octubre 25, 2022

El terfismo en América Latina: un borrado histórico de las personas trans / Parte 2

COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email
Ilustración de Carolina Urueta

El miedo, la estrategia del terfismo

En octubre de 2015, con la protesta digital #PrimeiroAssedio de Brasil, comenzó una ola de escraches por violencias sexuales en Latinoamérica. En abril de 2016, el impacto de #MiPrimerAcoso cambió el paradigma de las denuncias públicas de mujeres y marcó la pauta para que la voz de las víctimas se reconociera en primer lugar sobre la de los agresores y, de esta manera, se reafirmó como uno de los pilares del activismo feminista. Poco después, las protestas por violencia sexual y de género se globalizaron con movimientos como Me too y Ni una menos. Las fuentes de este reportaje coinciden en que estos movimientos propiciaron el auge de la oleada feminista en América Latina entre los años de 2015 y 2020. 

¿Quién puede pronunciarse cómo víctima? 

El volumen de denuncias de las mujeres y sus historias en el marco de estas protestas fue tal que se desdibujó la idea de que las violencias responden a opresiones generadas por un desbalance  de poder y empezó a parecer que todas las agresiones respondían únicamente a un asunto de genitales: que los hombres con pene son siempre agresores, que solo las mujeres con vulva viven opresión sexual y que ninguna mujer puede librarse de su condición de víctima porque se trata de una opresión “natural”, dada necesariamente por los genitales. 

Esto queda claro en La “Declaración sobre los derechos de las mujeres basados en el sexo” (WDI por sus siglas en inglés) de un grupo de mujeres de todas partes del mundo que se organizaron para obstaculizar las leyes que otorguen derechos a las personas trans y para reafirmar los “derechos basados en el sexo”. WDI niega que las mujeres cis puedan cometer una violación sexual, por ejemplo, definiendo la violación como “la penetración por un pene”.

Al preguntarle a la activista mexicana Dana Corres su opinión sobre las violencias ejercidas por mujeres, o los privilegios que pueden tener en un sistema patriarcal, capitalista, capacitista y racista, respondió: “Si bien las mujeres pueden oprimir por su clase y raza, es imposible que las mujeres opriman por su sexo. Un hombre puede acosar a una mujer aunque sea rica, pobre, blanca o lo que sea. Esto no significa, por supuesto, por lo menos en mi análisis, que los hombres sean malos todos pero sí creo que hay diferentes opresiones y muchas veces se cruzan, se enciman, pero por lo menos por el sexo es imposible que una mujer oprima a un hombre”. 

¿Qué relevancia tiene que una mujer “no pueda oprimir por su sexo” si puede oprimir de muchas otras formas a hombres, mujeres, personas trans y no binarias? Aunque en entrevista, Corres expresó que estaría de acuerdo con leyes y políticas públicas que nombraran a todas, todos y todes, sus trinos la contradicen. En entrevista, también afirmó que “las personas trans son revolucionarias” pero escribió públicamente que “el transgenerismo” está “borrando” las infancias homosexuales. 

Audio de Dana Corres

Donají Linares Ixba, socióloga mexicana y maestrante de estudios latinoamericanos, nos contó sobre la experiencia que tuvo cuando fue parte del movimiento TERF y cuáles fueron los motivos y los argumentos que la llevaron a simpatizar con ellas: 

Mi acercamiento fue el peor que pudo haber existido: el feminismo de internet, en Twitter de 2016, que tuvo momentos muy cruciales. Empecé leyendo a las compañeras en Twitter y, gracias a ese círculo y ese boom inicial, me acerqué al terfismo. En ese entonces eran más bien feministas dispersas, morras intentando crear colectividad. En 2016 yo estaba saliendo de una relación muy violenta en muchos niveles y claro, cuando de pronto llegaron un montón de mujeres a decirme: esto te pasó porque eres morra, vulnerable y sexuada de determinada manera, me pareció muy fácil conectar emocionalmente con ellas. Eso sigue siendo determinante en el discurso terf porque te explica cosas fáciles en un momento en el que tú necesitas respuestas. Es terrible porque así funcionan las sectas. 

En ese momento se hizo común entre las feministas radicales decirle a las morras trans ‘pitos con falda’. Y lo decían todo el tiempo. La cosa es decirles señores, pene portante, cosas así, violentas. Pero claro, eso no lo decían de manera pública. Cuando escuché el episodio «Feminismo como secta» de Morras vs Fundamentalismos, el podcast de Dahlia de la Cerda, me cayeron muchos veintes (sic.). 

Te vuelves monotemática y tiene que ver con el miedo a quedarte sola, sin ese círculo que supuestamente te apoya, especialmente si vienes de una situación violenta. A mí me pasó cuando cambié de opinión. Tienen una definición tan armada, tan estructurada y rígida de lo que es ser una mujer que lo que se salga ligeramente ya no es posible. Muchas de ellas se niegan a aproximarse a otras experiencias. Pero es mucho más valioso, que te hagas preguntas a que finjas que tienes todas las respuestas”, contó Donají Linares. 

Retratar a las mujeres cis como eternas víctimas ha llevado a planteamientos que exigen castigos penales , de acuerdo con la bióloga y activista María Luisa Peralta

“El Ni Una Menos sale por los casos de feminicidio y la primera convocatoria de la marcha era muy punitivista, muchas activistas lo notaron después. En definitiva, estas medidas siempre llegan tarde. No hay una crítica de que el sistema judicial y penitenciario, en toda la región americana, está totalmente todavía atravesado por el pensamiento colonial. Ah, ¿ese sistema es el que en nombre de las mujeres víctimas querés reforzar? En este mar de fondo de haber construido una subjetividad feminista de la víctima este tipo de pensamiento prende. Hay mujeres que no dirían que tienen una postura transfóbica, de hecho algunas pueden tener interacciones con personas trans con amabilidad, pero se enganchan con este tipo de pensamiento”. 

En noviembre de 2019, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México fue tomada por el colectivo anónimo y separatista llamado Mujeres Organizadas de Filosofía y Letras. En la historia reciente del feminismo mexicano a este episodio se le conoce como “La toma de Filos” y, aunque fue un hito del movimiento feminista estudiantil, la articulación feminista en esta facultad se ha fragmentado por los grupos transfóbicos. El 8 de septiembre de 2022 la comunidad trans y no binaria de la facultad se manifestó por una serie de pintas transfóbicas en las instalaciones que decían cosas como “Ser mujer no es un sentimiento” y “Todos los hombres son misóginos y agresores. No hay excepciones”. 

Mariana Riestra, estudiante de la facultad y participante de la toma, dice en entrevista que antes de la protesta intentó denunciar un caso de violencia ante las autoridades escolares pero no le creyeron, en cambio la colectiva feminista separatista sí. Y eso, en un principio, la hizo sentir segura: 

“Creo que en ese tiempo decíamos que era “nuestro” movimiento, que estaba el movimiento LGTBIQ+ aparte y así lo discutíamos: que debíamos proteger nuestros espacios con nuestro sexo. Había que desconfiar de cualquier cuerpo masculino. Que las mujeres trans no deberían estar en los espacios de mujeres, porque nosotras ya somos débiles de entrada. Y quienes estaban de acuerdo con esa postura son mujeres que han vivido situaciones de violencia extrema muy crueles. Entonces ya hay un comportamiento de misandría. Tenía una maestra que era radfem, su papá era policía y contaba que a veces llegaba super borracho con su pistola. Era una autoridad tanto afuera como adentro. Yo creo que esas experiencias generan repele. Imagínate que estemos diez mujeres constantemente hablando de lo que nos pasó y no salir de eso. Es válido lo que les ha pasado, pero meterte con los derechos de otra persona para mí es el punto de quiebre”. 

Las experiencias de violencia en primera persona han generado líderes y activistas que han tenido que aprender en el camino. Esto fue lo que nos dijo Claudia Yurley al respecto: “Yo no me preparé para hacer esto. A mí me sacaron de mi pueblo siendo súper chiquita para sufrir violencia sexual. Me llevaron a la ciudad a enfrentarme a tipos. No fui a la universidad y ahora estoy en el 5to semestre de una carrera. A veces nos exigen demasiado a las víctimas y no damos lo que podemos. Aún estoy aprendiendo”.

Ciguapa, persona no binaria de República Dominicana, coordinadore de América del Norte y el Caribe en Afrocolectiva, cuestionó en entrevista con Volcánicas la sentencia que dice “todos los hombres oprimen a las mujeres”:

“Ese es un discurso reductivo. ¿De qué hombres y mujeres estamos hablando específicamente? ¿Cuáles son esos hombres que han tenido suficiente poder como para explotar a las mujeres? Obviamente, los hombres blancos cisgénero. Si nos remontamos a la historia de la colonización, podemos ver cómo a las mujeres y hombres negros se les deshumanizó de tal forma que eran vistos como animales y no como hombres o mujeres, categorías que eran reservadas para las personas blancas. Las mujeres negras eran solo vistas como mujeres a la hora de la reproducción, que venía en forma de violencia sexual, muchas veces perpetrada por hombres blancos. Y mientras los hombres negros también perpetraban violencia sexual en contra de las mujeres negras, los primeros eran abusados e incluso forzados a abusar por sus amos blancos. Todo esto es parte de la historia y nos demuestra que el género no es una categoría global sino que depende de contextos. La pregunta es: ¿Por qué si somos conscientes de que la categoría de los géneros tiene su historia, su cronología, estamos tan empecinadas en globalizarlo y hacerlo un fenómeno que sucede igual en todas partes?”

El discurso victimista ha servido a las terfs para excluir a las mujeres trans, pero también para cubrir sus propias violencias

El 8 de marzo de 2022, en Yucatán, México, la colectiva transexcluyente B Mid convocó a una marcha separatista que se congregó en el mismo lugar que la marcha transincluyente. En un momento de la noche, una terf se subió con un cartel que decía “No trans” en el monumento en donde estaba una chica trans. Las feministas transincluyentes le gritaron que se bajara y le quitaron el cartel. Al día siguiente, la Colectiva B Mid publicó en su página oficial que la mujer que se había infiltrado a la marcha transincluyente había sido “víctima de violencia”. 

En 2019, esa misma colectiva le retiró el apoyo a la familia de una víctima de feminicidio porque la voluntad de la familia era que no fueran separatistas los espacios asociados a su caso, de manera que pudieran participar personas cercanas a la víctima como sus amigos, tíos y primos. Las terfs argumentaron que no estaban de acuerdo con la petición y que por “su propia seguridad” (es decir, por un temor paranoico e infundado de que los hombres de la familia de la víctima las atacaran) retiraron su apoyo en este caso. En otra ocasión, esta colectiva se negó a retirar el nombre de una víctima de un cartel a pesar de que su familia se lo solicitó. Su respuesta fue que la mujer no era “una cifra más” y tenía que estar en el flyer a pesar de no contar con aprobación.

Exactamente lo mismo pasó con la Okupa de México, cuando después de la toma de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por parte de las familias de las víctimas en el 2020, las madres terminaron deslindándose del Bloque Negro transexcluyente y dejando el recinto.

En su libro La política cultural de las emociones (2015), la feminista Sara Ahmed desmenuza precisamente el componente emocional que hay en los discursos fascistas que leen a les otres como una amenaza: “Dichos otros amenazan con llevarse lo que ‘tú’ tienes, como el sujeto legítimo de la nación, como el recipiente verdadero de las prestaciones sociales nacionales. Sin embargo, no es que cualquiera dentro de la nación pudiera habitar este ‘tú’. En otras palabras, el ‘tú’ implícitamente evoca un ‘nosotros’, un grupo de sujetos que pueden identificarse con la nación dañada en esta representación de afrentas personales”.

Por supuesto que es verdad que las mujeres hemos sido víctimas sistemáticas de la violencia de género, como vimos anteriormente, los movimientos como Me Too y Mi Primer Acoso lo confirman, y contar nuestras historias en voz alta ha sido un ejercicio catártico e importante para comenzar a sanar, para abandonar el silencio y para que no haya duda de las dimensiones estructurales y sistemáticas de la violencia sexual y de género. Pero nuestra experiencia como víctimas no es la única válida. Es necesario entender cómo la diversidad sexual y la identidad de género también son parte de esta “nación dañada” y en muchos sentidos las fronteras que intentan poner las terfs entre estas luchas son terriblemente perjudiciales. 

Los movimientos virales testimoniales de la violencia de género no pueden ser instrumentalizados para seguir excluyendo y seguir fomentando violencias reales y cuantificables como son las violencias hacia las personas trans. El fundamento de la violencia por prejuicio y la transfobia es el mismo: una ficción atemorizante. 

La mentira del “privilegio masculino” de las personas trans

La idea de que las mujeres trans fueron socializadas como hombres, y que por eso no pueden asumirse como mujeres, es uno de los argumentos que más convence a algunas jóvenes feministas a involucrarse con movimientos TERF. Corresponde a la lógica de que si todos los hombres nacieron con pene, ese pene se convierte en una condición que les permite acceder al poder de los hombres. Las terfs argumentan que las mujeres trans son peligrosas, y que son posibles agresoras de mujeres, porque crecieron y se socializaron como hombres: crecieron con y como ellos y “tuvieron sus privilegios”. 

Esto, según dijo Matilda González en una video entrevista con la abogada experta en libertad de expresión Ana Bejarano Ricaurte, no es el caso: “Para mí la experiencia de “haber sido hombre” fue una tortura. Nunca fue un privilegio que yo no me pudiera vestir como quisiera y que si yo hacía cosas “afeminadas” alguien en el salón me pegara”. 

Cuando el discurso de “las mujeres trans peligrosas” comenzó a circular en redes y blogs, no solo enganchó con las feministas cis. La periodista trans Láurel Miranda dice que en el 2017, poco antes de comenzar su transición, se topó con artículos de feministas radicales que hablaban sobre la diferencia de la experiencia cis (no precisamente con esta palabra) y la experiencia trans. Cuenta que en ese momento le hizo sentido: 

“Sí, las mujeres trans pudimos tener una socialización masculina pero no opera en nosotras de la misma forma en la que opera en un hombre cisgénero heterosexual. Mientras ellos se identifican, la arropan y la hacen suya, para nosotras fue un castigo, una tortura, porque nos colocaban sobre la espalda un montón de expectativas que no solamente no queríamos cumplir sino que no sabíamos cómo, era imposible que las cumpliéramos. Y luego estas feministas podrán decir: ‘Bueno, pues sí, pero eso no quita que te beneficies de un montón de cosas’. Y yo respondería: ‘Sí, de algunas cosas, como una feminista radical transexcluyente, por ser heterosexual, también se pudo haber beneficiado en un sistema heterosexual’. Todas nuestras identidades están conformadas de ciertos rasgos que nos propician beneficios de ciertos aspectos de la sociedad, pero también de muchos otros que nos violentan. Pude darme cuenta que mi identidad como mujer trans no había sido privilegiada sino invisibilizada y violentada. Además, es muy peligroso considerar que las personas que nacen con vulva son eternas víctimas y las personas que nacen con pene son eternas victimarias porque nos habla de una realidad que no podemos cambiar. El feminismo transexcluyente ha construido a todo lo masculino como el enemigo a vencer. De ahí que sean incapaces de leernos a las mujeres trans como mujeres, porque nacimos con una corporalidad determinada. Y que tengan tanto recelo con los hombres trans porque les consideran traidores en el momento en el que comienzan a encarnar una masculinidad”.

Entre las terfs otro argumento popular es que las mujeres trans sufren otro tipo de opresión que no puede nombrarse “de género”. Y es posible que este argumento siga siendo el más utilizado de forma pública por parte de personas que no quieren ser llamadas transfóbicas, aunque en redes sociales y, de acuerdo con entrevistadas que en algún momento fueron terfs y como pudimos comprobar en el Congreso de Abolicionistas, en espacios privados se refieran a las mujeres trans con insultos directamente transfóbicos como “lesbianas con pene”, “hombres con falda” y a las feministas transincluyentes las llamen “adorapitos”. Decir que la lucha trans debe mantenerse separada del feminismo porque son “luchas diferentes” es una manera políticamente correcta de excluir a una comunidad vulnerable de un movimiento que busca la igualdad.

Audio de Laura Lecuona

Monstruos Travestis y Hombres trans Violentos: un miedo fundamentado en el prejuicio

Buffalo Bill, el feminicida de El Silencio de los inocentes; Dr. Robert Elliott de la película Vestida para matar; la travesti asesina de Halloween en la película El tren del terror; Ronnie Barzell, el asesino de Roxanne en la película Más allá del valle de las muñecas; el personaje principal de Más que amigas, un hombre trans que es retratado como un “traidor” de las lesbianas, Norman Bates y otros personajes de Alfred Hitchcock conforman, entre otros, la tradición transfóbica del cine y la literatura de ficción en donde guionistas y escritores cis han retratado sus propios prejuicios sobre las personas trans. 

En el documental Disclosure: ser trans más allá de la pantalla, Nick Adams, vicepresidente de GLAAD Media Institute, dice: “Por décadas, Hollywood nos ha enseñado cómo reaccionar ante las personas trans y uno de esos sentimientos es el miedo. Han dicho que somos gente psicópata, homicida, anormal, pervertida”. De acuerdo con un informe de GLAAD, el 80% de las personas no conoce a nadie que tenga experiencia de vida trans, entonces toda la información que tienen sobre elles viene de los medios y la cultura popular.

Desde la ficción, las guionistas y escritores cishetero han tratado de explicar la experiencia de las personas trans, las personas negras, los pueblos originarios y muchas otras poblaciones. Productos culturales como la reciente novela Troubled Blood de J.K. Rowling, en la cual el asesino es un hombre que engaña a sus víctimas disfrazándose de mujer, son la preservación de una narrativa reiterada, rancia y misógina. 

La experiencia trans debe ser narrada por las personas trans y es esa visibilización, ese cambio de narrativas, la que ha levantado opositores. Tal como lo explicó en una conversación la periodista Láruel Miranda: “Las personas trans y las personas no binarias hemos existido a lo largo de la historia. Lo que sucede es que en estos últimos años estamos teniendo más visibilidad, se están promulgando leyes, estamos avanzando. A las personas transfóbicas no les molesta nuestra existencia, les molesta nuestra visibilidad, les molesta que ocupemos el pleno ejercicio de nuestros derechos. Lo que quisieran es que siguiéramos existiendo debajo de las piedras como históricamente lo habíamos hecho”.

Resistencia y testimonio trans contra el terfismo

Matilda González Gil, abogada y activista colombiana, en una entrevista como respuesta al texto “Un mundo sin mujeres” de Carolina Sanín afirmó: “Un estereotipo es asumir que una persona, por el hecho de pertenecer a cierto grupo, cumple con ciertas características. Creer que un hombre no puede tener la característica de embarazarse es, por definición, un estereotipo de género. Dice que ‘lo trans’ es querer niñas vestidas de rosado y que eso es querer más patriarcado pero tampoco le gusta cuando rompemos estereotipos de género porque nos convertimos en un peligro. Los mensajes son contradictorios y discriminatorios: dan un trato desigual entre personas que son trans y personas cis”. 

Para el orden patriarcal, las mujeres son el “sexo débil” frente al hombre. Sobre esa idea se construyeron estereotipos de género que entendían a las mujeres como personas que necesitaban protección. Y si bien el feminismo defiende la idea de que las mujeres tenemos las mismas capacidades que los hombres, ese estereotipo de género ha sobrevivido en lo dicho sobre la corporalidad. Sobre la idea esencialista y estereotípica de que los cuerpos masculinos siempre serán más fuertes, rápidos, en otras palabras, “mejores” que los cuerpos femeninos, es que se sostiene, por ejemplo, la guerra que ha declarado la transfobia a las mujeres trans deportistas. 

Según Matilda González, reproducir estereotipos de género es un reclamo constante, simplista y poco realista, que hacen las terfs a las personas trans. González afirma que todo el mundo reproduce estereotipos de género, sean o no trans, y que es un prejuicio decir que las personas trans, por ser trans, reproducen estereotipos de género. De hecho, hay muchas mujeres terfs que también utilizan ropa femenina y maquillaje para reforzar la expresión de su género, pero a ellas no las señalan de la misma forma que señalan y culpan a las mujeres trans que usan esos mismos recursos estéticos para expresarse. En cambio hay muchas personas trans y no binarias que juegan con los estereotipos, rompiéndolos y retándolos constantemente, pero a elles parecen no hacer referencia las terfs. 

Al respecto, la periodista y transactivista Láurel Miranda de México dice: “Hay narrativas que parten de los prejuicios que tenemos arraigados sobre las personas trans y hay que contrarrestar esas narrativas. Creen que las personas trans estamos reforzando estereotipos de género y que yo, por ejemplo, me identifico como una mujer trans porque me gusta el rosa o porque de niña no me gustaba jugar con carritos. Estas feministas radicales transexcluyentes colapsan cuando les digo que a mí me gustaba el azul y jugar con carritos y puedo seguir siendo una mujer. Dicen que las personas trans creemos en cerebros rosas y azules cuando no es así. Nosotres hemos venido leyéndoles para poder argumentar nuestra existencia pero ellas no quieren vernos ni oírnos”. 

Ser trans en América Latina no es un privilegio 

Los datos contradicen el discurso alarmista de las terfs: ser trans no es un privilegio cuando al menos 1300 personas trans fueron asesinadas por ser trans entre 2018 y 2021 en Latinoamérica y el Caribe. Brasil, México, Colombia, y Honduras son a la fecha los países con mayor índice de violencia transfeminicida. 

En el informe “Muertes violentas de personas LGBT+ en México” de Sin Violencia LGBTIQ+, una organización que monitorea la discriminación LGTBIQ+ en América Latina, explican que los asesinatos en contra las mujeres trans han aumentado. En 2021 registraron 55 transfeminicidios comparado con 43 del 2020. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha compartido que las mujeres trans están nueve veces más expuestas a vivir violencia de género que las mujeres cis pues los patrones de violencia que sufren las mujeres trans tienen que ver con su identidad de género.

Los avances a favor de la población LGTB en América Latina han sido disparejos. De acuerdo con el informe “El prejuicio no conoce fronteras” de Sin violencia LGTB, el avance en estos derechos se ha concentrado en México y Sudamérica, en donde también se ha reactivado “una oleada conservadora que persigue el modelo de sociedad desigual, excluyente y reaccionaria” a todo aquello que cuestione “los arreglos de género tradicionales”. 

En el mapeo que hacen las 11 organizaciones de Sin Violencia LGBT, registran retrocesos importantes en Brasil, El Salvador, Guatemala, Honduras y Perú. En Brasil, proyectos y políticas públicas nacionales que venían andando desde 2004, como el Programa “Brasil sin Homofobia”, no han sido actualizados y carecen de datos oficiales desde el año 2013. En El Salvador, en 2019 se eliminó la Secretaría de Inclusión Social de la Presidencia, entidad que funcionó por una década para evitar toda forma de discriminación en razón de la orientación sexual e identidad de género. Mientras disminuye la voluntad de recolectar esta información, a medida que se intensifican los discursos de odio, aumenta la estigmatización, la marginalización y el riesgo de violencia por prejuicio hacia las personas trans.

En este sentido, la CIDH afirma que “si bien es necesario estudiar este fenómeno con mayor profundidad, la evidencia demuestra que cuando ocurren crímenes contra las personas LGBTIQ+ con frecuencia están precedidos de un contexto de elevada deshumanización y discriminación”.

La socióloga Carmen Romero Bachiller dijo en entrevista: “Las feministas transexcluyentes siguen narrando los cuerpos de las mujeres trans como cuerpos que agreden a pesar de que sistemáticamente se haya probado lo contrario. No es una suposición decir que las mujeres trans son asesinadas, muchas veces con tortura sexual. En lugar de reconocer esto como una posición de alianza, lo construyen como un espacio que viene a “borrar a las mujeres”. ¿A qué mujeres? Sería mi pregunta. ¿Desde dónde está construido ese lugar de enunciación que necesita reforzarse mediante la exclusión de otras mujeres que además están en una situación de mayor vulnerabilidad?”.

La región centroamericana se encuentra en un estado de violencia, criminalización y estigmatización de la población LGTBIQ+ y en ese contexto la llegada del terfismo a las organizaciones feministas o de derechos humanos plantea un escenario desesperanzador. Incluso un país como Costa Rica, que se había posicionado como un ejemplo en materia de derechos humanos en Centroamérica, ha tenido retrocesos: en 2017, Costa Rica gestionó la Opinión Consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reconoce la obligación de los Estados bajo la Convención Americana, de expedir leyes sobre identidad de género y matrimonio igualitario. Esta iniciativa fue una base para los avances de derechos humanos en otros países. Hoy, el presidente electo desconoce a la comunidad LGTB:Por primera vez en muchos años, en el Día Nacional e Internacional contra la homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia, la Casa Presidencial no ondeó la bandera multicolor. 

Poner en contexto la transfobia en América Latina implica hablar de la discriminación sistemática en la que viven las personas trans, quienes tienen dificultades para acceder a la justicia incluso tras ser víctimas de un delito como le ocurrió a Thalía Rodríguez, una mujer trans de Tegucigalpa que en 2021 fue agredida en Honduras y al poner una denuncia en la Policía Nacional no fue escuchada. Una organización de Honduras, Cattrachas, registró que desde 2009 hasta 2020 se cometieron 119 muertes violentas a personas trans. Centroamérica es una de las regiones más violentas de Latinoamérica, con altas tasas de impunidad, y las agresiones hacia la comunidad LGTB continúan. 

Dylan Duarte, médico, opina que el sistema de salud de Honduras sigue siendo precario comparado con otros países de Latinoamérica: 

“Somos de los países con un sistema de salud más colapsado. Sabemos que en México hay clínicas en la Ciudad de México y Guadalajara en donde las personas trans pueden ir a buscar ayuda médica y ser atendidas desde la empatía y el respeto. En Honduras eso no pasa. Aquí la medicina es muy binaria, heteronormada y cis. Lastimosamente, a pesar de que nuestro país supuestamente es un Estado laico, no se ha cumplido a cabalidad. Las administraciones anteriores han tenido un enlace directo con la iglesia. Esta es la que decide el rumbo de la comunidad LGTBIQ+ y sus derechos en el marco legislativo. Las feministas transexcluyentes son pocas pero están empezando a hacer ruido y cada día son más. Te puedo decir que tienen referentes muy fuertes de México y España, entre ellas Luisa la Menstruadora, Laura Lecuona, Las Brujas del Mar. Hace dos o tres años eran tan pocas que podría decir quiénes eran pero ahora no puedo decirte cuántas hay porque sí son más. Necesitamos que las nuevas generaciones estén informadas, que le apuesten a la descolonización de nuestras existencias y corporalidades. En Honduras estamos cansados”. 

El terfismo motiva y justifica la discriminación en contra de los hombres trans

Dylan Duarte es la primera persona trans en ser reconocida por una institución pública en Honduras. Tras años de lucha por el reconocimiento de su identidad, ahora se enfrenta a argumentos sexistas que retratan a los hombres trans como “lesbianas confundidas”. Los discursos transexcluyentes también afectan a los hombres trans y a las personas no binarias porque les quitan la agencia sobre su propia identidad. El movimiento terf constantemente utiliza el argumento de que “los hombres”, refiriéndose a las mujeres trans, están definiendo qué es ser una mujer, pero este argumento invisibiliza el hecho de que también los hombres trans están redefiniendo las identidades binarias pues, como dice la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, los hombres trans rompen “con el monopolio de la masculinidad en hombres cisgénero”. 

En el “Informe sobre Personas Trans y de Género Diverso y sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales” explican que la violencia hacia las masculinidades trans es constantemente invisibilizada y que se han identificado en ellos riesgos elevados de suicidio, sobre todo en la adolescencia, como una consecuencia del estigma y discriminación, sumado a que esta población tiene pocas redes de apoyo entre pares y profesionales. Es a ellos a quienes se les invisibiliza cuando en las legislaciones sobre temas como el derecho al aborto, o a la gestación y menstruación dignas, se refieren solo a “mujeres” y personas menstruantes o gestantes” en vez de referirse explícitamente a “hombres trans y personas no binarias”. 

En diciembre de 2021, Cine Colombia le negó la entrada a Yeyito, una persona no binaria de quien el personal se burló. Y ese es apenas un ejemplo de las múltiples violencias que viven las personas no binarias y los hombres trans. Y lo grave de negar las existencias de las personas trans y no binarias es que niegan también sus violencias y, al negar las violencias, no hay cómo pensar en prevenirlas y mucho menos en repararlas. Sobre eso, Dylan Duarte dijo en entrevista con Volcánicas: 

Hice una publicación sobre el día del orgasmo femenino en mi Facebook personal. Yo soy un hombre trans pero abrazo mi feminidad y mi clítoris. No significa que esté invalidando a nadie más, estoy reivindicando mi identidad con respecto a eso y escribí al respecto. Una página feminista lo compartió apoyándome, pero en los comentarios aparecieron las terfs hondureñas. Hubo comentarios de que mis orgasmos eran masculinos y no femeninos, que yo soy un hombre trans y no puedo decir eso porque entonces ¿de qué sirve mi transición? Consideran que por ser hombre no tengo que tener nada que ver con el orgasmo del clítoris o la menstruación. Fue muy violento. Ellas trabajan de manera muy sutil y ya se están organizando, aunque siguen dispersas en varias colectivas y organizaciones feministas a nivel nacional”. 

En Argentina la discusión del aborto también fue con los hombres trans aunque muchas de las activistas por el derecho a decidir negaban las experiencias de sus compañeros. Al final, la ley reconoció el derecho de “las mujeres y personas con otras identidades de género” a interrumpir su embarazo, pero no está explícita la identidad de los hombres trans y personas no binarias. En otros espacios continúan llamándoles en femenino y excluyéndoles de las categorías en las que deberían estar incluídes como el embarazo y la menstruación. 

En marzo de 2020, el joven trans Tehuel de la Torre desapareció en Argentina. Fue a una entrevista de trabajo y nunca más volvió. Su familia, amigues y activistas siguen buscándolo. El 7 de marzo de 2022, el Día de la Visibilidad Lésbica en Argentina, un grupo de jóvenes feministas transexcluyentes recorrieron el centro de Buenos Aires para pegar carteles con consignas transfóbicas y esencialistas. Una de ellas era la foto de Tehuel: “Sigue desaparecida”. Sobre esto nos habló María Luisa Peralta: “Fue muy fuerte porque, che, es un muchacho joven que está desaparecido. Un nivel de tragedia gigante. Ni siquiera eso las conmueve. Ya ni siquiera frente a eso se detienen a pensar, empatizar, a decir algo de respeto. Unas lesbianas jóvenes de por acá lo vieron. Estábamos todas en el armado del 7 de marzo, hicieron todo el recorrido y sacaron los cartelitos, entonces como que revirtieron la acción. Pero fíjate, ¿qué es lo que pasa con los hombres trans? Bueno, eso pasa”.

Y los ataques se vuelven personales. Lucas Platero, docente y activista español habló sobre la vez que compartió un dibujo de su hija y en los comentarios que recibió le decían pederasta. Tuvo que borrar el tuit en el que compartía cosas de su familia porque le hacía mal ver las respuestas de tantas personas que se nombraban feministas: “¿Quién preserva a mi peque de esa violencia? ¿O a mí? Terminas respondiéndoles y eso te debilita, te cansa, te saca un poco de tus casillas. Es un poco lo sucio de toda esta cosa de las redes sociales. Pero también fuera de ellas. Hay un muchacho, Samuel, un chico joven de Galicia que golpearon en la calle hasta matarlo. Eso pasó el año pasado. Constantemente se registran agresiones en Chueca, en zonas muy visibles de turismo gay. Hoy tenemos a la extrema derecha, a las terfs, a la gente conservadora. La cosa se está poniendo bastante fea”, concluyó. 

Violencias por prejuicios: de la transfobia en el baño al transfeminicidio

En febrero de 2020 Alexa, una mujer trans de 28 años en situación de calle, fue acusada en redes sociales de entrar a un baño de mujeres de Toa Baja, Puerto Rico, con un espejo. El tuit se hizo viral y nueve horas después encontraron el cadáver de Alexa. La mataron hombres armados después de que su ubicación se hiciera pública. Los asesinos filmaron el crimen. Su transfeminicidio fue un crimen de odio a partir de un tuit que reproducía un prejuicio: el supuesto peligro que representan las mujeres trans en baños públicos. Aunque las personas transfóbicas no hayan pedido explícitamente que asesinaran a Alexa, sí la presentaron como un peligro. 

Tal como lo explicó la abogada Matilda González en una columna para El País, las mujeres trans buscan estrategias para adaptarse y protegerse de la transfobia: “Las personas trans regulamos lo que comemos y lo que bebemos, identificamos baños poco concurridos, monitoreamos horarios para no cruzarnos con nadie, intentamos no hacer contacto visual: vivimos escondidas”.

Y a pesar de que el baño sea más bien un espacio de discriminación hacia las personas trans, en el discurso terf es leído de forma opuesta. Carolina del Norte, Estados Unidos, aprobó una ley que exige a las personas trans que utilicen los baños “que correspondan con su sexo asignado al nacer” bajo el argumento de que las niñas serían violadas por por hombres vestidos de mujer. En Colombia y México, estudiantes universitarias han hecho pintas transfóbicas en los baños con frases como: «Aunque se vistan de falda o leggins, ¡no se admiten penes en el baño de mujeres!”. 

En esa misma columna, Matilda González recuerda cómo las leyes de Jim Crow exigían la segregación racial de los baños para blancos y para afroamericanos. ¿La razón? “proteger” a las mujeres blancas de las posibles agresiones sexuales de hombres afroamericanos. Todos los discursos prejuiciosos se parecen porque generan violencia. No es una invitación directa a violentar, sino que, como dice el informe “Cuando el prejuicio mata” de Colombia Diversa, los agresores escogen a las víctimas de acuerdo a su estatus simbólico. El mensaje que dan los victimarios coincide con la violencia simbólica, por ejemplo, cuando en la anatomía de los cuerpos de las víctimas hay mutilación de los genitales y las prótesis. 

Laura Lecuona ha dicho que “esos hombres que cuando exigen la entrada a los baños de mujeres solo quieren orinar, dicen eso como si no supiéramos lo que de verdad quieren”. 

Audio de Laura Lecuona

Su juicio y su “miedo” contrasta con los datos: más de la mitad de las personas transexuales en Estados Unidos han evitado usar un baño público por miedo a ser insultadas, acosadas o atacadas, según la Encuesta Transgénero del año 2015. Ese mismo estudio indica que, a diferencia del miedo de las terfs, el miedo de las personas trans sí está justificado.

  • El 12% de las personas trans entrevistadas reportaron ataques verbales en algún baño público durante ese año. 
  • El 32% afirmó que no comía ni bebía afuera para no tener que usar el baño. 
  • El 8% tuvo como consecuencia alguna infección urinaria o en los riñones como resultado de evitar ir al baño. 
  • El 58% de las personas encuestadas reportó haber sido acosada por la policía.
  • El 33%, correspondiente a las mujeres trans y en especial negras, dijeron que los oficiales asumieron que todas eran trabajadoras sexuales. 
  • El 40% de las personas trans entrevistadas dijo haber intentado suicidarse.

Todas las violencias por prejuicio se parecen: tienen un enemigo que suele ser un grupo marginado fácil de deshumanizar (migrantes, musulmanes, latinos, negros, personas trans) el cual presentan como un peligro por el simple hecho de existir. Quienes reproducen estas violencias leen las mismas noticias y repiten los mismos argumentos. El miedo irracional de las mujeres cis transexcluyentes hacia las personas trans se basa en la amenaza de una violencia hipotética, remota y no sistemática. 

La agenda antiderechos de las terf

Ilustración de Carolina Urueta

En noviembre del 2021, el Movimiento Nacional Feminista Abolicionista (MNFA) de México convocó a un Congreso Fundacional Feminista Abolicionista para consolidar una agenda común y Volcánicas estuvo en ese congreso que duró varios días. Su agenda estuvo conformada por siete principios que ellas llaman “Los Siete Dragones”: 1. Abolición de la trata 2. Prostitución 3. Pornografía 4. Gestación por sustitución 5. Violencia (familiar, psicológica, sexual, patrimonial, laboral, digital, institucional y el feminicidio) 6. El “generismo” (es decir, contra el reconocimiento de la identidad de género y la autodeterminación) y 7. Bloqueadores y modificadores hormonales en la pubertad. 

Entre los objetivos que describen en la convocatoria se destaca el de evitar que los marcos legales acordados en la Cedaw y la Convención de Belén Do Para apliquen a las personas trans pues, desde su perspectiva, eso promovería “la desaparición del sujeto histórico mujer”. . Entre sus propósitos también hicieron explícita su voluntad de incidencia política: “Establecer los lineamientos a seguir en la incidencia y el cabildeo en las cámaras de senadores y diputados y legislaturas locales hacia el establecimiento de políticas públicas que beneficien a las mujeres, así como derogar aquellas que las perjudican”. 

En este evento exclusivo para abolicionistas participaron mujeres como Drisha Fernández (Colombia), Susana Andrea Avella (Colombia), Sonia Teresa Sánchez (Argentina), Alicia Miyaeres (España), Ángeles Álvarez (España), Alda Facio (Costa Rica) y Teresa Ulloa, Aimée Vega, Laura Lecuona, Arussi Unda, Yan María Yaolotl (México). La conferencia magistral estuvo a cargo de la mexicana Marcela Lagarde. 

La abogada costarricense Alda Facio opinó durante su participación que a diferencia de las mujeres, las personas trans y de la diversidad sexual no sufren opresión sino solo que son discriminadas por prejuicio y que, por ende, se trataba de otra violencia y otra lucha distinta a la combatida desde el feminismo: “Hace unos años estábamos metidas las mujeres en todas las políticas sociales de las personas mayores, discapacitados (sic), etcétera, etcétera. Y ahora estamos en ese cajón de sastre de los colectivos y minorías sexuales. ¡Por favor! Hemos vivido muy pocos años con políticas específicas, yo diría que 27 o 25. Entonces eso hay que denunciarlo también. Antes se llamaban ministerios de la madre y la familia para atender a la familia y a personas con discapacidad, los perros, los gatos y las pulgas. Hemos salido de un cajón y ahora nos han metido en otro, llega a un momento en que ya no se puede”. 

Audio de Alda Facio

El terfismo promueve indirectamente la criminalización de mujeres trans cuando se opone a los derechos de las trabajadoras sexuales

Aunque no todas las abolicionistas son transexcluyentes, casi todas las terfs son abolicionistas del trabajo sexual, plantean una postura que considera el trabajo sexual como algo imposible de elegir y que se debe erradicar. A diferencia de su significado en inglés, el abolicionismo en Latinoamérica se interpreta como la prohibición absoluta del trabajo sexual, un trabajo que un promedio de 90% de las mujeres trans en la región ejercen o han ejercido en algún momento de sus vidas, de acuerdo con el Informe sobre Personas Trans y de Género Diverso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En el informe mencionado anteriormente, “Muertes violentas de personas LGBT+ en México” , el desglose por ocupación muestra que todas las víctimas dedicadas al trabajo sexual eran mujeres trans. Pero hay un subregistro: aparecen 18 mujeres trans reportadas como “desconocidas” que por las circunstancias de sus transfeminicidios, suponen que por lo menos seis de ellas eran trabajadoras sexuales. 

La periodista argentina Victoria Stéfano dice: “Hay acceso desigual a las posibilidades laborales y es algo que nosotras y nosotres permanentemente estamos discutiendo como población. Pero ese discurso también ha servido para criminalizar a las personas trans, sobre todo aquellas que deciden ejercer el trabajo sexual”.

A pesar de que la mayoría de activistas trans defienden el trabajo sexual, algunas transactivistas abolicionistas del trabajo sexual como Lohana Berkins en Argentina, afirman que la única manera de lograr la abolición de la prostitución sería consolidando vías posibles para que las compañeras pudieran tener otras alternativas. Pero la estrategia común de las terfs en América Latina y España no ha sido la de abrir nuevas opciones y garantías laborales para las personas trans sino la de criminalizar y penalizar la prositución, poniendo en riesgo a las mujeres cis y trans no solo de perder su único sustento económico, sino de ser perseguidas porel Estado quitándoles garantías de salud y seguridad. De hecho, en la investigación ¿Qué es el transfeminismo en América latina? de la organización colombiana Sentiido, se explica que unas de las leyes que más se usan en contra de personas trans en América Latina son las leyes en contra del trabajo sexual. 

Si bien en países como Argentina se ha notado un avance en políticas públicas que garantizan un cupo mínimo laboral para las personas trans, otorgándoles la posibilidad de trabajar en oficios que no sean el trabajo sexual o el campo de la estética y que les protejan de ser víctimas de trata; en la agenda abolicionista también se encuentra “frenar los avances” de esas leyes que reconocen la identidad de las personas trans garantizándoles derechos al trabajo y auna vida digna. De acuerdo con la postura terfista, nadie debería ejercer la protitución, ni las mujeres trans ni las mujeres cis, pero las mujeres trans casi nunca pueden acceder a políticas públicas que les permitan ejercer empleo en otros sectores: ¿Qué opciones les quedan a las personas trans para sobrevivir si el trabajo sexual se criminaliza? 

La socióloga y activista feminista española Carmen Romero Bachiller aclara que ser feminista no te hace inmune a discursos de salvadora blanca y la respuesta de abolir el trabajo sexual es una solución que parece fácil pero no lo es: 

“Lo plantean como un: ‘No estamos en contra de las trabajadoras sexuales sino contra los puteros’ pero lo que lleva de fondo es una situación de mayor vulnerabilidad a las mujeres que ejercen la prostitución, porque tienen menos tiempo de entablar la negociación con los clientes o porque se les veta del espacio público y terminan en pisos donde tienen menos posibilidades de controlar sus condiciones laborales. Las posiciones antiderechos del trabajo sexual hasta hace poco eran una postura de las mujeres más tradicionales. En este momento hay muchas mujeres jóvenes que se declaran “abolicionistas” y esto me preocupa porque plantear simplemente la abolición, sin dar una respuesta a la situación de un montón de mujeres o personas gays y trans a nivel mundial, supone un problema grave cuando históricamente muchas mujeres han ejercido el trabajo sexual como mecanismo para solventar las vidas a sus familias en situaciones de enorme precariedad.”

La historia de supervivencia a partir del trabajo sexual plantea una serie de coincidencias entre mujeres cis y trans. En un episodio del programa “Los 41 tropiezos de la heteronorma en México” de TV UNAM, la académica trans Siobhan Guerrero explica: “Muchas compañeras lo dicen: si no fuera por el trabajo sexual estaríamos muertas. Quisiera simplemente señalar que ahí hubo gente que comió y salió adelante gracias a eso. Yo no quisiera que se prestara a un malentendido o una estigmatización. Tenemos que conciliar la búsqueda de una comunidad trans que tiene acceso a trabajo, educación, a la salud, pero también reconociendo cómo sobrevivimos como comunidad. Una discusión que a veces tenemos es que las nuevas generaciones de personas trans, que afortunadamente están creciendo en un contexto de más oportunidades, no entienden las dificultades históricas de la comunidad y se avergüenzan de la historia o de las voces de la comunidad que fueron importantísimas y desde esas trincheras lucharon”. 

También hay contrapesos al discurso anti trabajo sexual. El movimiento de las trabajadoras sexuales trans en Colombia está cada vez más organizado y es cada vez más visible. La sentencia SU062/19 es un antecedente importante del reconocimiento del trabajo sexual en la región, pues exige las garantías para que pueda ejercerse en las mejores condiciones posibles a falta de alternativas laborales. En esta sentencia, la magistrada Gloria Stella Ortiz Delgado apunta: “Los trabajadores sexuales conforman un grupo discriminado y marginado por su actividad respecto a la cual el Estado tiene un deber de especial protección bajo los mandatos constitucionales de la igualdad material. Es necesario enfatizar que existe una diferencia entre el trabajo sexual lícito que parte del ejercicio de la voluntad libre y razonada de su titular, así como de contextos de vulnerabilidad socioeconómica, y la prostitución forzada o la explotación de seres humanos por el lucro económico de terceros”.

En agosto de 2022, también en Colombia, trabajadoras sexuales fundaron el Sindicato del Trabajo Sexual en Colombia, “Astrasex” que se suma a dos sindicatos más en el país, la Asociación de Mujeres Buscando Libertad, Asmubuli fundada en 2018, y el Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Colombia Sintrasexco del 2016. Ambos sindicatos vinculados a la Red Latinoamericana de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex). El movimiento de las trabajadoras sexuales trans está registrado en el documental La primavera trans, grabado durante los meses anteriores a la marcha del orgullo trans de 2018. La abogada colombiana Matilda González, contó en entrevista que en el documental se notan una serie de tensiones que ya se venían gestando y que desembocaron en una ruptura entre el movimiento trans y el resto del movimiento LGTBI. La Red Comunitaria Trans decidió hacer el Yo Marcho Trans, que en este 2022 celebró su séptima edición. Es una marcha que sale del barrio Santa Fé, en donde se paran las trabajadoras sexuales trans en Bogotá para reconocer y dignificar la historia de las mujeres trans trabajadoras sexuales colombianas.

Para las terfs, la trata y el trabajo sexual son lo mismo

Mientras las luchas y los activismos resisten, hay figuras con alto impacto social y político como la colombiana Juanita Goebertus, Ex Miembra de la Cámara de Representantes de Colombia y nueva directora de Human Rights Watch para las Américas, que ha tenido claras posturas discriminatorias hacia las trabajadoras sexuales e incluso se pronunció ante el congreso colombiano en contra del trabajo sexual. Las posturas antitrabajo sexual son las que más han tenido plataformas y voces reconocidas y su impacto en las condiciones de vida de les trabajadores sexuales trans es grave. 

Hace unos meses se renovaron los integrantes del Comité CEDAW en Argentina, las personas son elegidas a título individual pero los países postulan. El gobierno argentino iba a postular a Marisa Herrera, una jurista feminista de muchísima trayectoria, y una de las redactoras del capítulo sobre la Familia del Nuevo Código Civil y Comercial que entró en vigencia en 2015. Las terfs se activaron para que se retirara esa postulación y lo lograron. Sus argumentos eran precisamente que Herrera defiende el trabajo sexual y los derechos de las personas trans y que ha intervenido incluso en la redacción de leyes a favor de elles: 

“Lo que meten ahí es que Herrera ha estado en argumentar y sostener la legalización y la legislación sobre gestación por sustitución. Entonces ellas consideran que la gestación por sustitución y la donación de óvulos también son explotación reproductiva. Entonces están la explotación sexual y la explotación reproductiva. Para ellas todo va junto, todo es trata de personas. Entra en el mismo paquete ¿por qué? Porque tienen un pensamiento muy esencialista que es un término del que se ha dejado de hablar para poner el foco en que son transexcluyentes. Pero: son transexcluyentes porque son esencialistas. ”, explicó la activista argentina Maria Luisa Peralta.

Aunque para las terfs no hay una división entre el trabajo sexual y la trata de personas pues, según ellas, todas las personas que son trabajadoras sexuales son víctimas de explotación sexual.

En el Congreso Fundacional Feminista Abolicionista no participaron personas trans trabajadoras sexuales o personas trans víctimas de trata pero sí participaron víctimas de trata de personas y explotación sexual cis y contaron sus graves historias de violencia extrema por parte de violadores, padrotes y por las mismas instituciones gubernamentales. En ningún momento ninguna de las académicas presentes diferenció la trata de personas del trabajo sexual (porque para ellas esa división es imposible); a pesar de que está documentado cómo el trabajo sexual es una de las opciones que tienen mujeres migrantes y empobrecidas que escapan de otro tipo de violencias y que se pueden construir espacios en donde las trabajadoras no son víctimas de trata. 

Claudia Yurley Quintero, activista colombiana abolicionista de la explotación sexual y sobreviviente de violencia sexual y del conflicto armado colombiano, reconoce que parte de una lucha contra la violencia sexual y desde esa mirada no concibe la posibilidad de que exista un trabajo autónomo de trabajadoras sexuales cis o trans. Su testimonio da cuenta de lo complejo que es hablar de “abolicionismo” cuando se está atravesada por una experiencia violenta relacionada a la explotación sexual: 

“Yo no creo en eso (el trabajo sexual). Yo creo que hay que ir a las raíces de la opresión. Sí creo que hay unas construcciones sociales que favorecen que unas personas seamos más vulnerables a la trata de personas que otras. Por ejemplo, las mujeres negras y las personas trans. Yo no soy una persona trans, pero al tener una historia frente a una vida de explotación, una vida de resiliencia, una vida de trabajo, sí hay mujeres trans que me buscan cuando han necesitado un proceso de salida. Lo he brindado sin tener muy claro cómo, primero porque no lo soy, pero intentamos -desde nuestro modelo- hacer algo por las personas trans (como conseguirles un espacio o apoyar en la atención médica)” dijo en entrevista.

Claudia Yurley dice, por un lado, que reconoce que la violencia sexual también afecta a las mujeres trans y que no ha “visto a la primera mujer feminista que niegue que las personas trans existen”, pero en sus redes sociales niega la posibilidad de que las mujeres trans se identifiquen como tales. Estas contradicciones son comunes en la discusión de la identidad trans y el trabajo sexual.

Sin embargo, las posturas de las participantes del Congreso no solo mezclan la trata con el trabajo sexual sino que culpan a la identidad de género por “permitir la violencia sexual”. 

Audio de Alicia Miyares

Alicia Miyares, académica española, quien en su intervención comenzó diciendo a las participantes: “Aquí vemos que la especie humana se divide entre machos y hembras, varones y mujeres”, también expresó en este congreso que “la pretensión de convertir la categoría sexo en irrelevante y el género en una identidad es lo que sostiene la agenda queer. Es la posición favorable a la prostitución como trabajo, a la práctica del alquiler de vientres y las leyes de identidad de género. La prostitución la podemos presentar como un intercambio o un comercio empresarial ¿por qué? Porque como además hemos desactivado la categoría sexo, hemos desactivado cualquier tipo de violencia sexual”. 

Que esta académica haya presentado la teoría queer como un peligro, disimula el sujeto real de los ataques: no es el género lo que termina siendo literalmente eliminado, sino las personas trans. Decir que son críticas de género, en vez de decir que son críticas de las personas trans, hace pasar este ataque como una lucha teórica que supuestamente no impacta a los seres humanos sino solo a las ideas. 

Audio de Alicia Miyares

Pero, el discurso transexcluyente sí impacta a las personas trans y a la percepción que se tiene de ellas en los espacios públicos, que son los escenarios principales de los transfeminicidios. Según el informe de Sin Violencia LGBT, la mayoría de las mujeres trans asesinadas en México en el 2021 fueron encontradas en las vías públicas, en terrenos baldíos, ríos, o bares.

La teoría queer, una amenaza de violencia para el terfismo

Durante una de las conferencias, una asistente del congreso comentó su extrañeza al notar que en un coloquio sobre abolición del trabajo sexual se estuviera cuestionando la identidad de personas trans y no binarias. La moderadora Teresa Ulloa Ziáurriz, representante de CATW en América Latina y El Caribe, le respondió: “Muy mal. Yo invitaría a que si la compañera no se siente a gusto, pues que se retire porque en el programa estaba claro que en la agenda de hoy tenemos temas que tocan justamente toda la política queer”. 

En el 2017 a través de una carta pública, Laura Lecuona acusa a la académica e investigadora de Ciencia y Género, Siobhan Guerrero, de “falsa atribución”, y en esta carta dice que “es grave y francamente deshonesto que Guerrero diga, mediante trampas flagrantes y errores argumentativos elementales, que yo niego que “el sujeto trans pueda existir como un sujeto viable’.” 

Sin embargo, en el Congreso Fundacional del Movimiento Nacional Feminista Abolicionista de México en noviembre de 2021, dijo: “¡No les concedamos la existencia!” . Durante varios minutos del congreso Laura se dedicó a negar sistemáticamente la existencia de las personas trans y no binarias diciendo : “Si alguien cree que existe lo transgénero o habla de los transexuales como algo que realmente existe, entonces cree que los estereotipos sexuales definen nuestro ser y le da un plano de existencia a la mujer con pene. No hay gente no binaria. No hay gente trans”.

Audio de Laura Lecuona

Representación trans

Este es un debate teórico que no contempla la realidad material de las personas trans. A diferencia de las mujeres cis (heterosexuales, lesbianas o bisexuales), las mujeres trans no tienen representación en las altas esferas de la justicia internacional porque, entre muchas otras razones, en Latinoamérica las personas trans enfrentan obstáculos como el abandono de sus familias, la desescolarización, la marginación en el sistema de salud y la violencia física que puede escalar a transfeminicidios. 

Sentiido publicó un informe que realizó sobre una encuesta de jóvenes LGTB en Colombia en donde confirma la tesis de la CIDH sobre la exclusión desde tempranas edades de la familia y del sistema educativo con datos sobre este país. Encontró, por ejemplo, que casi uno de cada cinco jóvenes (20%), reportó haber sido castigado físicamente en su casa por ser LGTB, 87% escuchó comentarios transfóbicos u homofóbicos en su famlia y 45% dijo escucharlos frecuentemente. El 55% de les encuestades afirmaron sentirse insegures dentro de la escuela, el 92% de estudiantes escuchó comentarios homofóbicos o transfóbicos en su colegio, 53% dijo que esto ocurría de forma cotidiana, el 75% fueron acosades verbalmente durante el año escolar y el 30% fueron violentades físicamente, por ejemplo con empujones, debido a su orientación sexual, identidad de género, expresión de género, raza o etnicidad”. 

“Fui la primera mujer trans en Colombia en ser nombrada secretaria de las mujeres de Equidad de Género en un cargo de una alcaldía y los fundamentalistas religiosos recogieron firmas para que me quitaran el cargo. Decían: ‘el señor Matilda González que se autoidentifica como mujer y además se autoidentifica como ‘puta’, y lo peor es que recogieron un montón de firmas. Y era súper claro: ahí el argumento era que yo no era una mujer para ellos, igual que no lo soy para las terfs, pero ellos ni deben saber que el terfismo existe. Yo diría que en términos de representación es en donde seguimos mal en Colombia. O sea, yo estuve en medios de comunicación, estuve en un cargo público también importante, pero fue súper difícil. De los dos lugares salí casi huyendo porque era horrible, estamos empezando a llegar a esos lugares y la respuesta es demasiada violencia. Justamente estas ideas del terfismo han impactado en las ideas sobre las personas trans. Esa transfobia son prejuicios contra las personas trans, pero organizados, legitimados dentro de un discurso feminista”, dijo González. 

La falta de representación en los cargos públicos, la academia y en los escenarios de toma de decisiones tiene una especial relevancia cuando las mujeres cis feministas que están en esos lugares no las reconocen como mujeres e incluso argumentan que no sufren opresión por el género con el que viven y que desconocen que las expone a violencia sexual, física y feminicida. 

Reconocer la violencia que sufren las personas trans y no binarias en el sistema patriarcal no invalida ni minimiza ninguna otra violencia que sufran otras personas de la población LGTB o las mujeres cis. Es necesario reconocer las particularidades de las violencias que viven las mujeres trans para dejar de insistir en la falsedad de que quieren, o pueden, “borrar a las mujeres” con su “privilegio masculino”. La violencia implica una jerarquía de poder: ¿Están las mujeres trans a la cabeza de esa jerarquía? Juli Salamanca, directora de comunicaciones en la Red Comunitaria Trans de Colombia, responde:

Las organizaciones trans trabajamos con las uñas. Dicen que el transactivismo viene a borrar a las mujeres. Acá hay algo importante y es que ellas venden este monstruo como si fuera un monstruo demasiado potente, poderoso, fuerte, con plata. Y creo que no hay que ser muy pilas para darse cuenta de la realidad de las personas trans en América Latina: ¿Cuántas mujeres trans hay en puestos de poder en Colombia? ¿Cuántas mujeres trans congresistas hay en México? ¿Cuántas mujeres trans hay en cargos de elección popular en Perú, en Chile, en Argentina? ¿Cuántas mujeres trans viven en la pobreza absoluta en América Latina? ¿Cuántos asesinatos de mujeres trans llevamos en Colombia al día de hoy en total impunidad? ¿Cuántos casos de mujeres trans en América Latina tenemos registrados que hayan entrado a violar a un baño? La mentira se cae sola. Hablemos con evidencia. Muchas veces las organizaciones trans no tienen tiempo para estas discusiones en redes sociales porque están ocupadas trabajando. Cuando se les interpela con argumentos experienciales, las antitrans te dan argumentos técnicos y jurisprudenciales. Acá lo que nosotras decimos es que todas las mujeres somos diferentes, que hay millones de formas de ser mujer y que en esa diferencia podemos construir”.

En la región latinoamericana solo tres países tienen representación trans en sus Congresos: Brasil, por primera vez, hay tres diputadas trans en la Cámara de Diputados; en México, apenas en 2021 dos mujeres trans fueron elegidas como diputadas, María Clemente y Salma Luévano y Venezuela, siendo la diputada Tamara Adrián la primera mujer trans diputada en toda Latinoamérica.

En el programa “Los 41 tropiezos de la heteronorma en México” de TV UNAM, la académica trans Siobhan Guerrero le preguntó a Desirée Navarro, Directora de Igualdad de Género y No Discriminación de la Alcaldía de Coyoacán, México, qué opinión le merecían las políticas públicas de cupo laboral trans. Navarro centró su respuesta en los cargos de representación pública diciendo que le parecen importantes siempre y cuando no le quiten el espacio a nadie más, a ninguna mujer: “Creo que cada quien debe tener sus espacios porque las mujeres han derramado demasiada sangre y demasiado dolor y demasiado trabajo durante muchísimos años para lograr esa equidad hoy en día en el Congreso”.

Más o menos la misma respuesta dio Dana Corres en entrevista con Volcánicas cuando se le preguntó si consideraba que las mujeres cis tienen más espacios de poder que las mujeres trans: “Me parece que tendríamos que tener tasas, dado que son un porcentaje todavía muy pequeño en cifras. Vivimos violencias muy distintas y claro que todas están minadas por el patriarcado y el capitalismo. Nunca me gusta llevar la discusión hacia allá porque me parece una competencia. No se trata de competir, sino de analizar. Nosotras somos el 50% de la población ¿no? Y llevamos miles de años en la sombra, a mí me parece muy violento que nos quieran obligar a ceder. Me parece manipulador y violento que nos digan que tenemos que compartir. Me parece que como país tengamos una cuota arcoíris y que las personas trans estén en esas cuotas porque claro que es justo que las personas trans se sientan representadas y se vean representadas en esos espacios”. 

Audio de Dana Corres

Lo dicho por Dana Corres sobre las cuotas deja el panorama claro: las terfs con poder político y de incidencia social no quieren compartir la justicia y están dispuestas a emitir recursos legales, a colaborar con la derecha, a firmar peticiones en línea, a dedicar gran parte de su activismo a dejar a las mujeres trans afuera. 

En este desconocimiento de la historia del movimiento LGBT y feminista, las terfs también están borrando todo el trabajo que personas trans, no binarias y feministas transincluyentes realizaron en esos espacios, algunas de las feministas que participaron en los primeros encuentros nacionales de mujeres en Argentina han transicionado: “Personas que venían participando en los encuentros, que pusieron trabajo ahí, trabajaron, hicieron redes, sostuvieron. ¿Y ahora no pueden ir? Hay una historia: no se puede pensar el encuentro como cuando empezó en 1986. Desde entonces los cambios son gigantes y esa discusión de que hay gente que viene a invadir los espacios… No, che, ya estaban en estos espacios. Les pasan cosas y los espacios se transforman. Hay gente que no quiere perder sus espacios de poder, los modos de conocerse todas, los temas. Una nostalgia de un pasado en el que algunas de ellas eran protagonistas”, agregó María Luisa Peralta.

Al tomar la postura de que las personas trans no existen o no pertenecen al movimiento feminista, las terfs están borrando la propia historia del feminismo latinoamericano. Una historia en la cual las personas trans siempre han existido y a la que también han aportado en las luchas y reivindicaciones feministas. 

Marina Echevarría Sáenz es la primera catedrática transexual en España, en concreto de Derecho Mercantil en la Universidad de Valladolid. Además, es una de las mayores defensoras del colectivo trans y LGBT a nivel nacional. Marina explicó para una entrevista que siente profunda tristeza como mujer y como feminista el verse señalada como un problema para el feminismo actual: “El feminismo cada vez está más dividido y cada vez hay más casos de personas terf, son muy ruidosas y eso es un problema. Que un movimiento que mire por la igualdad me señale como una enemiga, me entristece. Llevo participando en el movimiento feminista muchos años, pero en el feminismo que engloba a todas las mujeres. Me parece que se está intentando excluir y esto está llevando a auténticas rupturas dentro del feminismo”. 

Este discurso excluyente de “que tengan sus espacios, pero no los nuestros” no está analizando la realidad: hombres y mujeres cis, la mayoría con los suficientes privilegios para escalar en espacios de poder, deciden todos los días sobre las vidas de las personas trans. Parece muy conveniente seguir replicando el discurso de “deben tener su propia lucha” y “deben tener sus propios espacios” cuando la realidad es que no tienen ninguno: son las personas cis quienes teorizan y juzgan legal y moralmente a las personas trans.

«El borrado de las mujeres» es una estrategia para quitar derechos a las personas trans

Ilustración de Carolina Urueta

A Ciguapa, el “borrado de mujeres” le recuerda a la teoría de conspiración del “reemplazo blanco”. El reemplazo blanco, o “el gran reemplazo”, es una teoría conspirativa de extrema derecha que nació en Europa, específicamente en Francia. Es una lectura racista de la inmigración que, de acuerdo con los conspiranoicos, es parte de un plan para reemplazar a los europeos. El “despojo blanco” ha sido una expresión para rechazar la diversidad cultural a partir de la generación de miedo hacia las existencias negras, latinas, migrantes, judías, musulmanas, y todas aquellas que representan la otredad marginada en un sistema jerarquizado. Los blancos se leen a sí mismos como la alternativa única y natural, así como las terfs se leen a sí mismas como las únicas sujetas de un movimiento de liberación antipatriarcal. 

En el Congreso Abolicionista, la académica mexicana Marcela Lagarde dijo que “el borrado de mujeres es parte de una articulación ideológica-política para desaparecer simbólica y normativamente a las mujeres y a lo femenino porque otros sujetos que reclaman pureza de origen, en cuanto a asignación sexual y de género, se autodefinen con categorías de mujer y le incluyen la palabra trans que nunca concluye, nunca llega con plenitud, pero reclaman bienes simbólico s para adoptar derechos, recursos, espacios, legitimidad y comprensión”. También dice que “lo trans está estereotipado de ser mejor que solo mujeres”. 

Audio de Marcela Lagarde

En su intervención acusó a la diversidad sexual, y a quienes “abanderan la diversidad”, de “hacerla pasar por una cualidad”. La académica, que es regionalmente conocida por aportar la categoría de “feminicidio” en las legislaciones de muchos países, empezando por México, opinó sobre la comunidad LGTB que “Incluso (la diversidad) nombra a las mujeres nacidas en esa autonomía y esos cuerpos con unas siglas como de laboratorio”. Tanto nos ha costado el largo camino de la a y ahora vienen otras personas a vindicarse con e”. 

Audio Marcela Lagarde

“No es que haya tal borrado de las mujeres, lo que pasa es que realmente la discusión es una discusión de poder. Y tenés que muchas de ellas ven como que ahora que hay una masificación, es el momento. Sienten que están perdiendo el momento de tener no solo el poder en los círculos internos del activismo feminista, sino en lugares más públicos. No nos engañemos. Este discurso de que los espacios de mujeres son seguros… ¿de verdad? ¿Y la violencia que sucede entre mujeres? ¿Y la forma bestial en que esa discusión implica humillación a otras? No son espacios seguros. Bueno, la retórica del borrar mujeres busca eso, mueve la emoción: “Nos borran, nos eliminan, nos quieren sacar de la historia”, dicen algunas, que ya no exista la mujer en términos jurídicos. Eso no es un debate argumentativo. Eso es un impacto emocional”, dijo María Luisa Peralta.

Esther Pinheiro, una periodista brasileña, aclara que en Brasil los datos nacionales ni siquiera contabilizan cuántas personas trans existen en el país. Entonces, ¿de qué borrado de mujeres cisgénero están hablando las transexcluyentes si a las personas trans en varios países de Latinoamérica ni siquiera las cuentan? El pánico moral del “borrado de mujeres” se ha trasladado a la justicia y la legislación de los países latinoamericanos y ha sido el pretexto favorito de juezas y abogadas feministas para obstaculizar los derechos de las personas trans.

Las mujeres trans representan un porcentaje minoritario de la población mundial y esto lo aceptan incluso las transexcluyentes. Entonces no dan las matemáticas para sostener que van a borrar a todas las mujeres que representan prácticamente la mitad de la población. Tampoco se sostiene la idea de que todas las mujeres, en cualquier parte del mundo y bajo cualquier condición, son los seres más vulnerables del planeta, asunto que explica muy profundamente el concepto de interseccionalidad. 

La “Declaración sobre los derechos de las mujeres basados en el sexo” de la compañía Women’s Declaration International de Reino Unido tiene más de 32 mil firmas de 159 países. Entre sus artículos establece que “la naturaleza de la maternidad es una condición exclusiva de las mujeres” y que no existe evidencia científica objetiva de que haya personas trans. A pesar de que en la declaración solo se nombre una vez a las personas trans, el discurso alrededor del género se construye de manera transexcluyente y, para no dejar lugar a dudas de que se trata de transfobia, publicaron de forma anexa una presentación titulada “¿Qué nos jugamos las mujeres con la nueva legislación sobre “identidad de género”?”.

En ese documento despliegan una serie de “evidencias” contra la ley de identidad de género en España entre las que se destacan: el peligro de que las mujeres trans participen en competencias deportivas y el peligro de que las personas trans estén en cargos de representación pública; el peligro de que las mujeres trans estén en cárceles de mujeres y dos notas sobre mujeres trans que cometieron delitos. Allí acusan también al inversionista George Soros de financiar el movimiento transincluyente, lo cual llama la atención pues es un argumento que entre 2016 y 2019 usó la derecha en contra el movimiento feminista por la despenalización del aborto. 

Otra de las preocupaciones de las firmantes de dicho documento es que las estadísticas de violencia sexual cometidas por mujeres vayan en incremento porque se registren delitos perpretados por mujeres trans. Sugieren que los hombres se pueden hacer pasar por mujeres solo para que las leyes les beneficien y que no se debe permitir que los delincuentes escojan su género para que no haya denuncias falsas provenientes de “identidades falsas”. Sin embargo, en su propia fuente adjuntaron la nota de una maestra cis que fue sentenciada por haber tenido relaciones sexuales con su alumno menor de edad.

WDI tiene un equipo de Defensa Legal en Estados Unidos, coordinado por la abogada lesbiana Lauren Levey, para presionar a través de testimonios escritos o presenciales (mandan en avión a las mujeres) para oponerse o apoyar ciertas leyes. Hasta julio de 2022, habían redactado 47 documentos y enviado a 16 mujeres a testificar durante el año. También tienen representación en varios países latinoamericanos incluyendo México y Colombia. En México, la representante es Laura Lecuona.

Algunas de las firmantes de la Declaración son CATW, Mujeres de la Sal, Colectiva B Mid, Brujas del Mar y la Organización Nacional de Mujeres del PRD. Parte de su financiamiento es a través de donaciones, en su página de Patreon tienen 67 donantes y las cuentas bancarias de las que reciben donativos son de Australia, Europa, Nueva Zelanda y Reino Unido.

Las directoras de esta declaración son las británicas Josephine Hilda Brew, Sheila Joy Jeffreys y Mary Ann O’Hara, quienes han escrito cartas de agradecimiento a gobernadores de derecha como Greg Abbott, gobernador de Texas (el mismo que envió camiones de migrantes a la casa de la vicepresidenta Kamala Harris), para “solidarizarse” con él después de que el gobernador republicano ordenara investigar por abuso infantil a padres que brindan atención de afirmación de género para sus hijes trans.
Las terfs no quieren que las personas trans reciban tratamiento hormonal, ni que su identidad sea reconocida legalmente, ni que ejerzan libre y dignamente el trabajo sexual, ni que los gobiernos les contabilicen, ni que tengan derechos y garantías para conformar familias, , ni que se prohíban las denominadas terapias de conversión – Ecosieg, ni que las leyes juzguen los crímenes de odio como tales y tampoco que estén en posiciones de poder y/o toma de decisiones. Las feministas transexcluyentes no quieren que las personas trans existan, eso es muy parecido a querer “borrar”. Entonces, ¿quién es la verdadera amenaza?

Espera mañana la publicación de la parte 3

CRÉDITOS

Reportería: Katia Rejón y Arlen Molina

Análisis: Katia Rejón, Matilde de los Milagros y Catalina Ruiz-Navarro

Edición: Matilde de los Milagros Londoño Jaramillo 

Revisión editorial: Alejandra Soriano W.

Fact checking: Katia Rejón

Consultoría editorial: Matilda González Gil
Ilustraciones: Carolina Urueta y Lina María Rojas

COMPARTIR ARTÍCULO
Compartir en Facebook Tweet Enviar por WhatsApp Enviar por WhatsApp Enviar por email
  • Me indigna
    (0)
  • Me moviliza
    (1)
  • Me es útil
    (2)
  • Me informa
    (8)
  • Me es indiferente
    (1)
  • Me entretiene
    (0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados