septiembre 22, 2023

No es solo una corona, es la imposición de la belleza blanca y estereotipada

"Es fin de semana, sintonizo el canal a las 8:00 PM, es el día, es la coronación de miss Colombia, una escena que repetí muchas veces en mi vida, igual que muchas niñas, igual que muchas niñas negras. Esta vez es diferente, no solo porque se transmitió un sábado, sino porque hay una chica negra que se parece a mí, una chica de piel oscura y pelo afro que lleva sus trenzas en Kanekalón."

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Recientemente, se realizó la cuarta edición del certamen de belleza Miss Universo Colombia, el concurso para escoger a la próxima representante en Miss Universo a Nivel mundial. Entre las 24  participantes de diversas zonas del país, solo había 4 mujeres negras y entre ellas una punteaba como favorita, Lina María Hurtado, proveniente del bello puerto del mar, Buenaventura, que con su forma de hablar, activismo, belleza y seguridad deslumbró a Colombia entera, al punto de que más de unx creyó que iba a ser la ganadora. Sin embargo, quedó en tercer lugar, dejando un sinsabor y frustración entre quienes esperábamos otro resultado, pero, ¿por qué Lina no ganó?, siendo una mujer tan bella, con su sonrisa que iluminaba el escenario, sus ojos que son capaces de atrapar miradas, con su porte que hacía fuego con su rostro, además de que cuando salió en escena brilló con su impecable pasarela, todo esto  atrajo la atención del público, lo cual no fue suficiente y dicen que fue por no responder bien e incluso un error o que quizá la ganadora era mejor, pero en mi mente y en la de muchas mujeres negras la única respuesta es el racismo y que quedara de tercera es un mensaje directo: a las mujeres negras nos toca luchar el triple en cualquier contexto en el que estemos.

Los concursos de belleza son algo que cuestionamos cuando crecemos y concluimos que no tienen mayor relevancia, que hacen parte de un sistema que cosifica a las mujeres y que vende una idea de cómo debemos ser, Eso es más que evidente, pero este tipo de concursos realmente tienen todavía más relevancia de la que creemos, quizá desde el feminismo blanco se hacen críticas porque la mayor parte del tiempo las mujeres blancas se han visto representadas en quien llevaba la corona: una mujer blanca, de cabello liso y rasgos finos, justamente la representación de la feminidad hegemónica. Ustedes han visto toda la vida mujeres con su color de piel en esta posición, mientras tanto las niñas negras siempre vimos una representación de belleza que era lo opuesto a nosotras, imagínense mirarse al espejo y ver en la televisión que coronan a alguien tan distinto a ti y le dicen al mundo que esa persona es la más hermosa del universo. ¿Una qué puede ver más allá de lo que le imponen?, y así muchas niñas negras crecimos viendo lo opuesto a como nos veíamos en el espejo, nuestro reflejo no era más que desconocido por la sociedad.

No solo se trata de poner mujeres a modelar, sino de establecer patrones, estereotipos y conceptos de belleza que hacen que en nuestra conciencia quede grabado lo que deberíamos ser como mujeres, porque precisamente son los medios tales como el cine, la televisión, las revistas y demás que permean nuestros imaginarios y dejan huella en nuestra forma de relacionarnos y lo más importante, en cómo nos vemos ante el mundo. Fijan en la experiencia el mandato de tener que agradar a la vista y por más que se rechace la idea de ver reinados, esto ya es una institución y las instituciones no desaparecen de la noche a la mañana, provienen de sistemas completos y en este caso, es un sistema patriarcal, racista y clasista, donde verse negra solo encaja cuando se parece a lo blanco. 

Ver a Lina María Hurtado con esas trenzas de Kanekalón, con su cabello natural y con su frente en alto, luciéndolas, fue hermoso, poderoso y dio el mensaje que por tanto tiempo ha estado oculto en medio del racismo y la apropiación cultural: las trenzas son hermosas y a las mujeres negras nos quedan espectaculares. 

Quizá, para la blanquitud no es relevante, pero para quienes crecimos odiando nuestro cabello afro y se nos enseñó que las trenzas con kanekalón eran sucias, informales y hasta poco profesionales, verlas en un reinado Nacional de Belleza nos voló la cabeza. Seguramente, hizo eco en aquella niña que soñaba con tener el pelo liso, en la adolescente que tenía como ritual de 15 años alisarse el cabello y todas aquellas aspirantes a profesionales que para conseguir trabajo debían lucir extensiones largas y lisas, quemarse el cráneo y aguantar el olor a amoniaco hasta que quedara la última hebra lacia. Las trenzas han sido objeto de discusión, debido a que las mujeres blancas han empezado a utilizarlas, ahora son valoradas e incluso vistas como algo bello, cuando para nosotras fue justo lo contrario, esto reafirma que aunque les guste lo que la gente negra produce siempre se va a rechazar si es visto en nosotrxs, pero cuando es apropiado por la blanquitud independientemente de que luzca bien o no, termina siendo hermoso, sí, la belleza también es un privilegio. 

Hoy en día muchas dejamos esos conceptos de belleza de lado o al menos lo intentamos, porque nos dimos cuentas de que realmente no éramos “feas”, sino que éramos negras y por lo tanto, no íbamos a caber en ningún canon de belleza, íbamos a ser las últimas en ser elegidas o las que no iban a conseguir pareja, las que en el colegio quedaban por fuera en los juegos de pareja. Las mujeres negras no hemos sido elegidas, nos ha tocado posicionarnos y ese es otro de los mensajes que nos deja Lina Hurtado, ustedes dirán que ya ha habido reinas de belleza negras en el país, en realidad hemos tenido solo dos (para la blanquitud eso es demasiado), pero quienes han llegado hasta allá, nos retornan a la discusión, mujeres negras, pero alisadas y de pieles claras que aunque marcaron un antes y un después, de alguna manera buscaban encajar en los ideales impuestos, en cambio, Lina decidió hacer uso de la belleza negra y aferrarse a ella y dejar establecido que siempre hemos sido hermosas y nuestros rasgos también lo son.

La representación importa y va más allá de cómo nos perciben e impacta a las niñas negras en una sociedad racista que ajusta sus parámetros de belleza a su propio beneficio. La búsqueda constante de encajar en esos parámetros, a lo que conlleva es incluso a hacerse daño, por ejemplo, según lo que ha contado Lina, se echó cloro porque quería blanquear su piel, es una experiencia muy común para las niñas negras que nos criamos o tuvimos contacto directo con entornos blancos. El colegio es un espacio que puede ser muy violento con la gente negra, sobre todo con las niñas negras a quienes se les exige ser bonitas y eso implica estandarizar tu negritud, parecerse más lo blanco, creyendo que tienes que corregir el tono de tu piel, con tiza, pintura blanca e incluso cloro:Miss Buenaventura relató algunos retos que enfrentó en su niñez, porque aun sabiendo que es dañino, el odio implantando hacia ti se torna tan fuerte que te hacen creer que no mereces más que el daño.

Ninguna persona negra está exenta de vivir el racismo, ya que este se manifiesta de diferentes formas, Lina no solo representa la belleza de una mujer negra, también representa muchos traumas que vivimos, la violencia estética, el hecho de que nuestra belleza se vea desde una visión exótica y no estructural, Lina también fue exotizada y envuelta en comentarios racistas como que no nos representa porque esto no es África reflejando el profundo colonialismo que nos atañe y que este país aunque está lleno de personas con fenotipos indígenas, su ser interno tiene ínfulas europeas, que fuera enviada a un concurso de pelucas falsas haciendo referencia al Kanekalónn o  que “es muy bonita para ser negra” y esa frase las hemos escuchado muchas, un insulto racista disfrazado de cumplido, porque lo exótico es lo que se ve raro y para la blanquitud es sorprendente ver gente negra bonita y no, no es porque nuestra belleza sea extraña, es porque la belleza blanca es la norma. 

La representación importa, no se trata solo de verte reflejada, sino de sentir que existes, que eres hermosa, importante. Hoy en día es más común ver mujeres negras en ámbitos como el modelaje, la televisión y el mundo del entretenimiento, hace unos años no lo habría imaginado. Sin embargo, aún falta mucho por recorrer debido a que el colorismo sigue siendo un factor predominante, muchas niñas negras de pieles oscuras, con rasgos fenotípicamente negros, siguen viendo su ausencia en estos escenarios y es algo por lo que hay que seguir luchando, por lo pronto tener una representante como Lina, con su cabello 4C, sus trenzas de kanekalón y su piel oscura es un avance y aunque no haya ganado ha abierto el camino de quienes aún no comienzan a caminar.

Es importante que se haga una pedagogía antirracista, que la niñez negra sienta que tiene un lugar en el mundo y que dimensione lo valioso de su existencia, hay que mostrarles la historia negra, que las trenzas nunca han sido condenas, sino rutas de libertad así como lo narra la pedagoga antirracista, Rocío Cabezas Rocero en su libro  Ashanti y sus Peinados, donde nos ilustra la importancia de la representación trenzando una historia donde muchas empezamos detestando nuestros cabellos, hasta que empezamos a trazar nuestra historia a través de él. 

Y a mi niña interna, a todas esas niñas negras, a esas mujeres negras: aunque el mundo insista en decirte lo contrario, mírate al espejo con ojos de amor, mírate con los ojos de tu madre, de tu abuela, de todas aquellas mujeres negras que mantuvieron la cabeza tan alto como sus deseos de libertad, pero, sobre todo, mírate con tus ojos que en ellos está el reflejo de tus sueños y recuerda que somos hermosas, valiosas e importantes y ninguna corona o imposición nos puede demostrar lo contrario, nuestra existencia forma parte estructural del mundo y nuestra belleza aunque no es canon, siempre ha sido imponente. 

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Autor

  • Cocodreams–Coco

    arusiseña, negra, queer, fluyendo en el género como en la marea feminista negra, escritora, nieta de mi abuela y en proceso de ser abogada que apela a la ternura incomodando, resistiendo, transformando las estructuras. Miembro de la Colectiva Matamba Acción Afrodiásporica, del Colectivo Posá Sutó, Cofundadora del colectivo Afroestudiantil Chambakú UGC y actualmente delegada Nacional por mujeres negras de La Instancia Especial de Género Para la Paz. Creyente de las colectividades como espacios de transformación, amante de la marea, y de su territorio, Nuquí, Chocó. Cocinera de cocadas profesional. Ha publicado su trabajo en medios como la Revista Marea, Diáspora y Afroféminas. Creadora de contenido y crítica del sistema.

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