredida y manoseada sin su consentimiento, y que se ha sentido afectada durante meses. 

Finalmente, la narración de Beatriz señala algo muy importante: en ese momento hubo un tercero presente, el conductor del Uber, quien aun sin saber español, tomó la iniciativa de acortar el viaje y pedirle a Ciro Guerra, insistentemente, que se bajara del vehículo.

Entrega extendida: 

En esta entrega extendida publicada el 12 de mayo de 2021 mostramos un link a la programación del Colombian Film Festival de 2019, en donde figura la participación de Ciro Guerra durante el festival. También,  fotos de la fiesta de aquella noche, en donde se puede ver a Ciro Guerra de espaldas y de frente, presente en el bar donde transcurrió la fiesta. 

Para corroborar su narración, incluímos una captura de pantalla del recorrido del Uber que confirma que el punto en el que fueron recogidos coincide con la misma calle en donde está ubicado Nublu Bar, sitio de la fiesta, (Loisada Av), y que muestra el cambio de la ruta usual que habría tomado el conductor para llevar a Beatriz hasta su casa, con el fin de dejar a Ciro Guerra en su hotel, localizado en Times Square. Se puede observar cómo la fecha de la carrera de Uber, el 29 de marzo de 2019, coincide con la madrugada después de la fecha de la fiesta, 28 de marzo de 2019. 

También contamos con un pantallazo del reclamo oficial que Beatriz puso ante Uber para denunciar a Guerra por acoso durante el trayecto con fecha de marzo 29 de 2019. 

Tenemos también una foto de una conversación de Beatriz con una de sus amigas en donde le cuenta, a través de mensajes de voz, lo que le acaba de suceder. los mensajes llegaron alrededor de las 2:26 a. m. La diferencia entre la hora en que fue enviado este mensaje y la hora en que el Uber la dejó en su destino (3:04 a. m.) corresponde a la diferencia horaria entre Colombia y Nueva York. 

A continuación, presentamos la transcripción de cinco de estos mensajes de voz, en donde Beatriz le cuenta a su amiga su experiencia con Ciro Guerra. 

  1. Yo me iba a ir sola, estaba esperando un Uber, y en ese momento salió Ciro y tú sabes cómo soy yo cuando quiero ser parcera con los manes, normal, le dije como: “Ey qué más, ¿ya te vas a tu casa? Yo estoy esperando mi Uber”, y el man le preguntó a otro amigo que estaba ahí que para dónde iba y cuando el amigo dijo que para Brooklyn, Ciro dijo que él se estaba quedando en Times Square. Y ahí me preguntó yo dónde estaba viviendo y le dije que arriba, en el Upper Side. Entonces me dijo: “¿Me dejas en el camino?”, y yo le dije: “Pues dale, sí”. Y yo sabía, el man toda la noche había estado dele que dele con la intensidad de sacarme a bailar, entonces yo me imaginé “va a intentar algo, y yo tendré que decirle que no”, eso es lo que yo pensé en mi cabeza, entonces yo más o menos sabía lo que se venía. Entonces yo entré al Uber pensando que qué mamera este man, y puse en la aplicación la opción de varias paradas, puse la de él y después puse la mía, para que él entendiera que yo no me iba a ir a ningún sitio con él, ni nada. Cuando apenas se abre la puerta, apenas entramos al Uber, el man me puso la mano en la rodilla. Yo tenía puestas unas botas largas que me llegaban como hasta el muslo, entonces me tocó la rodilla pero la mano de él estaba sobre la tela de la bota. Entonces yo miré su mano y no sabía que hacer, me sentía muy incómoda, entonces puse mi bolso encima de su mano a ver si la quitaba pero no la quitó. Y sí, soy una idiota, no le dije textualmente que la quitara, pero como que intenté moverme, intenté moverle su mano con mi mano, pero no le dije verbalmente “quita la mano”. Y después el man empezó a meter la mano dentro de la bota, como a sobarme la piel, entonces yo empecé a mover el bolso a ver si sacaba la mano, y mientras todo esto pasaba, yo trataba de poner conversación de cosas banales, como “hace cuánto no venías a Nueva York, luego de este viaje para dónde vas” porque en serio estaba muy nerviosa. 
  1. El man siguió tocándome la rodilla y hubo un momento en el que empezó a subir la mano, entonces ahí sí le quité la mano, yo se la quité, él volvió a ponerla y ahí fue cuando se me mandó. Y yo le dije: “Qué pena, pero yo tengo novio, qué pena, pero no”, y él me dijo: “¿Y si no tuvieras novio?”. Y yo le dije: “Pero sí lo tengo, entonces no puedo pensar en ese escenario”, y el man empezó a preguntarme por mi novio. Y después de que le dije eso, el man siguió con la mano en la rodilla y empezó a subir la mano por la entrepierna. Y yo tenía un vestido corto y le corrí otra vez la mano y ahí empezamos a forcejear, y el man intentó otra vez darme un beso. Y yo le volví a decir que no, que se quitara, y el man me cogió muy duro la cabeza, muy agresivo, y yo trataba de voltear la cabeza para el lado pero el man me la jalaba muy duro para darme un beso, muy duro, si yo dejaba de empujar por un segundo me habría dado duro con su cabeza. Y el Uber, justo ese Uber, era como un carro extraño.
  1. Era una minivan, pero la mitad de la minivan no tenía sillas, sino hasta el último puesto y yo me hice justo detrás del conductor, en una silla muy chiquita, pensando que el man no se me iba a sentar al lado, sino que se iba a hacer adelante, pero el man casi que se sentó encima mío, entonces estábamos muy juntos, y encima de todo el Uber no tenía la visibilidad completa de lo que estaba pasando, porque estábamos inmediatamente detrás de él. Y además estábamos hablando en español. Entonces ahí fue cuando el Uber paró y le dijo a el man “ya llegamos” y al man le importó verga y siguió forcejeando, y la mano seguía intentando metérmela arriba entre las piernas, entonces no alcanzó a tocarme más, porque yo le alcancé a moverle la mano, pero estuvo muy cerquita de poderme tocar más y de darme un beso, porque trató hasta el último minuto. Y ya al final yo lo empujé, no le pegué, pero sí lo empujé duro, y el man me dijo: “Ya, dame un beso y me voy, te lo juro”. Y yo estaba muy asustada en ese punto, no sabía qué hacer, y le dije: “Te doy un beso en la mejilla y te vas, por favor bájate que el Uber necesita seguir”. Y ahí le cogí la cara muy muy fuerte, porque sabía que se iba a voltear, y le di el beso en la mejilla y le le dije “chao”, y el man otra vez a seguirme forcejeando hasta que el man del Uber le dijo: “Tenemos que seguir”, como que el conductor se la pilló, “hay carros detrás mío, tengo que seguir”, y Ciro me miró y me dijo: “¿Cuánta plata te debo del Uber?” y yo le dije “ninguna”. Entonces el man se bajó y marica, me sentí como un culo. Yeso no fue todo, cuando estaba haciendo fuerza para darme el beso, me dijo: “Tengo un cuarto de hotel una chimba, quédate ahí conmigo”, y yo le dije: “No, yo me voy para mi casa”, y yo no entendía ese man quién putas se creía. Y apenas el man se bajó, yo empecé a llorar horrible, porque me sentí como un culo y me bajoneé mucho. Ni quiero salir más con esa gente. De verdad, yo no puedo creer. Manes que hacen películas sobre vainas bonitas y en la vida real son unos cerdos, unos manes que no saben cómo respetar a una mujer, que hablan de vainas que no tienen ni idea qué significan. Cómo pueden estar tan vacíos por dentro. Yo creo que, literal, si no hubiera estado el Uber el man habría hecho algo horrible. Ya no me siento segura rumbeando con esos manes, porque uno no debería sentir todo el tiempo el riesgo de que te puedan tocar, que puedan invadir tu espacio personal. Qué mal rato, de verdad, qué mamera.
  1. Entonces no sé, yo sentía que si me ponía muy agresiva como que iba a pasar algo malo, me entró un afán, entonces yo no sabía cómo reaccionar y mi única opción fue con fuerza quitarle su mano y su cabeza. Y ahí al final me dijo: “Nos vemos en Cannes”, y yo le dije “sí” y me agarró otra vez horrible la cabeza, inmundo, y me dijo “un besito, un besito” y yo le dije “ey, en serio que no”, y me tocaba jalar la cabeza para un lado duro, muy duro. 
  1. Entonces eso fue lo que pasó. Y mi culpabilidad radica en que yo debí haber sido más tajante, en el sentido de que yo no sé si el man, por la forma en que le dije que no, tal vez no entendió, o por no haberle dicho de frente “no me toque, qué le pasa” o algo así, pero fue muy raro cómo pasó todo, porque fue casi como si él hubiera pensado que eso estaba bien, y no estaba bien. Como si él hubiera pensado que yo quería eso y yo no quería eso. Y un man que se hace llamar director se supone que sabe leer las expresiones corporales de una persona, y yo jalé todo mi cuerpo hacia la puerta, literalmente estaba arrinconada, y afortunadamente esto pasó delante de alguien. ¿Qué habría pasado donde el man me encontrara borracha, yo no sé, en la calle? ¿Qué pasa donde hubiéramos estado en una casa o en una finca, y yo hubiera estado en un cuarto sola? Entonces no sé si estoy exagerando, pero sé que me sentí mal, y mi primera reacción fue llorar, y te escribí a ti de una, eres la primera persona a la que le escribí, solamente sé que yo me sentí muy mal. Y llegué a la casa y me puse a llorar más, y eso fue literalmente lo que pasó, paso a paso. Y mientras el man trataba de subir la mano, mientras el carro andaba, las dos veces que trató de forzar un beso, yo trataba de hablar de otras cosas y el man me decía: “¿Quieres ir conmigo a mi hotel?, ¿quieres pasar la noche conmigo?”, y unas cosas así absurdas.

Caso n.º 2

Daniela: acoso sexual en un bar 

Ciudad de México, 2019

Yo nunca he trabajado con Ciro, no es mi amigo; lo había visto en alguna fiesta por ahí en el Festival de Cine de Cartagena, pero nunca habíamos tenido una conversación ni nada. ​Yo viajé a México a finales de 2019. La primera vez que lo vi en CDMX fue un domingo que fui a cine con Camila y otros amigos, y casualmente íbamos a ver la misma película. Nos saludamos, todos éramos colombianos en una ciudad extranjera y nos contamos un poco el porqué estábamos en México. Minutos antes de entrar, compré un café, él también y continuó hablando de su proyecto; me contó que estaban en etapa de preproducción y que sería una serie bastante grande. Me pidió mi teléfono para estar en contacto, fue amable, no se sintió como una situación incómoda o extraña en ese momento. Después de entrar al cine, no nos volvimos a ver ese día.

Era mi último fin de semana en México, en pocos días viajaba de regreso a Colombia y Camila me dijo que estaba organizando una salida a bailar salsa, que si quería ir y que de paso  fuera mi “despedida” de la ciudad. Me dijo que iban a ir Ciro y otra actriz que yo conocía que también estaba en México, y más gente del parche. Yo esa noche fui sola, porque los amigos con los que me estaba quedando decidieron no ir. Allá me encontré con Camila, la única del grupo que era mi amiga. Sabíamos que no podíamos quedarnos hasta muy tarde, porque a la mañana siguiente teníamos un temazcal. Camila no toma, yo me tomé unas cervezas y bailé salsa delicioso con todo el mundo; era la única noche en todo el viaje en la que había salido a bailar y había cumplido años hacía unos días. Estaba muy contenta, el parche como de diez personas, era alegre. 

En un momento, Ciro se sentó conmigo, me preguntó por mi pareja de entonces y fue un poco despectivo. Me preguntó que si él estaba trabajando en algo,​ yo le conté que iba a grabar una serie, me preguntó para qué productora y para qué canal, y le conté. Me respondió con arrogancia que él nunca había hecho televisión, solo series prime y cine. Yo le dije que admiro mucho a la gente que se le mide a esos rodajes tan largos y que a mí, como actriz, me habían dado mucha experiencia y aprendizaje, porque al aprenderse varias escenas al día la memoria, que es uno de los músculos del actor, se ejercita. ​Entonces él empezó a hablar de Johnny Depp, de cómo había sido su experiencia grabando con él en Marruecos.

Seguía pasando la noche, yo estaba conociendo gente, bailando… Bailé con varias personas, con Ciro bailé poco. Se fueron yendo algunos. Ciro me sacó a bailar y estando en la pista, llegó Camila a despedirse, porque nos quedaban pocas horas de sueño. Le dije: “Se acaba esta canción y yo también arranco”. Ella se fue y miré a la mesa y solo quedaba gente que yo no conocía, dos chicas se pararon y vinieron hasta nosotros a despedirse también. Ya en la mesa no quedó nadie del parche inicial y cuando se acabó la canción, le dije a Ciro: “Bueno, ya me voy, voy a pedir mi Uber” y me senté en la mesa donde estaban mis cosas. 

Mientras estaba pidiendo el Uber, ​Ciro se sentó en una silla frente a mí y se tiró a darme un beso pero de una manera muy torpe y brusca, como intentando meterme la lengua en la boca, tan de la nada fue que hasta nos dimos un cabezazoYo quedé muy nerviosa, sentía que no podía ser grosera con el man.​ Le dije: “Oye, yo tengo novio y tú estás muy borracho”, y me respondió: “No pasa nada, vamos un rato a donde yo me estoy quedando, ¿qué tiene de malo tener unos orgasmos antes de dormir?”. Y​o estaba muy nerviosa, fue inesperado, porque durante la fiesta no sentí que tuviera una intención extraña, entonces el man se me volvió a tirar otra vez y yo más bruscamente lo senté y le dije: “¡Oye, ya!”. Hubo como un forcejeo ahí en la segunda vez que se me tiró encima porque me metió la mano en el pantalón hasta la cola y me la apretó. Yo le quité las manos, lo empujé más fuerte y le dije: “No, yo tengo novio”, y me dijo: “Tú estás de viaje, podemos pasarla rico”. Seguía diciendo cosas asquerosas y también me preguntó: “¿Acaso tu novio te trata bien?”, y yo empecé a sentir mucho miedo. Recordé que una amiga me había contado hacía unos años una experiencia similar con él, también cuando ella había quedado sola. Finalmente tuve esa angustia social sobre el hecho de que es alguien muy reconocido en el medio, alguien con una especie de poder y mientras recuerdo ese momento, me odio por no haberlo frenado más en seco y decirle lo que realmente quería decirle, que simplemente ¡no quería! Pero en vez de eso seguía repitiendo nerviosamente  lo que sentía era mi excusa válida: “Tengo novio. No, porque tengo novio”. 

El tipo tenía tragos encima, es brusco y bastante pesado, y mientras yo le decía que me quería ir, me cogía las manos fuerte y me dijo: “Bailemos una última canción”. Estaba nerviosa y sentí que era la manera de quitármelo de encima y le dije que sí. Bailando me empezó a hablar de otros directores de cine latinoamericanos, de uno de ellos me decía que era su amigo y que me iba a contactar con él, que seguro habría trabajo para mí ​y que si yo me quedaba en México, algo podría pasar en lo laboral también. Cuando acabó la canción fui hacia la mesa, cogí mis cosas y salí corriendo. Yo salí del bar y el man me alcanzó, y me dijo: “¿Segura?”. Yo no respondí nada, me subí al carro y le escribí a Camila todo lo que pasó.

Camila

Ciro y yo nos conocemos desde hace varios y años, y aunque no es que tengamos el celular del otro, nos hemos encontrado en varios lugares y siempre me ha caído muy bien. Bueno, me caía bien. Nos encontrábamos, bailabamos, hablábamos, nunca tuvo conmigo  ninguna cosa que yo sintiera como “qué pasa acá”. En México me lo encontré por primera vez en una de las marchas de 2019, El Cacerolazo del Ángel. Nos saludamos, yo no sabía que él estaba viviendo aquí. Estaba con la  directora de arte de esta serie, que es colombiana, y me la presentó; yo le presenté a mis amigos, intercambiamos teléfonos y dijimos: “Tenemos que armar planes”. 

Me lo volví a encontrar en la Cineteca. Yo ese día estaba con Daniela y con otra amiga, entonces nos saludamos todos. íbamos para la misma película y días después de ese encuentro me escribió y me dijo: “Ahora sí armemos plan de ir a bailar salsa” y me preguntó: “¿Quiénes están aquí?”. Yo le dije quiénes y me preguntó: “¿Daniela sigue acá?”, y yo le dije que sí, que la iba a invitar. 

Ese día nos vimos, él llegó solo. Daniela llegó tarde y él varias veces me preguntó si ella iba a ir; yo le dije que sí y él me decía “me encanta”. Hubo un momento en el que me aburrí y tenía que madrugar al otro día. Decidí irme y cuando me fui a despedir, él estaba bailando con Daniela y nos abrazó a las dos muy fuerte, ya se había tomado bastantes tragos. Rato después de haber llegado a la casa Daniela me escribió  y en ese momento yo no entendía, no me imaginaba eso de Ciro, alguien a quien admiraba y conocía, y que jamás se había portado así conmigo. Y ahí Daniela me dijo: “Yo supe que a Eliana le pasó algo parecido” y yo le dije que cómo así, que Eliana era muy amiga mía y nunca me había contado esto (ver caso n.º 4). 

Al otro día le escribí a Eliana y ella me dijo que fue horrible, pero no supe bien los detalles entonces. Pensé que el man lo que debía tener era un problema para abordar a las mujeres, una forma muy burda de echar los perros, como que no me imaginé la magnitud, hasta que Eliana vino en enero y me contó los detalles de cómo pasó todo. Y ya Daniela me contó todo bien: que cuando yo me fui y las chicas también, él empezó a coquetearle y la trató de besarla a la fuerza; ella le dijo que no y él la agarraba durísimo y le empezó a decir morbosidades y a manosearla, diciendo algo como “tú sabes que tienes ganas de tener mil orgasmos”, algo así. Lo que te estoy diciendo es un recuerdo de lo que Daniela me contó, y de eso que uno no entiende qué le pasó a ese hombre… Luego Eliana me contó su historia: que se encontró con Ciro en Casa Ensamble, él estaba con un amigo, ella se estaba tomando una cerveza y cuando se tomó el último trago, Ciro se ofreció a acompañarla a la casa; el amigo se ofreció a ir con ellos y él dijo que no. Cuando llegaron, ella abrió la puerta del edificio y él la empujó, la empezó a besar a la fuerza, a meterle las manos por todas partes hasta que ella lo logró empujar y cerró la puerta, pero fue demasiado fuerte. 

Interfaz de usuario gráfica, Texto, Aplicación, Chat o mensaje de texto  Descripción generada automáticamenteConversación entre Ciro y Camila, antes de la fiesta.Interfaz de usuario gráfica, Sitio web  Descripción generada automáticamenteConversación entre Daniela y Camila, luego del la situación de un presunto acoso sexual. 

La naracción de  Daniela tiene varios aspectos en común con las otras: una fiesta, buscar un momento a solas, el “name dropping” para impresionar y la presión en temas laborales, el uso de la fuerza para tocar y besar, la invitación a su apartamento u hotel para tener “orgasmos” o sexo, y un elemento que se repite: los comentarios despectivos hacia las parejas de ese momento de las vícitmas. Otro punto importante que está presente en todas las narraciones es el hecho de que Guerra continúa sus avances sexuales a pesar de la negativa clara y repetida de las mujeres. 

Al inicio de las cuarentenas por coronavirus Guerra le envió a Daniela un mensaje en el que usa las mismas palabras de otro correo remitido en esas mismas fechas a Adriana, otra de las mujeres cuyo testimonio recogemos más adelante. Otra clara similitud en las experiencias vividas por  dos mujeres que no tienen nada en común, además de su profesión y de haber sido, presuntamente, acosadas por Guerra.

Entrega extendida: 

En esta entrega extendida, mostramos los pantallazos de las conversaciones que Daniela tuvo con otro de sus amigos, a quien llamaremos Sebastián, a quien le contó que se iba a ver con Guerra el día de los hechos.  

Incluimos aquí también las capturas de pantalla de los chats en los que Daniela le pide a Sebastián que por favor le ayude a buscar los videos de seguridad del bar en el que sucedieron los hechos en Ciudad de México.  

Por último, incluimos una entrevista con Sebastián, en donde nos narra lo que Daniela le contó sobre los hechos al día siguiente de que sucedieran. 

Sebastián

Me acuerdo de que un día chateamos, en diciembre de 2019, y ella me dijo que esa noche se iba a ver con Ciro Guerra. Al otro día ella me llamó y me contó lo que pasó. Me decía: “Me pasó algo muy feo, muy feo. No entiendo qué está pasando con la gente de hoy en día, no entiendo qué pasa con tanto acosador, con tanto abusador”. Y ahí me empezó a contar lo que pasó y, no sé por qué, yo ahí mismo me imaginé que se refería a Ciro Guerra. 

Luego me narró la historia: que habían estado normal, todos ahí bailando salsa, pero que pasó lo que suele pasar en las fiestas, que se va yendo gente, y en un momento se quedaron los dos solos y él empezó a decirle que se fuera con él al hotel, que quería que ella se “viniera”, y otra cantidad de cosas lascivas y ofensivas, y ella me contó que estaba demasiado incómoda pero no sabía cómo decirle que parara. Obviamente ella pensaba lo que pensarían muchas mujeres con un director, que qué mamera que le hubiera pasado eso justo con ese man, hablamos de lo que significa eso en la industria (yo trabajo en el medio y he visto eso de primera mano millones de veces, cómo la violencia sexual está de normalizada y cómo le sucede esto a muchas actrices, incluso a actores, ese tema de abuso de poder y de acoso sexual). Entonces hablamos de eso, de que ella se sentía muy incómoda y estaba muy conflictuada con no haberlo “puesto en su sitio”. Y yo le respondí que no se diera duro, que eso en tiempo real es muy difícil, todo lo que implica, y que pues ella no tenía cómo imaginarse que ese tipo iba a llegar a hacer eso, y lo que también implica que un man con todo ese poder te haga eso, una persona que posiblemente tú admiras, o admirabas hasta ese momento, son muchas cosas para digerir en el instante. Y reflexionamos sobre eso, ella me decía: “Ya siento cómo se sienten las víctimas de acoso”, y yo le dije que sí, que exactamente, porque ella acababa de ser ella misma una víctima, porque ella como que no estaba cayendo muy en cuenta de eso en esos términos, y fue en ese momento que ella empezó a pensarlo así.

Yo le decía que eso que le pasó no era normal. No era normal que le trataran de coger la cola a la fuerza y la trataran de besar una y otra vez después de que ella dijo que no, y que te metan las manos en el pantalón y te manoseen, eso es acoso sexual, punto. Luego tuvimos muchas conversaciones sobre el tema y nos imaginamos que como ella podía haber muchísimas mujeres, porque el señor evidentemente es un depredador que anda suelto. 

Y esto la ha afectado demasiado, todo el tema de esta denuncia, la posibilidad latente de que haya una exposición de su identidad ante la sociedad y lo que eso implicaría para su vida, todo eso la ha condicionado mucho y la ha afectado psicológicamente. También me ha contado que el hecho en sí de haber sido acosada sexualmente le ha generado una desconfianza muy grande, que está siempre prevenida, no se siente cómoda estando a solas con los hombres, siempre siente temor de cómo van a actuar, y pues todo eso es daño. 

Caso n.º 3

Adriana: abuso sexual en casa de Ciro Guerra

Bogotá, noviembre de 2019

Ciro y yo trabajamos en el mismo gremio. Nos cruzamos en un evento y él empezó a escribirme para que nos viéramos. Yo no quería, pero pensaba: “Es Ciro, tengo que tener una buena relación con él, es un man demasiado poderoso”. Me dijo que si nos veíamos en un bar y a mí me daba mucha jartera pero pensé: “Hay que cultivar esa relación laboral”. Me buscó varias veces cuando estaba en Bogotá para decirme que nos viéramos, yo me hacía la pendeja y trataba de evadirlo, pero  tampoco quería ser grosera, porque para mí era claro que era un hombre con mucho poder e influencia en mi gremio profesional, así que no quería tener una mala relación con él.  

Finalmente quedamos de vernos el 13 de noviembre de 2019. Salí de la casa como a las 9:15 p. m., porque Héctor, mi pareja, tenía que ir a recoger a una amiga suya al aeropuerto. Ciro me dijo que nos viéramos en su casa y yo le dije que sí. Llegué allá al edificio del man y estuve hablando todo el tiempo con Héctor, sentía que algo estaba mal, estaba como estresada, pero también pensaba en que soy una mujer fuerte y que no iba a pasar nada. A las 9:47 p. m., le mandé un mensaje de voz a Héctor diciendo: “Tengo un poquito de estrés, siento que me estoy metiendo en la boca del lobo”, y me respondió: “No te preocupés, yo lo conozco, no va a pasar nada, pero estoy acá pendiente y si pasa algo me avisas”.

Llegué a la casa de Ciro y él se estaba tomando un trago de no sé qué; yo le dije que OK, que me sirviera uno, pero no me lo tomé, porque no quería estar tomada sola con él. Me acuerdo de que la casa del man es pequeñita: tiene una silla y enfrente un sofá, él se sentó en la silla y yo en el sofá, y pensé “qué bien que está sentado al frente y no al lado”. Hablamos de cosas en las que yo había trabajado y el man las veía como con condescendencia; hablamos de mi novio y luego se paró a coger unas cosas en la mesa redonda de comedor donde tenía unos papeles y otras vainas. Detrás hay como una biblioteca, donde estaban sus premios y el trago. Me dijo que tenía unos sobres de cosas de los Oscar que me iba a mostrar. Cuando se agachó a mirar el computador se le bajó el jean, y yo me di cuenta de que no tenía boxers ni nada. 

Me empecé a asustar porque él iba mucho al baño, no sé a qué. Cuando se iba, le escribía a mi pareja y le decía que esto estaba raro, pero que todo bien, que yo lo manejaba, que tranquilo. Le escribí que me sentía en un matadero. Ciro me empezó a contar de la película en Marruecos, me dijo que me iba a mostrar un trailer que solo yo iba a ver y que no me podía meter en el proyecto que estaba haciendo en México, pero que tenía otra cosa más grande donde sí me iba a meter. Me pasó el computador y me mostró el trailer, pero antes se paró a apagar la luz, y con la luz apagada se sentó al lado mío en el sofá; yo tenía el computador en las piernas. Me puso el brazo en los hombros y yo me sentí muy incómoda porque me estaba arrinconando en el sofá. Se me acercó más, yo sentía el peso de su brazo en el cuello y tenía un collar con el que se puso a jugar y a acercar su cara para verlo, parecía muy interesado y me dijo que estaba muy bonito. Eso fue muy maluco, porque antes me había sentido como boba por asustarme, pero ahora me sentía boba por pensar que esto iba a salir bien. 

Después me dijo que me iba a mostrar unas cosas de la serie que estaba grabando en México “que son solo para tus ojos”. Héctor me había estado llamando pero cada vez que yo veía el celular Ciro me miraba feo entonces nunca le contesté. Pensé: “Todo bien, tengo esto bajo control, no va a pasar nada”. 

Eso es lo más duro de todo y lo que más me ha puesto a pensar después. Esa manipulación. Yo no sabía qué estaba pasando, pero estaba en una posición de debilidad, donde Ciro me prometía cosas, pero en realidad me hacía saber que tenía poder y me podía joder. Es muy ambiguo, porque juega con las cosas profesionales y le enreda la cabeza a uno. Yo no me daba cuenta de lo grave que era lo que estaba pasando y él me iba intimidando con sus palabras y también físicamente. Desde que llegué y me mostró las cosas creo que habían pasado 45 minutos y ahí fue cuando la cosa se empezó a poner muy fea. Él se paraba mucho, iba y venía como al baño, y la última vez que se paró y volvió se me botó encima. Lo primero que yo hice en ese momento, que me lo recrimino un montón; fue decirle: “Mira, Ciro, en este momento no, tú sabes que yo tengo pareja, me pareces un hombre muy atractivo, pero en este momento no”. Yo estaba tratando de que las cosas quedaran bien, porque en ese momento todavía pensaba que tenía que tener una buena relación con él. Lo que pasa es que el man es bien grande y se me tiró encima y yo decía “no, ahorita no”. 

Me siento muy mal por eso, él es grande y gordo, y pensé que era mejor no ser grosera con él; además, tenía miedo de que me hiciera algo. Él me dio un beso, yo no se lo contesté, pero tampoco lo empujé, me eché para atrás no más. Hubo otro beso que sí le respondí porque pensé que así se iba a calmar y a dejarme ir, pero yo insistía en las razones por las cuales era mala idea. Él me puso encima suyo y empezó a chuparme, a mí me parecía todo tan fuerte que no entendía cómo me estaba pasando eso, no sabía qué hacer y le tenía la mano empujándole la cabeza hasta que me levanté del sofá con suavidad y él me quitó el pantalón. Yo no sabía que hacer y no hice nada, pero repetía que no. Él se paró, había puesto música como tropical electrónica y empezó a bailarme, yo me eché para atrás y me caí otra vez en el sofá y él se me montó encima. Como estaba encima mío, pude agarrar el celular que se desbloqueó con mi cara y como tenía abierta la conversación con Héctor, le empecé a mandar audios de lo que estaba pasando. Yo le decía que no y él me decía “vamos, vamos”. Le decía “no me hagas esto, pensémoslo”, pero él me decía que no había nada que pensar, que se iba en tres días. 

El tipo se empezó a bajar el pantalón, y me decía: “Es que yo solo quiero ver, déjame verte” y yo le decía: “No, no más, de verdad, ya no quiero más”. Y me jaló el brazo e intentaba darme un beso, ahí yo ya no estaba tan conciliadora. Entonces me metió al cuarto, yo estaba como en piloto automático, en calzones, y me dice: “Solamente un ratico, yo no soy el huevón de Héctor, no va a pasar nada”. Yo le decía: “Por favor no, por favor no”. No me emputé así de “hijueputa malparido” porque tenía miedo, me puse más tensa y ya no me dejé tocar más, y el tipo me miraba como con sevicia y me metía el dedo en la vagina y me decía “un poquito, un poquito”. Entonces me cogió la mano y me la puso en su verga, y en ese momento yo sentía como si no fuera real lo que estaba pasando, mi brazo lo hacía pero era como si no fuera el mío. Me sentía como con esa sensación en el pecho que le da a uno cuando lo atracan. 

En ese momento yo me dije: “Pues ya, ¿qué puedo hacer?”, y el man me arrinconó contra el muro frente a la cama y me seguía diciendo “todo bien, no va a pasar nada, arrunchémonos un ratico”. Yo ahí estaba callada, y recuerdo cosas pero tengo como huecos negros, baches, tengo lo de la verga demasiado presente, y el man diciendo que me quería ver y recuerdo estar en la cama aprisionada por el man y sintiendo el peso de su cuerpo; en un momento intenté resistirme, y él me cogió la cabeza con violencia. Todo sigue siendo muy reciente y muy vivo, y no soy capaz de contar más. Por eso he dudado tanto en compartir este testimonio, no quiero revivirlo en la cabeza, ni encontrarme con más recuerdos, ni contestar preguntas, ni sentir que tengo que rendir cuentas. 

No sé cuánto tiempo pasó hasta que sonó el citófono. El man se azara, se para y me dice: “¿Qué pasó? ¿quién es?” y yo le decía: “Es un amigo que vino a recogerme”. Me asomé por la ventana y vi el carro de Héctor y a su amiga ahí sentada, con la puerta del carro abierta. Ciro me decía “¿quién es? ¿quién es?” y yo le contestaba “ya le digo que se vaya, déjame ir a decirle, yo ya vengo, ya vengo”. Él me decía: “¿Cómo así, de qué me estás hablando?”, y yo le decía “todo bien, todo bien, no pasa nada, déjame bajar, ya subo, le digo que se vaya y ya subo”. El man no me quería dar la llave de la puerta con la que se abría la portería, y yo le decía: “Por favor dámela, te juro que es un amigo, te lo juro que yo le voy a decir que se vaya, yo ya subo”. Finalmente el man me dio la llave y me cogió la cara con fuerza, apretándome las mejillas, me miró a los ojos y me dijo: “¡Pero subes!” y repitió “¡subes!”. 

Yo cogí el celular, la cartera, la chaqueta, el pantalón, y dejé el saco, la camisa, los calzones, el brassiere, y bajé como loca. Héctor estaba en la puerta del edificio, abrí la puerta como pude, lo abracé y le dije que nos fuéramos. Recuerdo que le dije “tengo que subir a devolverle la llave”, pero Héctor me respondió: “¿De qué estás hablando?”; él quería subir, pero yo le decía que no y tiramos la llave ahí en el piso y nos subimos al carro donde estaba la amiga de Héctor, que se llama Katia. Yo no la conocía, pero ella se dio cuenta de lo que estaba pasando. 

No tengo muy claro cuánto tiempo pasó desde que mandé los mensajes de voz hasta que sonó el citófono, ni sé cuánto tiempo pasó entre que me desvestía y que me metió al cuarto. Héctor estaba desesperado y había llamado desde el citófono a todos los apartamentos del edificio, a todos los vecinos, hasta que logró dar con el de Ciro. A las 11:20 p. m. llamó a Ciro y como el man no contestó, le quedó una llamada perdida. 

En el carro Héctor me dijo “vamos a denunciar”, pero yo no quería, porque quería 

salir ya de esta situación y llegar a la casa. Le pedí que parara en una tienda y compré media botella de whisky. Llegamos al apartamento y nos metimos al cuarto, tomé un poco, nos bañamos; yo todavía no entendía muy bien, no podía parar de llorar. Nos abrazamos, creo que nunca habíamos llorado así. También tuve un par de pensamientos suicidas, como querer tirarme por la ventana. 

Esa noche, yo dejé la mitad de mis cosas donde Ciro, no volví a subir y dejé la llave tirada, pero él ni me llamó ni me buscó. A la mañana siguiente, sí llamó a Héctor para preguntarle por qué la llamada perdida. Héctor le dijo que había sido un error, porque todavía no sabíamos qué íbamos a hacer.

Dos días después, el viernes, yo me había quedado sola en el apartamento porque Héctor tenía que hacer unas vueltas, cuando me entró una llamada de un número que no conocía. Era Ciro, que me dijo: “¿Por qué te fuiste esa noche?” y yo le respondí: “Porque me tenía que ir”. Y me preguntó: “¿Era Héctor el que estaba abajo?”, y yo le insistí que no, que era otro amigo, y básicamente fue una llamada para intimidarme y asegurarse de quedar bien con Héctor. Me dijo: “Este va a ser nuestro secreto y espero que así sea”. Yo le dije que sí, porque me daba miedo que se pusiera a hacerme daño profesionalmente.

Héctor

Ese día lo hablamos varias veces: ¿será que le respondía a Ciro o no? O si era mejor no verlo. Ese día estuvimos juntos y ella se fue antes, pero estuvimos chateando todo el tiempo. Habíamos quedado en que yo tenía que esperar a ir a esperar a mi amiga Katia al aeropuerto y luego recogía a Adriana. Incluso le dije que no creía que fuera a pasar nada, yo conocía a Ciro desde hace tiempo. Debían ser como las 9:45 p. m., Adriana me mandó un audio contándome que ya estaba llegando. Me pareció que sí había una cosa muy visajoza, muy rara. Mi amiga se demoró muchísimo en salir del aeropuerto y mientras tanto Adriana me estaba escribiendo chats. Yo la llamé un par de veces a preguntarle cómo iba y, en un momento, de eso me acuerdo muy bien, me dijo: “Apagó la luz”. 

Salió mi amiga Katia del aeropuerto y yo decidí que era mejor irme a donde Ciro vivía y esperar a Adriana abajo. Justo cuando llegué al edificio me mandó un mensaje que decía: “Todo está bien, creo que en media hora me voy.” Ahí yo le dije que la estaba esperando y, mientras esperaba, Adriana me mandó los audios. Apenas los oí, salí corriendo a timbrar, y el hp este vive en el 400 algo; yo timbré en todos los pisos desesperadamente, un man me contestó y le dije que estaba buscando a Ciro, que cuál era su apartamento. Hablé con varias personas y a los dos minutos bajó Adriana. En mi memoria no pasaron más de diez minutos. 

Bajó Adriana en un estado muy alterado, ahogada, paniquiada, llorando y temblando. No lograba meter la llave en la chapa y se le cayó dos veces. La abracé, le toqué la espalda y me di cuenta de que solo tenía la chaqueta y que no tenía brasier ni calzones. Ella no era capaz de hablar, yo la abracé y entendí qué pasó. Tuve la intención de subir pero ella me detuvo y no subí porque ella estaba muy asustada y pensé que tenía que protegerla a ella más que ir a darle en la jeta al man. Ella me seguía diciendo “tengo que volver a subir, tengo que volver a subir”, pero le dije que no, ella le quería devolver las llaves pero decidimos tirarlas dentro de la portería. Tiramos la puerta y nos metimos al carro. Verla así era muy raro porque estaba frágil y tensa, lloraba y en momentos se calmaba o se ponía agresiva. 

Entramos al apartamento y nos encerramos en el cuarto, hablamos un instante y ahí ella estaba muy mal, decía cosas incomprensibles y se le blanqueaban los ojos. Entonces fuimos al baño y de repente tenía momentos como de ausencia en los que se quedaba con la mirada en blanco y yo trataba de reanimarla con el agua, después se empezó a frotar con fuerza, como limpiándose profundo. Salió de la ducha y lloramos mucho, yo nunca había sentido un dolor así. Nos volvimos a abrazar y ella se desmayó y se cayó, yo logré agarrarla. Después estuvimos tomando un rato, ahí ella dijo un par de veces que se quería “tirar por la ventana” y en un momento que se movió, vi que tenía un morado en una pierna. 

Después nos acostamos y ella por fin se durmió. Yo me quedé despierto, pensando qué íbamos a hacer. Al día siguiente, decidimos ir al psicólogo y le contamos todo lo que había pasado. No sabíamos si denunciarlo o no, pero para Adriana contarlo era tan difícil que sentía que lo estaba viviendo de nuevo, y decidimos con el psicólogo que lo más importante era estar bien y encontrar los motivos para seguir viviendo. Ciro me estuvo llamando varias veces ese fin de semana. Le contesté por fin el sábado y me hice el güevón.

Yo consulté con un abogado especializado en violencia sexual y le conté nuestro caso; él me dijo que teníamos dos testigos, los chats, los mensajes de audio, los testimonios de los vecinos donde timbré, los detalles de nuestra historia… Además, grabamos las llamadas que nos hizo Ciro, así que era un caso muy fácil de probar y que lo podía condenar a varios años de cárcel. Pensamos en demandar penalmente, pero ni Adriana ni yo queremos volver a someternos a esto y tener que seguir reviviéndolo. Así que por ahora, mientras no se meta más con nosotros, hemos decidido no tomar acciones legales.

Katia* 

Era mi primera noche en Bogotá y yo estaba recién llegada al aeropuerto cuando Héctor, quien me iba a recoger, me preguntó si me molestaría que primero fuéramos a esperar a que Adriana saliera de una reunión. Me dijo que sentía que algo estaba mal y que prefería ir hasta donde ella estaba a esperarla. Entonces nos fuimos en el carro hasta la portería de un edificio y Héctor me dijo: “Es aquí, le voy a escribir a Adriana, no se debe demorar”. Sugirió que, mientras ella bajaba, nos tomáramos un trago, pero en ese momento recibió unos mensajes de texto de ella que lo preocuparon y dijo que prefería esperar ahí por si había algún problema. Cuando íbamos en camino, me mencionó que la situación se parecía al caso de Harvey Weinstein y aunque primero lo dijo  medio en broma, después la situación se puso muy seria. 

Entonces no nos tomamos el trago y nos quedamos esperando. Al principio pensamos que estando al tanto de la situación todo iba a estar bien, que Adriana era una mujer fuerte y no le iba a pasar nada, hasta que de repente (y como no hablo muy bien español no oí bien) Héctor salió del carro y se puso a timbrar en el citófono de la portería del edificio. Yo no entendía qué estaba pasando y mientras él iba y venía entre el carro y la portería me explicó que había recibido unos mensajes de voz de Adriana que eran muy preocupantes y graves. Que algo estaba muy mal. Me los puso y me tradujo lo que decían: ella estaba en peligro. Él siguió timbrando, pasaron más o menos quince minutos, porque él no sabía cual de los botones correspondía al apartamento de Ciro, entonces intentó timbrar en todos. Mientras tanto, yo miraba a las ventanas a ver si veía algo, o si prendían alguna luz. Cuando de repente Adriana salió  corriendo del edificio, estaba llorando y temblando, y muy emocional. Héctor la abrazó un largo rato y yo no entendía exactamente cómo ella había salido de la situación, pero estaba muy aliviada de que ya estuviera a salvo. 

Yo no conocía a Adriana antes de eso, pero le dije que lo sentía mucho, que se tomara su tiempo, que yo estaba ahí, porque la situación era muy fuerte y Héctor estaba muy nervioso y ansioso y molesto y no sabíamos qué hacer. Ella seguía llorando, fue como una pesadilla. Luego nos fuimos a su apartamento y desde mi cuarto oí que ella se quedó llorando mucho tiempo más. Pero fue hasta la siguiente mañana que en realidad comprendí lo que había pasado exactamente. Al principio ni siquiera Héctor entendía la magnitud de todo y, como no hablo bien español, no había entendido todo. Al otro día lo hablamos y ella me dijo: “Él me abusó”. 

*El testimonio de Katia fue traducido del inglés al español. 

El testimonio de Adriana narra los hechos más graves contenidos en este reportaje y está apoyado en las afrmaciones de otros testigos que confirmaron haber recibido su recuento de los sucedido casi de inmediato, y además observaron posibles señales de violencia sexual que son frecuentes en las víctimas: los moretones, el terrible estado emocional y mental de la agredida, la compulsión por bañarse o “limpiarse” y que Adriana hubiese salido corriendo y llorando del apartamento de Guerra sin ropa interior. Estas cosas no suelen suceder cuando hay sexo consensuado. Este caso también tiene similitudes claras con narrado en  los anteriores testimonios: el uso de su prestigio profesional para intimidar, el ofrecimiento de conexiones profesionales, los comentarios despectivos sobre las parejas de  estas mujeres y lo más importante: el uso de la fuerza para besar y tocar de forma sexual —en este caso, según el testimonio, abusar sexualmente— a las denunciantes, a pesar de que ellas le dicen de forma clara y reiterada que “NO”. 

Queremos señalar algunos puntos importantes de esta narración: parece que se hizo uso de un pretexto laboral para justificar el encuentro en su casa, la sensación previa de miedo y peligro por parte de Adriana (al punto que sintió la necesidad de tener un plan de emergencia con Héctor por si se enfrentaba a una situación de acoso sexual), que durante el presunto episodio de abuso Adriana le enviara notas de voz a Héctor para pedir ayuda. Que Guerra no tuviera ropa interior y que, días después del encuentro, le pidiera a Adriana “mantener el secreto” lo cual muestra que él mismo sabía que lo sucedido no era correcto. 

Otro punto importante es que Adriana, en su narración manifiesta que se sintió atemorizada por el tamaño y la fuerza física de Guerra, algo que también han mencionado otras denunciantes. 

Entrega extendida: 

En esta entrega extendida queremos mostrar algunos de nuestros ejercicios de verificación. Desde el comienzo habíamos ubicado el edificio donde, según narra Adriana, sucedieron los hechos. Posteriormente la dirección del edificio resultó coincidente con la registrada por Ciro Guerra para las notificaciones legales de las acciones emprendidas en nuestra contra. Además, desde el comienzo de la investigación conocíamos la fachada del edificio porque aparecía como captura de imagen en el chat de Adriana con Hector. Esa fachada es la misma del edificio donde ha recibido las notificaciones de los procesos referidos.

Para esta entrega extendida obtuvimos electrónicamente el certificado de libertad y tradición del apartamento en ese edificio y dicho documento prueba que ha sido propiedad de Ciro Guerra desde 2017. Es decir, dos años antes de la presunta ocurrencia de los hechos narrados por Adriana.

Con el fin de ampliar la información, también hacemos pública una entrevista con el terapeuta de Adriana, a quien llamaremos Joaquín en este reportaje. Adriana cuenta en su testimonio que, al día siguiente de la agresión, acudió a él para gestionar el trauma por el que estaba pasando. Su terapeuta confirma que Adriana señaló a  Ciro Guerra como su agresor y, en su opinión profesional, afirma que es imposible que Adriana haya “inventado” esta historia. 

Joaquín

Volcánicas: ¿Adriana te autorizó a hablar con nosotras?

Joaquín: Sí. Yo hablé con Adriana y me dio su autorización de hablar con ustedes.

V: Cuéntanos, ¿qué fue lo que te dijo Adriana?

J: Esto en particular fue muy impactante, porque yo trabajo muchos temas de abuso, no es algo que a mí me resulte extraño, pero nunca con una mujer que había sido abusada el día anterior. Habitualmente las narraciones son como “me acordé de que cuando yo tenía seis años pasó esto”, pero en este caso no. Esto fue en vivo y en directo. 

Ella me dijo que habláramos, me pidió una cita urgente y afortunadamente yo la pude atender, y me impresionó mucho verla. La vi muy nerviosa y más que nerviosa, es que no sabría cuál es la palabra, como con esta sensación de haber sido vulnerada. Entonces venía muy ansiosa, temblorosa, venía muy mal físicamente, eran muy evidentes sus ojos llorosos. Y pasó eso que suele pasar con las personas que vienen de una situación de abuso y es que están entre el shock (un shock que es como medio analgésico) y, de pronto, reviven la situación. Ella estaba muy tocada en ese momento y para mí eso fue lo diferente, que yo estoy acostumbrado a tratar el abuso, digamos, histórico, pero no así en presente, entonces fue muy fuerte. 

Ella me contó los pormenores de cómo fue la situación, de cómo lo vivió. Había rabia, tristeza, una sensación de haber sido vulnerada, y una cosa que es muy propia de la situación de abuso, y es la imposición de poder. Porque para mí eso es el acoso: el abuso de poder sobre el cuerpo del otro. A ella esto la tenía descompuesta y muy confundida, porque además llega el momento de la situación en el que se pregunta: ¿y ahora qué hago? ¿Denuncio o no denuncio? Por el miedo que genera y porque su entorno, desde el miedo, le dice que mejor deje eso pasar. Entonces mi trabajo fue muy difícil… La ventaja que teníamos era que ya teníamos una relación desde antes, entonces ella podía confiar en mí, pero tuve que tratar la situación con pinzas para no revictimizar, no vulnerar más. Era como: habla, tranquila, que aquí estás segura. 

V: ¿Cuánto tiempo llevaba con ella como paciente? ¿Recuerda el mes y el año en que esto sucedió?

J: Fue en noviembre del 2019 y yo venía viendo a Adriana desde julio. 

V: ¿Ella en la consulta le dijo que el agresor había sido Ciro Guerra?

J: Sí. En todo momento fue con nombre propio y además con una descripción cruda, exacta y detallada. Ella me dijo “fue Ciro Guerra”. Me contó cómo tuvo que salir y cómo cayó en esa situación, me contó todo.  

V: Emocionalmente ¿cómo afectó este evento a Adriana? 

J: La ha afectado mucho por muchísimas razones. Primero, porque él era una figura como de autoridad, una figura pública fuerte e importante, y eso ya es de por sí intimidante, y todos estos procesos de revictimización que podrían llegarle a ella, pues eran muy fuertes, entonces en lo personal claro que la afectó. Además, porque la vulneración fue muy frentera, muy de frente, y vulneró mucho la personalidad de Adriana, le dio muy duro. Y, segundo, porque el entorno no ayudaba tampoco; le recomendaban que no denunciara para no perjudicar su carrera, poniendo la carrera por encima de la persona, y eso es muy complejo. Tener que guardarlo y silenciarse, y tener que vivir con el recuerdo diario de lo que pasó, de la vulneración, del abuso, de la fuerza… porque eso fue algo que a mí me impactó, la fuerza que él usó. Entonces claro que se vió muy afectada desde lo personal, desde lo laboral y desde lo social.

V: Desde su experiencia profesional, ¿a usted le parece que Adriana pudo haberse inventado esta historia? 

J: No. Yo creo que ese suele ser el argumento que se usa socialmente para defender la figura del abuso, porque, claro, cuando uno escucha la narración, uno puede pensar: “Pero tan boba, por qué fue a meterse allá”. Pero es que esto no fue una cosa de solo ese día. Esto es algo que él venía manipulando desde antes y que terminó sucediendo.

Si uno ve todos los casos de este reportaje, se da cuenta de que este es el comportamiento de un depredador. Lo digo con toda la seguridad del mundo, este es el comportamiento de un depredador. Porque lo hace de forma sistemática, repetida y sabe con quién lo hace. Obviamente lo hace con personas que tienen alguna vulnerabilidad y hay un patrón de personalidad de las personas con quienes él comete su violencia. Necesita meterse con alguien que tenga un resquiebre, el abusador sabe inconscientemente cómo meterse y cómo manipular. Entonces, para mí, no hay el menor riesgo de que Adriana se haya inventado esto. Además, porque nosotros ya teníamos establecida una relación terapéutica, entonces yo ya la conocía bien de tiempo atrás y sabía que ella estaba diciendo la verdad. 

Caso n.º 4

Eliana: acoso en portería del ParkWay

Bogotá, 2016

A Ciro lo conozco por el Festival Internacional de Cine de Cartagena y porque con mi película fui a muchos festivales, al igual que él con Los viajes de viento. Además, él fue a verme en teatro un par de veces, y cuando nos encontramos fue en Casa Ensamble. Yo estaba con un amigo que se llama Miguel, con quien tenía una especie de romance, y nos encontramos con Ciro, que estaba con un amigo de él. Me acuerdo de que nos saludamos, pero Miguel tenía que madrugar. Yo vivo muy cerca de Casa Ensamble, y como yo no tenía que madrugar, Ciro me dijo: “Quédese y nos tomamos algo, yo la invito a un Martini”. Y yo dije: “Bueno listo, chévere” y nos sentamos en una mesa a conversar sobre los Oscar, sobre un email que le había escrito Johnny Deep y sobre todas esas emociones de pasar de ser un cineasta normal a este nivel.

Me tomé el Martini, él se había tomado máximo dos cervezas, y yo le dije: “Bueno, me voy a mi casa” y él me respondió: “Yo te acompaño”. Yo dije que sí, que mi casa era aquí no más. Salimos y el amigo de Ciro venía con nosotros; él le dijo a la salida: “Coja un taxi”, a lo que él respondió que prefería caminar un rato. Ciro le insistió que “mejor cogiera un taxi” y yo en ese momento pensé: “Pobre amigo, quería caminar también”, pero finalmente cogió el taxi y nos vinimos caminando con Ciro. Llegamos acá a la puerta de mi casa, abrí el portón del edificio y me empujó contra la pared que queda subiendo las escaleras, ahí me manoseó: me metió la mano dentro del pantalón y dentro de la camisa. No recuerdo que me haya intentado besar pero era un tipo inmenso, él es muy grande y gordo, y estaba encima mío metiendo sus manos en mi pantalón y camisa. Yo entreno igual un montón,  tengo fuerza y pude sacarlo del edificio y cerrar la puerta.

Luego me lo crucé en La Maldita Vanidad y también me puse super nerviosa, pero ahí no se me acercó, hasta que ya en el festival de cine de Cartagena, creo que del año 2018, me lo encontré en la fiesta de Caracol. Él me sacó a bailar, yo tenía ya unos tragos encima, entonces salí a bailar con él y le dije: “Tú a mí me debes unas disculpas” y me dijo: “¿Por qué?” y le respondí: “Porque tú me acosaste, ¿cómo así que por qué? Te me botaste encima, me metiste la mano dentro de la camisa”. Y me dijo: “No, yo no me acuerdo de eso” y al ver mi reacción, añadió “Sí, yo me acuerdo que te traté de dar un beso y tú no querías” y yo le contesté:  “Eso no fue así. Tú me cogiste contra una pared y me metiste la mano en la camisa y en el pantalón”, y me respondió: “Qué pena contigo si te ofendí. Yo me acababa de separar de Cristina y no sabía cómo caerle a una mujer. Yo siempre te he admirado y me pareces una chica guapa, y siempre me has parecido muy linda y pues qué pena contigo, yo te respeto mucho”. Recuerdo haber pensado en ese momento como “bueno, de pronto sí fue la torpeza de recién separado”. Yo no me acuerdo ni de haberle picado el ojo, él nunca me había gustado y no entendía qué pudo haber malinterpretado él, pero bueno. Le dije que lo disculpaba y nos abrazamos y ya. Y para mí todo había quedado solucionado, hasta que Daniela me llamó. 

Yo al otro día del acoso llamé a Miguel y le conté lo que había pasado. Ciro sabía que Miguel y yo teníamos algo, y más adelante, hablando con Camila y con Daniela, nos dimos cuenta de que Ciro acosa a mujeres que están saliendo con sus colegas. No hablé de esto durante cuatro años y estoy segura de que ha habido muchísimas entre el caso mío, que fue en 2016, y el más reciente.    

Miguel 

Eso fue una noche después de haber estado en un fiesta en Casa Ensamble, yo me fui temprano y Eliana se quedó con otro parche. Al otro día me contó que, cuando llegarona su casa, ella estaba abriendo la puerta del edificio, porque no hay portería, y este güey se le tiró a darle un beso super violento y ella tuvo que empujarlo para echarlo para atrás. 

El caso de Eliana, que había sido mencionado en el testimonio de Camila, tiene elementos que están presentes en  las otras narraciones: uso de su prestigio profesional para descrestar o intimidar, en este caso particular su nominación al Óscar, y el uso de la fuerza para tocar y besar, a pesar de que le dicen de forma clara y reiterada que “NO”. También es importante resaltar que el caso de Eliana sucedió en 2016, hace cinco años, lo cual extiende la línea temporal de estos testimonios. 

Caso n.º 5

Fabiana: acoso en el Festival de Cine de Cartagena 

Cartagena, 2013

Soy vestuarista y todo sucedió en el festival de cine de Cartagena en febrero de 2013. Yo no conocía a Ciro, pero había oído hablar de él; mi mejor amiga lo conocía por su trabajo académico y ellos dos sí se conocían. Yo estaba con ella en el festival e íbamos a las fiestas juntas también con otro amigo, y Ciro siempre llegaba al parche. Yo nunca hablaba con él. 

En una de las últimas fiestas en Bar Europa, celebrando el cumpleaños de un amigo del gremio, yo estaba bailando y fui al baño. Él me persiguió al baño y se me tiró a darme un beso, yo me quité y le dije: “¡Qué le pasa!”. Él me dijo: “No diga nada, no diga nada”. Luego se me volvió a acercar y me dijo: “Nunca le vayas a decir a nadie”. Le conté a mi amiga Patricia lo que pasó.  

Patricia 

Esto fue en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de 2013. Yo fui por trabajo, pero fui con mis amigas también, una de ellas era Fabiana. Con ella pasé mucho tiempo. La que conocía a Ciro desde antes era yo, porque en  el 2010 trabajé con él en el ámbito académico. Siempre hemos tenido una relación muy cordial, pero cercana tampoco, como de amigos para ir de rumba todas las noches. En el Ficci empezamos a encontrarnos en cosas. Me acuerdo de una primera noche en la que no estábamos en una fiesta del festival, sino en un bar que se llama Havanna, en Getsemaní, y Ciro llegó y recuerdo mucho que cuando bailábamos él estaba mucho detrás de Fabiana, como que se le paraba atrás y le bailaba, y le bailaba, y Fabiana estaba un poco incómoda, como diciendo “este tipo no me gusta y ya está, no es más allá de eso”. Digamos que esa noche terminamos como diciendo “uf, creo que le gustas a Ciro, está detrás tuyo, te está molestando”. Él estuvo en varios momentos del festival como intentando hablarnos más de lo normal, y no es como que fuera mi súper

amigo para estar hablando con mis amigas, pero bueno, tiene algún interés. Pero no era mutuo, de parte de Fabiana no había ningún interés. 

El último día del festival fuimos a un bar que se llama Europa, para una fiesta que estaba organizando un amigo de nosotros que cumplía años; era como una especie de burdel, pero solo había gente del medio, era una fiesta medio privada. Y esa noche igual, Ciro baile detrás de ella, y se la pasó detrás de ella, y pues ella estaba ya como muy incómoda. Ella se fue al baño y había como una cortina entre el baño y la entrada, ahí había un espacio y ella estaba como esperando para entrar cuando él llegó a intentar besarla como a las malas, ella no se dejó y el man le dijo como: “No le digas a nadie”. Ella salió de ahí y fue y me buscó, me dijo “esto está pasando”, y nos fuimos. Me acuerdo de que nos dio mucha rabia salir, porque afuera estaba la esposa de Ciro sentada fumando con otra gente. Fabiana quedó superincómoda y nunca jamás quiso volver a ver a Ciro ni hablar con él. 

Entrega extendida: 

En esta entrega extendida mostramos la confirmación de la asistencia de Ciro Guerra al Festival de Cine de Cartagena 2013.  

Caso n.º 6

Teresa: acoso a una alumna

Bogotá, 2014

Lo loco fue que a mí me había advertido una amiga. Pero bueno, yo hice un curso con él en 2014, un diplomado en temas audiovisuales. Me acuerdo de que iba a haber un concierto y salimos varios del diplomado del salón, los que iban a ir al concierto y Ciro dijo: “No, para qué irse ya, mejor tomarse primero una cerveza”, y como yo no iba al concierto, me quedé con él a tomarme la cerveza. 

Apenas nos quedamos solos, fue sentarnos y de una ¡pum!, a tirarme a la cara a besarme, sin que yo le hubiera dado señales de nada, entonces fui y compré la cerveza como para alejarlo y cuando me volví a sentar, otra vez tiró a besarme. Entonces me fui y no pasó a más. Cuando yo iba a tomar el curso con él, una amiga que también es del medio me dijo: “¡Pilas, porque es muy manisuelto!”. Luego, más adelante, me lo encontré y me dijo que había visto un trabajo mío y otra vez a tirarme a besarme y yo ahí le dije: “No, qué le pasa, yo tengo novio”. Más adelante, en el Ficci de 2018, me pareció super peye, porque él iba a hacer una serie con Netflix y me decía: “Quiubo, ya la metí en ese equipo”, y me sacaba eso en cara en todas las fiestas cuando me sacaba a bailar, como diciéndome: “Me tienes que pagar el favor”. 

Entrega extendida: 

En esta entrega extendida añadimos la imagen del anuncio del diplomado audiovisual titulado “Diplomado en Escritura para la Imagen”, impartido por la Escuela Nacional de Cine (ENACC) el 28 de enero de 2014, cuyos profesores fueron Andrés Lopera, Ana María Parra y Ciro Guerra.

Caso n.º 7

Gabriela: acoso en Berlín

Berlín, 2013

Conocí a Ciro en abril y mayo de 2013, cuando la embajada de Colombia en Alemania lo invitó a unos eventos con su película Los viajes del vientoTuvo varias instancias en las que se trató de pasar con las pasantes de la embajada. Me acuerdo de una pasante, Susana, con la que fue aún más pesado, creo que salieron a tomarse algo y que terminó siendo una situación muy incómoda para ella. 

Aunque a mí no me pasó nada “grave”, sí sentí el asco y el desagrado de su trato. Yo era pasante en la embajada en Berlín y estaba encargada de ver que el invitado estuviera bien. Tuve la oportunidad de acercarme a él en el jardín de la embajada en donde estaban haciendo un evento y le hablé sobre mi tesis de la universidad, que era sobre audiovisual. Le conté que no me había ido muy bien en la tesis y le conté detalles, y él parecía estar muy interesado. Yo pensé: “Qué gran oportunidad estar hablando con este cineasta colombiano que ha hecho unas películas tan buenas. Qué afortunada soy de contarle esto y tal vez se abran oportunidades laborales”. Pensé todo lo que puede pensar uno a los veinticuatro años, cuando está recién graduado y tiene ilusiones profesionales, y me le acerqué con mucha admiración. Y en un momento pasó algo que suena estúpido, pero no lo es: el man me tocó el hombro y bajó la mano hasta mi mano, y pensé que era un ademán muy extraño, que me hizo sentir incómoda. Es muy loco, porque hoy en día recordar esos momentos es raro. En ese entonces yo no entendía que ese ademán no estaba bien y no me impactó tanto, pero ahora entiendo que era una forma de hacerme sentir importante para después invitarme a salir. 

La embajada tiene tres pisos y en el tercero hay un jardín interno con un corredor en el que me volví a encontrar con él. Me volvió a preguntar que qué iba a hacer, me dijo que deberíamos ir a rumbear, y ahí ya me pareció raro, porque yo estaba trabajando y esa invitación no era relacionada con el trabajo. Me empezó a decir: “Eres muy linda, cuántos años tienes”, y yo ahí me sentí como una imbécil de haber pensado que mi trabajo le interesaba, sino otra cosa. Me sentí muy ingenua y me dio mucha rabia; me sentí en una situación que me imposibilitaba a decir NO. No podía decirle que no, porque él era el invitado y yo tenía que atenderlo, y porque qué tal que estuviera desaprovechando una posible oportunidad de trabajo. Pero cuando empezó a ponerse más coqueto, me sentí muy mal y angustiada, y fui a donde mi novio a decirle: “Por favor, no me dejes sola con este man”, porque me sentía absolutamente reducida con su forma de relacionarse conmigo y su forma de hablar. Yo pensaba que no era justo, que una persona que sabe que tiene poder se aproveche de eso. Me dio mucha impotencia sentir que él era consciente de ese poder que tiene y me dio asco, y todo eso lo sentí durante esos dos días. 

Salimos a tomar algo con los pasantes y ahí estaba Susana. Me sentí tan incómoda en esa salida que apenas mi jefe se fue, yo aproveché para irme. Y no recuerdo los detalles de lo que pasó con Susana, pero me acuerdo de que fue un problema que discutimos entre nosotras al otro día en la embajada. El man era súper abusivo.

La narración de Teresa comparte elementos con los testimonios anteriores: promesas profesionales para hacer sentir comprometidas a las mujeres y acercarse a besarlas sin que ellas den señales de consentimiento. El caso de  Fabiana alarga la línea de tiempo de este reportaje al año 2013 y tiene por escenario otro festival de cine, el de Cartagena. El caso de Gabriela también data de ese año y, aunque, según lo narrado por ella,  no pasa a mayores, muestra la sensación de alerta, miedo e incomodidad que genera en las mujeres más jóvenes de su entorno. También suma Alemania a la lista de escenarios internacionales, como Ciudad de México y Nueva York en donde presuntamente se han cometido estos actos.

Entrega extendida:

En esta entrega extendida añadimos links de tres noticias que hablan sobre la visita de Ciro Guerra a Alemania, que pueden verse aquí, aquí y aquí. Estas noticias ponen a Guerra en un tiempo, un lugar y unas circunstancias que coinciden con la historia narrada por Gabriela. 

Caso n.º 8

Adriana: acoso en rodaje

2018, Colombia

Yo estaba muy emocionada porque era la primera vez que tenía ese puesto en un rodaje tan grande. Era raro, porque casi nunca me lo crucé en Bogotá; en ese momento me generaba una sensación como de que él era importante, era como “el tipo no está porque está con Johnny Depp haciendo cosas más importantes”. Lo conocí una vez en una fiesta y me dijo dos o tres cosas. Yo pensé: “¡Por fin lo conozco, espero caerle bien!”. 

Él llegó tarde a la ciudad donde era el rodaje y  la preproducción arrancó sin él. Llegó dos días antes de empezar, y en la prueba de cámara yo tenía muchas preguntas de cosas que había que cuadrar, pero no me dijo nada; solo me habló de Pájaros de verano, que “muy chévere”. 

El viernes antes de comenzar a rodar hubo una fiesta. En esa fiesta estaban varios actores, todo el crew y mis otros jefes, y él estaba con tragos y le bailó un poquito feo a unas compañeras y todas dijeron “qué tipo tan seba”. Yo estaba por otro lado, luego cerraron el establecimiento y nos fuimos a otro sitio, allá éramos como diez. El tipo como que es muy tímido, pero parece que cuando le dan trago y le hablan de viejas, se emociona y se suelta, y esa noche estuvo hablando de eso. En la fiesta el tipo me habla y me dice: “¡Bailemos!”. Empezamos a bailar y el tipo me puso la mano en el culo por  encima del pantalón, pero hasta el fondo, muy hasta el fondo, y yo me asusté mucho y lo alejé y fui corriendo a sentarme. Al día siguiente le conté a mis amigas de maquillaje lo que había pasado y les pregunté por lo que les había pasado a ellas; me dijeron: “El tipo es un cerdo”. Pero yo no quería poner problema, él era la estrella, yo en ese momento no quería armar cizaña ni chismes, y no quería que se llegara a enterar de que estábamos hablando de él. 

Una semana después hicimos  una reunión en la piscina del hotel por la noche. Ahí Ciro se me sentó al lado, él estaba fumando un puro y tomando un whisky supuestamente muy especial que había traído. Me servía de su whisky y me contaba cosas de sus relaciones con megafamosos. Entonces empezó a pedirme que le contara anécdotas de mi vida sexual, me cogió la pierna y me dijo: “Bueno, yo necesito que tú me cuentes algo, ¿con qué directores te has culiado?”.Y yo: “Pues, ¿cómo así? ¡Con nadie!”. Me empezó a decir nombres de directores y yo le dije: “No, pues realmente con ninguno”, y me decía: “Ay no, cuéntame, no te creo”. Me dijo que tenía una novia que llegaba a su hotel al día siguiente, pero que ese día estaba solo, y se puso a hablar de sexo superpesado: qué le gustaba y qué quería hacer; yo me sentí muy incómoda y empecé a hacerle conversación a otra persona. Luego me paré y me fui a hablar con otra gente y él como que se mamó y se fue a su cuarto. 

A mí todo esto no me pareció tan grave al comienzo. Ya me había pasado con compañeros de trabajo en otros rodajes, pero cuando hablé de eso con otras compañeras del medio, me di cuenta de que no se puede normalizar. Cuando volví a Bogotá, me enteré de que había rumores sobre Ciro. Decidí hablar con mis jefes de la producción. Ya habían pasado muchos meses desde que se había acabado el rodaje, pero ellos me apoyaron y me ofrecieron un acompañamiento legal, pero yo no quería problemas por eso. Entonces les dije que no, a pesar de que me insistieron mucho.

Julia 

Nosotros tuvimos una fiesta de arranque de rodaje. Primero hubo una previa, pero yo no pude ir porque tenía que hacer ajustes de pre, para el día siguiente rodar, pero llegué a la fiesta. Yo empecé a tener muy buena relación con ella desde que nos conocimos, porque teníamos que trabajar juntas en algunos momentos, entonces comenzamos a tener muy buena relación. En la fiesta llegó un momento en el que Ciro ya estaba “con copitas”, que al parecer es un patrón, porque generalmente lo que sucede siempre es con copas, para excusarse un poco, pero ya estaba prendo, alicorado, y le tocó las nalgas. Estábamos viéndolos bailar y él le estaba bailando por detrás; yo no vi exactamente cómo le cogió las nalgas, pero sí vi que se le fue hacia atrás, como por la espalda. Ella ahí mismo me miró con cara de “ayuda”, no lo disimuló y abrió los ojos y luego se corrió y ahí fue cuando me contó que Ciro le había cogido las nalgas. 

Luego vi, no sé bien el orden de los factores, pero vi cómo comenzó a coquetearle a mi asistente, Raquel. Fue en esa misma fiesta. Él comenzó como a bailarle, a hablarle al oído, y para ella no era más que coqueteo, ella no le iba a hacer caso. Eso fue en la primera fiesta, cuando vi lo que él le hizo y ella me contó, y en la segunda fiesta, porque él ya se iba a ir, le volvió a bailar y a coquetear a mi asistenete. Básicamente fue eso. Después mi asistente y yo seguimos trabajando en otros proyectos, no volvimos a saber nada de Ciro, y mi relación con ella siempre fue esa. Ella después me contó que hace un año, es decir, un año después de ese proyecto, él le escribió por Facebook para saludarla. El perfil de él no dice Ciro, sino que tiene el nombre del personaje de una película, es súper diferente. Él nunca ha sido muy cercano a la tecnología, de hecho, no tenía celular con aplicaciones ni nada, pero sí tenía un perfil que se llama “Ignacio” algo. Desde ese perfil le escribió a mi asistente y yo le dije que eso no era normal, que es un man súper mayor, que no te para de buscar y te está acosando. Él está aprovechando la situación para tener algo con vos y eso no es correcto. Luego, cuando yo le conté lo de esta entrevista, ella me dijo que yo tenía razón, que ella no lo había visto así y no pasó nada, porque ella no le puso atención, pero sí hubo el acercamiento tres veces. Mi asistente tiene veinte años y traté de protegerla, y no la mandé nunca a escena con él. 

Yo recuerdo que ella me contó desde la misma fiesta y me volvió a contar después, y me acuerdo con desagrado de cómo le bailaba. En maquillaje me contó cómo en los pocos ensayos que tuvieron el man siempre se le ponía supercerca y a ella le parecía desagradable e incómoda la situación. Lo hablamos varias veces en esa semana. A mí Ciro nunca “me cayó”, y la diferencia entre el trato hacia las mujeres que sí le interesan y las que no es MUY evidente. Se le nota cuando alguna mujer le interesa, porque su actitud se transforma. De la  narración se desprende que los hechos presuntamente cometidos se enmarcaron  en un contexto laboral, en el que Guerra se encuentra en una clara posición de poder sobre ella.  Guerra mantenía una relación laboral y de poder con la fuente y todo ocurrió en un escenario laboral. 

Del testimonio de esta fuente se desprende que a pesar de que hay una relación laboral jerárquica, Guerra, aparentemente, eligió hacer comentarios sexualmente cargados, inapropiados e incómodos, algunos incluso agresivos, como presumir que ella tenía sexo con los directores. 

Es importante resaltar que en el sector audiovisual, y en general en industria cultural, muchas relaciones laborales se crean y afianzan en el entorno de la fiesta, lo cual hace que sean escenarios aparentemente informales, pero con una gran importancia profesional. Además, la gran mayoría de los proyectos audiovisuales incorporan fiestas: los festivales de cine, televisión y documental, y los lanzamientos de las producciones, entre otros eventos públicos; no asistir a estos encuentros tiene un impacto y un alto costo en las relaciones públicas y laborales para los miembros del gremio. 

Las personas con quienes hablamos, que fueron contratadas para ese rodaje, coinciden en que la productora encargada del proyecto hizo que se dictara un taller sobre prevención del acoso sexual para todas las y los contratantes, y Ciro Guerra no asistió. 

Entrega extendida: 

En esta entrega extendida añadimos el testimonio de Lucía, quien trabaja para una de las casas productoras responsables por el rodaje, a quien también le contó de su experiencia con Ciro Guerra. 

Lucía

Yo me reuní con ella para tomarnos un café a finales de enero del año pasado (2020). Lo que me contó fue que durante la producción se sintió acosada por Ciro Guerra. Que él tuvo unos acercamientos en los que ella se sintió acosada y que, aunque no me había contado durante la producción, ahora quería que yo lo supiera, y me contó sobre el evento de la discoteca. Que en uno de los fines de semana en los que se iban a rumbear después del rodaje, Ciro se había acercado a ella y le había metido la mano por debajo de la falda. Hablamos de por qué ella no había llamado a la línea de acoso que estaba a su disposición y ella me dio sus razones, muy típicas en estos casos, y es que no quería afectar a alguien de la producción ni que el rodaje se fuera a parar por su culpa, que no quería causar problemas. Ella estaba completamente desfigurada mientras me contaba esto, estaba muy afectada, lloró durante nuestra conversación. Estaba muy confundida por no haber hecho nada en ese momento y estaba muy tocada con todo lo sucedido en general. 

Acoso y violencia sexual en el gremio audiovisual 

Aunque el acoso y la violencia sexual contra las mujeres ocurre en todos los campos y gremios, en la industria del cine ha sido en particular evidente  desde sus inicios. Hasta hace poco era una situación normalizada, pero el movimiento #MeToo en EE. UU. impulsó una denuncia que sirvió de parteaguas en la conversación sobre acoso en este gremio. El 24 de febrero de 2020, un jurado declaró al multimillonario productor Harvey Weinstein culpable de violación en tercer grado y lo absolvió de otros dos cargos, también por violación. Weinstein fue declarado culpable de un acto sexual criminal en primer grado contra la asistente de producción Mimi Haley, en 2006; de violación en tercer grado contra la aspirante a actriz Jessica Mann en 2013, y condenado en marzo a veintitrés años de prisión. 

Las acusaciones contra Weinstein comenzaron a hacerse públicas en 2017 y generaron una conversación sobre cómo el acoso y la violencia sexual se convirtieron, durante años, en una suerte requisito impuesto a muchas mujeres para continuar con sus carreras como actrices, productoras, asistentes y en cualquier cargo del gremio. Este fallo es decisivo, porque condena a una de las personas más poderosas de la industria del cine en el planeta, tanto que parecía intocable, y envía un mensaje a el mundo entero: el abuso del poder para acosar y violentar sexualmente a las mujeres es inaceptable. El mensaje, sin embargo, no es suficiente para erradicar estos problemas en la industria del cine, que es altamente jerárquica y concentra gran parte del poder y dinero en unos pocos hombres. Esta fuerte desigualdad, característica de la industria, es una de las condiciones que facilita el acoso y la violencia sexual. 

Hace unos meses se formó en Colombia el colectivo RecSisters, que empezó a recoger información sobre el acoso y la violencia de género en el gremio. RecSisters se define como “colectivo de mujeres trabajadoras del medio audiovisual en Colombia que busca mejorar, dignificar y lograr equidad en nuestros espacios de trabajo. Al igual que generar un ambiente laboral sano y de confianza, libre de todo tipo de acoso y/o violencia”. Al principio eran cuatro mujeres pensando cómo ayudar a una de ellas, asistente de cámaras, que enfrentaba un caso de acoso sexual que había sucedido hacía dos años y que había denunciado. Quisieron reunir a las mujeres de los departamentos de fotografía del gremio y empezaron a tertuliar sobre el tema del acoso en el trabajo para protegerse entre ellas, desde la complicidad y la necesidad de protección.  

Entonces, decidieron hacer una encuesta, para tener un panorama más amplio de la realidad con respecto al acoso, y el resultado fue una infografía que hicieron luego de recibir 147 respuestas que venían de cargos de producción y de arte. La encuesta mostró que:

  • El 81 % de las encuestadas ha sufrido acoso sexual laboral. 
  • Entre las conductas comunes se cuentan miradas morbosas, gestos faciales sugestivos, expresiones verbales irrespetuosas, contacto físico no deseado, piropos, bromas y burlas. 
  • Otras de las conductas denunciadas en la encuesta incluyeron presión para aceptar invitaciones, amenazas, intentos de violación y violación. 
  • El 84 % de las encuestadas decidió no denunciar y una de ellas declaró: “Cuando los productores lo supieron solo me dijeron que me acostumbrara, que no podía andar quejándome por eso”. 
  • Algunas de las que sí denunciaron se enfrentaron a burlas, despidos y repercusiones laborales como revictimización, ser juzgadas como problemáticas, veto y marginación en el gremio, empeoramiento del ambiente laboral, amenazas e incremento del acoso. Otras declararon que no hubo cambios y unas cuantas se sintieron apoyadas. 
  • Los abusos más graves y las violaciones normalmente no son denunciados por miedo a ser despedidas o excluidas. 

La mayor cantidad de acoso denunciado en esta encuesta procedía del departamento de cámara y fotografía, resultado que se puede explicar a partir de dos factores: primero, que la mayoría de las encuestadas trabajaba en esa área, y segundo, que es mucho más fácil denunciar a agresores que no tienen tanto poder como un director, actor o productor ejecutivo (no hubo más de tres casos en la encuesta de actrices que denunciaran acoso por parte de los cargos directivos). La encuesta mostró que, dependiendo del cargo, los agresores tienen distintas conductas y formas de acoso, pues el alcance de este depende del poder del agresor. Otros espacios de acoso mencionados de forma reiterada en la encuesta son las fiestas de las producciones, en donde suele haber uso de fuerza y que luego  se justifica con la excusa de haber estado borrachos. Otro hallazgo fue que para las encuestadas no hay un acuerdo general sobre la definición de acoso y, en consecuencia, las mujeres acosadas saben que han pasado por una situación incómoda, violenta o incorrecta, pero no necesariamente dicen que han sido acosadas.

Parte del problema recae en una frase que se repite mucho en las escuelas de audiovisual: “El cine se hace con amigos”. Y es cierto. Con frecuencia se arman equipos de trabajo semipermanentes basados en afinidades y lazos de amistad, haciendo que sea muy fácil vetar laboralmente a una mujer que denunció. Esa compinchería fomenta la secretividad, la exclusión y las lealtades entre agresores y cómplices silenciosos.   

Caso n.º 9

Diana, acoso en un café

París, 2017

*Hicimos público este reportaje en la versión extendida de este reportaje, publicado el 12 de mayo de 2021. 

Yo trabajaba en Colombia en una organización en donde Ciro tenía presencia eventual para proyectos muy puntuales, entonces empecé a tener cierto contacto con él, aunque muy poco frecuente; usualmente por email o en la oficina, pero siempre dentro de un contexto laboral. Él nunca tuvo un comportamiento extraño o indebido conmigo en Bogotá. Me vine a vivir a París en agosto de 2017. Vine a hacer una maestría, pero mi vínculo laboral con dicha organización colombiana seguía en pie. Ciro me contactó en octubre de ese mismo año y me dijo: “Voy a pasar por París un día, ¿qué te parece si nos tomamos un café?”. A mí me pareció normal y acepté. Acordamos un punto de encuentro en la tarde, caminamos un rato, nos tomamos un café. Él estaba allá por temas de trabajo, entonces me habló sobre su vida profesional, su nominación al Oscar, sobre temas de la industria, en fin, todo se desarrolló de manera normal. 

Para esa misma tarde yo tenía planeado un grupo de estudio. Le dije: “Me tengo que ir a estudiar” y me respondió: “¿Si te liberas en la noche vamos a comer?”. Le dije que sí, entonces cuando me desocupé, fuimos a comer y luego de eso fuimos a tomarnos una copa de vino a otro lugar. En las terrazas de París los asientos están muy juntos, como que las sillas están muy pegadas. Ambos estábamos sobrios y de un momento a otro él pegó aún más su silla a la mía y quedamos completamente pegados. Yo en ese momento leí la situación en mi mente y me puse tensa, trataba de entender bien qué estaba pasando, y ahí el man hizo la típica movida de comedia romántica de subir la mano y ponérmela en el hombro. Había una pared al lado mío, entonces yo quedé entre él y la pared, y justo ahí la otra mano me la mandó a la parte de arriba de la pierna. Sus manos son inmensas, como del tamaño de mi cráneo, entonces yo sentía que me estaba encerrando toda. 

Le retiré la mano y molesta le pregunté que qué estaba haciendo, él me respondió inicialmente: “No, es que en Bogotá siempre me pareciste una mujer súper-atractiva”, y mientras tanto yo le quitaba la mano y él volvía a ponerla. Yo le dije: “Tú y yo tenemos temas de trabajo juntos y yo no me meto con nadie del trabajo”, y que no entendía por qué se estaba poniendo en ese plan. En ese momento comenzó a echarme una historia de su separación con Cristina, que ella lo había dejado porque se había enamorado de alguien más. Escuché su historia, le dije que entendía que ese no debía ser un momento fácil para él, pero que yo realmente no estaba interesada. En mi cabeza, yo estaba segura de no haberle “dado pista”, no fui coqueta ni siquiera. 

En ese momento yo seguía trabajando con la organización en Colombia de la cual él hacía parte y ese era mi único ingreso. No quería poner eso en juego, mi trabajo ni ese ingreso, entonces traté de manejar las cosas tranquilamente, hasta que Ciro me agarró la cabeza con las dos manos y se lanzó a darme un beso. Yo inmediatamente me corrí y le pregunté qué estaba haciendo, y ahí cambió el discurso, ya pasó del “me gustas mucho y estoy entusado” a decirme que siempre se había preguntado cómo sería tener una relación conmigo. En mi mente pensé: “Este tipo quiere verme la cara de estúpida”. La discusión siguió un par de minutos más y por segunda vez me volvió a coger la cara duro con las dos manos para darme un beso, ahí yo me paré y le dije: “Voy a pagar y me voy a ir”.

Entonces me paré, le pedí al mesero la cuenta y la pagué toda para no tener que volver a sentarme al lado de él, ya estaba demasiado incómoda. Me acerqué a la mesa a despedirme rápidamente, le dije que me iba en metro, la estación estaba frente al bar. Él me dijo: “A mí también me sirve ese metro”, y se vino conmigo. Yo me puse más nerviosa todavía, cogimos el metro y él me seguía diciendo: “Vamos a mi hotel, la vamos a pasar muy bien, ¿no quieres pasarla rico?” y yo le decía: “No, no quiero nada contigo, no estoy en ese plan”. Ahí le dije: “Yo me bajo antes que tú”, me senté en el asiento que estaba sobre el pasillo para poder salir rápido y me bajé en la primera estación que pude, aunque no fuera la mía, porque en el metro ya sentí de forma muy inminente que si me quedaba ahí, algo me iba a pasar. No había mucha gente en la estación, el metro estaba muy vacío y ahí alcancé a pensar “aquí perdí”. Afortunadamente, pude bajarme del metro.

Esa tarde yo le había prestado mi adaptador de energía para que él pudiera conectar su computador. Después me escribió un email, como si nada hubiera pasado: “Hola, qué rico haberte visto ayer, te dejé tu adaptador en el hotel”. Después de eso me quedó claro que ni en París ni en Colombia me lo quería volver a cruzar, ni siquiera por temas de trabajo. Yo en ese momento pensaba que esa historia conmigo era un episodio aislado, que a él se le habían ido las luces conmigo esa noche en particular, pero que no era una conducta normal en él y que en su vida cotidiana no necesariamente era así. Lo dejé hasta ahí, hasta que leí todos los testimonios del artículo. Ahora sé que me escapé de una situación terrible, que pudo haber sido mucho peor. Recuerdo particularmente esa fuerza con que agarró mi cabeza, como obligándome, y tan de la nada. Fue un comportamiento totalmente abusivo, porque yo nunca le di pie para nada.

Incluímos aquí las fotos de dos emails que confirman que Ciro Guerra sí estuvo en París y que, en efecto, como lo narra ella en su testimonio, sí se vió con Diana. 

Laura

Diana y yo vivimos juntas, y nos volvimos muy amigas cuando fuimos roommates. Yo me fui a vivir a España en 2016 y el caso es que Diana llegó a vivir a París en 2017 y, como llevábamos tanto tiempo sin vernos, me dijo: “A finales de año hagamos un paseo de amigas a Ámsterdam, allá te voy a contar algo que me pasó con Ciro Guerra”, y efectivamente en otoño fuimos a Ámsterdam y allá me contó la historia. Me la contó mientras comíamos y, aunque puedo tener vacíos, recuerdo que lo que me contó fue que estando viviendo en París la contactó esta persona. Él iba a ir a París por temas de trabajo, y le dijo que si se veían. Entonces los dos fueron a pasar la tarde juntos, a caminar y a tomarse un café, y en la noche se fueron a un bar y entonces, no sé cómo pasó exactamente, pero él empezó a acercar la silla a la de ella, como cuando a uno ya le invaden del todo el espacio personal. Ella pensó: “Esto está muy raro” y en otro momento él se le acercó mucho y le cogió la cara con las dos manos y le trató de dar un beso. Entonces mi amiga como que lo frenó en ese momento, no recuerdo qué le dijo, pero sí sé que aunque lo frenó, él siguió muy pesado. Empezó a decirle que desde Bogotá había estado interesado en ella, en cómo sería ella, etc., y volvió a cogerle la cara para tratar de darle un beso. Me acuerdo de que cuando me lo contó decía que ella era demasiado chiquita y que él era enorme con sus manotas, y que ella se sentía demasiado incómoda. Y el otro momento que tengo muy claro es el siguiente, porque ella dice que, además de todo, le tocó pagar la cuenta. Estaba tan incómoda que se paró de la mesa y fue a donde el mesero a pedirle que le entregara la cuenta, y, para no dilatar más la situación, ella terminó pagando toda la cuenta. 

Y uno pensaría que ahí el tipo entendió lo pesado que estaba siendo, entonces debió haber dejado ahí, pero no. Se metió al metro con ella, lo cual me pareció superabusivo y acosador. Me acuerdo de que le dije: “Amiga, me angustia mucho esa situación, porque estabas supervulnerable, en un transporte público en la noche, vacío”. Ella se puso supernerviosa y pensó: “Esto está muy pesado”, y se bajó en una estación que no era la de ella como para cortar con la situación, y quedó él montado en el metro. Creo que él después le escribió, creo que al otro día. Y bueno, cuando las leí a ustedes le envié a ella inmediatamente el link, porque me impresionó el modus operandi, recordé la historia que ella me había contado y la vi reflejada en la mayoría de los testimonios del reportaje. Fue la misma historia.   

El silencio de Ciro Guerra

El miércoles 24 de junio de 2020 hablamos con Ciro Guerra para escuchar su respuesta frente a estas acusaciones y permitirle contar su versión de los hechos narrados en este reportaje. A continuación presentamos una trascripción textual de la llamada: 

Volcánicas: ¿Alguna vez ha tomado algún tipo de taller de sensibilización contra el acoso sexual?

Sí, la vez que hicimos el seminario de Netflix, la producción para Netflix nos pidió que hiciéramos un taller al respecto. 

V. ¿Ha hecho avances sexuales a compañeras de trabajo que no fueron ni invitados ni bienvenidos?

A compañeras de trabajo, no. 

V. ¿Alguna vez ha hecho avances sexuales a conocidas, en contextos de fiestas, que hayan sido abiertamente rechazados?

Pues, o sea, a ver, ¿esto es una entrevista que va a salir publicada? Todos los hombres nos hemos acercado en algún momento a una mujer y pues es decisión de ella si, mejor dicho, uno entiende si es bienvenido o no, pero la verdad es que si una mujer uno no siente que le copia o le responde, uno no puede seguir adelante. 

V. ¿Ha acosado sexualmente a mujeres en festivales de cine como el Colombian Film Festival, el Festival Internacional de Cine de Cartagena o Cannes?

No. 

V. ¿Ha insinuado el intercambio de favores profesionales a cambio de favores sexuales? 

No.

V. ¿Ha usado la fuerza para obligar a una mujer a besarlo para manosearla?

No. 

V. ¿Ha sido confrontado por alguna mujer por acosarla sexualmente?

No. 

V. ¿Ha abusado sexualmente de alguna mujer?

Jamás. 

Lo que yo sí quiero dejarte claro es que a mí me amenazaron con que me iban a querer hacer ese tipo de acusaciones. Por la época en que le di mi apoyo al Paro recibí mensajes diciendo que había gente que me iban a querer destruir y que iban a querer hacer ese tipo de acusaciones; pues sí recibí ese tipo de mensajes. No estoy en capacidad de decir si están relacionados o no, pero la primera vez que escuché de algo parecido fue esa vez, pero realmente no… Fue algo que deje pasar, a lo que no le presté atención. Pues obviamente sin conocer las denuncias, y sin saber de quién están hablando y de quién vienen. 

¿Hay alguien que me está acusando de que yo la violé?

V. Sí, hay una denuncia por abuso sexual

¿De qué tipo?

V. Solo hay un tipo de abuso sexual, el abuso sexual. 

Pero mejor dicho, no es lo mismo una violación que una amenaza que un texto… ¿Son cargos criminales los que me van a poner? Tengo que estar preparado para defenderme porque es una acusación muy grave, y que además no es cierta.

Las respuestas a esta primera entrevista resultaron insuficientes  para el Tribunal, que pide una respuesta suya más detallada. Por eso, le enviamos un mensaje a través de WhatsApp el lunes 3 de mayo de 2021, pero no obtuvimos respuesta. 

Ante el silencio de Guerra, les enviamos un correo electrónico a él y a su abogado el viernes 7 de mayo de 2021, con las siguientes preguntas:

Buenos tardes, Ciro,

Con base en lo ordenado en el fallo de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, quisiéramos hacerle una entrevista a profundidad sobre los relatos que ya conoce que fueron publicados en Volcánicas. Previamente le enviamos este mensaje vía WhatsApp, pero no obtuvimos respuesta, así que ahora recurrimos al correo electrónico. A continuación le enviamos las preguntas pertinentes:

  • ¿Asistió usted al estreno del Colombian Film Festival de 2019 en la ciudad de Nueva York?
  • ¿Asistió usted a la fiesta de apertura del festival “Somos calentura: Cocktail party” en el bar Nublu Classic el día 28 de marzo de 2019?
  •  ¿Tomó un Uber con una mujer al salir de la fiesta “Somos calentura: Cocktail party”?
  • ¿Qué recuerda del trayecto entre que salió de la fiesta y su llegada a su hotel?
  • ¿Tuvo usted un encuentro con una mujer el 13 de noviembre de 2019 en su apartamento en la ciudad de Bogotá?
  • ¿Qué recuerda de este encuentro?
  • ¿En el año 2016 acompañó usted a una mujer desde la salida de Casa Ensamble hasta su casa? ¿Qué recuerda de ese recorrido?
  •  ¿Recuerda una conversación con esa mujer en el 2018 en el Festival de Cine de Cartagena sobre los hechos ocurridos en 2016?
  • ¿Tuvo usted rodajes en el año 2018 en Colombia? 
  • ¿Recuerda en alguno de esos rodajes tener conversaciones de contenido sexual explícito con miembros del rodaje? 
  • ¿Asistió usted al festival de Cine de Cartagena en febrero de 2013? 
  • ¿Recuerda un episodio en el que persiguió a una mujer al baño e intentó besarla forzosamente?
  • ¿Dictó usted un Diplomado en la ciudad de Bogotá en Escritura para la Imagen en el año 2014?
  • ¿Recuerda intentar besar a alguna estudiante del diplomado?
  • ¿Ha realizado avances sexuales sobre mujeres que los han rechazado explícitamente?
  • ¿Acostumbra a tener conversaciones de explícito contenido sexual con mujeres subordinadas a usted, en su calidad de director?
  • ¿Acostumbra a hacer ofrecimientos sexuales a mujeres subordinadas a usted, en su calidad de director?

Si quisiera hacer alguna otra manifestación, además de las que ya ha hecho, quedamos prestas a incluir de nuevo su voz en el reportaje. Su negación a manifestarse sobre estos hechos es una actitud que puede incurrir en obstrucción a la justicia, con base en lo ordenado la semana pasada por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá. 

Catalina Ruiz Navarro

Directora Volcánicas

Ante este cuestionario, enviado el día 11 de mayo en horas de la tarde, Guerra contestó el correo sin responder ninguna de las preguntas que le hicimos, pero señalando en términos generales su presunta inocencia. En todas las acciones judiciales que ha emprendido en contra nuestra, Guerra se ha quejado de que supuestamente no se le dio suficiente información y oportunidad para contestar sobre las denuncias. Parece que en esta ocasión un cuestionario extenuante caso a caso, y cuatro días para contestar, tampoco fueron suficientes. Esto fue lo que respondió: 

Las denunciantes responden

Ante la oportunidad de ampliar este reportaje, les preguntamos a algunas de las denunciantes qué las motivó a hacer sus denuncias públicas y qué sienten ante el fallo de la la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá. Estas son sus respuestas:

Adriana

Caso Bogotá

Volcánicas: ¿Qué te motivó a hacer esta denuncia periodística?

Adriana: Yo no sabía muy bien qué hacer después de lo que pasó. Estaba muy impactada. Hablé con un abogado que me dio muchas seguridades, pero yo no estaba lista para un proceso tan largo y desgastante como un proceso penal. Lo pensé un montón, pero Colombia es un país demasiado machista y no quería exponer mi vida en un juicio. No quise poner en riesgo mi salud mental y que mi vida se volviera esto. Además, estaba el tema de la plata para el abogado, plata que no tengo. Dudé mucho antes de hacer la denuncia con el artículo, pero me parecía injusto que ese man estuviera por ahí abusando de su poder. Me pareció que hacerlo era lo correcto.

Volcánicas: ¿Qué opinas y cómo te sientes con respecto al nuevo fallo de la tutela que obliga a las periodistas a ampliar la información del reportaje? 

Yo pensé que ya estaba superando esto, pero lo que pasó con el fallo me mostró que no. Han sido días demasiado duros, me he sentido como fuera de mi cuerpo, me cuesta mucho concentrarme en el trabajo y he pensado hasta en matarme. Volví a sentir el abuso de poder otra vez. Cuando salió el artículo, todo fue un circo. Toda la gente opina, pero no entiende lo que le está pasando a uno. Para ellos es pasajero,  pero para uno no. No quiero que mi vida se vuelva comidilla de conversaciones. Si eso pasa con un artículo, ¿cómo sería con una demanda legal? El fallo de la tutela es una prueba de que era mejor proteger nuestra identidad. Con lo que está pasando afuera con el #MeToo, yo pensé que iba a ser diferente, pero pareciera que este país no está listo para esta discusión.

Beatriz

Caso Nueva York

Volcánicas: ¿Qué te motivó a hacer esta denuncia periodística?

Beatriz: Siempre tuve miedo de salir a hablar públicamente. Las razones sobran y desde que este reportaje salió, no he hecho sino comprobar que todos mis miedos estaban más que fundados. Decidí contarle a mis amigos más cercanos y poco a poco fui encontrándome con la sorpresa de que yo no era la única. Recuerdo una persona que me dijo: “Ciro es así”, justificando su comportamiento. 

El miedo se hizo pequeño cuando un día una amiga me contó que el señor Ciro había invitado a una amiga suya a tomarse un café, los dos, solos. Su amiga no tendría más de 24 años y estaba empezando en esta industria. Entonces lo único que pude sentir fue pánico y un profundo sentimiento de angustia; si esto no se hacía público, ¿cuántas mujeres más tendrían que verse acosadas sexualmente por este señor? ¿Y si él seguía utilizando su estatus de “director Colombiano nominado a los Oscar” para acosar mujeres y ganarse su confianza? Imaginé mil veces cómo se repetía lo que me pasó esa noche, la sensación de culpabilidad, de vergüenza absurda que se queda en uno por quedarse callado. 

Y entonces tomé la decisión: decidí salir en este reportaje, porque me dije a mí misma: “Al menos la próxima vez que este señor Ciro le pregunte a una mujer que está sola, si puede dejarle de camino en el Uber-taxi- automóvil, esa mujer sabrá con quién está lidiando y no lo dejará entrar al automóvil con ella. Si este señor Ciro invita a una mujer a su casa a tomarse un café para hablar de la industria, esta mujer sabrá a la casa de quién se está metiendo. Lo hice porque la culpa no me dejaba quedarme callada, porque quería que todas las mujeres de esta industria, de cualquier parte del mundo, supieran a lo que se atenían si se quedaban solas con este personaje, lo vulnerables que quedarían. Lo hice porque me cansé de que una mujer siempre tenga que tener miedo de hacerse respetar, me cansé de que muchos hombres de esta industria crean que pueden abusar de su posición, de su poder para amedrentar. Y me cansé de ver cómo otras mujeres también usan su posición para, en lugar de proteger, cuidar y alzar la voz,  justificar estos comportamientos entre sus colegas.

Volcánicas: ¿Qué opinas y cómo te sientes con respecto al nuevo fallo de la tutela que obliga a las periodistas a ampliar la información del reportaje? 

Beatriz: El año pasado fue un año duro y difícil, y a eso le tenemos que sumar este nuevo fallo. Verse completamente expuesta, de nuevo, en todos los medios de comunicación del mundo, leer a los que creía que eran mis “amigos” dando declaraciones públicas, haciéndose los que no sabían lo que pasaba, cuando de primera mano supieron de mi incidente, sabían que era yo, su “amiga”, una mujer de carne y hueso. Yo leí todo, cada uno de sus comentarios crueles, leí las historias de todas esas personas de la industria que cuestionaban la gravedad de lo que me pasó, y entendí que Colombia es un país que sufre una terrible enfermedad que les afecta la empatía. Si esto les hubiera pasado a sus hermanas, novias o hijas, ¿sería diferente la historia? ¿Les seguiría pareciendo exagerada?

Los primeros días fueron los peores. No dormía más de 2 horas al día, me levantaba y lo primero que hacía era leer los artículos, las historias, los comentarios que iban saliendo para irme actualizando de lo que pasaba. Cada día era un día de mayor ansiedad. Recuerdo en particular unos artículos de “periodismo” que salieron en unos medios de comunicación cuestionables, donde hablaban precisamente de mi caso, como si fuera cualquier cosa, como si fuera bruta o algo porque lo dejé entrar al Uber, o porque no le pegué una cachetada. 

Mi psicólogo me remitió a un psiquiatra, perdí 11 libras. Lo más absurdo es ver todos sus comentarios diciendo que esto lo hacemos por dinero, déjenme decirles algo del dinero: cada consulta con mi psiquiatra me cuesta 350 dólares. En julio, agosto y septiembre tenía que tener consultas varias veces al mes. Desde julio 7 de 2020 estoy medicada con 3 tipos de medicamentos: Prozac, Clonazepam y Alprazolam. Esto me ha costado también dinero.

Ahora, casi un año después, he pasado un proceso largo de terapia, no solo con la psiquiatra, sino con todo tipo de terapias: reiki, meditación, workshops, terapias alternativas, astrología… y me ha costado mucho finalmente empezar a sentirme bien de nuevo. Me ha costado mucho volver a confiar en las personas a mi alrededor. Ahora, gracias a esta decisión de volver a revictimizarnos, de volver a pasar por el mismo proceso de hace un año, solo puedo sentir de nuevo una profunda ansiedad y temor. Y ¡ojo! Pruebas hay. Las tengo, y muchas. Existen. Así que cumpliremos con el fallo, pero que por favor entiendan el peso que este tipo de decisiones traen en nuestras vidas y en el futuro de los derechos de la mujer. ¿Qué mensaje estamos enviando a todas las otras mujeres que han sufrido de acoso sexual? ¿Qué precedente estamos mostrando con este fallo? ¿No les parece que estamos incitando al miedo a todas aquellas que quieren denunciar?

Y a todos aquellos que dicen y exigen que revelemos nuestra identidad… ¿De verdad esperan que nos podamos sentir seguras de tener una vida normal después de hacerlo? Si tan solo siendo fuentes protegidas el escarnio público ha sido desagradable e indignante. Al ver que en un país como Colombia a algunas personas les duele más perder su prestigio cinematográfico de una persona que la dignidad de sus mujeres, prefiero mantener mi identidad protegida. Porque yo sé quién soy y sé lo que soy, entiendo el tamaño de mi corazón y mi valor como ser humano. Yo sé lo que me paso, y con el tiempo entendí que éramos una sociedad enferma cuando justificamos al agresor y culpamos a la víctima por pensar que un hombre que uno cree conocer lo puede agredir a uno su cuerpo, su integridad. Porque aquí, y en cualquier parte del mundo, NO ES NO. 

A Matilde y Catalina, solo puedo decir que su valentía, su profesionalismo, su enorme corazón y su tremenda empatía son un ejemplo para todas las mujeres y hombres del mundo. Que su amor por la causa me dio las agallas para entender mi valor como mujer, que su papel y lápiz han sido el arma más poderosa para combatir los años de machismo que se apoderaron de mí y que dejaron que me sintiera menos por ser mujer. Ellas me enseñaron con este reportaje que juntas somos más. Finalmente entendí que lo que me pasó esa noche no era una “torpeza de conquista”, como muchos dijeron, sino que fue un acoso sexual. Que me tocaron en contra de mi voluntad en partes de mi cuerpo que no quería que me tocaran, y yo pensé que era normal, porque la sociedad me enseñó que eso era algo normal que los hombres hacían y que era mi culpa por haberlo dejado entrar al Uber o haberme puesto un vestido. Gracias por proteger mi integridad, contra viento y marea, sabiendo todo lo que podría pasar.

Gabriela 

Caso Berlín

Volcánicas: ¿Qué te motivó a hacer esta denuncia periodística?

Gabriela:  Lastimosamente, esta no es la única situación de acoso que he vivido y cuando vi la oportunidad de hablar no lo dudé. Muchas de nosotras fuimos criadas con la idea de que este tipo de actitudes de parte de los hombres son parte del día a día, y que somos nosotras las que debemos bajar la cabeza, cambiar de forma de vestir, mejorar nuestro tono de voz, ser “más directas”, no quejarnos tanto, saber con quién meterse, no estar solas, tener un hombre que nos cuide, etc. 

Me tomó unos años entender que lo que había pasado no debió pasar. Me tomó unas cuantas conversaciones para entender lo incómoda que me había sentido y me tomó un par de meses, si no todo el 2020, recuperarme del miedo de haber tomado la decisión de denunciar. ¿Por qué soy yo, somos nosotras, las que tenemos que tener miedo a denunciar? ¿Por qué somos nosotras las que tenemos que aprender a convivir con la ansiedad? ¿Por qué somos nosotras las que nos tenemos que avergonzar? ¿Por qué somos nosotras las que tenemos que EXPLICAR? ¡NOSOTRAS! 

Ya es hora de que esto cambie. Si yo hablo hoy y cuento mi historia, seguramente alguien más lo hará y así nos volveremos una bola de nieve imparable. Lo hice porque estoy convencida de que esta es una de las formas de reeducar a todxs lxs que creen que somos nosotras las que debemos callar. Lo hice porque el/la que está leyendo estas líneas debe saber que no está bien el abuso, que eso no es parte del día a día y qué hay formas de evitarlo. 

Hoy hablo para que la vergüenza, la incomodidad y el miedo que sentí en ese momento no hayan sido en vano. Para que mi experiencia les ayude abrir los ojos a los que no quieren ver. Para que las que estén viviendo algo similar sepan que no están solas y sepan que hay otras vías de denuncia. Hoy hablo para que el verdadero culpable explique, se avergüence, se incomode y sienta el miedo que todas sentimos. Hoy hablo para liberarme, para dejar un peso que no es mío y que llevo cargando 7 años.

Volcánicas: ¿Qué opinas y cómo te sientes con respecto al nuevo fallo de la tutela que obliga a las periodistas a ampliar la información del reportaje?

Gabriela: Cuando me enteré de la nueva situación, el miedo de tener que recordar y tener que pensar en cada detalle con cuidado volvió. Ahora, aparte de miedo, siento rabia. Rabia contra la sociedad que no es capaz de creer cuando tantas mujeres diferentes hacemos ocho denuncias de acoso y abuso sexual. Rabia contra Guerra porque ahora debo llevar en mi corazón y en mi memoria la incomodidad de ese día, y repetir cada detalle para convencer a alguién de que lo que viví fue en serio. ¿Acaso no se dan cuenta del problema que hay detrás de la revictimización de las mujeres? Pienso en la falta de protección por parte del Estado a las mujeres víctimas de acoso y abuso sexual. Este fallo me hace pensar que nuestra voz no es suficiente. Que mi experiencia y la de las otras chicas no es suficiente. Que mi miedo y ansiedad no son suficientes. Que los años de silencio no son suficientes. Entonces les pregunto: ¿qué es suficiente? ¿Hasta qué punto debemos llegar para que esto cambie? La denuncia que hicimos es suficiente y creo que este fallo solo aleja a todas esas personas que quieren buscar justicia y hacer oír su voz.

Daniela 

Caso Ciudad de México

Volcánicas: ¿Qué te motivó a hacer esta denuncia periodística?

Daniela: Lo que me motivó a hacer esta denuncia periodística fue el hecho de que no quiero que le vuelva a pasar a ninguna otra mujer una situación en la que tenga que ejercer su fuerza física para quitarse a un hombre de encima, como me pasó a mí. Un “no” debería ser suficiente. Tristemente, este comportamiento es mucho más común de lo que imaginamos en el medio audiovisual, y, peor aún, hemos normalizado que personas con cierto “poder” en la industria tengan el “permiso” de hacerlo. 

Fue alarmante encontrar a algunas mujeres cercanas (con las que uno comenta algo tan íntimo) con historias similares o peores en un círculo social tan estrecho. Esto me hizo hacerme varias preguntas. ¿Cómo es posible que haya pasado tantas otras veces a distintas personas a lo largo del tiempo y que mucha gente sepa y nadie haga nada? ¿Por qué? ¿Porque estamos hablando del “cineasta más grande de Colombia”? ¿Eso le da derecho a abusar física y/o sexualmente de alguien? ¿Su talento basta para que todo un gremio lo defienda ante un abuso? ¿De verdad importa cómo haya ido vestida esa noche? Que me guste bailar, ¿da permiso a que alguien me bese a la fuerza y me toque? Si esto se siente tan mal, ¿por qué estamos tan acostumbrados a ver, escuchar o saber sobre este comportamiento y a aceptarlo dentro de nuestra “normalidad”? 

Creo que este es un tema del que es necesario que hablemos, que dejemos de justificar a personas por su talento o sus logros, y que si somos testigos de este tipo de comportamientos, que finalmente terminan siendo un abuso de “poder”, seamos capaces de denunciarlo. 

Volcánicas: ¿Qué opinas y cómo te sientes con respecto al nuevo fallo de la tutela que obliga a las periodistas a ampliar la información del reportaje? 

Daniela: Siento mucha impotencia. Hablar de este tipo de situaciones no es fácil, arriesgarse a hacerlo públicamente no es fácil. Es muy doloroso que se ponga en duda tu verdad después de una experiencia así. Si ha sido emocionalmente complejo haber hecho pública mi historia de manera protegida, no quiero imaginarme cómo me estaría sintiendo psicológicamente si en el artículo estuviera mi nombre. Y esto precisamente explica por qué la mayoría de las víctimas de acoso y abuso sexual prefieren guardar su identidad. Nadie quiere vivir con estigmas, etiquetas u opiniones de una sociedad machista y patriarcal. Por eso siento que es desconcertante el fallo de la tutela, creo que va en contra del periodismo de nuestro país, de los cambios necesarios para que el gremio audiovisual sea un espacio laboral sano y justo.

Eliana

Caso Bogotá

Volcánicas: ¿Qué te motivó a hacer esta denuncia periodística?

Eliana: Cuando decidí hacer la denuncia a través de un artículo de prensa, lo hicimos porque sabíamos que si lo hacíamos independientemente y con las herramientas legales, lo más probable es que no pasara nada, como ocurre en la mayoría de los casos en Colombia. Buscar hacerlo público fue nuestra manera de parar a Ciro, porque sabíamos que seguía buscando mujeres, muchas actrices, para hacerles lo que nos hizo a nosotras. El afán era que ellas supieran que tenían que tener cuidado y que no aceptaran esa cita, esa salida a bailar o esa invitación a su casa, sin saber a qué se exponían. 

Volcánicas: ¿Qué opinas y cómo te sientes con respecto al nuevo fallo de la tutela que obliga a las periodistas a ampliar la información del reportaje? 

Eliana: Sabemos que hay más víctimas, conocemos a algunas de ellas, sabemos de gente que conoce otras con historias similares a las nuestras. El problema es que el miedo sigue pesando más que las ganas de denunciar. De todas maneras, creo que ya es mucho lo que a las actrices y mujeres de la grabación nos ha beneficiado esta denuncia, siento en el set mucho más respeto y cuidado para con todas nosotras, así sea por miedo a ser denunciados. Yo me siento más segura. 

Denuncia pública

Estas mujeres deseaban contar estas historias y acudieron a nosotras para que, a través de una investigación periodística, las ayudáramos a denunciar públicamente las situaciones que, según ellas, padecieron por cuenta de Ciro Guerra, quien presuntamente ha usado la fuerza física y el poder que le da su prestigio profesional para agredirlas. Los testimonios son bastante similares entre sí , a pesar de que los incidentes ocurrieron de forma independiente, en distintos escenarios y son narrados por mujeres que, en su mayoría, el único vínculo que comparten es esta historia. 

Actualmente, ellas no tienen la intención de hacer una denuncia penal, porque no quieren pasar por un proceso de revictimización, ni por el cuestionamiento, ni el escarnio público. Contar estas historias públicamente es una forma de recobrar agencia sobre lo ocurrido y de alertar sobre la grave normalización de la violencia sexual en el gremio audiovisual colombiano, que entorpece el desarrollo profesional de las victimas y las afecta física y emocionalmente. 

Esperamos que estas denuncias sean un mensaje para los acosadores y agresores del gremio, y que den inicio a una conversación urgente sobre el acoso y el abuso sexual en todos los gremios.  

* Es posible y probable que haya otras mujeres que quieran contar sus historias . Por eso estamos abiertas a hacer una tercera entrega. Para contactarnos pueden enviar un correo a volcanicasperiodismofeminista@gmail.com, una cuenta a la que solo tenemos acceso quienes firmamos este reportaje. También pueden buscarnos a través de nuestras redes personales: @matildemilagros y @catalinapordios en Instagram, @matildeymilagro y @catalinapordios en Twitter, o a través de la cuenta de Instagram de Volcánicas: @VolcanicasRevistaFeminista. Nosotras pondremos a su servicio nuestras capacidades como periodistas y guardaremos estricta confidencialidad sobre su identidad mediante la protección de fuentes.

Hacemos periodismo de investigación riguroso, audaz, feminista y latinoamericano. Consideramos que todo periodismo debe ser feminista. Creemos firmemente que la función principal del periodismo es informar con rigor a la ciudadanía para que esta pueda tomar decisiones informadas en una democracia. Este compromiso con la democracia implica la defensa de los derechos humanos y, en esa medida, el periodismo que se dice sin posturas o sin apuestas políticas está a la defensa del status quo, que no es más que el patriarcado.

53 Comentarios

  1. Viviana Rodríguez

    Gracias por ser un megáfono de estás voces y una defensa del derecho de todas nosotras a vivir libres de Violencias

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  2. Saliber

    Cito textualmente:
    “Gracias por este tipo de trabajo y por apoyar a las mujeres.
    Sin embargo, consideró que esto debe ser denunciado penalmente, pues más que un testimonio de trata de delitos y como ciudadanos debemos ser veedores y denunciar.
    Tomo esto como un gran apoyo a la mujer pero después de leerlo, como ciudadana siento la
    Obligación de que haya una denuncia penal.
    Esto no se puede dejar pasar como un testimonio para aprender, se debe judicializar y creer en las leyes y justicia.”
    Totalmente de acuerdo y además por un motivo adicional, no judicializarlo le quita credibilidad.
    Si bien debería haber una actuación de oficio por parte de las autoridades, seria también abrir la cuenta para cualquier señalamiento sin consecuencias para las partes más allá del señalamiento hacia el abusador o abusadora, de acuerdo a cada caso.
    Se entiende de parte de las víctimas querer evitarse todo el desgaste, pero como que le quita algo si queda sólo en una “denuncia” mediática.

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  3. Isabel

    Reconociendo el altísimo nivel de impunidad y que en este tipo de temas la carga de la prueba siempre está en las víctimas, desafortunadamente sin una denuncia, aunque sea una sola, el trabajo periodístico es solo anécdota. Hay que denunciar; no hay otra ruta. Es costoso y largo pero es la única respuesta posible a la denuncia que si tienen ustedes. Nosotras apoyamos. Hasta el peor perpetrador tiene derecho a un debido proceso, y en ese marco, las víctimas y ustedes tienen todas las de perder en este momento. Aunque la alerta a otras mujeres ya esta puesta, hay que ganar también en el proceso penal. Es ese el campo. Y la Verdad, la reparación moral, y la garantía de no repetición también hacen parte de la reparación en este tipo de procesos.

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  4. Alejandra Soriano

    Esta entrega ratifica lo que ya había demostrado la primera: “no son casos aislados”, se trata de una conducta de una persona que abusa de su poder y su posición para acosar mujeres.

    Me duele profundamente la experiencia de cada una de las víctimas y las entiendo perfectamente, más de una vez, como ellas en situaciones similares, me he dicho, “debí ser más tajante”, “quizás envié un mensaje equivocado”, me he sentido culpable por algo que jamás debió suceder. Para ellas mi solidaridad, no están solas.

    Para las periodistas, adelante con su trabajo, este tipo de reportajes nos dan fuerza y coraje para reafirmar nuestra lucha en contra de cualquier abuso de poder en contra de las niñas y mujeres.

    Creo que es indispensable además, que el director y en general, los victimarios piensen e implementen estrategias efectivas de reparación, de educación emocional, de comportamientos no violentos y de deconstrucción de unas prácticas que históricamente se han normalizado pero que nunca más ni en el set de grabación, ni en el salón de clases, ni en la oficina, contarán con nuestro silencio.

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  5. Angela

    Me alarma que ante tanto detalle y tanto despliegue que deja ver claramente el abuso contra estas mujeres sea necesario adjuntar más pruebas y re victimizar … eso muestra que en Colombia no funciona la justicia y algo tiene que cambiar. ¿Por donde empezamos?

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  6. Clara Inés Ospina

    Deplorable la actuación de lo que aceptamos como expresión de justicia en Colombia.
    No puede entenderse porque siempre se revictimisa a las víctimas.
    Aterra que esto pase hoy a jóvenes y que las universidades, colegios, escuelas, no tengan programas establecidos que suministren herramientas para que las personas de cualquier género, reconozcan las señales y estén alertas para protegerse no solo del monstruo agresor, también de esta sociedad y del sistema judicial de un país enfermo de violencia.

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  7. JUAN MF

    Este sr se merece cuando menos una investigación seria, rigurosa que lo ponga en el estrado de manos de la fiscalía general de la nación. Sera muy talentoso cineasta pero según estos tristes testimonios que han dañado mujeres, merece la más grande repulsa por parte de la sociedad colombiana e internacional. Ojala el ministerio de cultura se manifieste. El talento como cineasta es una parte de la cultura. Su comportamiento como persona es reprochable, denunciable y no debe pasar desapercibido. El MinCultura no puede seguir dándole subvenciones a sinvergüenzas misogenos, machistas acosadores

    Responder
  8. Daniel

    Ciro Guerra presunto VIOLADOR a tus víctimas yo les creo!

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