enero 27, 2022

Amores Imposibles: Euphoria y la adicción

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Imagen intervenida por Carolina Urueta

* En Euphoria se habla de la adicción como una enfermedad progresiva, mortal e incurable, que es la visión que tienen programas como A.A y N.A. Además de estos programas y esta visión, existen muchos otros enfoques para tratar el consumo de sustancias, pero para los propósitos de este artículo hablaremos de la adicción desde esta visión que es compartida por personajes como Ali y Rue. 

Rue y Ali están sentados en un restaurante de sillones de cuero rojo. En la mesa hay una taza de café, unos pancakes sin terminar y servilletas usadas. Es el cuarto episodio de la primera temporada, Shook Ones Pt. II, y es la primera vez que la protagonista de Euphoria (HBO) acude a su padrino de sobriedad (conocidos en inglés como sponsors) en una crisis. ¿Cuál fue la crisis? Después de semanas de andar para arriba y para abajo con su nueva amiga Jules, decidió besarla y, como Jules se congeló y no supo qué hacer, Rue salió corriendo y llorando hacia donde su amigo traficante de drogas, quien no le quiso vender ni una onza. Por eso llamó a Ali. Y él, que le lleva muchos años no solo en edad sino en la experiencia de lidiar con la adicción a las drogas, le pregunta: “¿Lo que sientes por ella te recuerda algo? Ya sabes, la obsesión, los sentimientos, la abstinencia”. Rue, confundida, le responde con otra pregunta: “¿Como las drogas?”. Ali le responde: “Exacto”. 


Imagen borrosa de una persona

Descripción generada automáticamente con confianza media Un hombre con una gorra negra

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Hasta ese punto, en la mitad de la primera temporada, pensaba: “esta serie está chévere”. Tenía un elenco fantástico compuesto por muy buenas actrices, una playlist fantástica y una propuesta visual interesante. Pero después de ese punto, después de esa conversación con Ali, me detuve y pensé: “Esta serie me va a hacer llorar”. Yo no soy una experta en adicciones, ni trabajo en salud mental para ayudarles a personas con problemas de consumo de sustancias psicoactivas, pero sí soy alguien que creció con una mamá alcohólica y, además, estuve enamorada de alguien que, como Rue, comenzaba su proceso de sobriedad para dejar de consumir drogas que podrían causarle la muerte. Es tal vez por estos antecedentes que lo que más me interesa de Euphoria son Rue, Jules, los traumas de cada una y su relación problemática.
 

En mi libro “Series largas, novios cortos” (que pueden comprar desde cualquier lugar del mundo y, no es porque yo lo haya escrito, pero realmente es muy bueno) escribí todo un capítulo sobre adicción, amor y salud mental relacionando esos temas con BoJack Horseman, otra de mis series favoritas. Pero ese capítulo también lo habría podido escribir sobre Euphoria, una serie creada y escrita por Sam Levinson, alguien que sabe algo de adicciones y de sobriedad (ya lleva más de 15 años sobrio). En Rue y Jules identifico ciclos, comportamientos y patrones que se repiten y me rompen el corazón. Como ese momento en la primera temporada cuando Rue dice que va a dejar de consumir “por Jules”.

Una persona con la mano en la noche

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Una imagen de una persona

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Un joven con una playera de color negro

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RELACIONES Y SOBRIEDAD

Que al comenzar un proceso de sobriedad es mala idea empezar una relación es algo que he sabido desde hace varios años. Lo he oído en reuniones de A.A., lo he visto en películas, lo he leído en libros, y lo entendí cuando salí con Joren, el man que les mencioné más arriba. Pero quise confirmar con con Sarita Echeverry (@LadelDiminutivo en Instagram y Twitter), terapeuta, acompañante y amiga virtual con quien me encanta hablar sobre la salud mental de personajes ficticios, desde Rory Gilmore y la familia Roy en Succession, hasta Rue y Jules de Euphoria. Ella me dijo que hay dos razones principales por las que no es buena idea empezar una relación en momentos así: “el proceso de sobriedad y el proceso terapéutico se verán ligados a la persona con la que se sostiene una relación afectiva. Se desplaza el objeto de deseo. Lo que te sostiene ya no es el consumo, sino la relación que tengas con esta persona y tu sobriedad dependerá de cómo se encuentre tu relación”. Tal cual le pasó a Rue, que durante la primera temporada estuvo sobria porque estaba enamorada de Jules y sentía que si no se drogaba podrían estar juntas, pero apenas hubo un desbalance, una pelea, una discusión, mandó su sobriedad al carajo. 

“Además”, siguió explicándome Sarita, “cuando uno empieza una relación sexoafectiva, hay mucho que está ocurriendo no solamente emocionalmente sino en cuestiones hormonales, de químicos en el cerebro. Es una revolución de muchas cosas que no permiten la estabilidad que la persona necesita en ese momento”. Durante la pandemia, en diciembre de 2020 y enero de 2021, se transmitieron los que para mí son los dos mejores episodios de Euphoria (si no los han visto, búsquenlos en HBOMax, se llaman Trouble Don’t Last Always y F*ck Anyone Who’s Not a Sea Blob). En uno de ellos, el que se centra en Rue, Ali le pregunta a Miss Marsha, una mesera en el restaurante en el que están conversando, qué habría pasado si ella hubiera iniciado una relación romántica durante el inicio de su sobriedad. La señora, que además en la vida real se hace llamar Miss Marsha y que tiene una historia real de sobriedad, les responde que “no siempre lo que te hace sentir bien es bueno para ti”. 

Imagen que contiene persona, hombre, sostener, teléfono

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Una persona hablando por teléfono

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Un hombre en un restaurante

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Un hombre hablando por teléfono

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RUE, ¿UNA ADICTA IMPERDONABLE?

Pero Rue realmente no está dispuesta a enfocarse en su sobriedad. Al menos no hasta ahora. Para hacerlo, tendría que renunciar no solo a las drogas sino a las excusas de “estoy sobria gracias a Jules” o “recaí por culpa de Jules”. Tendría que dejar de poner la carga y la responsabilidad de su proceso en relaciones externas. Claro, ella necesitaría una red de apoyo (su mamá, su hermana, sus amigas, Ali, todas las personas que la quieren), pero el proceso tiene que estar parado sobre la base de su propio bienestar. Tendría que empezar el proceso por y para ella misma. Eso es algo que Rue no es capaz de contemplar porque en su cabeza, y se lo dice a Ali, ella es una “piece of shit” que está más allá del perdón por todo lo que les ha hecho a su mamá y a su hermana. 

Ante eso, Ali le responde algo como: “claro, si te dices eso entonces tienes una excusa para nunca dejar de consumir, porque si no hay salvación para la persona de mierda que se supone que eres, ¿para qué intentarlo?”. Ali, así como yo y como otras espectadoras que quizás empatizamos con ella, sabemos que realmente Rue no está más allá de la salvación sino que simplemente es una persona que se detesta. La teoría de Sarita es que parece que Rue odiara a su cerebro porque no lo entiende (recordemos que en la serie ella no solo está diagnosticada con depresión, sino que tiene TOC y trastorno bipolar). Siente que su cerebro está averiado y que vino “dañada de fábrica”. Así que, para que su sobriedad funcione, según Sarita, “la primera relación vincular que necesita reparar y sostener es la de ella con ella misma”. 

Quizás algunas de ustedes que leen esto blanquean los ojos cada vez que Rue la caga y la vuelve a cagar. Están cansadas de que se drogue y de que sea egoísta y de que le mienta a Jules. Quizás preferirían ver más de las tramas de los otros personajes. Entiendo, cada una tiene derecho a tener a sus favoritas (yo, por ejemplo, quiero más de Lexi y Fezco). Pero cuando leo burlas o desprecio por la drogadicción de este personaje, me da pesar. Entiendo, porque ver el comportamiento repetitivo y autodestructivo de una adicta como Rue puede ser agotador, así sea un personaje ficticio, pero me da pesar. Para mí es inevitable, por lo personal que es el tema, no tomarme en serio cada vez que la serie habla de adicciones. Y me es inevitable también sentir empatía hacia una chica que está sufriendo tanto (así le cause dolor a otras).

Creo que en un momento de la conversación de Ali y Rue en Trouble Don’t Last Always, él hace referencia a cómo algunas personas (otros personajes de la serie, o quizás quienes prendemos el T.V. cada domingo) podrían ver a Rue: “como egoísta, débil y cruel. Te ven como destructiva y piensan: ¿por qué me va a importar ella, si a ella no le importa ella misma ni nadie más? ¿Por qué va a merecer mi tiempo, mi paciencia, y mi compasión? Si se quiere matar, que lo haga”. Entendible, dice Ali, pero remata, como siempre, con compasión y empatía porque él que conoce la “enfermedad de la adicción” y sabe que, en el fondo, detrás de la fachada caótica hay una buena persona. Una persona que se va a tener que hacer cargo del daño que ha hecho y va a tener que aceptar que no todo el mundo la va a perdonar cuando decida estar sobria, pero una persona buena, al fin y al cabo. Yo, como Ali, creo lo mismo, porque durante años presencié en primera fila la adicción de mi mamá y después vi su proceso de sobriedad y así confirmé que, aunque alguien tenga un problema, puede cambiar. ¿Ha cometido errores Rue? ¿Cometió errores mi mamá? ¿Cometen errores los millones de personas adictas que habitan este mundo? Claro que sí, pero quiero creer que eso no las hace “imperdonables”. 

Hombre con la boca abierta

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Hombre con la boca abierta

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Un hombre con un cigarrillo en la boca

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JULES Y LA CODEPENDENCIA

Ahora, hablemos un poco más de Jules, la otra mitad de esta pareja. Como Rue es la protagonista y la narradora de la historia, casi siempre vemos una versión sesgada (suya) de la realidad. Aunque durante la primera temporada vimos uno que otro chispazo que nos ayudó a conocer un poco más la vida interior de Jules, fue durante su episodio especial, F*ck Anyone Who’s Not a Sea Blob, que terminé de entender a este personaje y, para mi sorpresa, me identifiqué mucho con ella. No solo cuando dijo que ya no estaba interesada en los hombres, o cuando dijo que veía con preocupación cómo había construido su feminidad en torno a lo que los hombres querían, sino en especial cuando, con la ayuda de su terapeuta, conectó lo que siente hacia Rue con lo que siente hacia su mamá. 

Un par de personas sentadas en un sillón

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Para Sarita, los vínculos primarios son los papás y las mamás (o quienes hacen roles maternos y/o paternos) y todos aprendemos a relacionarnos con los demás según como se hayan desarrollado esos vínculos primarios. “Patrón vincular”, le llama ella. Entonces, cuando alguien como Jules crece con una madre alcohólica que no ha estado presente durante gran parte de su vida, en algún momento puede sentir que es responsable del bienestar de esa persona. Algo como: “para que ella esté bien, yo tengo que ser de tal forma porque quizás yo soy el detonante, o a lo mejor si me comporto de esta otra forma me van a preferir a mí por encima de la sustancia que consumen”. 

Acá levanto la mano como si estuvieran llamando a lista y digo: “sí soy”, porque eso exactamente me pasó con Joren, con quien asumí el papel de novia/psicóloga. No sé si era la culpa reprimida por sentir que durante los peores años de alcoholismo de mi mamá no hice “suficiente”, o por haberme desentendido en un punto y haber dicho varias veces: “Ella verá si deja de tomar o no”, pero en mi adultez parecía tener una misión personal de ayudar a la mayor cantidad posible de personas con problemas de salud mental. ¿Amigos con depresión, amigas anoréxicas, novio que solo quería volver a inyectarse heroína para morir? Ahí estaría yo para ser su roca, para ser la persona con la que podrían desahogarse, la que los oiría y aconsejaría. 

Esto no significa necesariamente que todas las hijas de progenitores drogadictos/alcohólicos vayan a buscar siempre parejas que sean drogadictas/alcohólicas, pero sí puede verse, según Sarita, como “un patrón vincular en el que empiezan a sentir que tienen que solucionarles cualquier problema que tengan, que tienen que ser lo suficientemente buenas o llenar sus vacíos para que no tengan que recurrir a otras cosas. Se hacen responsables del bienestar del otro aún cuando al otro ni siquiera le importa”. Y es así como nace la codependencia. 

Pantalla de computadora con imágen de mujer

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Imagen borrosa de una mujer

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Imagen borrosa de una persona

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Con la palabra “codependencia” siempre sentí un enredo. La primera vez que la leí fue en libritos y folletos de Al.Anon, que es como el grupo de apoyo para parejas de alcohólicos. Ahí siempre hablan de la codependencia de la pareja hacia el alcohólico, pero yo siempre pensaba: «no tiene sentido, si se llama COdependencia debería ser mutua, ¿no? Que cada persona dependa de la otra». No me hacía sentido que solo una persona fuera codependiente de la otra y que la otra, en cambio, dependiera de una sustancia. Pero Sarita me lo explicó de la siguiente forma: “La codependencia es cuando hay dos estructuras de personalidad donde una necesita, por ejemplo, un estímulo de la otra para poderse sostener. Entonces, me pongo en la posición ‘de mí depende que tú estés bien’, como si estuviera intentando que el otro sea dependiente de mí para tener bienestar”. Por eso, podemos decir que Rue tiene una dependencia de las drogas, pero no una dependencia de Jules (aunque en el algún momento de la primera temporada desplazó su deseo de las drogas a Jules, eso fue temporal y en este momento a ella solo le importa consumir). Para Jules, en cambio, la codependencia es creer que Rue depende de ella y así su valor como persona, por la situación con su mamá, depende de si puede “salvar” a Rue o no. 

Una persona con una camisa azul

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Una persona con una camisa azul

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El problema es que cuando te pones la capa de “salvadora” de alguien y te metes en el papel de ser la roca en la que ella pueda recostarse para estar bien, el peso inevitablemente te aplastará. En F*ck Anyone Who’s Not a Sea Blob, Jules le dice a su terapeuta que con Rue siente un gran peso en los hombros y que no puede evitar preguntarse: “¿Y si recae? ¿Y si recae porque no estoy ahí?” (como ocurre en la secuencia de fantasía/pesadilla en la que imagina cómo sería vivir con Rue en Nueva York, solo para encontrarla tirada en el piso del baño por una sobredosis).

En ese contexto en el que eres “la estable” de la relación, tus necesidades son inevitablemente puestas en un segundo plano. Si siempre eres la que oye a los demás, la que los aconseja, la que les dice las cosas como son y la que no sale corriendo cuando te muestran su lado oscuro, terminas convenciéndote de que tus problemas realmente no son tan graves como los de quienes están realmente mal. Eso me pasaba con Joren: Si yo tenía un ataque de ansiedad porque me iba a mudar a una ciudad a la que no quería irme, ¿cómo iba a quejarme? Que yo llorara todas las noches al acostarme porque sentía una angustia aplastante no era nada comparado con el monólogo deprimente que él tenía 24/7 en su cabeza. Entonces recurría a la vieja confiable: enterrar el sentimiento de desdicha inminente, ignorar mi descontento y “estar bien” porque lo mío no era tan urgente como lo de él.

Cara de una mujer

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Cara de una persona

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Cara de una persona

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Cara de una mujer

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Es una situación en la que Jules nunca va a ganar: poner todos los huevos en una sola canasta llamada “que Rue esté bien gracias a mí”. Es injusto e insostenible asumir la responsabilidad primaria del proceso de sobriedad (o del bienestar) de alguien. Es, además, absurdo asumir que tu valor como persona depende de si logras que esa otra persona (que en este caso tiene problemas de adicción) esté bien. Es, en últimas, ponerte a ti misma la trampa para confirmar el patrón vincular con el que creciste, que en el caso de Jules es el de la decepción. “Lo que necesita y siempre ha conocido es la decepción”, dice Sarita sobre el personaje de Hunter Schafer: “no cumplir con las expectativas de los otros, no poder sostener a los otros, porque no pudo sostener a su mamá, no puede sostener a Rue. Entonces es como si ella tuviera que buscar a personas que constantemente le recuerden que lo único que va a tener en su vida es una decepción”. Ergo, Rue. 

¿Qué pasará ahora con Rue y Jules? ¿Su relación no tiene salvación, entonces? Mi respuesta es: por ahora no. Mientras Jules no aprenda a identificar el patrón que repite y no aprenda que su valor no puede estar en su capacidad (que nunca va a ser real) de “salvar” a las personas de las sustancias que consumen, la respuesta es no. Mientras Rue siga convencida de que sus errores son imperdonables y que es una persona de mierda que no merece redención justificando así su consumo, la respuesta es no. Pero mi corazón es optimista. Me gusta creer que las personas pueden cambiar. No solo lo creo, lo he visto. Después de muchos ultimátums, amenazas, llantos, cartas, botellas vertidas en lavaplatos y peleas, mi mamá decidió (no por mí ni por mis hermanas ni por mi papá, sino por ella misma) que quería dejar de tomar. Y ya lleva casi 15 años sobria. Ver este proceso, el de alguien que se levanta todos los días diciendo “hoy no voy a beber” y que hace un trabajo interior constante para ser una mejor persona, me volvió una optimista irremediable. 

Quizás haya esperanza para estas dos chicas. Quizás en diez años cuando se hayan tomado un espacio y un tiempo la una de la otra, podrán reencontrarse en un estado mental y físico más sano. Quizás puedan romper sus patrones, sus ciclos. Quizás puedan ser mejores amigas o novias. O quizás solo se reconozcan como personas que fueron importantes la una para la otra y que continuaron cada una por su lado, creciendo y siendo mejores. Quizás. Pero para eso, como dice Ali, se necesita “una revolución”. 

Cabeza y torso de un hombre con sombrero

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Cara de un hombre con sombrero

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Cara de un hombre con sombrero

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Cabeza de un hombre con sombrero

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Persona con barba y bigote

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Persona con barba y bigote

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Imagen borrosa de un hombre

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Autor

  • Juliana Abaúnza Jaramillo

    Juliana Abaúnza nació en Bucaramanga, creció en Barrancabermeja y lleva más de 15 años viviendo en Bogotá. Es comunicadora social con énfasis en producción editorial y ha escrito sobre televisión y cine para medios nacionales, como El Tiempo, Shock, Bacánika, Avianca, Diners, Don Juan, e internacionales como el portal guatemalteco Nómada. Es cofundadora del colectivo feminista Las viejas verdes, un grupo de 8 mujeres que luchan por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres colombianas. Este año será el lanzamiento de su primer libro, con Editorial Planeta.

Comentarios

5 thoughts on “Amores Imposibles: Euphoria y la adicción

  1. ME ENCANTÓ, DISFRUTÉ EL TIEMPO QUE DEDIQUÉ A LEER TU ARTÍCULO, Y ES BUENO, TIENE VERDAD Y PERSONALMENTE ME IDENTIFIQUE…
    Y soy un chico jaja:).

  2. Que artículo tan agradable de leer y tan enriquecedor. Ayuda un montón a lxs personas que necesitamos empezar una revolución. Ser parte de la narrativa y exponer tu propia experiencia reconforta y fortalece el proceso. Gracias Juliana.

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