julio 20, 2022

El gobierno de Duque le falló a la gente negra

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El gobierno del actual presidente Iván Duque está enmarcado por un descontento general. Dicho descontento es evidente cuando se sabe que el actual jefe de Estado de Colombia deja como parte de su legado el título de ser el mandatario más impopular de los últimos 30 años. Por supuesto, este título responde en gran parte a su gestión, que ha sido analizada, cuestionada y evaluada desde muchos frentes y por diversos sectores del país. Uno de los más grandes desaires con los que se despide el gobierno de Duque está relacionado con las comunidades negras, debido al aumento de disparidades e injusticias a las que la población afrocolombiana está sometida. 

Un gobierno que exaltaba la democracia como uno de sus más altos valores terminó siendo el mismo que militarizó territorios negros que se manifestaban en contra de la violencia y el olvido, terminó siendo el mismo gobierno que atestiguó la masacre de numerosos líderes sociales. Durante la presidencia de Duque la criminalización de la gente negra fue pasmosa y evidente, además agrandó la herida de la ya conocida negligencia estatal. 

El paro nacional del 2021 tuvo puntos bastante álgidos en el Pacífico colombiano, algo que nos permitió entender el cansancio y la angustia de las comunidades negras que salieron a marchar y a manifestarse en contra de la reforma tributaria. Esta protesta dio paso a señalar otras faltas gubernamentales sobre las que el pueblo afro ha estado esperando respuestas; la falta de diálogo con las personas que se manifestaron contribuyó a que el paro nacional durara dos meses y medio, aún cuando se retiró la reforma tributaria que dio inicio a todo. 

Buenaventura, por ejemplo, le mostró al país que su territorio está azotado por la narcoviolencia y está siendo operada por diferentes agentes armados. Sus medios de protesta fueron de los más controversiales y criticados, ya que bloquearon uno de los puertos más importantes del país. Quienes se manifestaban respondieron resaltando la falta de empatía con el pueblo de Buenaventura y el racismo estructural que valida ver los territorios negros como medios para un fin y no como parte de una comunidad que está siendo sometida a constantes agresiones. Otra de las ciudades más renombradas durante el paro nacional fue Cali, donde se habló en varias ocasiones sobre el racismo como la causa más arraigada detrás de dinámicas sociales desequilibradas y coercitivas. Recordemos que fue en Cali donde la Minga fue atacada por civiles, un acto reprochable y preocupante. 

Duque se retira de la presidencia con una oportunidad única desaprovechada: la implementación de los acuerdos de paz. Si hacemos memoria encontraremos entre las personas que votaron por el SÍ a la paz un significativo número de poblaciones negras que han estado en medio del conflicto armado por décadas. No obstante, como lo afirma Camilo Gónzales Posso, director de Indepaz: “no se implementó el acuerdo de paz de manera integral y eso está permitiendo el resurgimiento de violencia de una forma grave, sobre todo recomposición de grupos armados y un resurgimiento del narcotráfico”. En lo que va del año han sido asesinados 102 líderes sociales, entre los cuales hay cuatro que se reconocían como afrodescendientes. Esto nos lleva a pensar que las duras medidas tomadas para callar las manifestaciones, para amedrentar a la población civil, facilitaron la criminalización del derecho a la protesta y convirtieron en objetivos a las centenares de personas que buscaban luchar por el bien de sus comunidades. 

Es esencial reiterar que uno de los objetivos que se planteó el gobierno de Duque estaba dirigido específiciamente a mejorar la calidad de vida en Tumaco y combatir el narcotráfico de ese distrito. Sin embargo, los esfuerzos fueron dirigidos especialmente a “darle baja” a comandantes de los frentes que allí prosperan, algo que no ha garantizado la disminución de la violencia ni el reconocimiento del liderazgo comunal. En artículos como Balance Duque: Tumaco no avanzó a ser un “polo de desarrollo”  encontramos afirmaciones que corroboran que Duque no logró consolidar un mejor gobierno para las poblaciones afro ni de pueblos originarios: “La única inversión ha sido militarizar y ni eso impactó. Si eso hubiera sido bueno no habría actores armados más fuertes peleando en el territorio. (…) En menos de un mes han asesinado a diez indígenas Awá (…) en zona rural de Tumaco”.

Dado el panorama con el que se retira Duque no es una sorpresa ver en el mapa de votaciones el amplio apoyo que recibió el presidente electo Gustavo Petro por parte del Valle del Cauca, un resultado que el nuevo presidente deberá respaldar viendo las potencialidades de la región y atendiendo a sus necesidades. A este reto también se sumará la tarea de erradicar la crisis humanitaria por la que atraviesa Chocó y que tiene a esta parte del país desangrada. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) reportó que el aparato institucional solo respondió a un 38% de las necesidades humanitarias de la población confinada del Chocó. Esto sumado a las alertas realizadas por la Iglesia, líderes sociales y la población civil sobre el preocupante sesgo institucional al que ha sido sometida la región, ya que se ha descartado la crisis repetidas veces y el gobierno de Duque aseguró que los brotes de violencia eran casos aislados. A esto se suma el hecho de que minimizó por meses la crisis hospitalaria que dejó a la merced del azar a la comunidad chocoana que no contaba ni siquiera con el hospital de Quibdó debido a que no había dinero para pagar salarios ni para comprar insumos. 

Es urgente que el siguiente gobierno entienda el profundo impacto del racismo estructural que da pie a los acontecimientos mencionados previamente. Viendo al racismo estructural como la raíz, puede que se generen cambios verdaderos y permanentes para las comunidades negras del país. Seguir en el negacionismo en el que el gobierno de Duque vivió sumergido sería en extremo grave para la comunidad afrocolombiana que, principalmente, pide garantías a la hora de implementar los acuerdos de paz; algo que debería resultar a su vez en la implementación real de la Ley 70. Esta Ley debe proteger la identidad cultural y los derechos de las comunidades negras con el objetivo de cerrar brechas sociales que responden a una deuda histórica y que deben conducir a salvaguardar oportunidades verdaderas de desarrollo colectivo y económico. 

Empecemos entonces a llamar a las cosas por su nombre y aunque Duque le falló a la gente negra, la comunidad ha demostrado voluntad de trabajo y una resiliencia que debe ser recompensada con oportunidades, paz y restitución.

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Autor

  • Carolina Rodríguez Mayo

    Viajera, profesora y escritora. Literata con opción en Filosofía. Especialista en Comunicación Multimedia. Ha publicado su trabajo en revistas de colombianas como Literariedad, Sombralarga y Sinestesia. Columnista de la revista Iberoamericana Afrofeminas. Fue elegida como parte de una antología de jóvenes poetas, Afloramientos, los puentes de regreso al pasado están rotos publicado por Fallidos Editores. Su poesía ha estado en lugares como la Universidad de Brown y en el podcast Gente que lee cuentos. Produce el podcast Manifesto Cimarrón donde conversa sobre negritudes, diversidad y resistencia.

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